Como lo efímero del papel es la alegría de la vida: Pedro Ortega

El artesano del papel de Tláhuac refrendó el amor a su tierra

Por Sergio Rojas

Al hacer sus «pininos como conversador», Pedro Ortega Lozano evocó pasajes de su niñez en Tláhuac, su tierra, a la que le refrendó su profundo amor y reconocimiento por haberle mostrado ese gran universo del papel y su colorido, lo que le ha convertirlo en un referente del arte popular mexicano de nuestro tiempo.

Baruc Martínez al momento de presentar al maestro Pedro Ortega Lozano

Durante su participación en una jornada cultural efectuada en el Museo Regional Tláhuac con motivo del Día Internacional de los Museos, en la que el artista habló acerca de la alegría del color y el uso del papel en México, el maestro en Historia, Baruc Martínez Díaz, en la presentación previa del artesano del papel lo llamó uno de los grandes maestros del arte popular.

«Como no conoce límites, ha sumado tradiciones integrando el barroco en torno del papel y lo religioso de los retablos los ha desacralizado con diablos, perros y otros personajes míticos o contemporáneos», comentó el historiador también oriundo de San Pedro Tláhuac.

«Lo que antes era efímero en la celebración o el rito», apuntó, Pedro Ortega lo hace «más perdurable en sus obras ya no solamente de papel de china, sino con materiales como cartón, papeles, anilinas y tintes naturales».

Una vida dedicada a la artesanía de papel

El de igual forma tallerista, escenógrafo y museógrafo Pedro Ortega Lozano, refirió que a la elaboración de artesanía de papel y ese «lenguaje plástico» ha dedicado 45 años de su vida.

«Me inicié realizando el papel picado para las fiestas, haciendo cartonería, fabricando papel, tiñendo y destiñendo el papel. En la actualidad hago retablos basados en el arte colonial mexicano, dándole al papel una utilización más perdurable», mencionó.

Los recuerdos de su infancia

«Nací en el barrio de la Asunción y me siento orgulloso de ser de este joven pueblo, que está cumpliendo apenas sus primeros ochocientos años».

«Recuerdo de mi infancia que en ambos lados del pasillo de acceso al kínder estaban instalados dos murales de papel lustre y crepé, llenos de coloridas figuras que recreaban la primavera en todo su esplendor, quizá ese fue mi primer encuentro con el papel y el color».

Pedro Ortega Lozano evocó los días de su infancia en Tláhuac

«Una de mis obligaciones de niño era ir por el pulque para mi padre a la pulquería, en donde en el piso se regaba aserrín de colores, tenía su mural con escenas de fiesta típicas y en el techo picado de colores, los sábados de gloria se quemaban judas y en días de fiesta se elevaban globos de Cantolla».

«Crecí viendo a los mayordomos elaborar los adornos en el jardín central, adornos de papel picado que son el alma y color de las festividades del barrio o del santo patrón».

«Pertenezco a un pueblo lleno de mitos, de leyendas, y donde en la tarde-noche después del trabajo campesino nuestros abuelos o tíos nos sentaban a su alrededor y nos relataban los cuentos que alimentaban y hacían volar nuestra imaginación, y como al pueblo aun no llegaba la luz eléctrica, creaban en nosotros una atmósfera de inquietud y desasosiego. Regresábamos a casa con el temor de que en la oscuridad del camino se nos apareciera la llorona, se quejara el muerto o nos encontráramos con algún nagual mitad hombre mitad bestia».

«Los girasoles», de Pedro Ortega Lozano. 2021. Técnica: Papel recortado, con hoja de oro falso, pintado con tinta china y acuarela. 32 por 28 cm

«Agradezco a la vida ser de este lugar de cultura ancestral, de arraigadas tradiciones y, sobre todo, de haber escuchado de niño, adolescente y adulto, toda esta narrativa que ha sido el sustento de varias piezas que he realizado y que aun nutre mi imaginación».

«He de comentarles que el oficio no me lo heredaron mis padres o alguno de mis antepasados, en todo caso lo he retomado de la cultura del uso del papel en México».

El papel en los rituales mexicas

El maestro Ortega Lozano expuso que mucho tiempo antes de que los antiguos pobladores de México personalizaran en los dioses sus sentimientos religiosos y los imaginaran con características humanas, consideraban al Sol como un dios y como creador y causa de todas las cosas le ofrecían imágenes de papel.

«Antes de que hubiese día en el mundo, se juntaron los dioses en Teotihuacan y Nanaoatzin accedió a ser quien alumbrara y le tocaron la cabeza con amatzontli (papel) y le pusieron una estola de papel y maxtli de lo mismo», relató.

