El barrio Xaltipac de Tecómitl, Barrio Grande, Barrio Bajo

En el paraje Texohuaca fueron construidas las primeras casas

Por Manuel Garcés Jiménez | Texto y fotografías

San Antonio Tecómitl es un poblado de origen prehispánico fundado al poniente en las inmediaciones de las faldas del monogenético y mítico volcán Teuhtli, al norte y oriente, al borde de la zona lacustre de los ex lagos de Xochimilco y Chalco, al sur donde comenzaba la zona boscosa de la serranía del Chichinautzin.

Su origen viene de los altepetl, organización primigenia prehispánica integrado por cuatro calpullis simbolizando los puntos cardinales de la cosmovisión de los nahualli o nahual, hombres dotados de sabiduría obtenida de la naturaleza; es el conocimiento mágico-religioso que caracterizaba a estos sabios ancestrales. De ahí se desprende el honor de ser llamados nahuales a los habitantes nativos de Tecómitl.

Con la llegada de los invasores españoles, el conocimiento ancestral fue cambiado de altepetl con sus calpullis por la nueva organización española, a la que se le agrega el nombre del santo franciscano «Antonio» y sus barrios, como actualmente se les conoce, así como de nahual a nagual.

Cruztitla (palabra hibrida) tiene como significado «donde se cruzan los caminos».

Xochitepetl, «cerro donde abundan las flores».

Tenantitla, «lugar donde abundan las piedras».

Xaltipac, «donde existe la arena» o «donde abunda la arena» y, también, «sobre el arenal».

Es en el reloj público del pueblo, considerado simbólicamente el centro de los barrios, representados éstos en cada una de sus carátulas, maquinaria de manufactura Relojes Centenario –y que se encuentra en una esquina de la Plaza de la Corregidora–, donde se levanta altiva la torre que une a los citados barrios y que se adquirió hace cerca de 80 años, gracias a que los habitantes se cooperaron para costear su adquisición. Pues bien, este reloj será reemplazado por otro que emita música ambiental de acuerdo con la temporada del año.

El origen de Tecómitl

Desde tiempos inmemoriales el poblado cuenta con una oquedad natural en el paraje conocido como Tecontitla, que fue formado por la lava que expulsaba el Teuhtli; es como una rústica olla entre rocas de donde se desprende el glifo histórico representativo de Tecómitl, el cual representa un alto contenido y una gama de historia de tradición de leyenda y hermandad vecinal conocida como «Olla de Piedra».

Aún lo podemos ver en todo su esplendor acompañada por una capilla dedicada al santo patrono: San Antonio de Padua, es un sitio donde se narra su aparición dentro de la oquedad natural descubierta por dos tlachiqueros, sitio en donde se han localizado infinidad de trozos de tepalcates, piedras labradas, pedazos de tejolotes y metlapiles, entre otros objetos. Hay quienes han corrido con suerte y encontrado piezas completas. Todo eso nos demuestra que fue aquí en Tecontitla el primer asentamiento de Tecómitl.

Fue don David Capetillo Linares habitante del barrio de Xaltipac, quién recoge a través de un video lo más trascendental del origen y de la vida cotidiana de uno de los cuatro barrios del pueblo. Es el barrio Xaltipac donde observamos las actividades ancestrales que recoge artísticamente, así como a sus notables hombres, las tradiciones y sus costumbres. Barrio conocido entre los habitantes del pueblo como: el «Barrio Bajo», y otros más como el «Barrio Grande». Es aquí que la expresión popular de los oriundos les causa asombro, al decir: «¡Que lo re’ gran pario!»

El barrio de Xaltipac se ubica al lado poniente del centro del pueblo, colinda con los terrenos de Ixtayopan y Tetelco, está delimitado por las carreteras, la Avenida 5 de Mayo –que lleva a Tetelco– y de la carretera que va rumbo a Ixtayopan, por donde se encuentra la singular loma El Calvario, donde se escenifica la crucifixión del Viernes Santo. Predominan extensas tierras de cultivo llamadas El Olivar y El Llano con sembradíos de amaranto, maíz, tomate y chile criollo, así como las tierras donde se cosecha el chile criollo y seco convertido en zolote.

La tierra del Llano limita con Ixtayopan y Tetelco, estaba acaparada por algunos personajes oriundos de Tecómitl, hasta hace aproximadamente 80 años los dueños fueron los señores Mauro Cabrera, Sixto Blancas (padre), Delfino Rentería y Ernesto Blancas, entre otros. Terrenos donde se cultivaban maíz, frijol, calabaza y una gran variedad de hortalizas y alfalfa; hasta hace algunas décadas se regaba con agua de pozo artesiano; aún podemos observar el redondel de uno de tantos que existieron.

