«Me despojaron del patrimonio de toda la vida»: ejidataria

Gabriela Chávez denuncia que por la construcción de la Línea 12, el gobierno capitalino la dejó «en la vil calle» y condena a Víctor Cadena

Texto: Armando Ramírez R. | Fotografías: Sergio Rojas | Revista Nosotros Núm. 128 | Septiembre de 2009

Por la fuerza y sin respetar un amparo otorgado por una instancia federal, fueron desalojados ejidatarios de San Francisco Tlaltenco que se resistieron a vender sus tierras a la administración de Marcelo Ebrard para la construcción de la Línea 12 del Metro.

Para despojar a los ejidatarios de sus parcelas y viviendas, el gobierno de Marcelo Ebrard utilizó todo el poder contra ejidatarios que se resistían a salir de sus tierras

«En tono burlón, Víctor Cadena, director de desarrollo económico v rural de Tláhuac me dijo: ‘Ya estás feliz y tranquila con todo lo que te llevas, te estoy otorgando recursos de apoyos de otra gente para proyectos productivos, no son recursos del Metro. Pero por dos mil 500 metros cuadrados sólo me dieron 800 mil pesos, mientras que a mi sobrino, a quien el jueves le destruyeron su vivienda con todo y sus pertenencias, únicamente le otorgaron 200 mil pesos por una parcela de dos mil 500 metros cuadrados».

En cuestión de minutos las viviendas fueron derruidas y trabajadores del gobierno capitalino emparejaron el suelo para que por ahí pudiera pasar la línea dorada de Ebrard

Después de tres días de asedio de centenares de granaderos y policías montados de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), y ante las amenazas de funcionarios, incluidos dos individuos que constantemente la amedrentaban haciéndole señas de que iban armados, en el sentido de que si no cedía «por las buenas» su parcela ejidal para la construcción de la línea 12 del Metro sería aprehendida junto con sus familiares que en ese momento estaban con ella al interior de su modesta vivienda y a todos se les fincarían cargos por «resistirse a una obra pública», Gabriela Chávez, ejidataria de Tlaltenco, finalmente se vio obligada a ceder su terreno.

En esta fotografía se ve cómo un trabajador cubre una televisión con una cobija y la sube con mucho cuidado en la cabina del camión de volteo. ¿Se la regresaría a su dueño?

Con voz entrecortada y los ojos enrojecidos por evidentes sentimientos de tristeza e impotencia al no haber podido defenderse, la ejidataria relata a NOSOTROS: «No tengo a dónde ir, la gente del gobierno capitalino me dejó en la vil calle, destruyeron mi vivienda y mi principal fuente de ingresos que era la crianza y venta de animales de corral y el cultivo de nopales, eso nos permitía subsistir a mis hijos y nietos, así como a algunos de mis hermanos».

Un trabajador agrícola pasa con su tractor delante del cerco establecido por un grupo de granaderos que toma un descanso en el ejido de Tlaltenco en Tláhuac

El pasado siete de agosto cayó el último bastión de resistencia de los ejidatarios de San Francisco Tlaltenco ante la acometida contra quienes se negaron a vender sus parcelas para la construcción de la «línea dorada» del Metro en Tláhuac, luego de que habían fracasado diversos funcionarios en su intento de convencerlos para que cedieran su patrimonio, pese a que los ejidatarios contaban con amparos judiciales federales para evitar ser privados, desalojados y despojados de sus terrenos.

Aspecto de una de las manifestaciones en Tláhuac en las que pobladores rechazaron la construcción de la línea dorada de Marcelo Ebrard

Ejidatarios destacaron que a pesar de que en la sentencia del Tribunal Unitario Agrario establece que en el caso de seis parcelas sus poseedores están obligados a ceder una franja de 40 metros, el GDF se apropió de las parcelas completas, como fue el caso de Ramón Mendoza, a quien le destruyeron su cultivo de calabaza y maíz, así como su bodega de herramientas sin darle tiempo de salvar algo. Todo lo perdió.

Quien se hacía llamar el mejor alcalde del mundo quiso convertir a Tláhuac en el basurero de la ciudad, con su petulante tonito de «pésele a quien le pese». Pero sólo alcanzó a construir la fallida Línea 12

Desde el miércoles cinco de agosto, la posesionaria de la parcela, Gabriela Chávez, de 40 años de edad, comenzó a ser acosada por funcionarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro, encabezados por José Franco, de la oficina de Concertación Política, así como por funcionarios del gobierno delegacional, encabezados por el director general de desarrollo económico y rural, Víctor Cadena, quienes la amenazaron de que si no cedía a sus pretensiones sus familiares también serían detenidos y remitidos al MP para fincarles cargos, y que «los meterían al bote».

