El Carnaval de Iztapalapa en la Ciudad de México

Desde 1679 el Santo Oficio había emitido un edicto que prohibía a los seculares vestirse de religiosos durante los carnavales

Por Beatriz Ramírez González* | Cronista de Iztapalapa | Febrero 18 de 2010

El carnaval es un tiempo de festividad y desahogo previo a la sobriedad y recogimiento de cuaresma, especialmente de los días de la Semana Santa. Tiene su origen en la antigua cultura griega y romana cuando se realizaban las festividades al dios del vino, Dionisio, que era llevado en un carro llamado en Roma «carrus navalla», que luego se transformó en la palabra carnaval. En Egipto se relaciona con la veneración de la diosa Isis, de la maternidad y la fertilidad. También se dice que carnaval viene de la palabra carnestolendas que significa fiestas de la carne.

La fiesta de carnaval fue introducida al resto de Europa por los romanos durante sus conquistas. Se hacían danzas con máscaras, carros alegóricos, carreras de caballos y jorobados; se disfrutaba de los placeres que serían prohibidos en cuaresma. Luego nacieron los bailes de disfraces en Italia y Francia. Cuando los españoles llegaron al nuevo continente se dieron cuenta que los indígenas realizaban una festividad parecida al carnaval, en lo que correspondería a los meses de febrero y marzo. En ella despedían el invierno y recibían la entrada de la época de calor venerando la fertilidad y las buenas cosechas; duraba siete días y había danzas con trajes multicolores por las calles.

Para concluir esta ceremonia, en la plaza se fijaba una cuerda en una vigueta y en sus extremos se colocaba un danzante en cada lado y con fuerza trataban de levantarse: quien lograra levantar al adversario era el ganador. Un danzante vestido de mujer representaba a la primavera y uno vestido de hombre al invierno; quien ganara representaba el tiempo que predominaría en el próximo ciclo agrícola. Este día era llamado «de la cuelga».

Al implantarse el catolicismo en la Nueva España, y con este antecedente festivo, resultó inevitable que surgiera el carnaval en las vísperas de cuaresma. Los primeros sacerdotes españoles trataron de eliminar gradualmente el uso de las vestimentas y la práctica de muchos ritos religiosos prehispánicos, pero el sincretismo dio lugar a otras formas de celebración. Aunque no se sabe cuándo iniciaron los festejos de carnaval en la Ciudad de México, parece que por un tiempo fueron tolerados y se mezclaron con caracteres europeos. Luego trató de ser combatido por las autoridades civiles y eclesiásticas; ya desde 1679 el Santo Oficio había emitido un edicto que prohibía a los seculares vestirse de religiosos durante los carnavales, y en 1722 prohibió las «mujeriles transformaciones». La campaña contra el carnaval fue apoyada por el Virrey Juan de Acuña, quien prohibió en 1731 a los hombres vestirse de mujeres, a éstas de aquellos, y a todos usar máscara, bajo la advertencia de diferentes castigos[1].

A causa de esas prohibiciones, el Carnaval se desplazó de la Ciudad de México a la periferia. Así se arraigó en pueblos como Iztacalco, Mexicaltzingo e Iztapalapa, donde se hacían las danzas de los huehuenches, que eran indígenas disfrazados de viejos, y el martes de carnaval realizaban la ceremonia del ahorcado luego de hacer la parodia de un juicio a un gobernante, para quien exageraban la crítica, lo que en parte causó su prohibición.

En 1780 se ordenó a estos pueblos, y a otros de las inmediaciones, destruir esas expresiones que rememoraban las antiguas costumbres y además fomentaban la embriaguez, bajo la pena de azotes y cárcel si no cumplían.

A pesar de la reiterada oposición de las autoridades civiles y eclesiásticas a la celebración del carnaval, éste no dejó de realizarse en algunos pueblos y ha permanecido hasta nuestros días. En la Delegación Iztapalapa se celebra primero en Santa Martha Acatitla, el sábado anterior al miércoles de ceniza, el siguiente fin de semana en Santa María Aztahuacán y el Barrio de Los Reyes Culhuacán, continúa Santa Cruz Meyehualco con Los Reyes La Paz (estado de México), San Sebastián Tecoloxtitlán, Santiago Acahualtepec, el Barrio de La Asunción y San Lorenzo Tezonco. El cierre se hace en el Pueblo de Iztapalapa, a donde acuden las comparsas y cuadrillas de los demás pueblos, con todo y sus carros alegóricos.

Básicamente el Carnaval consiste en cuadrillas de danzantes que van por las calles vestidos de charros con máscaras, de chinas poblanas o disfraces diversos llamados chichinas. Los acompaña una orquesta o banda de música y se detienen a bailar frente a las casas donde saben que cooperarán para pagar la música. Se corona a las reinas que desfilan en carros alegóricos y se organizan grandes bailes, aunque hay algunas variaciones que distinguen a cada pueblo; por cuestión de espacio sólo mencionaré, por ejemplo, que en San Lorenzo Tezonco, para su cierre de Carnaval, se hace un palo encebado que cuesta mucho trabajo escalar para alcanzar los premios; que en Santa Martha Acatitla, si algún vecino coopera para pagar la música, cuando pasan frente a su casa, le dedican una canción y le dicen «pa’que la baile»; también en memoria de los difuntos se hacen dedicatorias; que las máscaras y trajes en Santa María Aztahuacán son elaborados en talleres del mismo pueblo; en fin, que son muchos los detalles que contar de una tradición tan arraigada en Iztapalapa. ♦

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Ciudadanos en Red


[1] Viqueira Albán, Juan Pedro, ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el Sigo de las Luces, 1ª. Reimpresión, Fondo de Cultura Económica, México, 1995, 140-145.

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