Relojes del Palacio de Cortés vuelven a marcar la vida de Cuernavaca

Manecillas volvieron a caminar en punto de la 13:40 horas

Cuernavaca, Mor.- La reintegración del torreón con sus relojes del Palacio de Cortés volvieron a andar en punto de la 13:40 horas, cuando quedaron detenidas sus manecillas aquel 19 de septiembre de 2017.

El torreón es un símbolo de la historia que permanece viva ante el desastre, dijo Víctor Hugo Valencia Valera, director del Centro INAH Morelos.

«Los trabajos que se prolongaron durante casi un lustro –dijo–, permiten ahora devolver a la ciudadanía de la capital morelense el ‘tic tac’ que siempre había acompañado su cotidianeidad».

Los trabajos en el torreón del Palacio de Cortés

En la sede del Museo Regional Cuauhnáhuac fue abierta la exposición Las horas de la ciudad, en el vestíbulo del Auditorio Juan Dubernard, donde se muestra una maqueta a escala de la estructura generada exprofeso del reloj y un reporte fotográfico de su armado, además de hallazgos que tuvieron lugar durante la intervención, entre ellos, una piedra prehispánica con el bajorrelieve de un lagarto.

La reintegración del torreón viene a formar parte de la historia del propio elemento arquitectónico, el cual se agregó hace más de 110 años en la esquina norponiente del Palacio de Cortés, con motivo de los festejos del centenario de la Independencia.

De acuerdo con el arquitecto Fernando Duarte Soriano, este agregado se construyó con deficiencias en puntos de anclaje, de ahí que, durante el movimiento sísmico del 19 de septiembre de 2017, se comportó «como un salero encima de una mesa que es removida».

«Debido a los desplazamientos del edificio histórico, esta saliente constructiva (el torreón) tuvo problemas estructurales en su base, ya que estuvo sometida a esfuerzos de torsión. Esto se tradujo en tres fallas cortantes: en su base constructiva, en la base del reloj que estaba apoyado en cuatro puntos con una estructura metálica (más las oquedades de las carátulas), y una última, a nivel de la cubierta y la decoración sobresaliente», dijo.

A fin de prevenir un colapso, se hizo el desmantelamiento controlado de este elemento cilíndrico –de 2.84 metros de diámetro y más de seis metros de altura–, que originalmente se edificó con materiales como piedra braza (de origen volcánico) y tabique rojo, mientras que la cantera labrada se utilizó para los elementos decorativos de su parte superior.

Considerando los avances en la materia y en apego a las normas nacionales e internacionales sobre conservación y restauración, se determinó sustituir el elemento original por una estructura con una placa de acero en su base, así como madera (tratada con capa antiinflamable) en toda la parte de elevación. El uso de estos materiales ha permitido aligerar de 40 a dos toneladas, las cargas del torreón.

El modelo es una retícula compuesta por más de ocho mil piezas de madera (de 30 centímetros de base por 40 centímetros de alto, en promedio), colocadas radialmente desde su base con placas de acero; y por ambas caras, fue revestida con una base de cemento laminado y una malla de fibra de vidrio polimerizada, lo que proporciona solidez a los recubrimientos, concluyó Duarte Soriano.

La restitución de la maquinaria y las carátulas de los relojes estuvo a cargo de una empresa de Zacatlán de las Manzanas, Puebla, especializada en relojes monumentales. ♦

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