Escudos de armas de la Ciudad de México, Xochimilco y Texcoco

Xochimilco y sus siete pueblos de origen prehispánico conservan los rasgos de su cultura ancestral

Por Manuel Garcés Jiménez *

Bien sabido es que la invasión española muestra múltiples facetas, bastante complejas para ser analizadas a simple vista por la amplitud de los hechos, las características de los personajes y todo aquello que formó parte de la época en que se desarrollaron.

Todo esto nos hace pensar en lo positivo y negativo de la llegada de los europeos a estas tierras de América, en donde las culturas prehispánicas alcanzaban en ese momento un alto grado de desarrollo de organización y buen funcionamiento de los sistemas político, social y económico que privaban en ese tiempo.

Es por ello que, tanto Xochimilco como el Centro Histórico de la Ciudad de México, fueron los lugares a los que la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia la Educación y la Cultura (Unesco) declaró el 11 de diciembre de 1987 Patrimonio Excepcional y Universal, por tener sus raíces bien fincadas en el pasado prehispánico

Es el Centro Histórico de la Ciudad de México el que aún mantiene altivo sus vestigios históricos coloniales, así como zonas arqueológicas, centros culturales y sitios naturales que se han mantenido a través del tiempo. Por lo tanto se confirma que: «La ciudad es producto de la distribución de poderes, la fusión de culturas, la concentración económica y la manera peculiar en que se vive cotidianamente»[1].

Escudo de armas de la Ciudad de México

Dentro del panorama del siglo XVI, la historia registra al territorio de Xochimilco y sus siete pueblos en cuyos orígenes se remontan al México prehispánico. Desde su fundación a la actualidad se han conservado los rasgos específicos de la cultura ancestral, a pesar de la intervención de su vida cotidiana desde la llegada de los españoles a estos tiempos, son poblados que se definen como oriundos buscando mantener una visión del mundo arraigada a la tradición mesoamericana con zonas de propia identidad.

Así mismo, vemos la «Cementera de las Flores», que por su origen prehispánico, lo colonial a la actualidad continua prevaleciendo la zona chinampera, así como la zona arqueológica de Cuahilama, se admira el ex convento del siglo XVI dedicado a San Francisco de Siena (actualmente con la categoría de ser denominada catedral) así como la magnificencia del templo de Tepepan y demás inmuebles religiosos y civiles.

Escudo de armas de Xochimilco

Por su pasado histórico estos sitios los vemos representados cada uno con su respectivo escudo-blasón que son analizados por la ciencia heráldica, que de acuerdo con lo que comenta Fernando Muñoz Altea, Rey de Armas de la Real Casa de Borbón Dos Sicilias, es la «Heráldica –o ciencia del blasón–, es el arte que enseña a descifrar, componer, explicar y describir correctamente los escudos de armas, conforme a las leyes, reglas, usos y costumbres de cada nación»[2]. Bajo este panorama nos llama mucho la atención el Escudo de Armas de la Ciudad de México, Xochimilco y el de Texcoco con sus respectivos varios esmaltes[3].

A través de la historia de la Edad Media encontramos la heráldica que nace bajo la  guerra que conocemos como «Las cruzadas», época cuando el pontífice romano en el sínodo de Clermont lanza su proclama en contra del infiel, en este caso los musulmanes, para defender los sitios sagrados del cristianismo y la propagación de esta fe en las conflictivas latitudes donde habitaban.

Debemos recordar que en aquellos años las armas de pólvora no existían, así que las guerras se libraban cuerpo a cuerpo con espada en mano o con lo que se tuviera al alcance. No se podría afirmar con certeza cuál fue la primera guerra representada en un icono en escudo de la distinción entre los bandos enemigos que se diferenciaban por las figuras con que se blasonaban.

En estas guerreras también nacen las ordenes de caballería, como la Orden del Temple, la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, etcétera, pero con el tiempo se convertirían en símbolo y emblema de estatus social. Fueron reyes y guerreros-monjes quienes dieron a la heráldica un gran impulso. ¿Quién no recuerda a los leones aleopardados del rey Ricardo, o las consabidas flores de lis del cristianismo del rey de Francia, solo por nombrar dos ejemplos de los muchos que surgieron en la época?  

Luego entonces, la heráldica analizan los escudos por lo que debe ser entendida como una ciencia, pues tiene sus propias reglas: sería demasiado extenso enumerar todas y cada una de ellas.

Al adentrarnos en el origen del escudo de armas de la Ciudad de México recordamos que fue en el año de 1523 cuando fue ennoblecida y honrada asignándole un escudo de armas que podemos observar en el pasillo en azulejos del antigua Ayuntamiento de la Ciudad de México.

Al respecto se describe iconográficamente al escudo de la Ciudad de México de la siguiente manera: «Es azul, de color de Agua, en señal de la Gran Laguna, en, que la dicha Ciudad esta edificada y un Castillo dorado, en medio, y tres Puentes de Piedra de Cantería, y en que van a dar en el dicho Castillo, las dos, sin llegar a él, en cada una de las dichas dos Puentes, que han de estar a los lados un León levantado, que hazga con las uñas en dicho Castillo, de manera que tenga los pies, en la puente, y los brazos en el Castillo, en señal, de la Victoria, que en ella hubieron los dichos, Cristianos, y por Orla, Diez hojas de Tuna, verdes con sus abrojos, que nacen, en la dicha Provincia en Campo Dorado; en un Escudo a tal como éste, las cuales Armas y Divisa, damos a la dicha Ciudad, por sus Armas conocidas, por las podaís traer, e traíais, e pongáis, en los Pendones, y Sellos y Escudos, de ella, y en otras partes, donde quisieredes, y fueren menester; e según e como de la forma y manera, que las traen, y ponen las otras ciudades, der estos dichos nuestros Reinos de Castilla. A quién tenemos dado armas». Con fecha de 17 días del mes de diciembre de 1523.

