Cronistas de Milpa Alta aportan 5 libros a la historia de su región

Están relacionados con la historia, costumbres, tradiciones y lengua náhuatl de la región de pueblos perdidos en el mapa por el año 1600

Por Sergio Rojas | NosotrosMSR | Abril 29 de 2016

El Consejo de la Crónica de Milpa Alta presentó cinco libros Tradición, cultura y lengua náhuatl, autores y obras, de Miguel Ángel Farfán Caudillo; En la Milpa Alta, historias y crónicas, de Raymundo Flores Melo; Topónimos de poblados, barrios y parajes de Milpa Alta y pueblos circunvecinos, de Adán Caldiño Paz; Crónica de Milpa Alta y pueblos circunvecinos (Antología) y Día de Muertos en Milpa Alta, ambos de Manuel Garcés Jiménez.

Luego de trece años de que «nadie, más que la revista Nosotros» –como se dijo ahí– se había fijado en los cronistas de Milpa Alta, los cronistas milpaltenses enriquecieron el acervo bibliográfico de la historia, costumbres, tradiciones y cultura de su demarcación con la presentación de dichos volúmenes en abril de 2016.

Milpa Alta, regazo de la lengua madre: Javier Galicia

El primero de la lista de oradores de la jornada fue el nahuahablante Javier Galicia, quien recordó que el de Milpa Alta es un pueblo originario que se asentó desde antes de la llegada de los españoles; aunque para la ciudad en la Colonia tardía, «Milpa Alta sólo fue una región de pueblos perdidos en el mapa de por el año 1600».

Milpa Alta es un pueblo originario que se asentó desde antes de la llegada de los españoles, ya después y para la ciudad en la Colonia tardía, «Milpa Alta sólo fue una región de pueblos perdidos en el mapa de por el año 1600», señaló Javier Galicia, nahuahablante

Los milpaltenses se pueden vanagloriar de que su región es la única con pueblos indígenas donde aún conservan la lengua materna de los mexicanos, el nahuatl. «Podemos ser partícipes de una herencia tangible e intangible que aportamos a la humanidad», indicó, además de las danzas, vestuarios, alimentación y ecología como elementos distintivos de sus formas de vida.

«Si ciertamente nacimos desde la época Colonial, la vista de lo español y lo indígena lo vemos en nuestras iglesias, en los diferentes lugares donde nos estamos moviendo, y seguimos manteniéndonos y presentándonos al mundo como una región de pueblos», expresó.

«Todavía estamos sumamente orgullosos del sistema de cargos que tenemos, lo que conocemos como mayordomías, y vamos a regiones distantes porque también partimos en peregrinajes, debido a que somos la región de la cuenca central de donde partimos 10 mil personas la primera semana de enero cada año a Chalma», señaló.

Asimismo, Javier Galicia subrayó el hecho de ser la región «donde se siguen preservando muchas danzas en lenguas indígenas, como las ascame, o las Aztequitas, o los Vaqueros, que ya tiene una tradición más cristiana, pero en todos los pueblos nos podemos encontrar que en el día de sus festividades ahí están presentes», comentó.

Milpa Alta, dijo, también es un granero y milpa, porque en la serranía «seguimos cultivando el alimento que ha sido milenario –maíz, calabaza, nopal y chilacayotes, entre otros productos que se pueden encontrar en los mercados de la zona–, con rituales, aunque ciertamente ya no llevamos con tanta frecuencia a bendecir la semilla, y seguimos pensando y pedimos al Todopoderoso que nos ayude».

Posteriormente, recordó el surgimiento del Consejo de la Crónica en 2003, cuya primera publicación fue la revista Teuctzin, en donde el maestro Raymundo Flores Melo apunta que «vamos a contar nuestras historias, porque tenemos que dar a conocer nuestro pasado, y la mejor manera de hacerlo es estar juntos y organizados».

Tradición, cultura y lengua nahuatl

El conductor de la ceremonia Edén Garcés, recordó a Miguel Ángel Farfán Caudillo, integrante del Consejo de la Crónica, quien falleció hace aproximadamente año y medio, tras de haber dedicado su vida a la investigación en el departamento de servicios de información de la Biblioteca de la Universidad Nacional Autónoma de México, por lo que su esposa, la doctora Noemí Álvarado Morales, habló acerca de la trayectoria de su esposo.

Portada del libro de Miguel Ángel Farfán

Sin ser oriundo de Milpa Alta, Farfán Caudillo se adentró en el estudio de la historia local, en la que compiló y analizó todo el material escrito que llegó a sus manos, por lo que en 2008 fue publicada su investigación Milpa Alta, Aproximación bibliográfica, en el boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM; asimismo, a mediados de 2014 aportó un legajo de más de 500 hojas como resultado de sus más recientes investigaciones sobre Milpa Alta, y que integran uno de los libros que ese día fueron presentados a medias, porque por cierto nadie de los que participaron en el acto mencionó por sus nombres a ninguno de los cinco libros, sólo pudieron ser vistos por el público mediante una pantalla en la que sus portadas fueron proyectadas.

