Siete relieves de Acalpixca. El universo mágico de Xochimilco

Desde el Cerro de la Estrella, la diosa Cuauhilama construyó el primer asentamiento de la grandiosa familia xochimilca*

Por Rodolfo Cordero López | Revista Nosotros Núm. 51 | Julio de 2002

En la colina arqueológica de Santa Cruz Acalpixca, o Acalpixcan, en el paraje conocido con el nombre de Cuauhilama Xochimilco, Distrito Federal, existen varias rocas talladas con figuras ideográficas entre las que podemos mencionar de la guía del profesor José Farías Galindo, las que atribuye al tlatoani Acatonal-li: la Cihuacóatl, el sacerdote, el cipactli, el xonecuilli, el guerrero, la itzapapalotl, el ocelotl, el nahui hollín, las piedras mapas, flores, el huacal, la piedra de Tetitla y otras.

Referente a la Cihuacóatl, dice el profesor Farías Galindo: «Es la primera que se encuentra al ascender la vereda. Representa la fecundidad de la tierra y se hace acompañar en sus funciones de Xochiquetzal-li, de Centeotl y Xochipil-li. Tiene un alto tocado que lo forman dos serpientes entrelazadas y con la cabeza a los lados: su vestimenta es lujosa y usa coatlisandalias. Solamente se le nota la pierna izquierda y parte de la cara, ya que el rostro se halla cubierto con hongos y lama. Una fracción o mitad quedó en el lugar de origen donde fue dinamitada, la figura mide 1.70 metros por 45 centímetros».

Para nosotros esa figura sería la diosa tutelar de Xochimilco, Quilaxtli, la diosa mítica, la del Tlillancalco, la casa oscura, la dadora de los mantenimientos, la mujer que molió los huesos sagrados del inframundo llevados por Quetzalcóatl, el del mito de la creación de los primeros macehuales, loos adoradores de Quilaxtli, la hechicera con las capacidades sobrenaturales para transformarse en águila o serpiente; la mujer guerrera de los integradores de la familia xochimilca, y aquí el porqué de nuestra hipótesis que descubre el paso del otro Quetzalcóatl, Ce acatl Topiltzin, el hombre mito, el de Amatlan, del moderno estado de Morelos, del que se dice fue del hijo de dios del viento, de quien se afirma que fue el padre del Tepoztécatl, a quien se le atribuyen hechos increíbles que quedaron en Xochicalco, Tepoztlán, Milpa Alta y Xochimilco. El Quetzalcóatl de Tulaque en Coatzacoalcos, Veracruz, se transformó en Tlahuizcalpantecuhtli, el lucero del amanecer, pero de quien por sus testimonios de prodigio llegó en una barca con forma de serpiente de dos cabezas, como la canoa xochimilca, a las costas de Yucatán, para descender luego con el nombre de Kukulcán.

El Quetzalcóatl mítico es uno de los cuatro dioses idolátricos del orbe indígena, hermano de Tezcatlipoca fueron quienes levantaron el cielo que se había derrumbado en uno se los soles, transformados en ahuexotes, los árboles típicos de las chinampas; el primero, para oxigenar el horizonte de las chinampas; el segundo, para redondear el mundo indígena sumergido en el agua de las lagunas y los acalotes, los caminos de canoas. Los otros dioses, Tláloc y Huitzilopochtli, se traducen, el primero, como el néctar de la tierra, el creador del Tlalocan, el paraíso. El dador de las lluvias, los rayos, el granizo a voluntad de sus pajes los tlaloques, y a petición de los graniceros sacerdotales xochimilcas. El segundo, el guerrero nacido de Coatlicue, el destructor de su hermana Coyolxauhqui, y de Copil, el hijo de Malinalxóchitl, la de Malinalco, frecuentada por los xochimilcas, de cutyo corazón se engendraría la nopalera de tunas rojas, señal de la fundación del señorío mexica-tenochca.

