La Semana Santa en Iztapalapa

Con base a los testimonios se sabe que ya se escenificaba la Semana Santa en el pueblo de Iztapalapa en el último tercio del siglo XVIII, su importancia en esos momentos rebasaba el aspecto religioso

Por Ángel de la Rosa

1.       Antecedentes del siglo XVIII

En el ramo Tierras, volumen 2252, expediente 8, fascículos 4 y 5, del Archivo General de la Nación se encuentran las declaraciones de dos vecinos de Iztapalapa llevadas a cabo ante el «Juzgado General de Naturales» el ocho de agosto de 1782 que hacen referencia a la representación de la Semana Santa en este lugar.

Los testimonios fueron parte de las averiguaciones llevadas a cabo por las autoridades virreinales con el objetivo de conocer las tierras pertenecientes a la comunidad y el destino del dinero obtenido de su arrendamiento. Con relación a estos puntos, «Ignasio Aviles» declaró:

«… se halla un pedaso de tierra nombrado los Terremotes… Este asi mismo corre por quenta de los Mayordomos, y de los que produce en sus arrendamientos, ministran al que tiene el cargo de Governador veinte e cinco pesos cada un año para ayuda de gastos que logra en los Pobres Apostoles la Semana Santa y dar de comer a su republica algunas funciones que tienen…»[1]

En los mismos términos declaró Bonifacio Tenorio al señalar que el Mayordomo entrega al Gobernador 25 pesos de los ingresos de la renta del «pedaso de tierra nombrado los Terremotes… para ayuda de los gastos que eroga en los Apostoles de Semana, y dar de comer a la republica…»[2]

Al margen de la ley que prohibía destinar dinero de lo obtenido por arrendamiento de sus tierras en «Fiestas, Pintura, Comidas», la veracidad de los hechos relatados llevó al Fiscal de lo Civil a señalar:

«p(o)r las declaraciones de dos de los testigos examinados …les pertenece  –al pueblo de Iztapalapa– un pedaso de tierra nombrado los Terremotes que también está cedido á los Gobernadores p(a)ra aiuda de ciertos gastos q(u)e tienen que hazer en la Semana Santa…»[3]

Con base a los testimonios se sabe que ya se escenificaba la Semana Santa en el pueblo de Iztapalapa en el último tercio del siglo XVIII, observándose una relevante participación de la autoridad civil a través de canalizarle recursos provenientes del arrendamiento de tierras de la  comunidad. Por lo mismo, su importancia en esos momentos rebasaba el aspecto religioso, quedando por investigar sus antecedentes más allá de 1782 al haber sido claros en señalar que la representación se realizaba antes de las averiguaciones del gobierno virreinal. 

De todos es conocido que las representaciones teatrales fueron promovidas por las diferentes órdenes religiosas como estrategia didáctica a fin de lograr la conversión de la población nativa al catolicismo. Con el tiempo, también se escenificaron a iniciativa de los padres de la iglesia no faltando las realizadas por las comunidades nativas por cuenta propia. Por esta razón, en la Colonia fueron muy comunes las representaciones escénicas de carácter religioso, en particular sobre la Pasión.

En su obra clásica sobre el tema, Fernando Horcasitas menciona las obras representadas de la Semana Santa en lugares cercanos a la capital virreinal entre ellas en Amecameca, Tlalmanalco, Ozumba, Cuautla, Yautepec, Cuernavaca y Tepalcingo[4]. Con el mismo tema se escenificaron en los pueblos y barrios que circundaban la ciudad de México, destacándose las de Milpa Alta que por primera vez se representó en 1545[5], antecedente de las que hasta la fecha se siguen representando en este pueblo, y la de Coyoacán en 1587[6], la cual todavía en 1840 se llevaba a cabo.

Por eso no es de extrañarse que ya se escenificara la Pasión en Iztapalapa en 1782, como así lo mencionan las siguientes notas periodísticas al referirse a su origen colonial:

«… se trasladaron ayer a Ixtapalapa para presenciar  las ceremonias profano-religiosas del Viernes Santo… La visión evocadora de los simulacros con que los frailes del siglo XVI ilustraron… En consecuencia, sólo puede observarse esta persistencia de los usos coloniales…»

Excélsior, 3 de abril de 1920, primera plana 

«Como todos los años, en la vecina población de Ixtapalapa se efectuó la celebración profana que rememora pasajes de la Pasión de Cristo y que los vecinos de la localidad, de raza indígena la mantienen tradicionalmente, pues la costumbre arranca desde la época colonial».

El Universal 12 de abril de 1941 p. 1, por Arnulfo Ireza

A esas versiones, se cuentan con datos dispersos de ese periodo observándose en ellos cierta relación con la Semana Santa que se representa en la actualidad en Iztapalapa, como es el caso de la identificación del actor con su papel asignado en la escena:

«En los espectáculos prehispánicos los protagonistas se poseían a tal grado de sus papeles que no sólo llegaban a creerse dioses sino que los fieles los consideraban divinos… A fines del siglo XVII se exigía que el actor que representaba a Cristo estuviera en estado de gracia»[7]

En Iztapalapa a quien va a representar a Jesús se le exige tenga un comportamiento ejemplar ante su comunidad y lleve actos sacramentales para que la feligresía considere que reúne los requisitos morales y de pulcritud espiritual para representar al divino personaje. A su vez, el público asistente tiene una actitud a semejanza de lo antes descrito:

«En el recorrido de la explanada Cuitláhuac al Cerro de la Estrella el Viernes Santo, a los azotadores y al que personifica al Judas, pero más a nosotros, la gente nos maldice o nos avienta lo que tiene a la mano. Pero también nos agrede después de este día, cuando nos encuentra en la calle. Un día, ya pasada la escenificación, una señora me dio dos cachetadas porque le había pegado a su Jesús…»

José Luis Rodríguez Martínez. Barrio de San Lucas. Representó el papel de Azotador de 1990 a 1994.

