Recomienda arqueóloga que sea en diciembre la Feria del Elote

Sólo para seguir con la ritualidad de la agricultura mesoamericana

La Feria del Elote de San Juan Ixtayopan debe llevarse a cabo en el mes de diciembre y no en agosto, para seguir con la ritualidad de la agricultura mesoamericana y el proceso de barbecho, siembra y cosecha que consta de nueve meses, como originalmente se hizo en el México prehispánico, comentó la arqueóloga Yadira Tapia Díaz, oriunda del lugar, durante su participación en el Encuentro de Historiadores y Cronistas de la Región de Tláhuac.

«Según mi perspectiva del curso de la agricultura –dijo la egresada de la Escuela Nacional de Antropología e Historia–, si el barbecho comienza en enero, la siembra en marzo y son nueve meses para la cosecha del maíz, utilizando el que los pobladores me dijeron es el llamado maíz criollo, que es el que tarda más porque el híbrido ya está manipulado y ese en tres meses levantan la cosecha, si se quiere continuar con la tradición prehispánica tal cual debe de ser, la cosecha sería en diciembre y (por consiguiente) hacer la Feria del Elote en ese mes».

Además, «quedaría muy bien porque a mí me encantan el chileatole, los elotes, los esquites, todo así calientito para disfrutarlos con el frío», dijo durante su participación en el Museo Regional de Tláhuac en el Encuentro organizado por el área de Proyectos Museográficos de la alcaldía como un primer acercamiento a la historia de los siete pueblos de la demarcación.

Es importante seguir la ritualidad de la agricultura mesoamericana

Tapia Díaz refirió que un poblador de San Juan le comentó que «ya todo está estructurado, que no sabía por qué los productores o campesinos compran agua si ésta, en el mes de junio, llega cuando empiezan a salir las plantitas y son las que ayudan al crecimiento de la milpa», por lo que entonces «no hay necesidad de estar acelerando la tierra», aunque reconoció que en la actualidad «ya son otro tipo de intereses».

La arqueóloga Yadira Tapia Díaz, flanqueada por los historiadores Ricardo Flores Cuevas y Baruc Martínez Díaz

Sin embargo, apuntó, «para mí es importante seguir la ritualidad de la agricultura mesoamericana, el proceso, la receta de cocina para obtener maíz y elotes».

El Teocintle

En su disertación, la arqueóloga Tapia Díaz explicó que el teocintle es el ancestro del maíz, «una pequeña plantita que se ha encontrado en excavaciones arqueológicas con antigüedad de hasta 11 mil años, ese fue el primer maíz que consumieron nuestros ancestros, y este maíz al ponerlo sobre el fuego ya explotaba en forma de palomitas de maíz, las que se conocen desde ese entonces y que se pusieron de moda en los cines».

Trajo a colación un estudio de Greenpeace cuyo objetivo fue rastrear lo que es el germoplasma nativo de lo que es el teocintle, el tatarabuelo del maíz actual, por lo que encontraron que la mayor parte del germoplasma se encuentra en México, «la cuna del maíz prácticamente».

El ritual de la agricultura

La agricultura comienza siempre con lo que le llaman el barbecho, es la preparación de la tierra para la futura siembra. En la antigüedad se usaba el uictli o coa, y actualmente ocupan el azadón y la pala incluido el tractor.

La siembra

Ya que se hace el barbecho se comienza a realizar lo que es la siembra, pero aquí en la época prehispánica se hacían demasiados rituales y oraciones al momento de llevarla a cabo. «El maíz se sembraba en racimos de siete en siete y con el nombre de ‘siete culebras’, nombre de la principal deidad de la agricultura, llamada Chicomecóatl, por lo que cuando los antiguos pobladores hacían la siembra plantaban siete granitos de la mazorca, así empezaba la agricultura, con Chicomecóatl; posteriormente, cuando empezaban a formarse los granitos se le llamaba Centeotl, y cuando ya estaba listo para comer se le llamaba Xilonen, derivado del acto de xilotear. Son las tres deidades de la agricultura del maíz.

