Tláloc y Chicomecoatl aguardan el momento de regresar a Tláhuac

Texto publicado en mayo de 1997

Por Silvestre Leyte | Nosotros, Núm. 4 | Mayo de 1997

Cuando el tres de agosto de 1995 el joven preparatoriano Jesús Galindo notó la abundancia de tepalcates en aquella parte del ejido de San Pedro Tláhuac, conocida como El Tequesquite, no imaginó que con aquel hecho, al parecer tan simple, daba inicio una historia cuya primera fase desembocaría en un importante hallazgo arqueológico y que, posteriormente, lo llevaría a encabezar una lucha que hasta la fecha continúa, para construir un museo en Tláhuac.

Llevado por su afición a la arqueología, Jesús, quien es vecino del Barrio de La Magdalena, solía recorrer esa zona en busca de algún vestigio, pedazo o piececilla que, con suerte, pudiera tener algún valor histórico.

Sin embargo, en aquella ocasión sus expectativas fueron superadas con creces gracias en parte a la suerte, pero fundamentalmente a su interés personal por las raíces culturales de Tláhuac, ya que luego de observar los restos de cerámica decidió realizar un recorrido más amplio por toda esa zona.

Convencido de que podía tratarse de un yacimiento arqueológico de importancia, decidió reportar esa situación al área de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

«Entonces –recuerda–, vino el arqueólogo Pedro Ortega Ortiz a realizar una inspección de superficie durante la cual recolectó muestras de cerámica a flor de tierra, labor que lo llevó hasta donde estaba un montículo que al ser estudiado resultó ser un basamento piramidal alusivo a un laboratorio; el 9 de agosto de ese año comenzó la excavación y fue así como empezaron a salir esas piezas arqueológicas».

El valioso hallazgo

Tras de dos semanas de trabajos de excavación, llevados a cabo por el arqueólogo y un ayudante, y la colaboración voluntaria de Jesús Galindo, a menos de tres metros de profundidad y en un área menor a 20 metros cuadrados, fueron hallados cinco braseros ceremoniales en buen estado de conservación.

La importancia del hallazgo quedó fuera de toda duda, una vez que las piezas fueron cuidadosa y totalmente rescatadas. A simple vista se podía constatar el valor artístico e histórico de cada una de las piezas.

De esa manera se confirmó que en esa parte de El Tequesquite había existido un centro ceremonial que se remontaba a unos cinco o seis siglos atrás.

Por lo que toca al importante descubrimiento poca gente se enteró, solamente una cadena televisiva dedicó unos cuantos segundos a la noticia en uno de sus espacios informativos y el periódico El Informador, de Tláhuac, le dieron difusión al acontecimiento (posteriormente, el pasado 14 de abril el periodista de Últimas Noticias de Excélsior, Joaquín Herrera, abordó brevemente el tema en el vespertino). Entrevistados en aquella ocasión minutos antes de recoger el cuarto y quinto brasero, Jesús Galindo y Pedro Ortega Ortiz señalaron que en Tláhuac existen varios sitios arqueológicos que deben ser ubicados y preservados del saqueo, «debido a que son parte fundamental para reconstruir el pasado de esta región».

Reconstrucción de los braseros

Durante nueve meses, de agosto de 1995 a abril de 1996, especialistas de la Subdirección de Salvamento Arqueológico del INAH trabajaron en la reconstrucción de los cinco braseros (elaborados en barro recocido, portento de la cultura de mil años) que poco a poco fueron tomando forma y mostrando su belleza. Aunque similares, cada una de las piezas reconstruidas tiene sus propias características. Uno es una diosa asociada a la vegetación (quizá Chicomecoatl) y la fertilidad; otro es un brasero ceremonial con la figura humana cubierta con una máscara de Tláloc, a manera de casco, en alto-relieve; otro semeja a un sacerdote que muestra una serpiente en forma de rayo, lleva una corona, un pectoral y un ropaje rico en decorado. Y otra figura es un sacerdote cuyo alto rango se denota en su atavío.

La alianza de los cuatro barrios

Una vez reconstruidos y clasificados por los especialistas, los cinco braseros de 1.20 metros de altura quedaron bajo la custodia del INAH, institución que, señaló Ortega Ruiz, no tiene ninguna objeción en devolverlas a Tláhuac si las autoridades o la población lo solicitan y se responsabilizan de su cuidado.

Sin embargo, añadió, de acuerdo a su experiencia pocas veces ocurre eso, pues por lo general las localidades donde son encontrados los vestigios carecen de museos u otros sitios adecuados para la conservación o exposición de las piezas rescatadas, por lo que de acuerdo a la ley quedan bajo el resguardo del INAH.