Otro aspecto es la similitud del texto de la «Sentencia de Jesús» en la representación de «Chimalhuacán-Chalco», dictada en náhuatl y castellano en el siglo XVIII, la cual inicia con la siguientes palabras: «Nos, Poncio Pilato, Presidente de la inferior Galilea, aquí en Jerusalén. Regente por el Imperio Romano, dentro del Palacio de Archipresidencia, juzgo, sentencio, pronuncio, que condeno a muerte a Jesús, llamado de la plebe, Nazareno y de patria Galileo, Hombre Sedicioso, contrario a la Ley de Nuestro Senado…»[8]

En Iztapalapa el heraldo inicia la lectura de la sentencia con mínimas variaciones a lo mencionado en aquellos  lugares: «Yo, Poncio Pilatos, presidente de la Superior de la Galilea, que a Jerusalén rijo por el imperio romano dentro del real palacio de la Archipresidencia, juzgo y sentencio y condeno a muerte a Jesús llamado de la plebe nazareno, patria Galilea, hombre sedicioso y contrario a la ley…»[9]

La capilla abierta localizada al poniente del santuario del Señor de la Cuevita también es un aspecto importante debido a que «su importancia en la liturgia en el siglo XVI es tal, que no podemos dejar de explorar la posibilidad de que haya sido utilizado como escenario para el drama de evangelización»[10].

2.      Las representaciones durante el siglo XIX

En 1840, Madame Calderón de la Barca hace mención a las representaciones sobre la Pasión en este año en la ciudad de México de la siguiente manera:

«Se aproxima una vez más la Semana Santa, que en México da motivo a tan variadas escenas en las calles y a tanto esplendor en las iglesias, y aún en el campo, donde se representa una comedia, especie de melodramas, en la que actores de carne y hueso interpretan la Pasión y Muerte de Nuestro Señor…»[11]

La carta tiene una importancia particular al demostrarnos que siguieron siendo comunes las representaciones del Viacrucis en los pueblos de la ciudad de México a principios de la década de los años cuarenta de ese siglo.

No sólo sobre las órdenes religiosas, tampoco existen registros que hagan mención que los padres de la iglesia auspiciaron la representación en Iztapalapa en la época colonial o durante el siglo XIX. En cambio se tiene un antecedente de la forma irregular de actuar de uno de ellos, representando al mismo tiempo el segundo antecedente fehaciente de la escenificación en este lugar: el 30 de noviembre de 1867 de Mexicalzingo se le envió una carta al presidente Benito Juárez mediante la cual José María Sánchez denunció al cura del pueblo de Iztapalapa, fray Antonio Sánchez por cobros indebidos en la representación de la Semana Santa:

«mas de dosientos por la semana mayor; (esto si no hay judíos que crusifiquen al Señor) si los hay, pasa de trecientos; …-además denunció- hay una imposición: de que la Semana mayor, a los que hacen de San Dimas y mal ladrón, han de ser dos indígenas vivos, a estos, los cuelgan de las arcas, desde el Viernes santo por la mañana, no mas con un taparrabo y una Cabellera, y no los bajan, hasta la hora del desendimiento después de esta operación, los atan de los brazos y los sacan en la procesión del Santo entierro para que vayan a presenciarlo y por esto, se les cobra la limosna correspondiente»[12]

De acuerdo a esos documentos, se observa una continuidad de las escenificaciones cuyos antecedentes encontramos en 1782; se siguió representando en los pueblos de la ciudad de México en 1840, del cual Iztapalapa no pudo estar exenta y prosiguieron en forma regular en 1867. 

3.      El cólera morbus de 1833, la mayordomía del Señor de la Cuevita y la escenificación de la Semana Santa

En igual forma que los habitantes de Santa Rosa Xochiac, San Ángel, de atribuirle a una imagen católica la erradicación de la epidemia en 1833[13], los de Ixtapalapa le agradecieron al Señor de la Cuevita el término del cólera morbus en su comunidad.

El acontecimiento se ha conservado vivo en el tiempo a través de la transmisión verbal de generación en generación, que es una muestra que no está en cuestionamiento la capacidad del pueblo para transmitir con veracidad sus acontecimientos más importantes, como tampoco está en duda la veracidad de las siguientes crónicas de vecinos relacionados a esa epidemia:

«Cuando salí de Cristo en 1932 los organizadores no me mencionaron que la escenificación se debiera al cólera morbus. Tampoco mis padres me lo dijeron. Lo que sí son las fiestas de Septiembre que hacemos en el Santuario al Señor de la Cuevita todos los barrios, tocándole al tercer domingo a los de Axomulco –Barrios de San Miguel, San Pablo, San Pedro, San José y La Asunción, y al cuarto domingo a los de Atlalilco; barrios  de San Ignacio, San Lucas y Santa Bárbara–. En un tiempo yo fui encargado de estas fiestas por parte de Axomulco».