La veintena de Ticic

En su exposición la arqueóloga, quien trabaja desde 2013 en la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, se refirió al ritual de la agricultura y explió cómo es el proceso de las veintenas de la época prehispánica. «El barbecho empieza con la veintena de Ticic; la siembra empieza en el mes de marzo con la veintena de Tlacaxipehualiztli, el festejo más importante del México antiguo. Fue cuando Pedro de Alvarado mató a los mexicas precisamente en la fiesta de Tlacaxipehualiztli porque los sorprendió a todos reunidos en ese festejo tan importante, por ser marzo al inicio de la siembra».

Esa fiesta, explicó, era «totalmente respaldada por los antiguos pochtecas, de hecho cuando estos hacían sus viajes de mercadería, regresaban en el mes de marzo para echar la casa por la ventana, lo hacían para estar en el festejo de Tlacaxipehualiztli, una fiesta muy importante para Xipe Tótec, el dios desollado, al que le quitan la piel y ésta le vuelve a crecer. Eso significa que es un cambio también de estación, que termina el invierno y comienza la primavera».

Público asistente al Encuentro de Historiadores y Cronistas de la Región de Tláhuac en el Museo Regional

«Es un cambio el quitarse la piel vieja y empezar un ciclo nuevo. Todo eso va amarrado con lo que hacemos, como sucede con la agricultura», señaló.

Con el transcurso de los nueve meses se tiene en dicho período el ciclo lunar, 260 días, la gestación de un embarazo y la culminación en diciembre, cuando se levanta la cosecha, en la fiesta de Panquetzaliztli, que es otra de las veintenas más importantes del México prehispánico, precisó.

Quien participó en el proyecto de excavación en la Cueva de los Grifos, con ocupación prehistórica, en Ocozocuautla Chiapas, recordó lo que la gente de Ixtayopan le ha expuesto con relación al maíz.

«Me comentaron que cuando vienen las heladas en el maíz híbrido, si se quema la siembra en febrero resiembran en marzo, por lo que empiezan a cosechar hasta junio; pero en el caso del maíz criollo, si éste se siembra en marzo se evitan las heladas».

La siembra del maíz criollo todavía lo hacían hace 40 años, apuntó, «pero los cambios en la agricultura por otros intereses se han acelerado, ya se ha cambiado por proceso natural del ciclo de la tierra. Uno de los habitantes de Ixtayopan me dice: ‘Es que nosotros no tenemos a veces ni por qué pedir agua, tú siembras tu maíz y solito se da’. Y de hecho, dicen, el agua llega en el mes de junio que es la época de San Juan, en el mes en que hay una veintena importante llamada etzalcualiztli, la veintena de Tlaloc, que es cuando inician las aguas. Todo está embonado».

Para quien trabaja con el restaurador de los cinco braseros ceremoniales de Tláhuac, Francisco Revilla Ortega, «que se fueron de gira artística a Europa en los 90», recordó, comentó que ese ritual culmina en lo que es el festejo de la Feria del Elote en agosto, con una gran variedad de comida.

«Me puse a pensar que siguiendo el ritual prehispánico la Feria del Elote la debíamos festejar en diciembre, cuando se empieza la cosecha normal luego que transcurrieron los nueve meses, porque es la época más fría del año y para disfrutar el chileatole calientito», concluyó.

A decir del historiador Baruc Martínez, coordinador de la mesa, «todos estos pueblos de Tláhuac así como la de nuestros hermanos de Xochimilco y Milpa Alta tienen una gran ritualidad que se sustenta en la agricultura, es algo básico porque a mediados del siglo pasado la economía de todos ellos se basaba en el trabajo campesino. Ya es hasta la segunda mitad del siglo veinte cuando las cosas comienzan a cambiar y entonces la población económicamente activa, pasa del sector primario al terciario que tiene que ver con una urbanización constante».