Sin embargo, el libro póstumo de Farfán Caudillo es el de Milpa Alta, tradición, cultura y lengua náhuatl.

La importancia de tener memoria histórica

Considerado como «uno de los cronistas más entrañables» del Consejo de la Crónica de Milpa Alta, Raymundo Flores Melo, autor de En la Milpa Alta. Historias y crónicas, resaltó la importancia de que cada milpaltense se convierta en cronista y se remita a las fuentes más cercanas como son los abuelos, porque es muy importante rescatar la tradición oral.

Portada del libro de Raymundo Flores Melo

Paleógrafo del proyecto La flota de la Nueva España de 1631 y creador de blogs como IztaccíhuatlPerro americano Teutli, un lugar en la Milpa Alta, subrayó la importancia de que «cada uno de nosotros se convierta en cronista y le pregunte a sus abuelos cómo fue Milpa Alta», porque se tienen que contar otras historias, los mitos, relatos y cuentos.

Originario del Barrio de la Concepción en Milpa Alta y licenciado en Etnohistoria por la ENAH, Flores Melo se refirió a la bonita historia de la Virgen de la Asunción y su aparición en el Tulmiac, las implicaciones que tuvo, y cómo poco a poco a partir de ese suceso se fueron juntando los pueblos, hasta crecer y desarrollarse y llegar a la época actual, en la que se ve «cómo defienden su tierra, cómo defendemos nuestra propiedad comunal, la cual desde el siglo xvi ha querido ser usurpada, primero por españoles y luego por otros invasores, de ahí que sea importante tener memoria histórica», destacó.

Porque «es muy importante que nosotros sepamos qué aconteció en nuestro territorio, que conozcamos la historia de cada uno de nuestros pueblos», subrayó, de ahí que en el Consejo de la Crónica estén «para darles a conocer un poquito de ese gran universo que tenemos en nuestra cultura», manifestó el también colaborador de la revista Nosotros desde diciembre de 2004.

«Ser cronista no es muy cómodo»

En su turno, el cronista Adán Caldiño Paz, oriundo de San Salvador Cuauhtenco, egresado de la Escuela Nacional de Maestros y licenciado en Economía por la UNAM, ilustró a quienes no son de la región milpaltense al señalar que «deben saber que están en un rincón histórico, que afortunadamente y para orgullo de todos los indios de esta región, llegaron nuestros antepasados antes de que llegaran los aztecas a la gran Tenochtitlan».

Portada del libro de Adán Caldiño Paz

Acucioso investigador de la historia de los bienes comunales de la región, puntualizó que los milpaltenses son miembros del tercer barrio del calpulli con que nació Xochimilco. «Están ustedes en Tepetenchi, una región donde los pochtecas (gremio de comerciantes viajeros que operaron durante el predominio de los aztecas), esos grandes personajes que surgieron en el imperio tenochca, tuvieron que sacar los excedentes de granos que Xochimilco lograba como consecuencia de la fructífera chinampa», refirió.

«Por aquí caminaron los pochtecas para llegar a Oaxtepec, y toda la zona de la tierra caliente para regresar con productos traídos por trueque, para que aquí nuestros antepasados tuvieran ese intercambio emocional y alimenticio en su vida histórica de aquellos tiempos».

Colaborador de las revistas Nosotros Teuctzin, y por cuya labor educativa ha recibido varios reconocimientos, aseveró que la presencia del público los anima, «porque ser cronista no es muy cómodo, pero vale la pena recordar cosas que se perdieron en el tiempo y que gracias al idioma que tuvieron nuestros antepasados, podemos disfrutar de esas cosas tan hermosas que el tiempo trata de perderlas».

«Región que ha sido olvidada por la historia»

Recordó cómo después de un tiempo por el Tepetenchi milpaltense vinieron los ejércitos de Emiliano Zapata, porque «si estaba en Cuernavaca bajaba por Ajusco o por Topilejo; si estaba en Tepoztlán, bajaba por San Salvador Cuauhtenco y llegaba a la Ciudad de México; si estaba en Oaxtepec, pasaba por Santa Ana Tlacotenco, cruzaba San Pedro Atocpan y llegaba también a la Ciudad de México, y si estaba en Cuautla, tenía que pasar por Santa Ana Tlacotenco y los pueblos que tenemos al oriente», región que, «desgraciadamente –lamentó–ha sido olvidada por la historia, no se ha escrito gran cosa para recordar lo que fuimos, lo que hemos sido y somos los indios de la Milpa Alta».

El maestro Adán Caldiño al momento de hablar de la historia de Milpa Alta

Por eso fue que de nueva cuenta el profesor Caldiño Paz recordó al público visitante que de otras partes del altiplano había acudido al que sólo quedó en anuncio de la publicación de cinco libros, que «están ustedes en Tepetenchi, donde todavía nos queda la emoción y el compromiso de enseñar a nuestros hijos y nietos, para que no olviden el idioma de nuestra lengua madre».

Enseguida, calificó de igual forma de «lamentable» que «nos digan, y perdónenme que diga estas exclamaciones y hiero alguna sensibilidad –puntualizó–, porque hay quienes siguen pensando en (el concepto de) la madre España».

