El de Zapotitlán es un mundo mágico por sus tradiciones

Libro de Mario Ortega aborda el tema de los pueblos y barrios originarios y el mundo de las leyendas y tradiciones

El pueblo de Santiago Zapotitlán se pintó de fiesta para atestiguar la presentación de un libro del que, como lugar de zapotes que es, constituye uno de los protagonistas de la obra debido a su carácter de pueblo originario asentado al sur de la Cuenca de México, en cuya plaza cívica todavía se hablaba náhuatl en la década de los 40 del siglo pasado.

Los invitados de honor fueron los pobladores de un lugar rico en tradiciones, pero también los hubo de otras comunidades de la Alcaldía Tláhuac, de las más disímbolas actividades, oficios y quehaceres, que se reunieron en esa plaza cívica la tarde del pasado viernes para atestiguar la presentación el libro Pueblos originarios mayordomías y cosmovisión. Resiliencia al colonialismo interno de la Ciudad de México, de Mario Ortega Olivares.

Público de la presentación del nuevo libro de Mario Ortega Olivares

El doctor en Antropología y profesor de la UAM Xochimilco fue un autor feliz y empático de la tarde en la que, previo a la sesión formal de la presentación, se puso a regalar libros al público y los autografió.

Pero hubo otro que al inicio de la sesión expresó su felicidad por tan magno acontecimiento –y es que la presentación de una obra que cual hijo pródigo viene a enriquecer la historia del terruño, siempre será motivo de felicidad y orgullo–, y fue Rosalío Morales Ríos, el alma~vida~corazón de la organización de la velada libresca, quien comparó la expectativa que en Zapotitlán causó la publicación del libro de Mario Ortega con la llegada de Dany Alvez al futbol mexicano.

«Así el libro –dijo–, un libro que tardó 22 años en ser publicado». Pero si la analogía con el futbolista había sido válida por el tema de la expectativa causada, también debió ser válida por aquello de que el brasileño llegó a los Pumas a la edad de 39 años, bastante tiempo también ya tarde.

«Mario hace una gran aportación a la historia, por eso debemos estar todos contentos y felices, es un documento que va a trascender por la identidad que significa conocer el pueblo donde uno nació y ese es el momento», dijo Rosalío Morales.

Al fondo, los toritos que al término de la velada fueron paseados por la explanada donde se lleva a cabo la tradicional fiesta de luces y música dos veces al año

A continuación, los presentadores de la obra –y como se puede leer en notas aparte–, la doctora Martha Angélica Olivares Díaz y el doctor Andrés Medina Hernández, procedieron a dar su opinión acerca del tema de la obra, los pueblos y barrios originarios en la Ciudad de México.

Posteriormente, el autor se dirigió a sus invitados con desparpajo y familiaridad:

«Comadritas, compadritos, cuates, cuatistas, colegas, agradezco su compañía. Hace 22 años llegué a este pueblo y me encontré con el apoyo de Rosalío Morales, sin él no hubiera podido avanzar, pero no sólo de él sino de todas las familias originarias que nos recibían en su casa, de las abuelitas que me preparaban los sopes, me invitaban tamales, me acogían en su casa y me platicaban sus historias».

«En la ENAH me habían dicho, no, en el Valle de México ya nadie habla náhuatl, de entrada no se llama Valle de México, es la Cuenca de México. Bueno, yo oí eso sin problema, pero cuando llegué aquí en una tamalada las viejitas comenzaron a platicar en náhuatl. Entonces le fui a reclamar a una: oiga, usted me dijo que no hablaba náhuatl. ‘Sí, pero es que yo no hablo náhuatl porque estoy todo el día encerrada en mi casa, ya no tengo con quien platicar’. ¡Ah!, dije, pues entonces ya todo cambió».

«Afortunadamente, Facundo Ortega, que está por aquí, nos apoyó siendo él uno de los que ha logrado mantener vivo el náhuatl clásico, el que se habló en Zapotitlán».

«Pero ahí la cosa no quedó, yo llegaba con mi bisabuelito y le preguntaba, ¿oiga, usted es zapoteco?, y se enojaba y ponía cara dura y me decía, ‘yo no soy zapoteco, yo soy mexicano’».

«¡Ah, no, pos sí!»

«Pero yo creí que me decían que eran mexicanos porque hablaban mexicano o náhuatl, pero después el ingeniero Chavarría me dice, no, lo que pasa es que aquí en 1435 se estableció una guarnición tenochca, y pues eso me lanzó a los archivos de la época de Itzcoatl, cuando éste ordena a Tlacaelel atacar Tláhuac, lo que era la Cuitlahuaca».

