Carnaval de Tlaltenco, «último reducto para vernos como comunidad»

Encuentro de Cronistas

Texto: Sergio Rojas | Fotografías: Sergio Rojas Sánchez

Hoy en día el carnaval de Tlaltenco es un ente con vida propia donde cada participante tiene su importancia, desde la reina, la más importante, pasando por princesas, damas, charros, los que se disfrazan, los músicos, los niños, en fin, todos los habitantes del pueblo que salen a cuidar a nuestra gente porque, como nuestros antepasados, aquí nadie se queda con los brazos cruzados.

Lo anterior fue señalado por la maestra Angélica Castañeda Romero, autora del libro Una Herencia de Vida, Sociedad Benito Juárez. Cien años se dicen fácil, ¡a ver bríncalos!, originaria del pueblo de Tlaltenco y socia activa de dicha Sociedad, la más antigua en la alcaldía Tláhuac de las que organizan carnavales –como lo reconoció el historiador Baruc Martínez Díaz–, durante su participación en el Encuentro de Historiadores y Cronistas de la Región de Tláhuac.

Ante numeroso público que se congregó en el Museo Regional de Tláhuac, la psicóloga por la UAM y con maestría en Soluciones Sistémicas Sociales, resaltó la importancia del estudio de la historia regional desde la propia experiencia de quienes la protagonizan a diario en su comunidad.

«Es importante y hasta urgente el estudio regional desde la propia experiencia del estudioso y de quien lo escribe, para que el sentir de la gente no se pierda en el olvido y, sobre todo, para que los nombres de esos héroes anónimos sigan en la memoria del inconsciente colectivo y las nuevas generaciones sepan la grandeza de sus orígenes», destacó.

Castañeda Romero dijo que su gusto por el carnaval lo heredó de su abuelo, Camilo Castañeda Hernández, y de su padre, Daniel Castañeda Peña, por lo que la mueve el amor a la tierra, a sus raíces y a su origen. «Todos mis antepasados están en Tlaltenco y en los pueblos aledaños, entonces, ¿qué seríamos los seres humanos sin raíces? Para saber a dónde vamos necesitamos saber de dónde venimos».

Refirió que Tlaltenco es famoso por sus carnavales y, por consiguiente, recordó que en el año 2020 la Sociedad Benito Juárez cumplió cien años de existencia; sin embargo, hasta entonces no había nada escrito, por lo que se dio a la tarea de escribir acerca del origen de su agrupación, aunque «no se puede escribir del carnaval sin hablar de Tlaltenco, y no se puede hablar de Tlaltenco sin hablar del carnaval».

«La idea de escribir este libro nació hace muchos años, cuando yo era muy joven me prometí escribir algo acerca de mi carnaval y de mi agrupación», indicó.

«Escribo acerca de mi pueblo por el amor que le tengo», resumió.

Gran interés despertó en la comunidad la realización del encuentro en el Museo Regional de Tláhuac

Terremote~Tlaltenco

En su plática se remontó hasta el año 1500 a.C., cuando los primeros pobladores se asentaron en Terremote~Tlaltenco, cerca de donde ahora se localiza el arco de piedra de esa población, de acuerdo con los estudios de la antropóloga Mari Carmen Serra Puche.

«La zona lacustre era rica en elementos acuáticos por lo que sus pobladores comenzaron a dedicarse a la pesca y a la cestería. Comerciaban con los pueblos más cercanos, se sabe que con Cuicuilco y Teotihuacan. Sus casas eran de adobe y paja. Pero llega un momento en que Terremote ya no era suficiente para la población que había crecido, por lo que comenzaron a emigrar hacia tierra más firme, pero además obligados por las pugnas entre Cuicuilco y Teotihuacan, buscaron nuevos lugares y algunos se quedaron en lo que hoy es Tlaltenco».

Carnaval de Tlaltenco

A decir de Angélica Castañeda, la festividad más importante de Tlaltenco es el carnaval –y a decir de estudiosos de otras comunidades de la demarcación, de todo Tláhuac–, aunque «para muchos puede parecer sólo una fiesta, una celebración más, una ocasión para echar relajo, para emborracharse, pero es mucho más que eso, es un carnaval donde participa toda la comunidad».