Fue en el paraje Texohuaca donde dio inicio la construcción de las primeras casas-habitación, hoy se encuentra el mercado, el Faro, el Ministerio Público, la alberca y el Banco del Bienestar. Al lado norte, cerca del Llano, se localiza la capilla construida en honor de San Pedro Apóstol, donde anualmente el Domingo de Ramos se concentran los feligreses con palmas para dirigirse en procesión al templo principal.

Lo anecdótico

Se recuerda la anécdota del barrio cuando en la década de los años 60, día del nacimiento del Niño Jesús, nacieron dos niños dioses, uno en cada esquina; el primero en la esquina Cuauhtémoc, con Nicolás Bravo; el segundo en la esquina de Cuauhtémoc y Guerrero. Los vecinos asombrados por el singular acontecimiento de los dos nacimientos, comentaban que habían nacido gemelos, otros más lo interpretaron como que eran «cuatitos».   

Personajes

Los apellidos que predominan en el barrio son: Blancas, Suárez, Cabrera, Alva, Flores, Pradel y Joya, entre otros.

Enorme pintura del señor Hermilo Medina (en la esquina de Nicolás Bravo y Cuauhtémoc) considerado el vecinos más longevo del barrio, con más de 90 años de edad

Entre los amigos populares del barrio tenemos a Cirilo Suárez Méndez, mejor conocido como «El Tacuche», es una persona sencilla, sincero y trabajador en el campo, quien por su simpatía es más conocido por el sobrenombre que por su nombre de pila.

Otro de los personajes que nos viene a la memoria es la señora Rosa Rueda, la primera abandera representando a la Secundaria 9, quien portando el lábaro patrio recibió al presidente Lázaro Cárdenas el cuatro de marzo de 1938 durante la inauguración del plantel; es la mamá del pediatra Noé Rueda.

En tanto que la señora Enedina Blancas fue la partera del pueblo allá en la década de los años 30.

Luego, el señor Francisco Alva y la «Tía Vica» eran los hueseros del pueblo. Tenían el conocimiento y la virtud de sobar y de acomodar los huesos de algún lastimado, ya fuera del pie o de la cintura.

Tampoco se olvida al señor, esposo de la señora conocida como «La Raiza», quien formaba parte de la banda de viento del pueblo porque tocaba el saxofón.

Don Antonio Vera fue un personaje que tenía facilidad de palabra y se distinguió como orador. Recordado por sus vestimentas de campesino –pantalón sujeto con faja, huaraches y sombrero de paja–, solía comentar que había sido alumno del Seminario; sin embargo, tuvo que salir tras la revuelta revolucionaria, y fue a unirse a las fuerzas zapatistas. Durante el México post revolucionario se ocupó como rezandero durante los nueve días de duelo, y su imagen aparece en el libro de la historia de la Escuela Secundaria 9, editado con motivo de los 25 años de vida escolar. Así mismo, Antonio Vera aparece en el mural del hall del citado plantel.

Recordamos con afecto a don Bertoldo Suárez, quien se entregó en cuerpo y alma a las diversas actividades del templo de la iglesia.

Por otra parte, don Pedro Alva se ha caracterizado por ser un hombre que ha hecho cosas por su barrio, fungió como colector y representante de Xaltipac, con lo que logró una serie de obras materiales para su pueblo, como recientemente sucedió al tomar parte activa en la adquisición del terreno para ampliar el panteón. En estos últimos tres años se ha dado a la tarea de recaudar fondos destinados a la compra de las series de foquillos navideños para el adorno de troncos de los árboles la Plaza de la Corregidora.

Aquí vivió el músico Madero Pradel, quién tocaba con pasión el violín en la danza de Pastoras; se sentía orgulloso de su instrumento musical, porque en el interior del violín se leía: «Estraluvarios». ¿Será el original de la famosa e internacional Estraluvarios?, como dicen los abuelos: «Sólo Dios sabe si es o no original».

El comercio

Nos enfocamos a tan sólo dos tiendas que han hecho historia tanto en el barrio como en el pueblo, una de estas es «La tienda de la Fea», así se le conoce a la señora Juliana Elsa Joya Blancas, mejor conocida popularmente como «La Fea». Es el negocio que aún sigue de pie en la esquina de la calle Zaragoza y la avenida Hidalgo, es un inmueble donde aún es posible ver muebles de madera de pino; como la vitrina y el escaparate, donde el cliente puede observar con facilidad todo lo que ahí se ofrece. Y es que ahí el tiempo no ha pasado, está como detenido porque todo sigue igual como hace poco más de 70 años.