Tras una confusión que surgió con motivo de la pregunta de una persona del público, acerca de si el maíz híbrido es el maíz transgénico, Martínez Díaz lo aclaró:

«El maíz híbrido solamente es de color blanco, se trata de uno mejorado con diferentes variedades de maíz, pero no se le considera transgénico. Transgénico es cuando entra un gen de otra especie para hacer la fruta más grande o de otro color», explicó.

Orígenes de Ixtayopan

«Ixtayopan –dijo la arqueóloga Tapia Díaz– se encuentra ubicado en la antigua ribera de lo que era el Lago de Chalco, es un pueblo de origen xochimilca. En 1855, en tiempos de Antonio López de Santa Anna, perteneció a lo que ahora es Tlalpan; en 1867, bajo el imperio de Maximiliano, formó parte de lo que es Xochimilco, y de 1875 a 1890 su cabecera fue Tulyehualco; hasta el año de 1926 vino a formar parte de lo que ahora es Tláhuac, pero toda la zona tlahuica, que es de Cuitláhuac hasta parte de Morelos, es una tierra con un sedimento de color rojizo compuesta por cinabrio. La terminología de Tláhuac da referencia da lugar a un lugar de tierra roja».

«No se tiene el dato de la fundación de Ixtayopan, –pero esto– se documentó a un solo libro, San Juan Ixtayopan en el corazón de tierra blanca, donde se dice que el lugar fue ocupado en 1500 antes de Cristo, del período Preclásico, que va del 2500 a.C., al 200 d.C.. Tlapacoya es un sitio que está en la autopista a Puebla, sitio cercano de Chalco; hasta ahora se tiene registrado como la cabecera principal de todo lo que es la región tlahuica y Chalco, entonces identificamos que Tlapacoya tiene una antigüedad de 600 al 100 a.C.; pero Ixtayopan todavía fue más antiguo, por eso aún no se tiene bien el dato preciso, habría que hacer una investigación entre cerámica y análisis petrográfico para ver las ocupaciones de Ixtayopan y saber el origen, la fecha precisa –de su fundación–».

«En ese entonces mencionó la conferenciante– durante el Preclásico hubo una ocupación de origen chichimeca, los mismos que fueron encomendados por Xolotl para que fundaran Azcapotzalco, ellos vinieron desde el norte de México. Para el Clásico no se tiene un registro, pero por ser una región de ocupación xochimilca es posible que ya hubiera habitantes xochimilcas en Ixtayopan».

«Para el Postclásico, que va del 900 al 1500 d.C., ya hay una reocupación en Ixtayopan –porque en el Clásico hubo un abandono–; entonces hay una reocupación en el período Postclásico, pero ya es totalmente mexica; de hecho el tipo de cerámica que encontró el señor Tomás Medina –cronista de San Juan–, es un tipo Azteca III, más que nada del Postclásico».

La arqueóloga Yadira Tapia citó al cronista Tomás Medina Villarroel, cuando dice que «Juan Anastasio y Juan Aminantecatl trajeron 250 personas que llegaron a donde hoy está ubicado el templo, pero antes de hacerlo dijeron, aquí vamos a fundar nuestro pueblo San Juan Ixtayopan, en 1521».

Y continuó la cita:

«Hubo una inundación, suscitándose el 21 de septiembre de 1619, la cual obligó a sus pobladores a trasladarse a un lugar llamado Atlipac; este lugar que nosotros conocemos como el Parque de los Olivos, es donde se encuentra el basamento de la primera fundación de San Juan Ixtayopan, este lugar está totalmente intestado de cerámica Azteca III, que ya es la cerámica del Postclásico, y le llamaron Ixtayopan I. Posteriormente, como hubo la inundación, salieron al lugar llamado Atlipac, que significa sobre el agua o a la orilla del agua».

