La chinampa en Tláhuac, conflictos por el territorio en la región

• En su tesis de doctorado, Baruc Martínez Díaz estudia el período de 1894 a 1923 de nueve comunidades en un espacio preponderantemente acuático

Por Sergio Rojas

El espacio geográfico que ocuparon desde la misma formación geológica de la Cuenca de México, la civilización que se desarrolló posteriormente y donde el elemento lacustre fue trascendental, además de sus procesos históricos que lograron cohesionarlos a través de los siglos y en coyunturas específicas, son factores que han compartido nueve comunidades en la región de Tláhuac a través de la historia, apunta el historiador Baruc Martínez Díaz en su tesis de doctorado.

Santiago Zapotitlán, San Francisco Tlaltenco, Santa Catarina Yecahuitzotl, San Pedro Tláhuac, Santiago Tulyehualco, San Martín Xico, San Juan Ixtayopan, San Nicolás Tetelco y San Andrés Mixquic, han compartido a través de su historia una serie de elementos estructurantes que los dotó de características muy específicas hasta por lo menos los primeros años del siglo XX, señala en su tesis La chinampa en llamas: conflictos por el territorio y zapatismo en la región de Tláhuac (1894-1923).

A finales del siglo XIX formaban parte de un espacio preponderantemente acuático gracias a la existencia de los lagos de Chalco y de Xochimilco, enmarcados por las serranías de Santa Catarina y la del Chichinauhtzin, donde en medio de esa constelación y «a manera de sistema solar o átomo, se hallaba la isla de Tláhuac, en torno a la cual esos pueblos «gravitaban», pero de manera específica Mixquic y Xico compartían la calidad insular con Tláhuac.

«Todos ellos mantenían relación con esta última comunidad; a veces muy cercana y otras no tanto dependiendo del periodo histórico, sin embargo, en un sentido estrictamente geográfico, Tláhuac fungió como el núcleo de toda esta región», anota el historiador en su obra cuyo objetivo es explicar y comprender el añejo conflicto por el territorio en nueve comunidades de la región y que tuvo lugar en los últimos años del siglo XIX y los primeros lustros del XX: la desecación o drenado del lago de Chalco, llevada a cabo por el hacendado español Íñigo Noriega Laso y apoyada por el gobierno de Porfirio Díaz.

En cuanto a los elementos estructurantes que han hecho posible identificarla como región, Baruc Martínez –oriundo de San Pedro Tláhuac y cuya tesis fue aprobada por los sinodales para obtener el grado de doctor en Historia por la UNAM–, refiere que son el espacio geográfico que ocuparon, «cuyo origen se remonta hasta la misma formación geológica de la Cuenca de México», es decir, «un proceso de por lo menos 50 millones de años».

La materia prima con la que trabajaron los primeros habitantes que llegaron a esta parte de la Cuenca de México, dice, fueron «lagos poco profundos de agua dulce y en los que proliferaban un buen número de especies vegetales y animales de origen acuático; y, por el otro, serranías jóvenes, de poca altura, muy permeables y también con una cantidad importante de flora y fauna que las habitaba».

Señala que la civilización que se desarrolló a partir de ese espacio geográfico donde el elemento lacustre fue trascendental, fue posible gracias al proceso de sedentarización, ligado al descubrimiento de la agricultura y, sobre todo, al complejo de la milpa (la asociación del maíz con otros cultivos diversos). «Desde hace algunas décadas, empero, ciertas investigaciones han matizado el asunto, por lo menos para el caso de la Cuenca de México: acá el principal factor, para que los grupos humanos decidieran establecerse en un sitio de forma permanente, no fue la agricultura sino la presencia del paisaje lacustre y todo lo que éste traía consigo2», asienta.

Los primeros cazadores nómadas fueron dándose cuenta que el elemento acuático les aseguraba un sustento cotidiano, que «ya no era necesario vivir al compás de su escurridiza y cambiante comida», al tiempo que el espacio les brindó los materiales para construir sus viviendas, la vestimenta, los artefactos para las labores cotidianas e, incluso, las posibilidades de seguir cazando. «Las nuevas generaciones sedentarias aprendieron a aprovechar mejor su entorno, a través de un complejo, largo y continuo proceso de intentos, errores, cambios y perfeccionamiento. De esta manera conquistaron los lagos, sobre ellos construyeron sus viviendas y sus primeros huertos de traspatio que a la postre condujeron a la creación de la agrotecnología chinampera; así aprendieron a pescar, recolectar y cazar las variadas especies de la fauna acuática que, mucho tiempo después, llegaron a comercializarse por millones de ejemplares; de este modo desarrollaron un sistema de ingeniería hidráulica que luego les permitió regular los niveles de los lagos, levantar diques-calzadas, conducir el vital líquido por medio de acueductos, y edificar gigantescas y pesadas pirámides sobre los pantanos».

El tercer elemento estructurante que refiere el historiador, es que antes de la llegada de los europeos a estas tierras, la conformación de la región estuvo supeditada al surgimiento y desarrollo de tres altepetl, los que, como se sabe, fueron las estructuras organizativas primordiales de los Estados mesoamericanos, que incluían los ámbitos territorial, político, religioso, económico y cultural.

