Joel Cruz Meza, «El Brujo» de Tecómitl, un personaje del pueblo

Unos dicen que es un nagual que vive a la orilla de la Barranca Seca

Por Manuel Garcés Jiménez*

Imaginemos a un hombre que pasó toda su vida dedicada a las actividades del campo agrícola de temporal, nos encontramos de frente con él en una de tantas calles de San Antonio Tecómitl, persona alta como de 1.70 metros de estatura, tez morena y lenguaje propio de pueblo, con sombrero y gafas obscuras.

Es don Joel Cruz Meza, quien el próximo 13 de julio del año en curso cumplirá 99 años de edad[1]. Por cierto, tiene poco tiempo que empezó a  utilizar el bastón para caminar por las calles de su pueblo, no lo vemos encorvado a causa de los años, su caminar es lento y no usa lentes de aumento para leer. Con orgullo nos dice:

«Nací en el siglo pasado, en 1922, el próximo año cumpliré 100 años».

Es un hombre regio, conocido por todos los oriundos del pueblo, es nativo de San Antonio Tecómitl y popularmente conocido como «El brujo». Algunos dicen que es un nagual que vive con su familia a la orilla de la Barranca Seca, muy cerca del rebombeo de agua potable.

De los cánones de la vida, por vagos e imprecisos que sean de un realismo o naturalismo, debemos  llegar a la conclusión que el señor Joel Cruz es uno de los escasos longevos que tiene el pueblo de Tecómitl. Pero lo que sí nos queda claro es que lo identifican por su humildad y modesta forma de ser, características de un hombre campesino con la radiación de ser persona sencilla y un trato donde prevalece la sonrisa socarrona de oreja a oreja.   

Su vida familiar la disfrutó con la señora Juana Garcés González, hermana de mi señor padre, don Abraham Garcés González, por lo cual es mi tío; padre de siete hijos, 21 nietos y tres bisnietos.

Me dice que desde joven sólo ve con un ojo a raíz de un accidente con una escopeta, pero a pesar de eso siempre lo ha caracterizado el buen humor, a tal grado que desde esa edad hace chascarrillos a sus amigos, como por ejemplo cuando solía llegar una vez por semana al pueblo a proyectar las películas de la época de los años 50 en alguna casa de sala grande, con vigas como asientos provisionales para que la gente disfrutara de la proyección.

En la entrada de la sala había una señora de mal carácter sentada en una silla y cuya misión era cobrar un peso a quien quisiera pasar a ver la película. Cuando llegaba don Joel al cine con sus amigos les comentaba que a esa señora la iba a hacer reír a pesar de su carácter. Efectivamente,  llegaba y sacaba de la bolsa de su pantalón solamente 50 centavos. La mujer reaccionaba molesta: «¡Oiga señor, usted no puede entrar, le faltan otros 50 centavos!» Don Joel en voz baja se inclinaba, se quitaba el sombrero y después respondía: «¡Señora, le doy 50 centavos porque, vea, solo tengo un ojo, si tuviera los dos pagaría el peso!»   

Ese y otros chascarrillos forman parte de su vida cotidiana, con su risa afable y carácter alegre, de lenguaje típico de campesino, pues lo utiliza entre sus cuates donde predomina la leperada del populacho como parte de su identificación con ellos. Es amigable con sus coterráneos de su edad, pues invariablemente se llevan hasta con mentadas de madre.

Desde joven su vida la dedicó a cuidar terrenos de las milpas maiceras, así como a preparar la tierra. Experto en cultivar y cosechar especialmente el maíz y el frijol, durante años fue milpero del terrateniente de aquellos años, el señor Ernesto Blancas Blancas[2], «El Cirindango», o «El Peludo».

Actualmente ya no es milpero, pero se dedica a laborar su parcela que se encuentra en lo alto de la zona ejidal del monte, precisamente en su terreno se encuentra en ruinas (por el paso del tiempo) lo que fue la «Era»; es decir, un enorme circulo rodeado por una barda como de 80 centímetros de grosor y un metro de altura, parte de la hacienda de Santa Fe de los Ahuehuetes. En ese lugar se azotaba las vainas de frijol para encostalarlo y después bajarlo a la troje de la hacienda de Santa Fe, que se localizaba en las inmediaciones de Milpa Alta con el pueblo de Tetelco, Tláhuac.

