Murió Emmanuel Garcés Medina, ‘el científico’ de Milpa Alta

Tenía varias carreras y maestrías y recorrió el país haciendo ciencia

Quienes formamos parte de la Revista Nosotros expresamos nuestro más sentido pésame al profesor Manuel Garcés Jiménez, cronista de Milpa Alta, y su apreciable familia, por el fallecimiento de su hijo Emmanuel Garcés Medina acaecido el día de hoy tras penosa enfermedad. Como un homenaje a quien dedicó su vida al estudio de la ciencia, nos permitimos reproducir el texto de su hermano mayor, Edén, que subió a su muro de Facebook el pasado 18 de julio. Un gran abrazo a todos ellos en solidaridad por el momento difícil por el que atraviesan.

En memoria de Emmanuel Garcés Medina

Mi hermano, el «Cien» está muriendo

Por Edén Garcés Medina

Emmanuel Garcés ha sido un hermano extraordinario y un gran científico: un computólogo, como le gustaba autodefinirse. Hizo su bachillerato en el CECyT 9 «Juan de Dios Bátiz» del que pocos, muy pocos «salen vivos» por su altísimo nivel en matemáticas (del que incluso sus egresados podían resolver problemas que eran complicados aún para estudiantes de ingenierías). Le dieron un título como Técnico en Programación.

Luego rechazó dos o tres becas de universidades de prestigio, como la Universidad Panamericana Ciudad de México y el Tecnológico de Monterrey. Decía que él quería hacer una carrera científica y solamente la UNAM se lo garantizaba. Así llegó a la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde hizo la carrera en Ciencias de la Computación. En aquellos años comenzó a beber alcohol y tuvo vivencias que quizá su familia no conocemos, porque era reacio a platicarlas, pero comenzó a crear su propio mito.

Ya en la Maestría, también en la UNAM, tuvo diferencias con un académico, a quien Emmanuel le hizo ver sus errores, y en consecuencia, ese profesor influyente juró que jamás se titularía del posgrado. Se lo cumplió.

Le pedí que acudiera a tribunales universitarios, pero fiel a su modo de ver la vida, decía que a él solo le interesaba el conocimiento, y desdeñó poder obtener el título de grado.

Luego fue invitado a formar parte de la primera generación de egresados de la Maestría en Dinámica No Lineal y Sistemas Complejos, que académicos de la UNAM lograron impulsar en la UACM. También terminó esa maestría, y cuando tenía que entregar su tesis, extravió la computadora en la que la había almacenado; las borracheras fueron su vida cotidiana. Jamás lo dijo, pero yo sé que sí le dolió mucho ese evento, y aunque lo animamos, nunca quiso volver a escribirla, incluso aunque la propia Universidad le daba oportunidades que a pocos estudiantes ofrece, para retomarla. Sin temor a equivocarme, pienso que le rogaban regresar a terminarla.

Emmanuel, el Cien, como cariñosamente se le conocía. Descanse en paz

En muchos aspectos y saberes, el «Cien» fue un autodidacta. Aprendió a hablar inglés desde muy pequeño, sólo leyendo libros que nuestros padres nos ponían al alcance. Jamás fue a un curso, y sin embargo dominaba el idioma, aunque también solía decir frases en portugués, porque fue invitado y becado por la petrolera brasileña Petrobras para asistir a algún encuentro de matemáticos. Emmanuel conocía Brasil, se tomó fotos en el estadio Maracaná, y luego las extravió en otra computadora de las muchas que tuvo (todas muy potentes y caras).

También trabajó en un proyecto de Pemex, aunque jamás nos dijo los detalles. Había firmado un contrato de confidencialidad, y al menos con nosotros era estricto en cumplir el acuerdo. Sólo supimos un día (mucho después de entregar el trabajo) que era un modelo matemático para apoyar la exploración de nuevos pozos petroleros.

Se burlaba cuando decían los gobernantes neoliberales que México ya no tenía reservas petroleras, y admiraba la lucha en defensa del hidrocarburo que hizo en su momento el ingeniero Heberto Castillo Martínez.

En la UNAM era frecuente que le pidieran trabajos así de complejos. Una vez confesó en una entrevista que Telcel contrató con un académico ciertos trabajos para su red de telefonía. Él cobró unos 2.5 millones de pesos por el encargo, y el trabajo lo hizo mi hermano a cambio de unas pizzas y el Uber para regresar a casa o llevarlo a los lugares donde le gustaba embriagarse. Esta anécdota lo retrata de cuerpo entero.