Quetzalcóatl instituyó la orden sacerdotal con su nombre y fue Ce ácatl Topiltzin el revestido con ese título y el de Hueman, el conductor de los toltecas de Tula, la antigua Tollan. Ce ácatl Topiltzin nació, de acuerdo con la aportación de la maestra Carmen Cook de Leonard, el cuatro de mayo del año 843 d.C., en Amatlan, en un lugar que lleva por nombre Michatlaco, la barranca de los peces, o en la mitad del criadero de peces. Fue hijo de Mixcóatl y de Chimalma. Huérfano de padre y madre, el mito del Códice Chimalpopoca refiere que lo crió Quilaxtli, la Señora de las Verduras, la diosa longeva de Xochimilco, la diosa tierra-luna.

El Quetzalcóatl hombre que dio lustre a los toltecas de Tula, tanto que el término tolteca conlleva el concepto de creador de las artes y de las ciencias; de la meditación y la disciplina. Es Topiltzin Quetzalcóatl el guerrero deslumbrado por la delicada belleza de una joven mujer a quien corteja y convierte en mariposa, conocida con el nombre de Cihuapapalotl, la mariposa quetzal, considerada como la enigmática compañera o mujer de Topiltzin.

De aquella doncella, la leyenda cuenta que «en Xochitlahuaca, un misterioso lugar cercano a Tepoztlán, Morelos, aquella joven descubrió un jardín muy hermoso del que se enamoró. Platicó a su familia de este extraño lugar que decidió frecuentar, pero en el cual conoció a Ce ácatl Topiltzin, y de su enamoramiento quedó convertida en mariposa». El relato ideográfico e idílico pudiera ser el que se interpreta del tallado en la roca basáltica de Cuauhilama, la mariposa de especie Papilo Multicaudatus Kirby, de la familia Papiliondae, por nombre Xochiquetzal, la Quetzalpapálotl, un ejemplar disecado parecido a la figura de Acalpixcan se encuentra en el Museo Natural del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México, figura que en la colina de Acalpixcan parece aspirar el aroma de de la Huacalxóchitl, emblemática flor amuleto de los pochtecas, los caminantes por los senderos abiertos que llevan al Soconusco, los adoradores del Quetzalcóatl mítico.

Al igual que esta roca cincelada que nos insinúa que es ella la Cihuapapalotl, la mujer mariposa, la que se deleita con el aroma de la flor rojiza de la Huacalxóchitl, localizamos en las peñas de Acalpixcan otros petroglifos o figuras talladas que denotan el paso hipotético de Ce ácatl Topiltzin Quetzalcóatl Hueman por estos parajes hacia el año 900 d.C., a loa edad de 56 años, en su camino hacia Tlillan Tlapallan, en lugar de la negrura nocturna y el rojo amanecer que emerge del mar, con el aletear de las aves espigadas y la redondez espléndida del sol, sitio en el que «la serpiente se ocultó para convertirse en leyenda», entre el revolotear de los insectos, las libélulas, las mariposas de variados colores y de las aves de trinos melancólicos. Rocas insignia de Quetzalcóatl hombre, el bastión de la Vía Láctea, el camino con el que fueron premiados el primer Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, por el prodigio de levantar el cielo derrumbado en el tiempo del sol de agua.

Quetzalcóatl hombre es el emisario al sol, el guerrero que asciende por las cordilleras del Eje Volcánico con la ferocidad cautelosa del Océlotl hacia el oriente, donde nace el sol, llevando los agradecimientos de su pueblo por las bondades recibidas. Su escudo es el Nahui Ollin, cuatro movimientos. Él es el hombre afortunado que siguió en una fecha Cipactli, el camino de los dioses, dejando estampadas sus hazañas en Xochimilco, territorio que no le fue ajeno por su cercanía con Tepoztlán y Amatlan de Morelos, veredas boscosas que todavía recorren los pueblos de la montaña xochimilca y de Milpa Alta, para ir a homenajear a la Señora de Amatlan, Santa María Magdalena, el 22 de julio.