Comenta que de niño, a falta de leche materna le dieron leche de cabra; a temprana edad le enseñaron a sembrar y cultivar el maíz con la influencia de la luna, y ya de adulto, además de atender su terreno se dedicó a cuidar otros terrenos tanto de día como de noche.

Recuerda que sólo consume alimentos naturales, quizá esto sea el secreto de su longevidad, porque desprecia los «alimentos chatarra», incluyendo en esa categoría refrescos, embutidos y  quesos. La leche envasada es considera por él como alimento para gatos, no le gusta. La carne que consume debe ser de animales criados en corral de casa; los huevos de pollo criollo, carne de puerco «casero» y leche entera de vaca. Por las mañanas consume su yogurt con frutas picadas. No ingiere bebidas alcohólicas (sólo en ocasiones el pulque), no fuma ni se desvela, duerme plácidamente sus ocho horas. 

Entre sus vivencias nos comenta que como a mediados de la década de los años 50 veía con asombro cómo en los ejidos del monte de Ayotzingo, cerca del Ayaquemetl, pastoreaba un enorme rebaño, como de mil cabras con sus enormes ubres propiedad de don Erasmo Rivera, dueño del Rancho de Santa Rosa, localizado al lado poniente del pueblo de Ayotzingo[3].

Sus narraciones son toda una ensarta de vivencias y vicisitudes relacionadas con el campo, una enhebra de cuentos y leyendas. Conoce lo mismo a los dueños de los terrenos y de ejidos de su localidad que las propiedades medicinales de hierbas silvestres como el epazote cimarrón, el ciauhapatle, el pega-ropa, el estafiate, el candelerillo, el poleo, los hongos silvestres, las verdolagas y los quelites, entre otras tantas hierbas del campo que poco a poco están desapareciendo por los agroquímicos e insecticidas que le aplican a los cultivos. Dice que también ha consumido la carne de teporingo, víbora y tuza. 

Don Joel Cruz es todo un sabio popular, conoce los secretos de la naturaleza, lo que ahora ya pocos saben, como admirar la posición de la Luna con la ayuda del antiguo Calendario de Galván. Con esto sabe cuándo se debe de sembrar, en qué momento se deberán talar los árboles, que cuando la Luna está en creciente es el tiempo de capar el maguey para que produzca un poco más de aguamiel, nunca en menguante. Según la posición de la Luna, se puede saber si habrá aumento o disminución en la afluencia de lluvia. Así como toda actividad relacionada con el campo, lo sabe perfectamente según las fases de la Luna[4].

Joel Cruz Meza cumplirá el próximo mes de julio 100 años. Aquí con el profesor Manuel Garcés Jiménez, en la plaza de San Antonio Tecómitl

Dice que la luna es un indicador meteorológico: si nace roja, es señal de que hará calor; si es blanca, habrá frío o va a granizar; si nace con los cuernos que se dirigen al norte de seguro lloverá; si están hacia el sur, habrá calor; si aparece amarilla o dorada, traerá agua; si está blanca, soplarán los vientos intensos, y si es de color rojo subido, el tiempo agrícola estará seco. 

Le apasiona contar anécdotas y vivencias, sobre todo de nahuales, pues es además un bullanguero dándole vida a sus comentarios narrados a flor de piel, principalmente cuando se trata de espantos con los que sorprende a sus ingenuos amigos. Cierto día, un vecino amigo de él se encontraban en el monte y empezaba a ocultarse el Sol y poco a poco los espacios fueron invadidos por la oscuridad. Pasaron rápidamente los minutos y su amigo lacónicamente le dice:

—Don Joel, quiero llegar temprano a mi casa, ¡vámonos ya don Joel!