Florencio Cano Vázquez. Barrio de San José. Decano de los que han representado a Cristo. Con 97 años de edad.

«De 1961 a 1968 interpreté a Cristo. Nunca, ni en los ensayos o en otro momento nos comentaron que la Semana Santa se debía a que nuestros antepasados lo hayan iniciado como manda al Señor de la Cuevita por haber erradicado el cólera morbus. Lo que no hay duda es que el pueblo celebra las fiestas al Señor de la Cuevita por la epidemia».

Manuel Neri Mosco. Barrio de San Pedro. Hoy vive en la Purísima I, delegación Iztapalapa. Representó a Cristo ocho años.

«En acción de gracias por haber erradicado el cólera morbus, al Señor de la Cuevita le hacemos sus ‘Festividades de Septiembre’. La Semana Santa es otra cosa. Yo salí de apóstol por 1957, poco antes de que me casara…»

Gilberto Guillén. Barrio de Santa Bárbara. Presidente de la capilla de Santa Bárbara de 1979 a la fecha. 

«La escenificación no proviene por el cólera morbus como nos quiere hacer creer la delegación de Iztapalapa. Lo único que hacen es acomodar las fechas a su antojo. Todos sabemos que la única fiesta relacionada al cólera es la del Señor de la Cuevita».

Rodolfo Vázquez Neria. Barrio de San Pedro 2008-2010. Presidente de la capilla de San Pedro.

«Mi familia por generaciones ha participado en la Semana Santa: mi padre, Pedro Mosco Salazar, participó de soldado romano; mi abuelo, Paz Mosco Ramírez, representó a Anás en los primeros años del siglo XX, yo de longinos que clavaba la lanza a quien representaba a Cristo –Mario Ubaldo– de 1970 a 1973. De ninguno de ellos ni de los organizadores escuché que la Semana Santa se escenificara en honor del Señor de la Cuevita por haber erradicado el cólera morbus en 1833… En las clases que imparto de español les comento a los alumnos que las órdenes de religiosos utilizaron el teatro para evangelizar durante la época colonial. Por ejemplo las pastorelas que originalmente llevaron a cabo en Acolman, estado de México…»

Alfredo Mosco Reyes. Originario del Barrio San Pedro. Actualmente vive en la Primera Sección de Leyes de Reforma. Iztapalapa. Ex presidente del Barrio de San Pedro y secretario general de la Asociación de Profesionales de Iztapalapa.

«En ningún momento mi padre me comentó que la Semana Santa viniera del cólera, y eso que anduvo metido en todas las festividades del pueblo. Lo que sí son las mayordomías del Señor de la Cuevita».

Reyes Flores Luna. Barrio de San Ignacio. De su papá heredó el cargo de Encargado del Señor de Chalma de Atlalilco

«Mi abuela Luz Tejeda vivió cuando se presentó el cólera en el pueblo. Ella vivió 114 años… fueron tantos los muertos y tan rápido que en la ‘Casa Blanca’ en el mezquite del Barrio de San Miguel, tuvieron que abrir otro panteón, es por donde ahora está el edificio de teléfonos… Lo de la Semana Santa no tiene nada que ver con el cólera. El Señor de la Cuevita sí…»

Federico Domínguez Rodríguez. Barrio de San Miguel. Ex tesorero del Señor de la Cuevita de Axomulco.

«Nunca he escuchado ni tampoco hacemos referencia a que alguna de las dos representaciones de Semana Santa que se escenifican simultáneamente en el pueblo de Iztapalapa tengan sus orígenes en 1843. Nosotros tenemos muy claro que la nuestra empezó en 1895 y sus antecedentes se relacionan con personas que venían del Peñón de los Baños al pueblo años atrás. Los primeros encargados fueron Juan Zúñiga, Manuel León, Hilario Ramírez Martínez y Mauricio Guillén. La otra representación, la de la explanada Cuitláhuac, tampoco alguna vez han hecho referencia sus organizadores que tenga alguna relación al cólera morbus. En el pueblo no se tiene memoria de que así haya sido».

Isabel Aguirre. Barrio de Santa Bárbara. Encargado de la Sociedad de Nazarenos de la Parroquia de San Lucas de 1971-76 y 1998-2003, y Mayordomo en 1993.

«Yo recuerdo que mi tío Manuel Maguey, que en reconocimiento por sus conocimientos sobre leyendas y tradiciones de los Barrios del pueblo de Iztapalapa, una de las salas del museo Fuego Nuevo lleva su nombre, decía que como el pueblo era muy reacio rebelde a ser dominado, introdujeron la Semana Santa en Iztapalapa… No fue por lo del cólera morbus, fue mucho años antes».

Jerzaín Mariano Frías Solano. Barrio de San José. Ex capitán de los Romanos.

De acuerdo a las versiones de los vecinos del pueblo de Iztapalapa, la representación de la Semana Santa no tiene sus antecedentes en la epidemia que se presentó en lugar el primer tercio del siglo XIX. En cambio, en forma destacada sus habitantes tienen en su memoria colectiva la leyenda que atribuye al Señor de la Cuevita la erradicación del mal, relatos muy importantes que nos sirven para dilucidar el origen de haber tergiversado los hechos en este aspecto al afirmar que la escenificación proviene de 1843.