Sobre lo que era suelo de conservación del lado izquierdo (la Avenida San Rafael Atlixco o Avenida Tláhuac a la derecha) fue construida la línea dorada de Ebrard

Los funcionarios insistieron en que: «Vas a vender o vas a vender», mientras un empleado del STC vestido de civil, identificado como parte de un grupo al cual los ejidatarios señalan de ser ex militares contratados por el Metro como golpeadores, constantemente se colocaba la mano en la cintura sobre su chamarra, haciéndole señas a Gabriela de que tenía un arma debajo de la prenda.

Niños observan el paso de una manifestación sobre Avenida Tláhuac en contra de la construcción de la línea dorada de Marcel Ebrard

Gabriela insistía en que «era mi derecho vender o no, pues es mi casa, es mi patrimonio»; sin embargo, Franco y Cadena la intimidaban diciéndole que la vivienda iba a ser derribada, sin importarles si ella cedía o no y si había gente adentro.

Los añejos problemas de los pobladores de Tláhuac enumerados en una manifestación

Los funcionarios aseguraban, sin mostrar documento alguno, que la parcela ya era del Metro porque la hablan comprado a un tal Miramón, a quien Gabriela no conoce, pues ocupa el terreno desde hace más de 20 años, sin que le hubieran mencionado que la parcela a nombre de su madre, Francisca Rosales, hubiera cambiado de «dueño».

Ejidatarios advirtieron que el GDF, en contubernio con el diputado local suplente electo, antes militante del Partido Revolucionario Institucional y ahora afiliado al de la Revolución Democrática, Juan Carlos Leyte, y la Secretaría de Reforma Agraria (SRA), fabricaron dueños y a estos se les asignaron parcelas en la zona por donde pasaría la línea del Metro, obviamente con el compromiso de venderlas.

En el terreno había una plantación de nopales los cuales comenzaron a ser destruidos por efectivos de la Policía Montada de la SSPDF, al irrumpir sin permiso en la parcela. Y también Gabriela tenía una granja con animales, los cuales se dedicaba a criar y a vender para sostener a su familia.

José Franco, de la oficina de Concertación Política del gobierno de Marcelo Ebrard

Franco insistía en que tras del parcelamiento «esto ya no es ejido», y que los «propietarios» tenían todo el derecho de vender, si querían; pero abogados especialistas en derecho agrario advirtieron que la administración capitalina «manipula la información», y que el procedimiento sólo significa la ubicación física geográfica del terreno, mas no que el ejido se haya convertido en propiedad privada.

Dos de los provocadores al servicio del enviado de la oficina de Concertación Política

Al día siguiente, Cadena y Franco continuaron el acoso y los efectivos de la SSPDF mantuvieron el cerco sobre unas veinte personas, entre ellas la mamá de Gabriela, Francisco Rosales, de 76 años de edad, así como su nieto de cuatro años, y sus sobrinos de nueve y 10 años.

Parte de los granaderos que mantenían el cerco de los ejidatarios de Tlaltenco que aún se negaban a vender sus parcelas al gobierno de Marcelo Ebrard

«Vas a vender por la buena o vas a vender por las malas», insistían.

Incluso, funcionarios y empleados que acompañaban a Franco y Cadena irrumpieron en la vivienda para forzarla a salir, pero la llegada de la diputada local panista, Elvira Murillo, los asustó; de pronto todos salieron corriendo de la casa y suspendieron el acoso, lo que fue aprovechado por Gabriela para salir a pedir apoyo de la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF), la cual emitió medidas cautelares, pero de nada sirvieron, al día siguiente el acoso y el cerco continuaron.

El viernes, después de las 10 de la mañana, los funcionarios se presentaron de nuevo con la amenaza de que «si la pinche vieja no cede, nos metemos de lleno», lo que provocó problemas de salud a su madre y temor de ser agredidos por la policía, quienes se mantenían refugiados en la vivienda que buscaban proteger.

