Un Ferrocarril en el bosque de Milpa Alta

Había una red ferroviaria que salía de San Lázaro y cruzaba San Lorenzo, Zapotitlán, Tlaltenco, San Pedro Tláhuac y llegaba a la hacienda de Xico. Otra de La Villa a Tlalpan. También había un ramal a Tulyehualco

Por Manuel Garcés Jiménez*

A nuestro país llega el ferrocarril como resultado de la Revolución Industrial en Inglaterra, extendiéndose durante la etapa de la Restauración de la República con don Benito Juárez para ampliarse paulatinamente en todo el territorio nacional durante el porfiriato, principalmente hacia el norte del territorio nacional para enlazarse con los ferrocarriles de los Estados Unidos.

Fotografías del tranvía que llegaba a Tulyehualco, hoy frente al arco del jardín. Fotografía Archivo Manuel Garcés

A través del tiempo este medio ferroviario fue tema de testimonios históricos, de novelas, de leyendas, poesías, anécdotas, relatos, corridos, siendo tema de las primeras fotografías en blanco y negro, además estuvo presente el ambiente artístico con la pintura plasmada por José María Velazco y Luis Coto, quienes realizaron hermosos cuadros de las pesadas máquinas de vapor desplazándose sobre las planicies, puentes y túneles de nuestra singular geografía.

Durante el gobierno de don Benito Juárez se promovieron las concesiones ferroviarias hasta su inauguración en 1873. A poco más de medio siglo de lograr nuestra independencia con España México se lograba entrar al mundo moderno de la comunicación.

Entre 1873 a 1888 las líneas férreas nacionales casi alcanzaron 8 mil kilómetros de extensión[1], además, ya se contaba con las vías en San Lázaro hacia la hacienda de Xico[2], estado de México, vías que llegarían a Atlixco, Puebla, pasando por San Rafael[3]; otras más fueron del sureste de la Ciudad de México, de San Lázaro al estado de Morelos, pasando por Tlalpan donde se desprendía en Parres un ramal del ferrocarril con don Porfirio Díaz que se dirigía rumbo al bosque llamado por los comuneros de Milpa alta «La Quinta Nepanapa».

Volante del pueblo de San Gregorio Atlapulco con imagen del tranvía que al lado derecho dice San Gregorio. Archivo Manuel Garcés

En interesante y amena charla con el profesor Justino Gervacio Salazar, oriundo del poblado de San Salvador Cuauhtenco, comenta la historia narrada por su abuelo, el señor Bernardino Salazar Andrade, y confirmada por su señor padre, don Librado Gervacio de la Cruz, quienes a la vez a ellos les platicaban sus ancestros la historia del ferrocarril porfiriano que cruzaba el monte, pasando por los siguientes parajes:

La «Trompeta», que se encuentra en las faldas de la serranía del Chichinautzin; a unos cuantos kilómetros continuaba la vía férrea del ferrocarril pasando por los parajes: «El Piripitillo», «El Piojito», «El Desparramadero»y «Chenguereterio». Metros más adelante por «El Puente», desviándose al «Campamento de Everardo González», hasta llegar por el sur al cerro de «Tuxtepec», continuando por las faldas de «La Comalera», prolongándose por «El San Bartolito» y llegar al «Llano de Morales», donde comentan los comuneros de Cuauhtenco y de Oztotepec que existen tres oquedades naturales a cielo abierto conocidas como «Troneras», lugar donde se concentra el agua por escurrimiento, depósito natural ocasionado por la lluvia lo cual durante la época de estiaje mitiga la sed los pastores. Muy cerca de ese sitio atravesaba la ruta del ferrocarril donde a escasos kilómetros se contemplan los cerros: «El Zuchio», «El Ecahuazac» y «El Otale», entre otros, y el majestuoso «Tláloc» que colinda al lado sur con el poblado de Tlalnepantla, Morelos.

Imagen de un ferrocarril de vapor que apareció en los billetes de 100 pesos Modelo 279 construida en 1821 por la empresa norteamérica Baldwin locomotora Works de Filadelfia .Pensilvania. imagen diseñada por Francisco Lagunes Moreno. Foto: Archivo Manuel Garcés

Finalmente se llega a la «Quinta Nepanapa», un edén donde brota el agua cristalina del escurrimiento de los cerros, lo que daba lugar a que saciaran la sed tanto viajeros y animales del bosque: venados, zorrillos, gato montés, conejos teporingo, coyotes, lobos, conejos orejones, tlacuaches, cacomixtles, ardillas, y una diversidad de aves: águila, zopilote, búho, gavilán y la variedad de pájaros que con sus trinos hacen un ambiente paradisiaco.

La «Quinta Nepanapa» se encuentra enclavada en el frondoso bosque, es por ello que fue sitio predilecto por don Porfirio como su lugar de cacería, amor, pasión y descanso rodeado de matorrales, plantas y árboles aromáticos como el oyamel, pino, encino, madroño, tepeguajote, entre otros.

Cuentan los abuelos que durante el México posrevolucionario aún se veían varios durmientes de madera de gran espesor enterrados y podridos por las inclemencias del tiempo, así como trozos de vías donde los comuneros con la finalidad de tener un recuerdo del histórico medio férreo los fueron desprendidos para llevarlos a sus casas (en algunos casos aún vemos los rieles como viguetas de carga en puertas y ventanas de sus casas) también se rajaban en trozos en leña para el tlecuil.