Recordó que desde los griegos y egipcios ya se celebraba la «fiesta de máscaras», que son los principios del carnaval. «Fue en Italia donde, durante el carnaval, se adoptó la máscara». Más tarde, de Roma llega a España donde recibe el nombre de «carnestolendas», y es así como llega a México.

El carnaval, la «fiesta de las fiestas», se comienza a celebrar en México en los siglos XVII y XVIII, con muchas prohibiciones por parte de la iglesia, relató.

Alcanza su auge en el siglo XIX, por 1830, «alborotando conciencias, escandalizando ancianas y sembrando inquietudes en el corazón de las familias, que por aquellos tiempos aparecía como triunfante el carnaval», como describe Guillermo Prieto en su libro Memorias de mis tiempos.

Quien también tiene estudios de Informática en el IPN, mencionó que entre 1829 y 1830 llegan a México desde Europa, «sus majestades» el baile de las cuadrillas. «Del rigodón español tuvieron origen las cuadrillas francesas y por el año de 1829 comenzaron a usarse en París, habiéndose conocido en México al año siguiente de haberlas traído el joven diplomático don Juan Gamboa; las dio a conocer con la mayor perfección, por lo que «en Tlaltenco todavía las bailamos», apuntó, y se convirtieron en el baile más popular.

Castañeda Romero explicó que el carnaval se llevaba a cabo en salones y teatros, sitios a donde acudía lo más alto de la Sociedad de México. «No se hacía en las calles debido a las prohibiciones de la iglesia y del Estado, por el cobro de impuestos, así que va dejando de ser negocio y poco a poco desaparece en la Ciudad de México».

Es entonces cuando el carnaval se desplaza a los pueblos periféricos de la ciudad y uno de ellos es Tlaltenco. «Se tiene referencia de la existencia de carnaval en Tlaltenco mucho antes de la Revolución de 1910», observó.

Hasta los perros eran zapatistas

En cuanto al surgimiento de la Sociedad Mutualista Benito Juárez, dijo que sus orígenes se remontan a la Revolución Mexicana. «En 1910 muchos de Tlaltenco se unieron a las fuerzas de Zapata, uno de ellos fue mi abuelo Camilo Castañeda Hernández, y los que no se sumaron –a la gesta armada– también simpatizaban con los zapatistas porque, como dice Baruc Martínez, en Tlaltenco hasta los perros eran zapatistas».

«Carranza entra a Tlaltenco persiguiendo y matando a todo aquel que le pareciera zapatista, quema milpas, derrumba casas, fusila y cuelga a hombres, mujeres y niños, fue una masacre, casi con tintes de exterminio», relató.

«Después de que Carranza manda a asesinar a Zapata, poco a poco los hombres y mujeres van regresando al pueblo, entonces lo que encuentran es una devastación, casas derrumbadas, saqueadas, milpas quemadas, sin comida», rememoró.

«En 1920 se conforma nuestra Mutualista ‘Benito Juárez’, tenía como principal meta volver a construir el pueblo, sembrar las milpas, levantar las casas, y sabían que sólo en comunidad lo podían lograr».

Las cronistas Alma Rosa Rivera de los Santos y Angélica Castañeda Romero, y el historiador Baruc Martínez Díaz

Nadie en Tlaltenco se quedó con los brazos cruzados

«La prioridad era volver a sembrar las tierras, pero de aquí a que se levanta la cosecha, ¿qué vamos a comer?, se dijeron nuestros abuelos. Entonces algunas mujeres se fueron a México a trabajar de lo que encontraran, nanas, sirvientas, lavanderas, lo que hallaran era bueno. Una vez a la semana regresaban con víveres para darle de comer a sus hombres y a sus hijos. Algunas otras se quedaron en el pueblo para atender a la familia, o ayudaron en el campo, nadie, absolutamente nadie, se quedó con los brazos cruzados».

«Se volvió una suma de esfuerzos, hubo cooperaciones para sepultar a nuestros muertos, ayuda entre uno y otro para reconstruir sus chozas, irse en banda a sembrar la milpa. Puedo decir que los de Tlaltenco se reinventaron. Poco a poco fueron saliendo de la devastación», narró la maestra Castañeda Romero.

«Tlaltenco se reconstruyó gracias a sus hombres y mujeres valientes que hicieron a un lado su dolor, para volver a ser pueblo. Gracias a todos esos abuelos y abuelas», dijo.

«Así llegamos a 1924, cuando se tiene referencia de que intentan festejar el carnaval de manera improvisada con unos cuantos participantes. Pero es hasta 1929 que se constituye formalmente la mesa directiva de la Sociedad Benito Juárez, donde uno de sus objetivos es precisamente festejar el carnaval».

«El último reducto para vernos como comunidad»

Y mientras el carnaval se extinguía en el centro de la Ciudad de México, en la periferia se mantuvo vivo, «y muy vivo en los pueblos originarios, siendo tal vez el último reducto de vernos como comunidad. Lo asombroso de ello es que incluso mantenemos casi el mismo tipo de organización que impusieron nuestros abuelos».

A decir de la expositora, los elementos del carnaval en Tlaltenco son primordialmente la música de chinelos, «que nos la trajimos del estado de Morelos»; las cuadrillas, «que nos vienen de Francia»; el traje de charro y la careta, que «es un intercambio cultural entre el pueblo de Chimalhuacán y Tlaltenco».

Al principio sólo desfilaban hombres

En sus inicios el carnaval de Tlaltenco fue una fiesta donde sólo participaban los hombres, las mujeres sólo aparecían como reinas o princesas, o igual, como simples espectadoras.

Posteriormente invitaron a las «damas», pormenorizó, pero no se les permitía bailar, y «los argumentos, propios de la época, eran los de que no iban a aguantar todo el recorrido, que se les iba a caer la matriz, que no era bueno para una señorita que anduviera dando de brincos».

Sin embargo, rememoró la maestra Castañeda, «las mujeres que se animaban a participar las subían a un camión semi adornado y con olor a abono. Fue hasta por los años setenta cuando las mujeres se inconformaron y se bajaron del camión con olor a estiércol y a la par de los hombres se pusieron a bailar, desde entonces nunca más hemos dejado de hacerlo».

¿Qué es la Sociedad Benito Juárez?

Cuando la autora del libro Una herencia de vida entrevistó a varios socios de la Sociedad les formuló la siguiente pregunta: «¿Qué es para ti la Sociedad Benito Juarez? Algunos de los testimonios fueron los siguientes:

«Es identidad y en lo personal mi vida misma».

«Es la herencia que nos dejó la abuela Emilia Ruiz».

«Para mí es un honor pertenecer a ella».

«Es parte de mi vida».

«Es herencia de mis padres».

«Porque mi papá nos lo inculcó».

«Yo soy de aquí y aquí estaré hasta que me muera».

«Es una herencia de tu pueblo, de tus tradiciones».

«Es respeto, amor, nos da identidad».

«Es una familia».

«Es una agrupación donde tú aprendes mucho».

«Nos da el valor de nuestras raíces».

«A la Benito Juárez yo no llegué, ya estaba desde el vientre de mi madre».

«Mi origen, mis raíces».

«Es principalmente un orgullo, porque lo siento en el corazón».

«Ha sido y será parte fundamental en mi vida».

«Es identidad, una razón para querer al pueblo».

El Encuentro de Historiadores y Cronistas fue organizado por el área de Proyectos Museográficos de la alcaldía Tláhuac y contó con la participación del historiador Ricardo Flores Cuevas, de Mixquic; la arqueóloga Yadira Tapia Díaz, de San Juan Ixtayopan; Alma Rosa Rivera de los Santos, de Zapotitlán, y del maestro en Historia Baruc Martínez Díaz, quien coordinó las dos mesas de los expositores. ♦

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