A las presiones se sumaron funcionarios de la secretaría de Gobierno del GDF, entre ellos Leopoldo Lozada, conocido operador en Tláhuac del tres veces frustrado aspirante a la candidatura a jefe delegacional en la demarcación, Juventino Rodríguez Ramos, mientras, afuera su hermano Raúl Chávez, con la voz entrecortada y la desesperación en su semblante, clamaba por la presencia de visitadores de la CDHDF y de representantes de medios de comunicación, los cuales nunca llegaron.

Previamente, el gobierno del DF había cercado el ejido con láminas de dos metros de altura para evitar molestos testigos de sus tropellas.

Los granaderos del gobierno capitalino entraron a la vivienda del señor Raymundo Hernández para sacarlo por la fuerza ante la desesperación de su esposa

Pero adentro del ejido, y luego de ver la paliza que le dieron a su vecino Raymundo Hernández de 35 años, frente a su esposa embarazada, Rosario Zamudio, de 40 años, los cuales fueron desalojados con lujo de violencia de la parcela contigua y destruida su vivienda, y ante el temor de que los granaderos y policías montados arremetieran contra los niños, mujeres y ancianos refugiados en la casa, Gabriela se vio obligada a ceder, justo cuando los efectivos policíacos estaban ya a punto de irrumpir en su casa.

El caso de esta pareja de ejidatarios fue apenas uno de tantos que sufrió la brutalidad policíaca del gobierno de Marcelo Ebrard para poder construir su línea dorada

Minutos antes, Gabriela también había presenciado cómo granaderos y policías a caballo de la SSPDF arremetieron contra la diputada Murillo, quien por segundo día consecutivo intentó ingresar a la parcela con el fin de apoyarla, pero por órdenes de Cadena y Franco, los uniformados la rodearon e, incluso, la tiraron al suelo con tal de cerrarle el paso.

José Franco, operador de Marcelo Ebrard, dirigió los operativos de desalijo de ejidatarios. En la fotografía se ve su imagen reflejada en el vidrio de la ventana

Tras de la firma del convenio para ceder el derecho de uso, paso y ocupación física de su parcela, Cadena se negó a otorgarle más tiempo para el desalojo y se comprometió a que sus animales y sus enseres llegarían intactos a donde ella indicara, con la advertencia de Gabriela de que pagarían cada animal que sufriera daños.

El saldo fue la muerte de «cien gallinas, cinco marranas preñadas y 10  gansos», además de que todos los muebles y aparatos electrónicos llegaron destruidos, y el funcionario se niega a asumir su palabra y a compensar los daños.

En tono de burla, el funcionario de la administración delegacional local le dijo: «Ya estás feliz y tranquila con todo lo que te llevas, te estoy otorgando recursos de apoyos de otra gente para proyectos productivos, no son recursos del Metro».

«Al final, por dos mil 500 metros cuadrados sólo me dieron 800 mil pesos, mientras que a mi sobrino, a quien el jueves le destruyeron su vivienda con todo y sus pertenencias, únicamente le otorgaron 200 mil pesos por una parcela de dos mil 500 metros cuadrados».

«Lo mismo le sucedió al vecino (Raymundo Hernández) que habían sacado a golpes minutos antes, bajo la amenaza de que si no firmaba lo remitirían al Ministerio público, por lo que sólo recibió 200 mil pesos».

«¿Cómo voy a estar tranquila si me despojaste de todo lo que tenía y me dejaste en la vil calle?», le recriminó Gabriela a Víctor Cadena.

«Lástima que tienes el poder y con tu poder destruyes, haces y deshaces, amenazas a la gente como quieres», le espetó en la cara al director general de Desarrollo Económico y Rural de Tláhuac, quien sin dejar de burlarse le preguntó con dejo de desfachatez si «acaso no tenía a dónde irse».

«No, no tengo a dónde irme, no tengo casa, no tengo trabajo, me dejaste en la vil calle, no sé a dónde ir a vivir, no sé a dónde vaya poner mis animales», respondió ella.

Gabriela también le advirtió a Cadena que «hay un Dios, y sí las torres más grandes han sido destruidas, tú que eres de las torres más chicas, ¿Qué puedes Invocar para que no te destruyan?»

Con el esbozo de una sonrisa de desconcierto el funcionario le respondió que «nunca antes» le habían «deseado eso».

A lo que Gabriela le sentenció: «Yo te lo deseo y te lo deseo de todo corazón a ti y a tu familia». ♦

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: