Xochimilco, Patrimonio Mundial de la Unesco, entre la amenaza y el potencial

• Es el 35 aniversario de la declaratoria. Sin embargo, para cuando Xochimilco fue incluido en esta lista, su zona chinampera ya estaba al borde de la devastación

Por: Ricardo Flores Cuevas*

En diciembre de 2022 se cumplieron 35 años de que una poligonal de 7,534.17 hectáreas de las alcaldías de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta fuera declarada como Patrimonio Mundial con el nombre de: Xochimilco.

Desde 1985 Alberto González Pozo y Salvador Díaz-Berrio integraron un grupo de expertos convocados por la Dirección de Relaciones Internacionales de la SEP, quienes realizaron los preparativos para la inscripción de la Zona de Chinampas de Xochimilco y Tláhuac, así como al Centro Histórico de la Ciudad de México a la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Correspondió a Miguel León-Portilla presentar esta propuesta al Comité del Patrimonio Mundial, ya que él estaba al frente de la Delegación de México ante la Unesco. Y fue el 11 de diciembre de 1987 cuando se consiguió que se emitiera la Declaratoria de estos sitios como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En palabras de León-Portilla: «Estar en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad tiene tres consecuencias: por un parte, es un reconocimiento al propio legado de cultura; en segundo lugar, constituye una obligación para las autoridades del país atender debidamente a su conservación, so pena de que de no hacerlo, podrían borrarle ignominiosamente de la lista; finalmente, al ingresar en esa lista del patrimonio, la Unesco ofrece asesoría técnica y aun dentro de ciertos límites, apoyo económico para su conservación» (Curiel, 1992).

Y es precisamente la conservación el mayor reto al que la zona patrimonio se ha tenido que enfrentar desde el primer día en que se dio la mencionada declaratoria. Porque entre otras cosas, para cuando Xochimilco fue incluido en esta lista, su zona chinampera ya estaba al borde de la devastación.

El término devastar podrá parecer muy exagerado, ya que éste alude a una destrucción total. Vale la pena recordar que para 1950 Robert C. West y Pedro Armillas observaron que pervivían diez pueblos chinamperos en la Cuenca de México: Xochimilco, Nativitas, Acalpixca, Atlapulco, Tlaxialtemalco, Tulyehualco, Tláhuac, Tetelco y Mixquic. (West y Armillas, 1950).

Zona chinampera de Mixquic. Fotografía: Jeffrey R. Parsons

Sin embargo, para esa década la situación de los mencionados pueblos ya era crítica, los mismos investigadores alertaban que en Mixquic los niveles de agua bajaban de «modo alarmante», mientras que las chinampas de Tláhuac cercanas a Ixtayopan ya estaban secas.

Para 1982 Teresa Rojas Rabiela todavía registró chinampas en Iztapalapa (Rojas Rabiela, 1982), sin duda serían los últimos años de estas antiguas construcciones agrícolas ya que, con la edificación de la Central de Abastos de la Ciudad de México, las últimas chinampas de esa alcaldía técnicamente desaparecieron.

¿Por qué ocurrió eso? Principalmente por la causa que al día de hoy sigue siendo su principal amenaza: el despojo del agua de los pueblos chinamperos y, con ello, el abandono de la agricultura chinampera.

Durante la década de 1980, con la puesta en marcha de la Planta de tratamiento de aguas residuales «Cerro de la Estrella» se envió agua tratada a las zonas chinamperas de las alcaldías de Xochimilco y Tláhuac lo cual permitió que los agonizantes cuerpos lacustres se rehabilitaran.

Acto seguido a la declaratoria, en el periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari, vinieron expropiaciones de los ejidos de los pueblos de Xochimilco y Atlapulco. Pues los intereses económicos no quisieron dejar pasar la oportunidad de aprovechar a la recién nombrada ciudad patrimonial. Lo que desató la lucha por la defensa de la tierra de estos pueblos.

La década de los noventa fue ambivalente. Por un lado, se logró el apogeo de la regeneración de la zona lacustre, a través del tratamiento de aguas residuales y de la preservación de zonas de recarga acuífera; pero también fue cuando se retomó el camino de la decadencia lacustre, pues en el transcurrir de esta década el número de pueblos chinamperos disminuyó, de tal forma que al iniciar el siglo XXI únicamente sobrevivieron cinco: Tláhuac, Tlaxialtemalco, Atlapulco, Xochimilco y Mixquic. De los cuales, este último pueblo actualmente vive una situación crítica pues en palabras de Alberto González Pozo, es la «zona chinampera con más carencias de líquido si se la compara con las otras cuatro hermanas en la zona» (González Pozo, 2016a). 