4.      Observaciones a los funcionarios de la delegación Iztapalapa

Por todos los medios la delegación ha sostenido que la representación de la Semana Santa tiene su origen en 1843. La primera vez que en forma pública se conoció que esa versión provenía de la delegación fue en 1984: 

«Según información proporcionada por las autoridades de la Delegación Iztapalapa, la representación de La Pasión de Cristo en esa localidad tiene su origen en la tercera década del siglo XIX debido a una epidemia de cólera».

La Prensa, 21 de abril de 1984, p. 2. Por Alfonso Fernández

El único antecedente a esa afirmación es aquella que dice: «La Pasión en Iztapalapa, se celebró conforme a la tradición de 134 años», la cual fue publicada en los periódicos La Prensa y Excélsior el 9 de abril de 1977.

En esos artículos periodísticos como en los posteriores, en igual forma en sus trípticos que anualmente distribuye y en sus libros, la delegación no menciona los documentos o versiones de vecinos que le den sustento a su afirmación para que sea aceptada como verdadera y no se considere como una invención o más bien una ocurrencia de sus funcionarios el vincular el origen de la escenificación a una de las tragedias más sentidas de que se tiene memoria en el pueblo de Iztapalapa.

Las áreas de la delegación encargadas de su difusión han sido la oficina del delegado, la de comunicación social y los funcionarios del museo Fuego Nuevo. De esta oficina están los trabajos de Silvia Zugarazo, que en su libro La Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, no obstante que acepta el papel del teatro evangelizador, escribió:

«La representación ha sufrido diversas transformaciones a lo largo de los 164 años en que se ha venido realizando… Las primeras escenificaciones eran más bien una conmemoración entre vecinos y parroquianos que utilizaban imágenes para recrear los diferentes pasajes del sufrimiento y muerte de Jesucristo»[14].

Además de la fecha de inicio de la representación de la Semana Santa, a este párrafo también se le hace la observación que las escenificaciones en el pueblo de Iztapalapa se han realizado con personajes «vivos», así lo atestiguan los documentos de las representaciones  de 1782 y 1867, la carta de Calderón de la Barca de 1840, y la siguiente nota periodística de principios del siglo XX:

«El pintoresco espectáculo en Ixtapalapa. Numerosos indígenas, luciendo abigarrados trajes, representaron a lo vivo algunos pasajes de la pasión»

Excélsior, 20 de abril de 1919, primera página.

La funcionaria encargada del archivo histórico del museo Fuego Nuevo, quien es también cronista de Iztapalapa, en su artículo  «Tradición, fe y pasión», menciona la leyenda en términos generales a la preservada en pueblo sobre el apoyo ofrecido por Emiliano Zapata a la escenificación en tiempos de la Revolución. Pero ya en su libro, indebidamente adiciona por su cuenta unas palabras no escuchadas por nadie de los barrios que pone en duda su veracidad:

«La gente mayor afirma que el Gral. Emiliano Zapata se encontraba en esos días en Santa María Aztahuacán, y que al enterarse prestó los equinos a fin de que pudiera llevarse a cabo –la representación–; sin embargo, otros afirman que entre 1910 y 1914 no se pudo conmemorar este suceso, quedando todo en un mito»[15].

La línea aumentada no tiene respaldo alguno al  sólo afirmar que «otros afirman», sin decir quiénes y en qué momento. En cambio, en Iztapalapa no sólo lo expresó uno de los testigos presenciales, Nabor Reyes Hernández, del Barrio San José, sino vecinos de la época que han venido transmitiendo por generaciones, llegando a ser considerada una leyenda apegada a la realidad.

«Alejandro Reyes –Barrio San José– nos comentó que su abuelo, Nabor Reyes Hernández, le dijo que Emiliano Zapata prestó los caballos para que se llevara a cabo la Semana Santa en nuestro pueblo en tiempo de la Revolución…  Aquí no hay ninguna leyenda o versión que Zapata haya intervenido en la representación…»    

Joaquín Buendía Villarruel. Barrio de San Pedro. Heredó de su padre Carlos Buendía Rivera la responsabilidad de arreglar la Segunda Caída en Cuauhtémoc y Allende, en los límites del Barrio San José y San Pedro.

«De nadie en el pueblo he escuchado que Benito Juárez intervino o protegió la escenificación de Semana Santa. De parte de Emiliano Zapata se dice que  en una ocasión prestó los caballos de su ejército para que se llevara a cabo la escenificación en tiempos de la Revolución».

Pedro Guillén Neria. Barrio Santa Bárbara. Representó a Jesús en 1969 y 1979, fue encargado de la Comisión de las Vírgenes durante 10 años

Esto obliga a todos incluyendo a la funcionaria respetar la leyenda en forma textual a la que tiene la comunidad por cerca de 100 años. Esto no implica que ella o alguien más no puedan dar sus comentarios sobre lo expresado en ésta, para lo cual es necesario lo hagan con información veraz que respalden sus puntos de vista, lo cual ayudará en aportar mayores datos sobre este hecho histórico. En ese sentido tenemos las siguientes crónicas de la presencia de zapatistas de Santa María Aztahuacán en el pueblo que es un aspecto fundamental de la leyenda:

«Los zapatistas de Santa María Aztahuacán venían muy seguido con doña Tiburcia Trejo, al fondo del Callejón del 57, Barrio San Pedro, donde vivió con su esposo Genaro Jiménez Reyes. Ella fue originaria de este pueblo. Él, de aquí. Ella era blanca y muy alta. En una de esas se enteraron que iba a ver una boda a la entrada del Callejón del 57. Se casaba el tío Manuel de la Rosa Turcio con Rafaela Castillo… Al enterarse que venían los zapatistas a la boda, todas las mujeres salieron de la fiesta y se vinieron a esconder a la casa de mi papá Margarito –última casa del Callejón– pues era un lugar rodeado de agua. Ya estando los zapatistas en la fiesta se les atendió muy bien. ¡Más nos valía! Pero a cada rato preguntaban por la novia… después, aquí, que era la casa del abuelo Guadalupe de la Rosa, pusieron un pequeño cuartel, hasta con un  cañoncito».

Rosalío de la Rosa Hernández. Barrio de San Pedro

«Una vez estando reunidos con el tío Demetrio Santos Morales donde ahora vivo, el tío Paz de la Rosa dijo que el lugar tenía historia porque  a esta casa –4to. Callejón del 57– en una ocasión trajeron herido de bala a Herminio Chavarría, lugarteniente de Emiliano Zapata en Santa María Aztahuacán».

Abundio Ramírez Morales. Barrio de San Pedro.

Así mismo, para bien de la reseña de la escenificación es necesario que Silvia Zugarazo lleve a cabo una revisión a su investigación en este apartado. Por ejemplo, anota que la Primera Caída se lleva a cabo en «Cuauhtémoc e Hidalgo»; la Tercera «ocurre antes de llegar al cerrito de La Muerte». Estas escenificaciones se realizan en Ayuntamiento casi esquina con Mariano Escobedo, Barrio de La Asunción, y en Cuauhtémoc esquina con Lerdo, Barrio San Pablo, respectivamente.

Respecto al plano de las «Capillas de los ocho barrios», también requiere de una revisión; por ejemplo, señala que la de San Pablo se ubica en Ayuntamiento y Aldama; ésta se ubica entre Cuauhtémoc y Estrella, en la parte norte del teatro Quetzalcóatl. Además el plano debe ser actualizado al no corresponder con la configuración actual de sus calles, y nombra todavía a la Calzada del Moral, cuando a partir de 1973 se le conoce con el nombre de Javier Rojo Gómez[16].

A su vez, Jorge de León, cronista de la delegación de Iztapalapa desde hace más de 30 años y director del Museo Fuego Nuevo, escribió:

«El investigador Gorbe Trueba, quien fuera director de Monumentos Coloniales del INAH, mencionó sin señalar la fuente que Fray Bernardino de Sahagún, padre de la etnohistoria y quien según él fuera maestro del Seminario de Lenguas que existió en el convento de Culhuacán, aledaño al Cerro de la Estrella, inició la representación de Iztapalapa, usando como rememoración del calvario el Huixachtepetl, lugar donde cada 52 años se realizaba la ceremonia del fuego nuevo»[17].

Sin profundizar mucho, su referencia tampoco cuenta con la fuente de información que le dé sustento a su dicho. Es de oídas. Así como aquella del mismo cronista relacionada a su versión sobre el supuesto apoyo brindado por Benito Juárez a la escenificación en 1867 en el que también menciona que «escuchó» sin mayor apoyo histórico.

Además, sería ingenuo pensar que con el sólo envío de una carta al presidente, es suficiente para que consideremos que intervino en las irregularidades durante la Semana Santa como así se le pidió en la misiva ya antes descrita. De la cual, por cierto, no hubo siquiera una respuesta por escrito de parte de Benito Juárez.

A esta versión, suma aquella que el mismo cronista escribió: «sólo se conserva parte del ‘Vergel de Cuitláhuac’ en la zona aledaña al Santuario del Señor de la Cuevita»[18].

Un vecino con años de encargado de la mayordomía del Señor de la Cuevita del medio pueblo de Axomulco, «como si fuera ayer» recuerda:

«Fue el padre Antonio Herrera, que en el pueblo lo conocimos con el sobrenombre de ‘El águila negra’, quien nos encargó el trabajo de conseguir los padrinos para el órgano y del jardín del Santuario del Señor de la Cuevita, con una aportación de 500 pesos cada uno. Fuimos alrededor de trescientos padrinos, que por cierto los juntamos rápido entre los Barrios… El jardín se hizo a un costado del Santuario; había mucha piedra… La bendición del órgano y el jardín, con la presencia de todos los padrinos, fue a las ocho de la noche el 29 de septiembre de 1963.

Jesús Frías Castillo, Barrio de San José.

«Después de terminar la crucifixión, bajábamos por la parte posterior del Santuario para dirigirnos donde están actualmente las oficinas del padre. Ahí está una cueva, era muy grande, ya taparon parte de ella. Era tan grande, que cabían tres personas a caballo. Pero no era profunda, a unos metros terminaba. Ahí se cambiaba el que personificaba a Cristo, que salía ya cambiado y a caballo, para que no se dieran cuenta que era él. Era un lugar totalmente pedregoso, árido. Hacia la calle Estrella sembraban maíz».

Jorge Ávila Domínguez, Barrio de La Asunción. Presidente del Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa.

«La idea de hacer algunos arreglos en la parte oriente de este lugar fue del “padre Antonio Herrera –quien– se obsesionó por crear un escenario en el atrio del Santuario que fuera propicio para la representación de la Semana Santa… –con jardines, estanques, paseo con sus bancas a la entrada del atrio, fueron resultado de una construcción escénica»[19].

«En la parte poniente del santuario está la capilla abierta y un pasillo muy grande. Más allá el panteón».

José Morales Hernández, Barrio de San Lucas.

Con el fin de reconstruir la historia escrita de Iztapalapa, Jorge de León debe revisar sus investigaciones mucho más si consideramos que han servido de fuente de información para investigaciones y crónicas del lugar.

Lo que llama la atención que aun cuando en 1984 la doctora María Cristina Montaño en su investigación relativa a la historia de la tenencia de la tierra en Iztapalapa, hace mención de gastos religiosos provenientes del arrendamiento de parajes de la comunidad en 1783[20], y en forma más directa, Noé Navarrete anota: «en 1782, la fracción de los Terremotes fue rentada, y el mayordomo entregó 25 pesos al gobernador para ayuda de los gastos que logra en los Pobres Apóstoles la Semana Santa y dar de comer a su República…»[21], los cronistas de Iztapalapa no los tomaron en cuenta como líneas de investigación para conocer los antecedentes de la representación en Iztapalapa; si bien el autor del trabajo que hace mención a los hechos, sólo anotó como referencia el «Ramo de Tierras del Archivo General de la Nación», quedaba como tarea explorar los expedientes de esta área documental a fin de llegar a las fojas que contiene ese párrafo y demás relacionados a la representación de la Pasión.

Por parte de la oficina del delegado se han publicado varios libros, el último La Pasión en Iztapalapa, en el 2007, que al igual que los anteriores, en forma reiterada señala que la Semana Santa surge en 1843. Que dicho sea de paso, este está plagado de errores. En él se anota: «El golpe final que acabó con la zona chinampera fue la expropiación, en 1985, de esos terrenos para construir la Central de Abastos»[22]; la chinampería fue expropiada a favor del Departamento del Distrito Federal por Decreto Presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación el 21 de abril de 1970».

La seriedad del libro quedaría totalmente entredicha, si no fuera por las participaciones de Juan Villoro y Carlos Monsiváis y de las excelentes fotografías que ilustran el libro; por falta de revisión anota que al poniente de la delegación se encuentra el estado de México, cuando por esas coordenadas se localizan las delegaciones Benito Juárez y Coyoacán. Y en el apartado «Los 16 pueblos de la Delegación Iztapalapa» sólo aparecen anotados 14, se «comió» dos de acuerdo a su propio encabezado del tema. Además, en esta relación incluye a San Andrés Tomatlán como pueblo cuando es un barrio del pueblo de Culhuacán[23]

Con respecto a los pueblos de Iztapalapa, Jorge de León en su tesis profesional, «Estudio geográfico histórico de la delegación Iztapalapa», sostiene que San Felipe Terremotes es un pueblo de la delegación Iztapalapa.

Además de lo señalado en el primer apartado donde el Fiscal de lo Civil señaló que el paraje de Terremotes le pertenece al pueblo de Iztapalapa, a los habitantes de los Barrios que integran este pueblo les fue restituido mediante el programa de Reforma Agraria en noviembre de 1916. El paraje se caracterizó por ser «fangoso», «cenegoso» y de «charcos», inhabitable en forma absoluta:

«Los lugares más comunes donde practicábamos la ‘armada’ fueron en el «Peñón Viejo» y «La Cieneguilla» en Santa María Aztahuacán y en «San Felipe Terremotes». A estos lugares se les llamaba «Charcos». Ahí llegaba el pato silvestre de Canadá, eso era por los meses de noviembre a febrero. Al encargado de organizar la «armada» le llamaban el «capitán». Entre los «capitanes» que me acuerdo estaban el señor Julio Guzmán el Barrio de San José y Santiago Guerra del Barrio de San Miguel.

Luis Campos de la Rosa. Barrio de San Pedro.

Su poblamiento empezó recién se observó su desecación, así lo hace notar Margarita Nolasco: A partir de la década de los años sesenta del siglo XX se registra población en «San Felipe Terremotes», observándose un incremento significativo de sus habitantes en los años subsecuentes[24]. A la postre su poblamiento dio lugar a varias colonias entre ellas Los Ángeles, Ampliación Jacarandas.

Retomando el tema de la Semana Santa, Jorge de León debió haber conocido la nota periodística de 1984 a través de la cual la delegación de Iztapalapa difundió que esta representación se inició en la tercera década del siglo XVIII. Como también debe haber conocido las notas periodísticas de 1977, en la que por primera vez se difunde la representación surge en  1843, que en forma coincidente se publica a los pocos años de haber llegado él a la delegación de Iztapalapa. A fin de no propiciar suspicacias, por sus funciones relacionadas a la historia y crónica de esta demarcación, está obligado a informar públicamente quién y con base a qué se difundió esa versión de parte de la delegación.