Don Joel le contesta:

—¿De verdad quieres llegar rápido a tu casa? Pues ahora vemos cómo –le replica–. Pero si no le tienes miedo a lo desconocido haz lo que yo te ordene

El joven le contesta:

—¡No!, nada no me da miedo don Joel ya estoy grande, no soy niño, lo que quiero es llegar a mi casa.

—Pues anda, vamos ahí debajo de aquel frondoso árbol y cuando te indique cierras los ojos y repites ciertas palabras mágicas que te diga, luego entonces te hechas tres machicuepas[5] y sin abrir los ojos sentirás algo extraño en todo tu cuerpo, cuando los abras ya aparecerás en la cama de tu casa.

Al escucharlo el joven abrió aún más los ojos de terror y espanto por lo que decide de inmediato correr despavorido sin despedirse de don Joel. Corre horrorizado por el camino y sin descanso se dirige rumbo a su casa, dejando solo a don Joel abajo de aquel frondoso árbol.

Don Joel, pegó una sonora carcajada, le había hecho creer al joven que sí era un brujo y lo convertiría en nahual. 

Tiempo después, azarosamente encontró a la mamá del joven miedoso, la cual le dice a don Joel.

—Don Joel, no vuelva a espantar a mi hijito con esas cosas de los nahuales, ya le tiene miedo.

Estas y otras tantas narraciones de don Joel divierten a quien lo escucha, haciendo sarcasmos e inventando tener poderes sobrenaturales, así como se dice que tienen los nahuales, es por esto que en todo el pueblo de Tecómitl lo conocen como don Joel «El Brujo».

Finalmente comenta que le gusta el relajo y espantar a los incautos.

«Me gusta que me digan brujo, eso es lo de menos, lo interesante es que me divierto de la vida con mis cuates».

Recientemente lo encontré en la Plaza de la Corregidora del pueblo, y me invitó a su cumpleaños para el próximo mes de mayo, y sin faltar la broma me dijo: «Cuando paso por el panteón, siento que ya me jala».

La plática con el tío Joel Cruz Meza pude corroborar lo que dice Philippe Joutard acerca de que «toda historia antes de ser escrita fue contada». Además, que el humor y la sonrisa como la de don Joel es un medio infalible para mejorar la salud. ♦

_____

* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Secretario de los Cronistas Cabildos de la Ciudad de México.


[1] La entrevista se realizó a mediados de 2021.

[2] Fue licenciado en Derecho, pero dada a su amistad y empatía con los pobladores, éstos lo conocían como «Don Cirindango». Tuvo participación activa en la adquisición jurídica del terreno donde actualmente se encuentra el Campo Deportivo de Tecómitl.

[3] Muchos años después, don Joel Cruz supo por versiones populares que las cabras pertenecían al Rancho Miguel de don Erasmo Rivera, quien se dedicaba a la elaboración de quesos de cabra. Joel Cruz ignoraba que en ese rancho pernoctó Fidel Castro Ruz con un grupo de expedicionarios, incluyendo al «Che Guevara», entre otros cubanos que al lugar le cambiaron el nombre por el de Rancho Santa Rosa, por sus actividades clandestinas.

[4] Al respecto la investigadora Yolotl González Torres nos confirma en su libro El culto a los astros entre los mexicas, que: «En todo el mundo, la luna está asociada a la medicina y a la adivinación, posiblemente porque muchas de las yerbas medicinales se tienen que cortar en determinadas fases de la luna».

[5] Comúnmente se denomina maroma cuando se apoya con las manos. De maitl, mano, tzintli, trasero, y cuepa, voltear o dar vueltas. (Diccionario del náhuatl, Carlos Montemayor, UNAM).

1 Comentario en Joel Cruz Meza, «El Brujo» de Tecómitl, un personaje del pueblo

  1. Tomás Blancas Medina // 31 marzo, 2022 en 8:44 pm // Responder

    Muy buen relato, Manuel,felicidades. Siempre es bueno conocer este tipo de anécdotas que fortalecen nuestra identidad, sobretodo de personas que aún viven.
    Saludos,amigo.

    Me gusta

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