A la elaboración de artesanía de papel y ese «lenguaje plástico» ha dedicado 45 años de su vida

Con Netzahualcóyotl como mandatario los dioses eran vestidos con papel, luego ya en el siglo VII en la etapa tolteca surgieron los códices; los mexicas utilizaron el papel por la versatilidad en su manejo para elaborar dioses a imagen y semejanza del hombre.

Tocó el tema del papel amate, el cual se produce de manera artesanal a partir de la corteza del árbol amatl, cuya producción debió ser abundante porque en el Códice Mendoza se habla de 42 centros de fabricación de ese papel.

Incluso, hubo dos poblaciones que pagaban tributo a los mexicas con medio millón de hojas anualmente: Amazcotitlan, que significa «lugar de papel amarillo», e Itzamatitlan, «lugar de papel negro», mencionó.

Ortega Lozano señaló que en calendario ritual mexica hubo dos fechas en las que el uso de papel fue notable: al quinto mes le llamaban Toxcatl en honor de Tezcatlipoca, a quien hacían fiesta y honraban, y a la imagen de Huitzilopochtli de tamaño natural coronaban su cabeza con una labrada de pluma sobre papel.

«Preparando a la novia», de Pedro Ortega Lozano. 2021. Técnica: Papel recortado con hoja de oro falso, pintado con tinta china y acuarela. 32 por 28 cm

Al décimo mes los mexicas lo llamaban Xocotl Huetzi cortaban un árbol llamado xocotl y una vez trasplantado, el día de la fiesta se juntaban los carpinteros para dejarlo liso y después los sátrapas lo forraban con papeles que revoloteaban.

«Luego venían los cautivos que habían de quemar vivos y llevaban el cuerpo teñido de blanco, y el maxtle con que iban a ser ceñidos era de papel; llevaban unas tiras de papel blanco a manera de estolas y unos cabellos de tiras de papel con delgados cortes», abundó.

Ya en el tzompantli uno de los sátrapas comenzaba a quitarle a los cautivos las banderillas de papel que llevaban en las manos, señal de que estaban sentenciados a morir; luego les quitaban los demás papeles con que iban aderezados para ponerlos en el fuego.

Atavíos de papel en dioses y esclavos

En la exposición de sus apuntes, basado en fray Bernardino de Sahagún –Historia General de las Cosas de Nueva España–, Pedro Ortega aludió a los atavíos de los dioses cuyas imágenes hacían de amaranto y otras semillas, para los que elaboraban con papel diversos accesorios como orejeras, tocados, pectorales, flores y coronas, a fin de «vestirlos».

Pero también los sátrapas o ministros de los templos al ser considerados como representantes de los dioses en la Tierra los vestían completamente de papel.

Asimismo, los esclavos que serían sacrificados eran vestidos con papel, les colocaban su amamaxtli y estolas de papel.

El papel estuvo presente en los ornamentos y ofrendas. Los ministros de los templos eran especialistas en el corte de papel, «ellos sabían con precisión las cantidades y calidades necesarias que se ocupaban para cada fiesta», expresó.

«El papel podía torcerse, plegarse, fruncirse, pegarse en varias capas hasta lograr grosores considerables, unirse por los bordes hasta lograr piezas de una longitud importante».

Los objetos elaborados de papel en la época prehispánica, eran cortados con navajas de obsidiana y para unirlo se pegaba con tzautle, una goma extraída de los bulbos de las orquídeas que, a través de un sencillo proceso se deshidrataba y se le convertía en hojuelas transparentes, cuando se le requería se disolvían en agua y se obtenía un pegamento de alta calidad, explicó.

Códices y conquista

Con respecto a los códices, el maestro Ortega Lozano expuso que en estos el papel fue usado en su manufactura, para lo cual fueron elaborados de manera plegable, a manera de acordeón.

Luego de la conquista de Tenochtitlan, evocó, con el control religioso a través de los frailes, el uso del papel fue más recurrente en el nuevo ciclo de festejos y celebraciones en donde se entretejían técnicas indígenas con conceptos religiosos culturales aun no comprendidos totalmente por el indígena.

«Durante la Colonia, la tradición prehispánica de elaboración de papel disminuyó de manera drástica debido a que sólo se autorizaba el uso de papel europeo», mencionó.

La empresa misionera estaba estrechamente relacionada con el papel, pero al desconocer las lenguas con las que convivían en la Nueva España, recurrieron a la escritura con imágenes para la difusión del catecismo, función para la que fueron muy importantes los talentosos tlacuiloque, explicó.