Lo que sorprende que por primera vez un integrante del Comité Organizador de Semana Santa, a través de su presidente Anatolio Domínguez Ávila de ese momento, en la portada en Internet del Comité Organizador de la Semana Santa en Ixtapalapa, A.C., de 2009, comunique que la escenificación parte de 1843. Al respecto, es necesario que aporte mayores datos sobre su afirmación como bien podría haber sido de su padre, pues él también fue un personaje destacado en la escenificación de quien el señor Anatolio se enorgullece de haberlo inducido a participar en la representación que, por décadas en su papel de heraldo, ha sido el encargado de leer la sentencia de Jesús.

5.      Testimonios de los fenómenos naturales –viento, lluvia, rayos que se observaban– durante la escena de la Crucifixión en el Cerro de la Estrella. «Cuestión divina o coincidencia»

Vivencias de los personajes de Semana Santa

Por años, los protagonistas, cientos de miles de personas y quienes han cubierto la representación por parte de los medios de comunicación, fueron testigos de la presencia anual de viento, lluvia y, ocasionalmente, rayos y granizo que se observó de los años cuarenta a 1991 en el Cerro de La Estrella durante la escenificación de la crucifixión de Jesús.

«Todas las escenificaciones son inolvidables, pero sobre esos fenómenos naturales, existe una que llama mucho la atención, fue la vez que salió Federico Ayala, en 1990. En esa ocasión hubo tolvanera, aguacero, rayos que iluminaban todo el cerro, hasta tuve la sensación de que tembló en el área de la Cruz».

Anatolio Ávila Domínguez. Presidente del Comité Organizador de la Semana Santa en Ixtapalapa A.C., de 2008 a 2010.

«El viento empezaba después de la Tercera Caída y en plena crucifixión arreciaba con lluvia, y hasta truenos se han visto en el cielo…Con los clarines anunciamos que vamos en camino. Tocamos la marcha ‘dragona’, que es una marcha militar. Me comentó mi papá que la introdujo con algunos arreglos el señor Nabor Reyes de San José. En ese momento, nos ha dicho la gente, sienten un ambiente fúnebre. Cuando pasa el Cristo junto a ellos, he visto que muchos lloran, sienten como si fuera real. A los que golpean a Cristo les dicen y avientan de cosas… He observado que a medida que nos acercamos a las Cruces, vamos sintiendo nervios, pero no sólo nosotros, todos los que ahí estamos en ese momento; la misma gente empieza a cambiar, de una tranquilidad a ser más agresivos; a los mismos que vi en la explanada con su familia, riendo, contentos, después, en el Cerro cambia su carácter a enojados… Después de que sueltan la paloma, que es cuando expira Cristo, la mayoría de los caballos se alborotan, hasta los que traen los policías… Y cuando vamos de bajada, nuevamente todos en calma… Mi papá, Teófilo Perales Acevedo, Barrio San José, fue el encargado de Los Clarines 23 años hasta que falleció hace siete años. Ahora el encargado de los 18 que integramos el grupo de Los Clarines, es mi hermano Alfredo».

Javier Perales Neria. Originario del Barrio de San José. Actualmente vive en la Segunda Sección de Leyes de Reforma, Iztapalapa

Experiencias de vecinos

«Hasta hace unos quince años más o menos, a partir que el Cristo iniciaba la subida en lo que es propiamente el Cerro de la Estrella, Ermita Iztapalapa ‘baja’, se percibía una ola de calor que llegaba a ser insoportable. Por eso, los que personificaban a Cristo no aguantaban la sofocación y se desmayaban. Y como en una película antigua, en el instante de la llegada del Cristo al lugar donde se encuentran las Cruces, los caballos se irritaban. Y todavía, pero era más anteriormente, algunos llegaron a tirar a sus jinetes. Los romanos cambiaban sus rostros y se transformaban en los malos. Era un caos total. En ese entonces, durante la escena de la crucifixión el cielo se nublaba, se escuchaba el viento soplar fuerte, provocando tolvaneras y caía una lluvia tupida y rápida. Después de la escena de la muerte de Cristo salía el sol, se volvía una tarde preciosa».

Mario Guzmán Guillén. Barrio de San José. Fotógrafo de la agencia española EFE. Quince años cubriendo la escenificación  de la Semana Santa en el pueblo de Iztapalapa.

Versiones de funcionarios de la delegación Iztapalapa

«Llegué a trabajar a la delegación de Iztapalapa en 1979… El aire y lluvia era parte del escenario natural del Viernes Santo en el Cerro de la Estrella. Siendo delegado Marco Antonio Michel cayó un aguacero con granizo que se suspendió la conferencia de prensa que hacen los delegados terminada la representación en el Cerro de la Estrella».

Alfonso Hernández López. Director General de Servicios Urbanos de la Delegación Iztapalapa.

Razones de los vecinos por las cuales no ha llovido en los últimos quince años en el momento de la crucifixión en el Cerro de la Estrella

El que ya no aparezca la lluvia y viento a partir de 1992, los vecinos señalan que «se debe a que los actores ya no lo hacen con la fe y devoción obligada», y que el escenario haya sido aprovechado para fines ajenos a la esencia de la representación, algunos con una postura netamente política:

«Considero que ya no se observen las tolvaneras y llueva como aviso divino, debido en mucho a la intromisión de la delegación en forma directa en la organización y no se limite a sus funciones, que es principalmente seguridad y vialidad, hasta ya parece más un evento de ella que del pueblo».