Este panorama ha llevado a los pueblos chinamperos a la posición en la que se tiene todo por ganar, al mismo tiempo que hay mucho que perder. Afortunadamente, ahora contamos con datos duros que no podemos obviar.

El equipo de investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, coordinado por González Pozo concluye que «Cinco zonas chinamperas son el principal componente que configura lo que podría ser la ‘Zona Núcleo’ dentro del Polígono Patrimonio Mundial» (González Pozo, 2016b). De las cuales actualmente alrededor de 3,585 chinampas están activas, y existen alrededor de 17,356 chinampas inactivas que pueden recuperarse pues son altamente potenciales para su productividad.

Es precisamente en ello, la potencia, donde radica el valor de la actual Zona Patrimonio Mundial. Si bien se ha hablado de que la poligonal declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad corre peligro, los datos nos arrojan que si se toman las decisiones adecuadas, se puede recuperar gran parte de la zona lacustre para su uso agrícola y con ello permitir el trajinar de los conocimientos chinamperos para el presente y el futuro.

Todavía se está a tiempo de cambiar la valoración que se ha tenido sobre el agua en la Cuenca de México. West y Armillas observaron en los años de 1950 que fue la «falta de previsión de política hidráulica» la que casi llevó a la extinción a las chinampas (West y Armillas, 1950). Décadas después, Jorge Legorreta decía en el año de 2011 que el agua es sobretodo valorada y vista desde el ámbito político y no el social (Legorreta, 2011). Y ahora podemos añadir que el agua también está siendo vista desde su valor comercial. De continuar con cualquiera de estas tres posturas, estamos construyendo un futuro que nos lleve al borde de una catástrofe hídrica.

Zona ejidal de Atlapulco conserva al lago de Xochimilco. Fotografía: Fernando Flores Cuevas

Es así como los pueblos chinamperos llegan a su trigésimo quinto aniversario de ser declarados como Patrimonio Cultural de la Humanidad: seriamente amenazados y con alto potencial de resurgir. ♦

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* Maestro en Estudios Mesoamericanos. Profesor de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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Bibliografía:

Curiel, Guadalupe. (julio 1992). «Unesco, cultura náhuatl y Quinto Centenario. Entrevista a Miguel León Portilla». En: Revista de la Universidad Nacional. Disponible en https://www.revistadelauniversidad.mx/download/7585a2e4-8b74-4322-b728-b58574ea5a0b?filename=unesco-cultura-nahuatl-y-quinto-centenario-entrevista-a-miguel-leon-portilla [recuperado el 15 de diciembre de 2022].

González Pozo, Alberto. (2016a). Prólogo. En: Flores Cuevas, Ricardo. Mixquic: Su historia entre coyunturas (1895-2014). México, AZPM, Amigos de Mixquic.

González Pozo, Alberto. (2016b). Las chinampas: Patrimonio Mundial de la Ciudad de México. México, UAM, AZP, Gobierno de la Ciudad de México.

Legorreta, Jorge. (2011). «Advierten escenarios de conflicto por el agua». Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=W9QY9wd-dwE  [recuperado el 15 de diciembre de 2022].

Rojas Rabiela, Teresa. (1982). «Evolución histórica del repertorio de plantas cultivadas en las chinampas de la Cuenca de México». En: Rojas Rabiela, Teresa (1993). La agricultura chinampera. Compilación histórica. Universidad Autónoma Chapingo. México.

West, Robert, Armillas, Pedro. (1950). «Las chinampas de México. Poesía y realidad de los ‘jardines flotantes’». En: Rojas Rabiela, Teresa. (1993). La agricultura chinampera. Compilación histórica. Universidad Autónoma Chapingo. México.

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Créditos de las imágenes:

Lago de Xochimilco. Fotografía de: Fernando Flores Cuevas (2021).

Zona chinampera de Mixquic. Tomada de: Parsons, Jeffrey R. (2019). Remembering Archaeological Fieldwork in Mexico and Peru, 1961-2003. A Photographic Essay. University of Michigan, Museum of Anthropological Archaeology. EUA.

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