«No logré probar la hipótesis, pero parece que es lo más plausible, ya otra compañera vino a hacer su tesis aquí y todo indica que sí son».

«Hay otro joven escritor originario de Zapotitlán que me dice no sólo eso, sino que un barrio era tenochca y el otro era cuitlahuaca».

«Hay todavía mucho que investigar, lo cierto es que el Templo Mayor, el Palacio de las Águilas, está construido con la piedra de aquí».

«La guarnición tenía como función garantizar que la piedra que era estratégica para construir el Templo Mayor estuviera llegando a Tenochtitlan».

«Y bueno, después me platicaron que las señoras se esperan a que el marido se duerma, se levantan sigilosamente, brincan en el comal o tlecuil, y les salen alas de guajolote, y se van a buscar niños que estén descuidados para chuparles la mollera».

«Un mundo mágico, que ese es el mundo de Zapotitlán».

«El  mundo de los carnavales, la señora Santa Ana, del señor Santiago, que tiene que estarle dando vueltas al pueblo, porque los santos de los otros pueblos le quieren robar a la señora Santa Ana».

«La tradición mesoamericana pervive. No sin dificultades pero pervive. Está viva aquí en Zapotitlán. A pesar de que ya es un pueblo, donde ya básicamente lo agrícola quedó atrás».

«A pesar de eso, la reproducción de las tradiciones es a través de las fiestas».

«Una fiesta detrás de otra, y en esas fiestas se sirven banquetes, y para esas fiestas las esposas de los mayordomos tienen que preparar la comida y después repartirla».

«Y yo le preguntaba a las señoras, ¿oiga señora y usted, no se cansa? Porque termina una fiesta y ya viene la otra. Y luego ya viene la otra. Y una de las viejitas me dijo, no Mario, lo que pasa es que cuando preparamos la comida en realidad lo que estamos haciendo es alimentar a la familia, a las tradiciones, la fe y la comodidad».

«Y a cada rato están haciendo grandes banquetes, platillos tradicionales como los tlapiques, envueltos en la hoja externa del maíz».

«Es muchísimo lo que hay que estudiar».

«Yo me asomé a ello, pero ahora le cedo los trastes a los jóvenes que hoy son profesionistas en Zapotitlán, para que ellos continúen rescatando las tradiciones».

«Solamente hubo un dato que no pude registrar en el libro. Todos los 26 de julio me vuelvo loco con la fiesta de Santa Ana, no me doy cuenta que está pasando en la ciudad».

«Resulta que no sé si ustedes sepan que pasó este 26 de julio en el Zócalo, resulta que mientras aquí se estaba celebrando a Santa Ana, en el Zócalo se estaba celebrando la fundación de México-Tenochtitlan».

«O sea que ustedes están celebrando en paralelo la fundación de Tenochtitlan. Así que para mí es un honor dirigirme a los tenochcas del siglo XXI».

«Gracias».

Mario Ortega Olivares es doctor en Antropología por la ENAH; es profesor e investigador del Departamento de Relaciones Sociales de la UAM-Xochimilco. Obtuvo el Premio Nacional de Investigación Urbana. Ha publicado los libros: Octubre dos. Historias del movimiento estudiantil; Fatiga y productividad; La utopía en el barrio; Cultura laboral y productividad en Telmex. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.

Al final de la presentación Mario Ortega entregó reconocimientos a las personas que contribuyeron con su testimonio o la facilitación de archivos y documentos gráficos a la elaboración de su obra. Algunas de las personas principalmente oriundas de Zapotitlán que recibieron el reconocimiento de la UAM Xochimilco y del autor fueron Filiberto Valdés Peña, Esteban Chavarría Salas (ya fallecido, pero que en su nombre recibió su hijo Ulises Chavarría); Benjamín Ríos Librado; Rosa Peña Mora; Melitón Barrientos; Carlos Facundo Campos Ortega, profesor de náhuatl; Rosaura Huerta Ríos; José Granados Torres; Ángel Espinoza González; Roberto Jiménez Barrientos; Valentín Jiménez Barrientos; Lázaro González Peña; Valentín Echeverría Rivera; Gabriel Huerta Olivar; Miguel Cruz de Jesús; Anselmo Morales Mora, padre de Rosalío Morales; José Daniel Canuto Chavarría; Marcelino Valdés Campos; la profesora Martha Susana Luna Hernández; Miguel Pérez Jiménez; Enrique Palma Martínez; Agustín Jiménez Gómez; Juan Flores Chavarría; Mario Alberto Cruz Sánchez; Miguel Martínez Arenas; Pedro Vázquez; Gabino Martínez, el «Corcho», y a la coordinaciones de las Mayordomías de los barrios de Santa Ana y Santiago. ♦

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