La defensa del bosque y la tierra comunal de junio de 1979 en Milpa Alta

• Los comuneros, cansados de que unas cuantas familias lucraran con el patrimonio colectivo, se movilizaron para desconocer la representación comunal

Por Raymundo Flores Melo* | Revista Nosotros Núm. 81 | Junio de 2005

Uno de los movimientos sociales que causó mayor impacto en la conciencia de los habitantes de Milpa Alta fue el de los Comuneros Organizados. Desde la segunda mitad de los años 70 hasta los 80 del siglo pasado se produjo su gestación y máximo desarrollo. Estos hombres y mujeres encausaron y dieron vida permanente a la defensa del bosque y las tierras comunales de la demarcación. Si bien con altibajos, el trabajo de los comuneros ha continuado y, por tanto, se hace necesario llamar a la memoria para evitar el olvido. Hoy miraremos hacia un episodio del pasado de la lucha comunal en Milpa Alta.

La toma de la delegación política significó una de las acciones más impactantes de ese movimiento y fue propiciada por el permanente apoyo del entonces delegado, Umberto Navarro González (1978-1982) y la complicidad de los funcionarios de la Secretaría de la Reforma Agraria con el representante comunal, general Daniel Chícharo Aguilar, quien, gracias a ese apoyo y al cargo que ostentaba, vendía la madera extraída del monte a la Compañía de Papel Loreto y Peña Pobre, sin rendir cuenta a los propietarios de los recursos forestales, es decir a los milpaltenses. Los comuneros, cansados de que unas cuantas familias lucraran con el patrimonio colectivo, empezaron a movilizarse para desconocer a la representación comunal y exigir la renuncia del delegado político.

La comunidad de Milpa Alta en pie de lucha

Fue el 12 de junio de 1979 cuando cientos de milpaltenses, pertenecientes a los nueve pueblos comuneros[1], se manifestaron por las calles para demostrar su inconformidad. Hombres, mujeres, niños, familias enteras exigieron la salida del delegado que había sido designado por el entonces Regente de la Ciudad de México, Carlos Hank González. El lugar de partida fue el número 13 de la Calle Oaxaca en el Barrio de la Concepción; la marcha fue encabezada en reconocimiento de la experiencia acumulada a lo largo de la vida, el Consejo de Respetables integrado por los ancianos de los pueblos comuneros, entre ellos don Crecenciano Barquera, de San Pedro Atócpan; el nahuatlato Carlos López Ávila, presidente del Consejo Supremo Náhuatl, y don Ángel Patiño, oriundos de Santa Ana Tlacotenco; don Emiliano Ríos, del Barrio de San Agustín, y don Eligio Castañeda, de San Jerónimo Miacactlán, entre otros.

En las mantas fue expresado el ánimo de la población, por lo que podían leerse consignas como las siguientes: «El Consejo de Respetable exige la renuncia de U. Navarro», «Mejor morir luchando que vivir de rodillas. ¡Venceremos!»; «El pueblo es soberano y las autoridades están para servirle»; «La comunidad milpaltense repudia a Umberto Navarro»; «Los comuneros organizados no queremos más represión, queremos solución a nuestros problemas»; «Los comuneros organizados apoyamos la reforestación» y «La comunidad de Milpa Alta en pie de lucha».

Raymundo Flores Aguilar, uno de los líderes morales del movimiento

La manifestación enfiló por la Calle Guanajuato hasta entroncar con la Avenida Yucatán sur, subió hasta la altura de la Calle Hidalgo para recibir a los contingentes comuneros de Santa Ana Tlacotenco y San Lorenzo Tlacoyucan. Después bajó por la misma calle y tomaron la Avenida Constitución, dieron vuelta en la Avenida México para entrar en la explanada delegacional.

El delegado se encontraba adentro, el reloj marcaba unos minutos después de las dos de la tarde. El edificio fue sitiado tanto por granaderos como por los milpaltenses que luchaban por la defensa de su bosque.

La tensión creció, los comuneros pidieron la renuncia del delegado y encomendaron al Consejo de Respetables hablar con él, por lo que entraron al edificio con el propósito de dialogar. No hubo solución favorable a su demanda. Umberto Navarro les dijo que no iba a renunciar pues no lo habían nombrado el pueblo sino el Regente. La comisión salió por segunda vez para informar lo sucedido a la concurrencia.

Los comuneros, ante la actitud soberbia del gobernante, decidieron mantener el plantón y comenzaron con la instalación de una tienda de campaña, juntaron leña y prendieron lumbradas, se aprovisionaron de todo lo necesario para prepararse café y pasar la noche ahí. El ánimo y la algarabía crecieron, lo mismo que la solidaridad. Todos cooperaron acarreando troncos, piedras, cazos y otros enseres, así como pan y café. Pasaron la tarde sin novedad, únicamente el jefe de la policía en Milpa Alta, el comandante Vega, trató de interactuar con algunos comuneros, platicó con ellos de amigable manera. Al caer la tarde las más de tres mil personas reunidas emprendieron el regreso a sus casas, en la explanada delegacional quedó solamente una comisión de aproximadamente 100 personas de todos los pueblos comuneros.

Fotografías de Gabriel Jiménez Gutiérrez

Durante la madrugada y en medio de la oscuridad, entre las cuatro y cinco de la mañana, aparecieron de 30 a 40 personas[2] con antorchas, las cuales agredieron y dispersaron a los comuneros ahí reunidos. La gente y los dirigentes comunales que luchaban contra el delegado, entre ellos los profesores Aquiles Vargas Alvarado y Raymundo Flores Aguilar, escaparon por las calles aledañas. El segundo de ellos se refugió en casa de un compañero del Barrio de los Ángeles. Se escuchaban balazos. Los granaderos apostados alrededor del edificio delegacional apoyaron la acción de los antorchistas.

Aparentemente los comuneros fueron rebasados por las fuerzas represivas del delegado y del representante comunal; sin embargo, en un par de horas un grupo más numeroso de milpaltenses reforzó la toma de la delegación, entre ellos el señor Juan Pérez, habitante de San Lorenzo Tlacoyucan, y Ramiro Taboada, de Villa Milpa Alta, quien micrófono en mano convocó a la resistencia. Los comuneros se reagruparon y mandaron a otra comisión a entrevistarse con el Regente y solicitar la destitución del delegado Navarro. En tanto, las mujeres rezaban en las oficinas del movimiento comunal. Eran las ocho de la mañana del día 13 de junio.

Había empezado una temporada inquietante para los habitantes de Milpa Alta, la delegación más rural del Distrito Federal, pues a partir de ese entonces, tanto la posición de las autoridades locales, como la del grupo de Daniel Chícharo y los comuneros organizados se endurecieron, convirtiéndose en conflictos de mayor envergadura.

Las fotos que presentamos fueron tomadas por uno de los jóvenes dirigentes de los Comuneros Organizados, quien respondía en vida al nombre de Gabriel Jiménez Gutiérrez. ♦

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* Miembro del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Habitantes del Barrio de La Concepción


[1] Villa Milpa Alta, San Lorenzo Tlacoyucan, Santa Ana Tlacotenco, San Juan Tepenahuac, San Francisco Tecoxpa, San Jerónimo Miacatlán, San Agustín Ohtenco, San Pedro Atocpan y San Pablo Oztotepec.

[2] Más tarde se sabría que la mayoría de estas personas eran del equipo de Daniel Chícharo Aguilar y financiadas por el entonces delegado político Umberto Navarro González y la Compañía Papelera Loreto y Peña Pobre que se encontraba en la delegación Tlalpan.

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