Comentarios a la historia ‘mítica’ de Milpa Alta

Es tiempo que los nuevos milpaltenses hagan una revisión de la historia con datos de poco sustento para corregir aquello falto de verdad

Por: Raymundo Flores Melo* | Octubre de 2014

Hasta tiempos muy recientes, investigadores de la historia de Milpa Alta han repetido hasta la saciedad datos que tienen poco sustento documental, dejando de lado la critica a las fuentes para construir la historia local. Tal parecería que después de repetir cinco, diez o más veces esos relatos se convirtierán en verdad irrefutable. Para muestra basta citar dos nombres, que algunos dicen pertenecieron a gobernantes de Malacateticpac[1], mientras otros afirman que dichos epítetos designan un tipo de cargo: Hueyitlahuilli y Hueyitlahuilanque.

En documentación de primera mano, tanto en el Archivo General de la Nación, así como en los documentos de la propiedad comunal, no se encuentran mencionados dichos apelativos, inclusive no es usada la palabra momoxco para referirse a la población que hoy día es Milpa Alta. En tanto, se dejan de lado a los viejos que, según los mismos documentos comunales, ganaron la tierra: Francisco Acaltecatl, Diego Taxayacachicutzi, Lucas Texocpaltecatl, Miguel Guaxochimantzin, Diego Texohuellacatzin, Luis Axaxayacatzin, Francisco Guayxcatecatl, Miguel Yuauyeyecatzin, José Atonaltzinyautepoztecatl[2].

Pero eso sí, gracias a las narraciones sustentadas en una aparente tradición oral, tenemos una escultura de Hueyitlahuilli como parte del Paseo Escultórico en la entrada de San Francisco Tecoxpa y un Centro de Enseñanza y Alto Rendimiento Momoxco  en San Pedro Atocpan, sin olvidar a Hueyitlahuilanque, emblema de  la jefatura delegacional, cuyo origen se remonta a la manufactura de un logotipo para la feria regional en 1939, obra del profesor Fidencio Villanueva Rojas, y que fue oficializado como símbolo de la delegación a principio de la década de los ochenta del siglo pasado[3].

Los datos sobre estos personajes provienen de un pequeño libro que recibe el nombre de Fundaciones de los Pueblos de Malacachtepec Momoxco[4]. Que si bien tiene hechos concordantes con otras fuentes documentales, no resiste un análisis puntual, pues parece ser un escrito realizado por encargo para enaltecer el origen y sustentar el derecho de propiedad de uno de los pueblos de la demarcación.

Debemos preguntarnos qué sucedió en los años cincuenta del siglo XX que diera como resultado la publicación en 1953 de este libro, además indagar sobre la identidad de la persona o personas que hicieron posible su redacción.

Los errores más notorios son los siguientes: La mención del barrio de Los Ángeles, último de los barrios formados, dándole carácter fundacional, así como la presencia del pueblo de San Agustín Ohtenco[5] que es el pueblo más joven de la región.

Una buena parte de los milpaltenses sabe que hubo cuatro barrios en lo que hoy es la Asunción Milpa Alta, las llamadas cuatro secciones. Santa Marta, San Mateo, La Concepción y Santa Cruz, y que después surgieron San Agustín, La Luz y Los Ángeles. La información anterior está sustentada tanto en el mapa de 1690 como en el de 1870 y en los documentos de la propiedad comunal donde no es mencionado el noveno pueblo comunero, es decir, San Agustín Ohtenco.

Si bien, generaciones pasadas trataron de dar una historia a su tierra, es tiempo que los nuevos milpaltenses hagan una revisión de la misma para corregir aquello falto de verdad y reconocer a esos indios olvidados que ganaron la tierra para los comuneros y comuneras de Milpa Alta. ♦

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*Miembro del Consejo de la Crónica de Milpa Alta y vecino del Barrio de la Concepción


[1] Nombre que con algunas variantes aparece en documentos antiguos para designar lo que hoy en día es Milpa Alta.

[2] Son los nombres que aparecen en los Títulos Primordiales de Milpa Alta.

[3] VILLANUEVA ROJAS, Fidencio. Aztecacuicame. Cantos Aztecas. GDF/PAPO, México, 2006, pp. 152-153

[4] GODOY RAMÍREZ, A. Fundaciones de los pueblos de Malacachtepec Momoxco. Editor Vargas Rea, México, 1953, 31 pp. Cabe acotar que de este libro se hicieron 75 ejemplares y que uno de ellos fue depositado en librería de la Universidad de Texas.

[5] Ibíd., p.9

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