Fotografía de Facebook tomada por Ivan Selknam del Archivo General de la Nación

Es interesante la historia del ferrocarril en la Ciudad de México, dando inicio con el tendido de los caminos de hierro en el año de 1837 cuando se otorgó la primera concesión del gobierno Federal para construir el primer camino ferroviario del puerto de Veracruz a la ciudad capital. La red ferroviaria se encontraba en San Lázaro de donde partían los ramales a distintas partes del país incluyendo el ferrocarril a Atlixco, Puebla que cruzaba por San Lorenzo, Zapotitlán, San Francisco Tlaltenco, el centro de San Pedro Tláhuac con ramal directo al patio de la hacienda de Xico. Continuaba rumbo a Atotonilco.

Tren saliendo de la Estación Contreras con rumbo a Cuernavaca. Es la calle Emilio Carranza en su cruce con las vías del tren. Magdalena Contreras Historia e Imagen

A nivel nacional la historia de este medio aún está presente con el ferrocarril Kansas City que se concluyó durante el porfirismo atravesando la gran Sierra Madre Occidental que se localiza la Sierra Tarahumara conocido ahora como el Ferrocarril Chihuahua-Pacífico, un servicio preferido por el turismo nacional y extranjero.[4]

Estación La Villa del ferrocarril inaugurada por Porfirio Díaz en 1907. Facebook México de Raíz

Aquí en el Valle de México, rico por su agricultura, su industria y sus manufacturas en las que se encontraban numerosas fábricas de papel, hilados, etcétera, es el centro del comercio de toda la República, dando lugar a que se tendieran las primeras líneas férreas con el conde de la Cortina, quien trató de establecer estos medios de comunicación por riel dando lugar inicialmente a los tranvías tirados por mulitas de la Villa de Guadalupe y Tacubaya, del entonces presidente de la República, don Mariano Arista, con la patente de fecha 12 de octubre de 1852, para llevar a cabo la construcción del camino de fierro partiendo del Centro de la Ciudad de México y culminar en la población de San Agustín de la Cuevas Tlalpan[5], pasando Tacubaya, Mixcoac, San Ángel y Coyoacán.

Cabe señalar que, durante el gobierno de Juárez, teniendo como ministro de Fomento a don Ignacio Ramírez, expidió el decreto del 26 de abril de 1861, concediendo a los señores Arbeu, Robleda y González, a quienes privilegio para formar una empresa que tomara a su cargo la construcción y explotación de un ferrocarril que enlazara la Ciudad de México con Chalco, Estado de México, pasando por las poblaciones de Mixcoac, Coyoacán y Tlalpan.

La línea de Chalco, que solo llegó hasta Tlalpan, constituía una necesidad cuya satisfacción era inaplazable y que anhelaba los habitantes de las poblaciones importantes cubriendo objetivos sociales y económicos que no hubiera logrado si se hubiera elegido el camino más corto entre la Ciudad de México y Chalco[6].

El tren que pasaba por enfrente de la iglesia de Tláhuac. San Pedro Tláhuac Tradicional

Asimismo, el investigador Toriello Guerra lo confirma: «Desde 1861, Pedro Ogazón, Gobernador de Jalisco, expidió la concesión para que se formara una compañía para la construcción y explotación de un ‘camino de fierro’ (así se le llamaba el ferrocarril), que partiría de la capital de la república, con destino al pueblo de Chalco, tocando los puntos de Mixcoac, Coyoacán y Tlalpan. De hecho, la construcción del ferrocarril no llegó a Chalco, tan sólo su terminal fue el pueblo de San Agustín de la Cuevas Tlalpan».

En el año de 1969 el tranvía eléctrico de Tlalpan tenía un extenso recorrido hasta la Villa de Guadalupe. De Taxqueña había tranvías que iban hacia Tlalpan y centro de Xochimilco rodeando al mercado hasta su terminal. Durante el México pre revolucionario salía un ramal hacia Tulyehualco, siendo el medio de transporte ferroviario conocido como «góndola». Lo integraban la cabina de la máquina con vagones para los pasajeros y plataformas para la carga de los productos agrícolas de la zona chinampera de los pueblos de Nativitas, Santa Cruz Acalpixcan, San Gregorio Atlapulco, San Luis Tlaxialtemalco y Tulyehualco, así como lo producido en los pueblos de Tláhuac y Milpa Alta.    

En el año de 1900 se inauguró el servicio de tranvías de tracción eléctrica a Tlalpan, a lo largo de la Calzada de Tlalpan, servicio que permaneció muchos años, hasta la construcción de la Línea 2 del Metro donde se desprende el tren ligero que actualmente corre por el antiguo camino del tranvía eléctrico que va del Metro Taxqueña a la entrada del centro de Xochimilco con una extensión de 26. 5 kilómetros, inaugurada en 1985 durante el periodo de Jefe de gobierno de la Ciudad de México Alejandro Encinas[7]. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.

Bibliografía:

Caminos de Hierro. Sector Comunicaciones y Transportes (SCT). Ferrocarriles Nacionales de México (FNM). México, 1996.

Garma Franco, Francisco. Historia del Ferrocarril de México a Tlalpan. México, 1953.

Gustavo Baz y Eduardo L. Gallo. Historia del ferrocarril mexicano. Editorial Innovación, S.A. Edición primigenia 1874. México, 1980.

Toriello Guerra. Bosquejo histórico de la Colonia en la Delegación Tlalpan.


[1] Tomado del libro Caminos de Hierro.

[2] Atravesaba el pueblo de Tlaltenco al centro de Tláhuac, frente a la iglesia de San Pedro.

[3] En San Rafael, estado de México, se construyó una de las primeras industrias papeleras aprovechando el agua de los volcanes.

[4] Revista Arqueología mexicana, Núm. 175, pág. 28.

[5] Todavía aparecen las vías empotradas en el asfalto.

[6] Tomado del libro Historias del Ferrocarril de México a Tlalpan.        

[7] Nota dada ha conocer por el periódico “Metro” del jueves 10 de agosto del 2000.

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