Recordó que fray Martín de Valencia fue el primero en traer los olivos a México, y sobre todo a San Juan Ixtayopan, y refirió que en dicho lugar se filmó una película: Jesús Nuestro Señor, por el cineasta y productor Miguel Zacarías, en 1969. «Ya que se van –los antiguos pobladores– al lugar llamado Atlipac, fundan Ixtayopan II, que es donde actualmente se ubica la iglesia de San Juan, muy cerca de los restos del antiguo río Amecameca, muy cerca de la orilla del agua».

Testimonios del público

Durante la sesión de preguntas, el profesor Carlos Roque Mejía,del pueblo de Huitziltzingo, aportó lo siguiente:

El señor Roque Mejía de pie; sentado, con cubreboca negro, don Genovevo Pérez

«Anteriormente no estaba definido lo que era Ciudad de México, Distrito Federal y estado de México, mi pueblo también fue uno lacustre, no con la antigüedad que tiene Tláhuac, pero ese pueblo aparecía y desaparecía cuando subía el agua del lago. Los felicito porque hablaron de dos entes vivos que nuestros antepasados no supieron defender, o bueno, las circunstancias eran otras, pero también nos fuimos con esa idea de que el agua es nuestra amenaza. La queremos sacar de una u otra forma, anteriormente nuestros antepasados convivían con el agua y le hacían rituales como ustedes dicen, y sabían cuándo iba a llover, cómo iba a venir el temporal, sabían la cultura del agua. Y no se diga del maíz, que nuestros antepasados veían un maíz tirado y decían, mira, pobrecito, está llorando, vamos a levantarlo y le hacían también un ritual al levantar el maíz, también cuando cosechaban hacían un ritual muy grande. El maíz cuando lo nixtamalizan lo vuelves a sembrar y nace, y era nuestra base, nuestro sustento y que muchas veces estamos olvidando. Por último, no es lo mismo saborear un elote criollo que un elote híbrido».

A continuación, el señor José Genovevo Pérez Espinoza también intervino en la sesión que correspondió a la arqueóloga Yadira Tapia Díaz.

«Yo vengo del pueblo de Tlaxialtemalco, de Xochimilco, soy vecino de Tláhuac, tengo una chinampa aquí, hay unas chinampas de San Luis que están en Tláhuac, las que están en Ateponazco, ahí juntito a la Guardia Nacional. Lo tengo que decir aquí, porque ustedes, Yadira y Ricardo, ven la historia muy propia local de acá, yo conozco investigadores de la UNAM, del Ciesas, que han estado por acá, y lo ven con otros ojos bien diferentes, ustedes tienen que contar la historia propia de sus localidades y sus pueblos. Cuando escucho a Ricardo hablarnos de Mixquic, hay cosas que no están en los libros, o el mismo Baruc que nos habla de otro Tláhuac. Muchos leímos a Charles Gibson cuando íbamos en la secundaria o en el CCH, y ahí nos hablan de Cuitláhuac, de Xochimilco, de Mixquic, es la primera entrada que uno tiene para conocer las historias locales del sur de la Ciudad de México. Ahora me llena de sorpresa la Corena, como si no supiera que el Canal de Chalco es límite entre Xochimilco y Tláhuac, la Guardia Nacional y parte de la Corena, están en Tláhuac, no están en San Luis Tlaxialtemalco, no están en Xochimilco. Yo conocí a los chinamperos de ese lugar en los 60, qué chinamperos, de primera, sembrando maíz como dice la señora, Yadira o el señor que me antecedió. Unas milpas bien bonitas. Lamentablemente hoy hay campos de futbol, hay las torres (de la CFE), se han hundido los terrenos. Los felicito muchachos porque ustedes me ilustran, yo simplemente soy un aficionado a la arqueología y la historia, que he estado pegado con investigadores que me han ilustrado y aprendo mucho de ustedes».

Para concluir, la arqueóloga Tapia Díaz dijo que con motivo de los 800 años de Tláhuac, ella, como sanjuanera, se siente tlahuica, mientras que el historiador Ricardo Flores Cuevas consideró que los 800 años son de San Pedro Tláhuac, no de Mixquic, porque ese pueblo tiene otra temporalidad. ♦

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: