Comencemos con la nueva escuela mexicana en educación

Hacer a un lado el magisteriocentrismo

Por Adán Echeverría

Tras del inicio de un nuevo ciclo escolar (2022-2023) nuestro país comienza el camino para cambiar el paradigma educativo, haciendo a un lado el magisteriocentrismo (el maestro es el centro de la educación), en pro de una educación que respete, valore, y se retroalimente de las necesidades del grupo educando (el alumnado sea respetado, educado, escuchado). Los alumnos tienen que ser el concepto principal sobre el cual el magisterio deberá enfocarse. Pasemos de la memorización a la búsqueda y resolución de los problemas sobre los que el educando se vaya enfrentando todos los días. Niños, niñas, y adolescentes haciendo comunidad, buscando la resolución de sus problemas, y generando nuevo aprendizaje.

Reconocer los distintos lenguajes, valorando las 68 lenguas mexicanas distintas del español, así como otros lenguajes y codificaciones (braile, música, sistema binario –el lenguaje de la computación—, lenguaje de señas); dando reconocimiento a los Saberes tanto como al Pensamiento Científico, a la libertad de culto, a la tolerancia religiosa, reconociendo desde la Ética, el cuidado de la Naturaleza y su relación con la Sociedad (desarrollo sustentable); pensar lo humano, y pensar en lo comunitario. Lo que brindará al alumnado y al profesorado la posibilidad de explorar: la educación estética, la vida saludable, la interculturalidad crítica, la igualdad de género, el fomento a la lectura y la escritura, dando mayor valor a la inclusión y al pensamiento crítico.

¿Qué objetivo persigue la nueva escuela mexicana? Formar mexicanas y mexicanos críticos, que sean capaces de resistir todos los diferentes tipos de fanatismos, y los embates cotidianos que llegan de la mass media (los medios masivos de comunicación), que aprendan a ser tolerantes con los demás; formar niños, niñas y adolescentes en los que persista la tolerancia, la equidad, el respeto al otro como a ellos mismos. El que se sientan con la capacidad y el derecho de ser respetados por los jóvenes y los adultos con los que interactúan.

Me parece idóneo que el tema del desarrollo estético, cultural, deportivo, científico, tenga cada día un mayor valor en la educación que reciban nuestros niños, niñas y jóvenes. Que el fomento a la lectura y la escritura sea un pilar en la formación de los nuevos mexicanos y mexicanas, para ser capaces de resistir las oleadas de pensamientos mágicos, metafísicos, que siempre promueven el miedo, la culpa, y la esperanza en la vida después de la muerte, haciendo que se evite toda exigencia en la sociedad en la que ahora viven, y abandonando la lucha de sus derechos humanos por las fantasías de lo que luego vendrá tras la muerte.

Necesario es, a 200 años de país independiente, que la historia de la educación en México enfrente ya cambios en el paradigma moral y educativo de las relaciones en los diferentes tipos de sociedades que se han conformado en México. Abandonar la idea arcaica de las clases sociales, y mirar la horizontalidad de las economías que permitan cada día una mejor calidad de vida para los ciudadanos y habitantes de nuestro país.

Este cambio que poco a poco irá permeando en nuestra educación básica debe ser recibida con total alegría por nuestros maestros y maestras, por las autoridades educativas e incluso por el sindicalismo, pues la única manera de tener una mejor sociedad mexicana, no es parchando los tejidos sociales actuales que se encuentran desechos, sino construyendo los nuevos. Un México en el que educarse sea un deseo para las sociedades, puesto que se cimentará en el pensamiento crítico tanto como el creativo, el matemático, y el estético, en pro de una formación integral de primer nivel para todos nuestros pequeños desde preescolar y hasta el nivel secundaria. Es hora ya de que las escuelas normales, así como todas las universidades en sus programas de educación, acojan ya, insistan ya, en el modelo que la Nueva Escuela Mexicana nos ofrece, para que todos los mexicanos caminemos en la misma dirección; una en el que alcancemos a vernos como una sociedad educada fuera de culpas y miedos a levantar la voz y exigir nuestros derechos, ante el horror, que el pensamiento mágico-idealista, ha permeado en los primeros 200 años de nuestra vida independiente. ♦

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