El Escudo de Armas asignado a la ciudad de Xochimilco le es asignado en el segundo periodo de la heráldica que corresponde a mediados del siglo XVI, expedido por el rey de España, Felipe II, según Cédula Real del 11 de abril de 1559, cuya copia manuscrita fue hallada en la Biblioteca Nacional De Madrid España, en la sección manuscritos, lo cual textualmente dice:

«Juan Diez de la Calle, escribano que fuera de 1546 de la Nueva España certifica: Titulo de noble Ciudad y Escudo de Armas dado a Suchimilco (sic) en 1559, 4 de marzo, y escudo de armas 11 de abril del mismo año».

En el centro parece el enorme cerro que se localiza en el poblado de Xochitepec, palabra que se deriva de xochitepetl (xochitl-flor, tepetl-cerro) «cerro florido» conocido antiguamente como Jesús Nazareno Xochitepec Cuauhxochpan y Santa María Magdalena Xochitepec, localizado al sureste del centro de Xochimilco, a unos 2.5 kilómetros de distancia de éste. El poblado colinda al norte con Tepepan y la Colonia El Mirador de Ampliación Tepepan; al sur y este con Santiago Tepalcatlalpan y al oeste con la alcaldía Tlalpan.

Además, en la parte superior del mítico cerro, que como atalaya está resguardando la zona lacustre aparece la Cruz Católica, símbolo importante del Cristianismo impuesta por los franciscanos quienes llegaron a éstas tierras de América el 13 de mayo de 1524.

La fiesta del pueblo dedicada a la Cruz se celebra durante siete días, inicia el 2 y culmina el 8 de mayo, siendo el día 2 con el descenso de la cruz del cerro para volver a subirla el 3, Día de la Santa Cruz.  

Al respecto el doctor Sergio Cordero Espinosa describe en su libro Apapálotl lo siguiente: «El escudo de armas concedido a Xochimilco por el rey Felipe II. Consiste en un campo de azul con un Monte Coronado con una cruz, Xochitepec, rodeado de rosas, representativas de chinampas, con dos marcos, el interior con cinco torreones representantes de los cinco conventos de la jurisdicción. (El corregimiento, abarcaba las dos modernas delegaciones de Milpa Alta y Xochimilco) El exterior confeccionado como un elegante pergamino recortado artísticamente con dos cariátides y roleos de hojas de acanto. En la parte superior una corona con una F, inicial de Felipe Segundo, Rey de España que concedió el privilegio»[4].

Así mismo tenemos al escudo de Texcoco. Al respecto encontramos en los Manuscritos de esta ciudad del estado de México, lugar emblemático dentro de la historia religiosa del catolicismo al establecerse en este lugar el primer fraile Pedro de Gante[5] quién dio inicio la evangelización y primer educador de la cultura occidental.

Escudo de armas de Texcoco

Al respecto encontramos en los archivos de este lugar que de acuerdo a la célula del virrey  don Carlos le concede el título de ciudad al pueblo Texcoco en el año de 1551. «Traslado de varias cédulas relativas a títulos, donaciones, nombramientos de Gobernadores de esa ciudad de Texcoco, de 1551 a 1621»[6].

En tan interesante documento que comprende un grabado representando las armas de Texcoco y una estampa en pergamino iluminada y dorada con las armas de los Señores de Texcoco (chimalli y lanza), concedidas por el Emperador Carlos V, a don Fernando Pimentel y Alva Ixtlilxochitl, biznieto del último tlatoani de Acolhuacan. Este documento contiene además datos históricos importantes sobre la conquista y el auxilio que prestó aquel reino a don Hernando Cortés.

En conclusión, con los otorgamientos de los escudos de armas a las citadas ciudades simbolizan la conquista y la  evangelización de los peninsulares en estas tierras del Valle de México. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía:

Cordero Espinoza, Sergio. Apapálotl, una ventana al pasado mexica. Editorial Edamex, México, 2007.

Celulario de la metrópoli mexicana. Departamento del Distrito Federal. VIII Feria Mexicana del Libro. MCMLX.

La Ciudad de México, Antologías de lecturas siglos XVI~XX. SEP, México, 1995.

Muñoz Altea, Fernando. Blasones y Apellidos. Edit. Joaquín Porrúa, México 1987.

J. Adeline y Mélida, José Ramón. Términos Técnicos en Bellas Artes. Ediciones Fuente Cultural, México 1944.

«Huetzálin», Boletín del Archivo Histórico de Xochimilco, N° 2, 1 de abril de 1984. Director: José Farías Galindo; subdirector Sergio Cordero Espinosa.

Peñafiel, Antonio. Manuscritos de Texcoco. Editorial Innovación, S.A., México, 1979.


[1] La Ciudad de México, Antología de lecturas siglos XVI~XX.

[2] Muñoz Altea, Fernando: Blasones y Apellidos, Ed. Joaquín Porrúa SA de CV. Primera edición. México, 1987.

[3] En el diccionario de términos técnicos en Bellas Artes nos dice que: «Escudo en blasón es el campo que encierra las armas. Puede ser simple ó compuesto. En el primer caso no hay más que un solo esmalte sin división; en el segundo puede haber muchos esmaltes», como es el caso de Xochimilco.

[4] Sergio Cordero, Apapálotl, pág. 295.

[5] Hombre de origen noble y aristócrata, miembro de la familia real del país de Flandes, pariente cercano a del emperador Carlos I de España

[6][6] Manuscrito in folio, compuesto de 26 fojas y dos estampas.

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