Enterados de esa situación, Jesús Galindo y un grupo de familiares, amigos y vecinos, decidieron emprender el rescate de las piezas arqueológicas, para lo cual se organizaron y crearon la Alianza de los Barrios Ticic, Tecpancalco, Atechicalco y Teopancalco, AC, nombres de los cuatro calpullis que conformaban Tláhuac en la época prehispánica.

Registrada ante el INAH con el número 401-1-0-586 bis, la asociación se plantea como objetivo no sólo la recuperación de los braseros, sino la construcción de un museo en San Pedro Tláhuac en donde sean expuestas esas piezas y otras más que han sido encontradas en diversos sitios de la jurisdicción, así como dar a conocer al resto de la población otras manifestaciones culturales de los tlahuaquenses.

Constituida oficialmente en septiembre de 1996, en la Alianza confluyen cientos de habitantes, sobre todo de San Pedro Tláhuac, y está encabezada por jóvenes profesionistas de la localidad. Sus dirigentes son J4esús Galindo, presidente; Pedro Ortega, vicepresidente; Estela Galindo, secretaria, y Guadalupe Noriega, subsecretaria, entre otros.

Para alcanzar su objetivo, entre sus primeras acciones han realizado una amplia labor de difusión consistente en la organización de muestras fotográficas mediante las cuales dan a conocer a los habitantes de Tláhuac tanto las piezas que hoy están en poder del INAH, como su propuesta para acondicionar un inmueble o, también, construir uno expresamente para que se convierta en el Museo de Tláhuac.

Añeja petición general

Pero la lucha que hoy llevan a cabo los integrantes de la Alianza de los Barrios no es mas que un eslabón en la cadena de intentos que diversas personas y agrupaciones de Tláhuac han llevado a cabo desde hace años para dotar a la jurisdicción de un museo.

A comienzos de 1995, durante la instalación del Consejo Delegacional de Fomento Cultural –organismo que jamás operó pues sus integrantes nunca fueron convocados para una posterior reunión–, en donde la mayoría de los asistentes, entre cronistas, historiadores, artesanos, narradores orales, periodistas, escritores, pintores, mayordomos y miembros de otras agrupaciones tradicionales y culturales, coincidieron en la necesidad de contar urgentemente con un recinto en donde pudieran exhibirse las distintas muestras de la cultura de los pueblos de Tláhuac.

Tal y como hoy lo propone la Alianza de los Barrios, desde aquella ocasión (y aún antes) existe una corriente de opinión en el sentido de que el inmueble idóneo, debido a su valor histórico y arquitectónico, es el antiguo edificio delegacional, subocupado en la actualidad por una subdirección de la delegación política.

Integrantes de agrupaciones como Expresión Cultural Zapotitlán, del patronato organizador del Día de Muertos en Mixquic, de las comparsas del Carnaval de Tlaltenco, así como de vecinos de San Juan Ixtayopan, quienes por cierto se encuentran en lucha permanente porque les sean regresados más de mil vestigios arqueológicos, apoyan la creación de un museo (aunque otros sectores se inclinan por la construcción definitivamente de un recinto para dicho fin); sin embargo, todo hasta el momento parece una utopía.

¿Otro siglo de espera?

Si bien no todas las piezas arqueológicas halladas en territorio tlahuaquense alcanzan la importancia de los cinco braseros encontrados en El tequesquite, su rescate, preservación y exhibición es una tarea primordial de toda la comunidad. Miles de ellas actualmente están guardadas en cajas de cartón en las bodegas del INAH. Otras, producto de saqueos, son exhibidas en vitrinas de salas particulares en donde, al menos, son preservadas de los compradores extranjeros (y reciben los cuidados que no tienen por ejemplo las piezas que se exhiben en la biblioteca pública de Mixquic), aunque ciertamente no pueden ser observadas por la comunidad.

Hace apenas unos días, durante la exposición 500 Años de Arte Popular, montada en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, fueron exhibidos los braseros números cuatro y cinco, con una cédula mínima que señalana el sitio en donde fueron encontrados: Tláhuac. Al visitar la muestra para admirar la magnitud de las piezas ya restauradas, un joven tlahuaquense pareció percibir el gesto de reproche de las máscaras del dios Tláloc y la diosa Chicomecoatl talladas en el cuerpo de los braseros, y le pareció escuchar esta pregunta: Ya esperamos siglos enterrados. ¿Tendremos que esperar otro siglo para regresar a Tláhuac?

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Pies de foto superior:

Tres de los cinco braseros encontrados en Tláhuac.

Dios Tláloc, calzado con sandalias, en la mano derecha sostiene un rayo y en la izquierda un bastón de mando.

Brasero efigie con la representación de Chicomecóatl, diosa del maíz. Sostiene dos mazorcas y tiene tocado amacalli con colgantes laterales y remates.

Xilonen, la diosa del maíz tierno. Se encuentra ataviada con un tocado en forma de banda con bandas.

Fuente: INAH

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