Se trata de «los altepetl cuitlahuacatl, mizquicatl y xochimilcatl que comenzaron a ocupar la zona durante el Posclásico; el primero de ellos tuvo como centro la ciudad de Cuitlahuac, que después se convirtió en el pueblo de San Pedro Tláhuac, de donde se dividieron sus habitantes –antes y después de la llegada de los europeos– a las comunidades de Zapotitlán, Tlaltenco, Yecahuitzotl y Xico. El segundo se repartió en Mixquic y Tetelco, teniendo como su asiento político a la primera ciudad. Los xochimilcah, por su parte, se asentaron en las poblaciones de Tulyehualco e Ixtayopan», afirma.

Más tarde, con la implantación del poder colonial, los antiguos altepetl fueron transformados en repúblicas de indios, Cuitlahuac y Mixquic fungiendo como cabeceras y los demás como pueblos-sujetos. «En el nivel administrativo superior quedaron englobados dentro de las alcaldías mayores de Chalco y Xochimilco, en tanto que en materia religiosa pasaron a formar parte del arzobispado de México. Posteriormente, concluida la revolución de Independencia, se convirtieron en municipios constitucionales durante el siglo XIX y, dependiendo de la temporalidad, algunos de ellos fueron las sedes de los cuerpos capitulares (Tláhuac, Tulyehualco, Mixquic y Tlaltenco) y, el resto, poblaciones adscritas a uno u otro ayuntamiento. Más allá de estos cambios políticos, sin embargo, la cohesión de esta región estuvo fundada en una historia compartida de resistencia en contra de todos aquellos que tuvieron pretensiones de acaparamiento territorial y de defensa de sus bienes comunes y de sus autonomías (política, económica y cultural). Es decir, todos estos pueblos compartieron trayectorias similares frente a sus dominadores, así como estrategias para sobrevivir como entidades colectivas».

Finalmente, estos nueve pueblos tuvieron un elemento en común: el idioma náhuatl, por lo que los lugares ocupados fueron nombrados en náhuatl; las actividades cotidianas, los rituales y los mitos fueron codificados en ese lenguaje. Luego, con la llegada de los europeos, se comenzó a implementar el español, con lo que dio inicio una historia de bilingüismo que sólo fue interrumpida en las primeras décadas del siglo XX. «Sin embargo, existen registros históricos que señalan que, en las postrimerías del siglo XVIII, cuando los habitantes de la región ya dominaban ambas lenguas, había una preferencia por la utilización del náhuatl. A finales de la centuria decimonónica y principios de la vigésima, inclusive, los funcionarios parroquiales, muy cercanos a los pobladores, reiteraban el uso constante del ‘mexicano’, como también fue conocido este idioma mesoamericano6».

Desde esa perspectiva, la región de Tláhuac fue primordialmente una zona nahua hasta, por lo menos, los albores del siglo XX, dice Martínez Díaz.

En su tesis, el maestro en Historia por la UNAM explora la importancia económica y cultural del territorio lacustre de la región de Tláhuac, establece que la cuestión histórica dotó de mayor uniformidad a la región. «El proyecto de privatización de los territorios comunales de los pueblos ribereños y la desecación del lago de Chalco, el primero promovido por el Estado mexicano y el segundo auspiciado por Íñigo Noriega con el apoyo del gobierno porfirista, por citar los casos más emblemáticos, propiciaron la desestructuración económica y cultural de la zona, afectando a las nueve comunidades y obligándolas a implementar mecanismos de resistencia muy similares».

Las reacciones generadas por la privatización de territorios comunales y la desecación del lago, subraya, fueron en lo general las mismas, «sucedió así debido a que todos los pueblos compartían una economía y una cultura ligadas a la geografía lacustre»; a que «provenían de un mismo proceso civilizatorio» y a que «habían poseído trayectorias históricas afines, además de que utilizaban el náhuatl, antes que el español, para comunicarse.

Al estudiar la historia de estos pueblos y su conflictividad social, en el marco del drenado del lago y de su incorporación a las filas zapatistas, Baruc Martínez lo hace desde una perspectiva regional. «Creo que es pertinente aclarar que en este estudio la región de Tláhuac posee dos dimensiones: el ser escenario donde tienen lugar los conflictos pero, al mismo tiempo, es el motivo principal de éstos. Es decir, en este espacio geográfico se sitúan las disputas territoriales y, paralelamente, los territorios de los pueblos se convierten en la causa primordial de los enfrentamientos».

Refiere que el lago de Chalco se convirtió en la razón fundamental de la pugna entre los habitantes ribereños e Íñigo Noriega, no obstante, también fue el escenario concreto en donde se materializaron las actividades económicas y ceremoniales del Modo de Vida Lacustre que los pueblos construyeron a lo largo de miles de años a partir del elemento líquido. «En esta tesitura, ambas nociones de la región de Tláhuac ayudan a explicar la conflictividad social de una mejor manera», asienta el historiador. ♦

Para leer la tesis completa:

La chinampa en llamas: Conflictos por el territorio y zapatismo en la región de Tláhuac_(1894-1923)

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