Molino papelero en Culhuacán que jamás funcionó

«No se sabe con exactitud en qué fecha se empezó a construir un primer batán o molino papelero, pero con seguridad estaba terminado 1580, según la Relación de Culhuacán; aunque por disposiciones de la corona nunca se permitió producir papel en Nueva España y los batanes o molinos para procesar papel fueron inhabilitados por la autoridad española, como el caso de Culhuacán», recordó.

En la Colonia el papel fue normado para que sólo fuera traído de Europa a la Nueva España, cuando las monjas lo emplearon en la confección de coronas y palmatorias; naipes y cigarrillos; mientras que el papel de arroz fue utilizado para envolturas y diversos adornos.

El Virreinato y la Nao de China

El maestro Ortega Lozano observó que durante el Virreinato fueron introducidos diversos utensilios de corte como tijeras, navajas y cuchillos de acero, gracias al comercio con Oriente a través de la Nao de China.

«En ese intercambio comercial transoceánico el papel traído fue el denominado de seda y se usaba para el embalaje de objetos de porcelana y marfil, y que después de desechado los indígenas lo aprovechaban para transformarlo en adornos para sus fiestas», indicó.

«El uso del papel en las celebraciones religiosas, ceremoniales y civiles ha sobrevivido a través del tiempo en el espíritu, en las manos y en la devoción del pueblo mexicano. Sobre todo, en las técnicas de elaboración de diversos ornamentos de papel que han pasado de generación en generación», dijo.

La cuna del papel picado

En su exposición, Ortega Lozano destacó el hecho de que San Salvador Huixcolotla, en el estado de Puebla, es la cuna del papel picado por su producción y porque ahí han destacado notables artesanos como son las familias Reinoso y Vivanco.

«El uso del papel es generoso en diferentes estados de la República que han logrado desarrollar un estilo muy particular al utilizar el papel», subrayó.

«Mientras que en San Pablito Pahuatlán, Puebla, se conservan técnicas ancestrales de elaboración y recorte de papel amate, en Oaxaca destacan las velas con papel encerado y faroles; en Pátzcuaro, Michoacán, el filigranesco papel picado a tijera; en Papantla, Veracruz, el papel recortado a tijera y farolas; en Morelos y Guerrero los papeles cortados a tijera con volumen; en Guanajuato el papel picado, y los grandes tocados de coloridos papeles de china usados en el carnaval de Huejotzingo y en Tetela del Volcán, Puebla», ilustró.

«México tiene una vasta producción de objetos de papel que se ocupa a lo largo del año en fiestas y celebraciones sociales, civiles y religiosas. Pero hay tres fechas donde el uso del papel adquiere una importancia hegemónica: las fiestas patrias, la celebración de muertos y las fiestas decembrinas», refirió.

Cartonería, aportación europea

Al hablar de la cartonería, Ortega Lozano apuntó que esta técnica llegó de Europa a nuestro continente en el siglo XVIII y fue utilizada para fabricar figuras para la pirotecnia y máscaras.

El arte de la cartonería, dijo, permitió el desarrollo de piezas como las Lupitas o los Judas. Y de un proceso creativo a partir de la cartonería tradicional surgieron los alebrijes, la artesanía distintiva de la Ciudad de México.

Asimismo, otra aportación europea fue la técnica del papel endurecido, «Papier Maché», la cual se decora y laquea, y son tan finas que en veces puede parecer porcelana.

Globos de Cantolla

Don Joaquín de la Cantolla y Rico, nacido en 1833 y máximo aeronauta mexicano del siglo XIX, permitió que su apellido fuera sinónimo de globo, por lo que en la actualidad es posible ver en México exhibiciones y concursos para lo cual son elaborados globos de papel de varios metros de altura y de más de mil hojas de papel de china para su confección.

El papel en el arte mexicano

Ortega Lozano recordó a los artistas plásticos que han tomado al papel como material para conformar un lenguaje plástico y desarrollar parte de su obra: lola Cueto, Chucho Reyes, Francisco Toledo y Rodolfo Morales. Pero también a Humberto Espíndola y Jorge Rossano, quienes le han dado un tratamiento al papel creando y recreando el arte popular.

Por último, el artista tlahuaquense concluyó su recorrido sobre el uso del papel en México con lo siguiente: «Lo efímero de la duración del papel es lo que dura la fiesta, el color y la alegría de la vida. Así como la felicidad dura un momentito, el papel también dura un poquitito». ♦

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