Fue entonces cuando se olvidó de seguir instruyendo a los supuestos visitantes a la ceremonia del Calmecac para referirse al hecho de que «debemos entender claramente que cuando los españoles vinieron a invadirnos, porque no vinieron a conquistarnos, vinieron a invadirnos y debemos estar claros y serenos y sensatos, vinieron a robarnos, y eso es triste», y entonces perdió el hilo discursivo quizá debido a reconcomios ancestrales.

«Somos indios de chiripa»

Caldiño Paz exculpó a don Cristóbal Colón de los males que aquejaron a los mexicanos, porque «cuando quiso hacer (sic) ese imponente viaje, no sabía que se iba a encontrar con las sierras de América, por eso nosotros somos indios por chiripa», dijo.

Tras de recordar que en ese tiempo «la España y la Europa vivían en una situación de ignorancia, donde la ignorancia valía más que la ciencia, no había hombres que acompañaran a don Cristóbal; para ello, la reina Isabel y don Fernando de Aragón tuvieron que sacar 90 de los presos más peligrosos de sus cárceles para que repartirlos en sus tres carabelas y así llegaron aquí».

«Fue una situación razonada y pensada por los reyes católicos: si llegan qué bueno, y si se mueren en el mar nos ahorraremos los alimentos y los gastos que ocasionan 90 criminales», apuntó.

«Desgraciadamente –precisó–, el crimen, la moral baja y perversa que traían esos hombres, que ni siquiera sabían leer, fueron los que originaron el mestizaje, que hasta la fecha estamos viviendo».

«Pero esos españoles no nos encontraron mudos ni ciegos –expresó–, nuestros antepasados hablaban perfectamente el náhuatl, se divertían y se enamoraban, y era un pueblo que no tenía necesidad de comer carne humana, eso lo han inventado los infames que no nos quieren», concluyó.

«Lo único que nos llevamos son satisfacciones»

Finalmente, quien se ha dedicado en cuerpo y alma a prolongar la vida del Consejo de la Crónica de Milpa Alta, Manuel Garcés Jiménez, nativo por cierto de San Antonio Tecómitl, visiblemente emocionado encomió el hecho de que de 16 consejos de la crónica de las 16 delegaciones –al menos que sepamos Tláhuac no tiene debido a que ahí los pocos cronistas que ha habido prefieren sumarse al de Milpa Alta– «ésta es la única que tiene gente joven», lo que explicó debido a que «estamos dejando la semilla para que los cronistas sigan trabajando e invitamos a los jóvenes y no jóvenes que se integren con nosotros».

Portada del libro dedicado a la crónica de Milpa Alta

Aclaró que el trabajo de cronista es «honorífico, no nos pagan», aun cuando «llenamos el Calmecac», foro al que le caben 570 personas, explicó. Sin embargo, «eso es lo que nos llevamos, una satisfacción enorme», subrayó, al grado de que «me entusiasmó tanto que no voy a leer lo que había preparado».

A 13 años de creado el Consejo de la Crónica, el profesor Garcés Jiménez, colaborador de la revista Nosotros por más de 15 años, agradeció al director de esa publicación el poder pertenecer a esa fraternidad de colaboradores de la región.

Portada del libro de Día de Muertos en Milpa Alta

Mencionó a cronistas que muchos conocieron aunque otros no, como serían los jóvenes integrantes del Consejo, pero que de igual forma hicieron brecha en el rescate de la historia de Milpa Alta, como los profesores Fidencio Villanueva Rojas, autor del libro Cantos aztecasJuan Crisóstomo Medina VillanuevaConcepción Flores Arce «Xochime» y Librado Silva Galeana, coautor del Diccionario náhuatl, editado por la UNAM, con edición de cien mil ejemplares, nativo de Santa Ana Tlacotenco.

Asimismo, recordó a Carlos López Ávila, cuyas vivencias fueron plasmadas en varios libros, traducidos incluso al francés, con el apoyo de Joaquín Galarza. Consideró que el primer cronista milpaltense fue Quintil Villanueva Ramos, oriundo de Tecómitl, porque dejó las memorias de su hermano el coronel Timoteo Villanueva; así como Miguel Ángel Farfán, el cronista emérito Francisco Chavira Olivos, los nahuahablantes Gilberto Lozada Ortiz y Artemio Solís GuzmánPascual Gallegos Palma; el etnohistoriador Raymundo Flores Melo; la profesora Marta Retana ZamoraErnesto Sevilla BolañosAlejandra Sánchez Galicia; los profesores Abelardo Jurado JiménezEugenio Raúl Ramírez RetanaEsther Mérida González Adán Caldiño Paz; el historiador Sergio Sevilla Peña; como de igual forma los nativos de San Andrés Mixquic Ricardo Flores CuevasMoisés Isaí y Santiago LeyteVíctor González ChimalBrisa Marín BlancasIgnacio Mendoza Órea, de San Juan Ixtayopan; Saúl Ríos FloresRubén Gara GaliciaIrma Álvarez Cordero y Héctor Castañón Bazaldúa. ♦

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Fuente: NosotrosMSR

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