Misticismo y tradición. Semana Santa en Villa Milpa Alta

Misticismo y tradición. Semana Santa en Villa Milpa Alta

Por Miguel Agustín Jiménez

La cultura en sus diferentes manifestaciones ha permitido que grupos de individuos sean caracterizados los unos de los otros. En los años cincuenta el antropólogo estadounidense Clifford Geertz definía a la cultura como pautas de significados, reduciéndolo a los hechos simbólicos, es decir, las «identidades». Y es precisamente la festividad de la Semana Santa, la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, una de las identidades que identifican al pueblo milpaltense.

Esta práctica socio-religiosa comenzó a llevarse a cabo en la comunidad de Villa Milpa Alta en 1899. A inicios del siglo XX y con el movimiento armado de 1910, la situación se tornó difícil, pero no se dejó de lado esta festividad. Los iniciadores fueron Juan Lara y Reyes Taboada, llevaban año con año esta tradición que rápidamente se acopló a las costumbres del pueblo[1]. De esta manera, el año estaba ya caracterizado de festividades como la peregrinación al santuario del señor de Chalma en enero, así como la Semana Santa en marzo o abril. Sin embargo, a la muerte de ambos, el encargado de continuar con la organización de esta celebración fue el señor Alberto Fuentes, quien basándose en novelas como El Mártir del Gólgota y El Manto Sagrado, entre otras más, elaboró el primer libreto propiamente constituido en 1941. En este guion participarían 65 personas encarnando la escenificación. Personajes tanto históricos como salidos del imaginario novelesco encontraron prontamente aceptación entre los participantes.

Desde los inicios de esta práctica, la característica peculiar ha sido el uso de imágenes religiosas que datan del siglo XVI y XVII en diferentes advocaciones de Cristo. Esto hace que los asistentes estén llenos de misticismo y sobre todo de fervor y religiosidad. De la misma manera, los participantes representan con sumo respeto sus parlamentos. Jerusalén, el Divino Maestro, el Divino Salvador y Santo Entierro, son algunas de las imágenes que sirven para representar a Jesús, así como la Virgen de los Dolores para escenificar a María.

La festividad está organizada por el mayordomo que se denomina Centurión. Sus funciones conllevan a resguardar la imagen que representa la festividad (Divino Salvador), así como los elementos logísticos como el vestuario que, hasta la década de los años 80 se adquirió, ya que hasta antes de estos años era alquilada en casas de la Ciudad de México como Tostado y Bertha. También el Centurión es la persona que presta su domicilio para ensayar y obsequiar los alimentos de los participantes a partir de que dan inicio los trabajos y hasta los días principales de la festividad: Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo.

Para este 2009, las festividades están enmarcadas en los festejos de los XC años de llevarlas a cabo. Para tal efecto, los preparativos iniciaron en el mes de noviembre del 2007. La principal característica es que por primera vez, los participantes recibieron una formación actoral e histriónica a fin de comprender el porqué de la Semana Santa y el para qué de la misma.

Anterior a este año, la dirección recaía en personas que habían sido participantes. Particularmente después de la muerte de Alberto Fuentes, quien dirigió desde 1927 y hasta 1967 la escenificación, los encargados de llevarla a cabo fueron el señor Facundo Laguna (Don Concho) y el señor Arturo Gómez. Los fundamentos eran meramente líricos y carecían de todo marco teórico que permitiera a los participantes tener un desempeño correcto en su manera de hablar e interpretar su personaje. En las últimas dos décadas, surgieron más personas que llevaron a cabo la dirección: Sergio Meza, Cruz Abad y Mario Galicia. La estructura de los preparativos continuó siendo el mismo y prácticamente no hubo ninguna modificación.

Consientes en los cambios que sufren las sociedades y con ellos sus prácticas en todos los ámbitos, la festividad de la Semana Santa, ha sido alcanzada por una nueva interpretación y manera de representar la pasión de Cristo. En este sentido, las manifestaciones de «renovación religiosa –como lo ha dicho Daniele Hervieu– no contradicen todo lo que se ha dicho en el pasado (…), no se trata de un proceso de desaparición de la religión de una sociedad masivamente racionalizada, sino un proceso de recomposición de lo religioso, en el seno de un movimiento más vasta de redistribución de las creencias, en una sociedad cuya incertidumbre es –por el hecho de la primacía que confiere al cambio y a la innovación– condición  estructural»[2].

Con una nueva heurística y hermenéutica basada en el conocimiento histórico y actoral, los participantes brindarán a los espectadores un traslado a la Jerusalén del siglo I en donde pasó los últimos días el hombre que vino a dar la muestra de amor más grande en la historia de la humanidad. Sin perder la esencia de la festividad, la representación de este 2009, pretende ser un proceso de ruptura, pero al mismo tiempo, de continuidad en una de las tradiciones e identidades que más arraigada está entre la población de Milpa Alta. ♦

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El presente texto data de marzo de 2009


[1] Entrevista al señor Antonio Bermejo. Noviembre 24, 2007.

[2] Daniele Hervieu Léger, «Nuevas formas de religiosidad», en Gilberto Jiménez, Identidades religiosas y sociales en México. Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, México, 1996, p. 33.

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