Topiltzin Quetzalcóatl es el mensajero que deja sus riquezas en el manantial de Coaapan, e indeciso dice a la embajada xochimilca que no sabe dónde es Tlillan Tlapallan, pero su destino es ir al encuentro del sol, y cruza las colinas xochimilcas por el Teuhtli, el gran señor, de cráter apagado, es el de la figura del guerrero labrada en Cuauhilama.

Tiempo anterior al relato de Acalpixcan, Topiltzin Quetzalcóatl dejó otros vestigios de su camino al rojo y eterno amanecer en el Golfo de México. En Tlalnepantla y en las cuevas de Xico en el estado de México, en Cholula, Puebla, y otros lugares.

En Xochimilco existe un lugar nombrado Tlillan, es un espejo de agua oscura, con su chinampa isleta, fue adoratorio como otros en las lagunas de la chinampería xochimilca que se comunican con el acalote de Cuemanco, el lugar de Hueman, el tolteca conductor que los lleva a Tula, la antigua Xicoco (chicoco), camino acuático de trazo arquitectónico norte sur a imagen de la mitológica Mixcóatl, la serpiente de nubes, la Vía Láctea, el camino del Quetzalcóatl mítico y de Tezcatlipoca. Un ramal del delta de la Vía Láctea llegaba reflejada por un acalote al sur de Cuemanco a otro Tlillan, el del adoratorio de la Señora de Xochimilco, Quilaxtli, ocupado hoy por la señorial parroquia de San Bernardino de Siena, la casa oscura no fue ajena a Xochimilco, fue un lugar sagrado.

En los amaneceres con neblina del mes de diciembre, a cuya penumbra nebulosa se perciben apenas los trazos borrosos de los erguidos ahuexotes, los Quetzalhuéxotl de la chinampería, bajo el azul oscuro de la mañana, de pronto aparecen las siluetas de los remeros en sus canoas, chalupones o canoitas, la imaginación vuela y se piensa en que sí, Cuemanco es el reflejo de aquella cósmica Mixcóatl, la Vía Láctea, que arrastra a nuestro Sistema Planetario. Este es el universo del Xochimilco antiguo, el pasado del Xochimilco tolteca, en el territorio arquitectónico con su red de acalotes y apantles construidos por los invocadores a los dioses para obtener el maíz y el frijol negro como alimento, condición indicada en el Cerro de la Estrella por la Citlanenque, la estrella viajera, a los sabios, para que sus pueblos fueran a poblar a la Mixcóatl, la serpiente de las nubes, según refiere la leyenda.

Fue él, el Quetzalcóatl hombre, Ce ácatl Topiltzin Hueman, el de Amatlan, quien recorrió la cordillera del Cuauhtzin, la montaña xochimilca, para dejar en sus leyendas y en las peñas de Acapixcan los trazos sobre las superficies planas del basalto, la verdad de su estancia, que enaltece aun más al soberbio señorío xochimilca, el que extendió sus caminos al norte del actual estado de Morelos, al oeste del estado de Puebla y al oriente del estado de México.

Desde la zona arqueológica de Cuauhilama, en la distancia se perfila el Cerro de la Estrella. Hace más de dos mil años las cristalinas aguas de los caudalosos manantiales de Xochimilco hacían llegar el oleaje plateado a sus faldas, como a estas de los cuidadores de las acallis. Desde aquí podía verse el acalote de Cuemanco entre millones de ahuexotes sembrados para forestar las orillas de las chinampas. La red de acalotes y apantles, parte de los calpullis lacustres, y las acequias, hasta donde llegaban las embarcaciones con su fragante carga de hortalizas y de corolas que le dieron nombre a Xochimilco. Desde esa colina ceremonial, Cuauhilama, la diosa del bosque del primer asentamiento de la grandiosa familia xochimilca, se construyó el universo mágico, todavía existente en nuestro tiempo. ♦

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* El texto formaría parte del libro El origen mitológico de Xochimilco que el cronista Rodolfo Cordero López entonces preparaba en el año 2002

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