Jesús García Ávila. Barrio de San José. Secretario de Prensa de la Asociación de Profesionales de Iztapalapa

«En esta representación del 2009 no llovió ni hizo viento, mucho menos aparecieron las nubes como lo difundieron algunos periódicos. El poco viento que apareció se debió al provocado por los helicópteros que sobrevolaban el lugar de la crucifixión. Algo anda mal. No sólo el medio ambiente, sino también el espiritual, los demonios andan sueltos en el pueblo, muy cerca de nosotros que augura presagios nefastos».

Héctor Isachar Jiménez Serrano. Barrio de San Pedro. Otros puntos de vista sobre lo observado en esos momentos

La presencia o no de esos fenómenos ha motivado diversas interpretaciones entre los habitantes de la comunidad de los Barrios, principalmente. Según el caso, lo interpreten como un mensaje o presencia divina, «terrenalmente inexplicable»:

«Hace cuatro años –2004– en el espacio de donde se escenificó la crucifixión se presentaron unas como esferas redondas, ovaladas. Considero que se presenta eso porque el cerro tiene una fuerza energética. Hay que tener presente que precisamente donde están las Cruces está una pirámide. Como si se hubieran puesto a propósito en ese lugar, pero no fue así, ya que hasta el año pasado se descubrió la pirámide. La energía de esa pirámide, espacio sagrado de la época prehispánica y la euforia de millones de seres concentrados en otro fin sagrado, el católico, es probable que sea la causa de que se presenten cambios en el clima en esos momentos. Pues es mayor su fuerza. La mente es poderosa».

Rolando Domínguez Quintanilla. Barrio de Santa Bárbara. Representó a Cayo y Lictor en el 2000 y del 2001 respectivamente, y del 2002 al 2006, Presidente de la Comisión de Honor y Justicia.

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* Párrafos extraídos del trabajo «La Semana Santa en Iztapalapa, antecedentes y crónicas», en trámite de registro en derechos de autor.

Aprovecho para agradecer al personal del Archivo General de la Nación por su valiosa colaboración en la consulta de los expedientes del Ramo Tierras y a la historiadora por la transcripción del documento del Ramo Tierras, vol. 2252, exp. 8.


[1] Archivo General de la Nación, Ramo Tierras, Volumen 2252, Expediente 8, Foja 4.

[2] Ibídem. Foja 5.

[3] Ibídem. Foja 7

[4] HORCASITAS, Fernando, Teatro náhuatl, Ed. UNAM, México 2004, p. 521.

[5] 5. La Prensa, 12 de abril de 2001, p. 3.

[6] CHIMALPAHIN CUAUHTLEHUANITZIN, Domingo Francisco de San Antón Muñoz, Relaciones originales de Chalco Amaquemecan, Ed. FCE, México. 1965, p. 287.

[7] Op. Cit. P. 96. HORCASITAS, Fernando

[8] Ibídem. p. 523.

[9] La Semana Santa en Iztapalapa. Departamento del Distrito Federal, delegación Iztapalapa, UAMI y El Juglar, México 1992, p. 216.

[10] Op. Cit., p. 131.  HORCASITAS, Fernando…

[11] Op. Cit., p. 97. Semana Santa en Iztapalapa

[12] Archivo Juárez, Biblioteca Nacional, Hemeroteca, UNAM, C.U. MS 4079.

[13] JORGE ALFONSO, citado por Mariángela Rodríguez en Hacia la estrella con la pasión y la ciudad a cuestas, Ed. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México 1991, p. 87.

[14] ZUGARAZO, Silvia, «Tradición, fe y pasión», revista Iztapalapa Tiempo y Espacio, México, marzo-abril 1997, p.p.4-11.

[15] ZUGARAZO, Silvia, La Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa, México 2007, p. 7.

[16] Ibídem. p. 4 y 11.

[17] DE LEON, Jorge, «Representación de la Pasión de Cristo». Documento del Museo del Cerro de la Estrella, mecanoescrito, México, 1996, p. 6. Citado por Rodríguez, Mariángela, «El Proceso de selección de tradiciones: Semana Santa en Iztapalapa», Los pueblos originarios de la ciudad de México, Ed. Gobierno de la Ciudad de México e INAH, México 2007, p. 215.

[18] DE LEON, Jorge, «Cuitláhuac, invicto tlatoani iztapalapaneca », Revista Iztapalapa fin de siglo, México, Ed. Delegación Iztapalapa. México, octubre 1991, número cero, p. 8.

[19] RODRIGUEZ, Jesús María. Trono de Nuestro Señor de la Cuevita, edición particular, México, s/fecha. p. 30).

[20] MONTAÑO, Ma. Cristina, La Tierra de Ixtapalapa, Ed. UAMI, México 1984, p. 26

[21] NAVARRETE, Noé, «Leyes de Reforma en el siglo XIX», Revista Iztapalapa, número 25, Ed. UAM Iztapalapa, p. 67.

[22] Op. Cit., p. 25. Pasión en Iztapalapa

[23] Ibídem., p. 31.

[24] NOLASCO, Margarita, Cuatro ciudades. El proceso de urbanización. INAH, México 1981, p. 242.

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