Por su trabajo hace muchos años conoció a Stephen Wolfram y comenzó a trabajar para Wolfram Research. Ganaba decente, aunque por su trabajo, los gringos, como decimos en México, eran «pichicatos» en su paga. Pero el «Cien» era feliz trabajando y haciendo ciencia a la vez. Así como llegaba su pago, así lo desaparecía: pagaba cuentas abultadas, le inflaban los precios porque sabían que se limitaban a sacar la tarjeta y pagar sin preguntar detalles; le vendían cosas inútiles o inservibles, le pedían dinero prestado que jamás volvía a ver, apoyaba proyectos sin sentido, invertía en negocios ficticios, y todo porque se sentía vació, solo, pero esa vida le permitía alguna compañía. Cada mes desaparecía así 50 o 60 mil pesos, y se endeudaba con otro tanto.

Muchas veces lo animamos a buscar ayuda profesional para su alcoholismo, pero siempre la rechazaba. Su amplio conocimiento de prácticamente todas las áreas del conocimiento humano lo hacía también ser un hombre soberbio, y realmente poco respetaba a cualquier profesionista si no estaba a cierto nivel intelectual, incluyendo a médicos y psicólogos que pudieran ayudarlo. Pero por otra parte confiaba en muchos rufianes y vividores, porque la inteligencia que lo hacía un matemático como pocos, no es la misma inteligencia emocional que se requiere para tener una vida en equilibrio.

A veces solía hablar de sus teorías en física cuántica, viajes espaciales y el viaje en el tiempo. Pero entenderlo siempre fue tarea poco fácil. Su biblioteca está llena de libros de poesía, novela, ensayo, historia, física, matemáticas y, por supuesto, la mitad de esas lecturas son en inglés, de muchos textos que él compraba en sus frecuentes viajes al vecino país.

Ahí, en Nueva York, perdió su pasaporte y la visa, y se las arregló para sobrevivir en el Bronx, donde conoció a un arquitecto que le dio asilo y se hicieron grandes amigos. Emmanuel es de esos tipos que entraba a los sitios más siniestros y terminaba tomando cerveza con los sujetos más extraños.

Hoy se muere lentamente. Hace unos años entró a un taller de poesía y solía escribir describiendo su mundo entre las crisis de ansiedad, el alcoholismo crónico, su adicción a los ansiolíticos y las últimas semanas, redactaba atisbos de querer dejar atrás esa cruel enfermedad. Demasiado tarde. La diabetes mal cuidada, la hipertensión y una hipoglucemia lo hicieron caer en coma. Ahora el «Cien» ha perdido ese brillo en los ojos, y las ganas de vivir. Perdió la memoria y el empleo.

Sus «amigos» se fueron. Me sobran dedos de la mano para contar a quiénes han preguntado por él, de sus círculos «cercanos» aunque su familia, tías, tíos, primas y primos, aún los más lejanos, han venido a visitarlo. Se niega a comer y rechaza los medicamentos. Se muere lentamente.

Podría escribir toda la noche las anécdotas, hazañas y hasta aventuras de este hombre que es mi hermano, y tardaría varios días en redactarlas todas. Sus viajes a Europa, sus conferencias para TEDx, su días como profesor universitario, de cuando vivió en la colonia Roma y en Santa Fe o cuando viajaba por todo el país dando conferencias en las Escuelas de Verano de Matemáticas; esta noche sólo quiero recordar a este gran tipo, al que el vicio por el trago (presumía que solamente bebía cerveza, como justificando su actuar) lo tiene al borde del abismo, del cual no habrá retorno. Emmanuel ha vivido como ha querido, con sus propios principios, despreciando siempre los bienes materiales, y haciendo ciencia en todas partes. El «Cien», «el científico» (como solían decirle) no debería terminar así, y sin embargo hasta el día que expire su último aliento, habrá vivido como quiso (aunque algo me dice que se arrepiente, pero sabe que ya ha sido demasiado tarde). ♦

1 Comentario en Murió Emmanuel Garcés Medina, ‘el científico’ de Milpa Alta

  1. Tu hermano vivio y fue feliz a su manera.
    Ahora que se fue, sólo un abrazo solidario a la familia.
    Feliz retorno a la madre tierra!
    Gracias por todos sus conocimientos que compartió!

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