La señora Elsa Joya Blancas, «La Fea», dueña de la tienda más antigua del pueblo con más de 80 años de edad

La otra tienda fue la «La Moderna», localizada sobre la Avenida Hidalgo, propiedad de don Leonides Tapia, donde se tenía el primer teléfono en un negocio, el cual se manipulaba a través de una manivela y se podía escuchar el tono de la central, que se encontraba en el centro de Tláhuac, para poder comunicarse a la Ciudad de México. Es aquí donde se ofrecía de todo, ya fuera por mayoreo o por menudeo; desde clavos y tornillos hasta bultos de salvado, sema, en fin, es aquí donde había «de todo, como en botica». 

Bien recuerdo cómo a mediados de los años 60, cuando de niño, mi mamá Conchita Jiménez Meza me mandaba por las tortillas palmeadas a mano por la señora Baudelia Sigala Casillas, quien las cocía en un enorme comal expuesto en un tlecuil donde torteaba la masa de maíz criollo en un metate al lado del comal, expuesto al fuego y atizado con cañitas y leña; estos fueron los elementos primordiales para avivar el fuego. Veía cómo la gente llegaba a comprar las tortillas extendiendo las servilletas de tela de cuadrille finamente bordas con hilo multicolor, para envolver las tortillas calientitas.

Nos viene a la memoria doña Félix Alva Buendía, quien en los años 50 se dedicaba a vender tortillas, atole y tamales, la gente acudía con ella para saborear el buen sazón que ofrecía.

El primer peluquero del pueblo estuvo en Xaltipac, se trató de la peluquería de «El Calero», que se encontraba en la esquina de Nicolás Bravo y Vicente Guerrero. La otra peluquería, «Los Machetes», fundada en el año de 1890, fue atendida por el señor Tomás Blancas Joya, el último de la tradición familiar de los «Machetes».

La señora conocida como la «Tía Chucha» vendía todas las tardes y por la noche las sabrosas quesadillas elaboradas con masa de maíz criollo preparadas con manteca de cerdo, fue el lugar de reunión de los amigos para la charla mientras se saboreaban. Otra vecina conocida fue doña Felipa quien se dedicaba a vender la variedad de semillas en recorridos por las polvorientas calles del pueblo.

Y cómo no recordar a «Panchita la gelatinera», la señora Francisca Flores, que con vitrina en mano recorría las calles del pueblo para ofrecer sus coloridas y exquisitas gelatinas, al grito de «¿Jalatina han de querer o se va a acabar!» Para los alumnos de la Escuela Secundaria 9 escucharla era toda una variedad por lo que solían replicarle a doña Panchita: «Se me empinan o se va a acabar».

También tenemos al señor conocido como «Patita de palo», que vendía leña para el tlecuil, crema para las manos, y por cierto cara, y brillantina para el pelo.

Quedan en la memoria las vendedoras de verduras, como la «Tía Chucla», con su puesto en el jardín de la Corregidora, abajo del frondoso árbol del fresno. Y la familia conocida como «Las Ponchas», negocio establecido en la puerta de su casa. Entre ambas vendedoras había rivalidad por ganar clientela.

El primer carnicero del pueblo fue don Isidro Junco, comenzó con la venta de la carne durante el México post revolucionario sacrificando una res por semana. Fueron los viernes cuando la destazaba para colgarla de las ramas más gruesas del fresno que se encuentra al lado sur de la actual plaza de la Corregidora. A un lado de la res que pendía la carne fresca aparecía una rústica mesa con su báscula y un grueso tronco para destazarla en pequeños trozos al gusto de la clientela, varios años después instaló el negocio frente a su casa siendo el inicio de la tradición familiar en la venta de carne. El negocio lo continuó su hijo Uriel Junco, estableciéndose en la esquina de 5 de Mayo y Plaza de la Corregidora.

Profesionistas

Tenemos conocimiento que uno de los primeros profesionistas de Xaltipac durante el México post revolucionario fue el doctor Jaime Cabrera, cuyo consultorio se localizaba en su enorme casa de dos niveles de construcción colonial que se encuentra en la esquina de las calles de Zaragoza y Nicolás Bravo, fue considerado el mejor médico de los 40 a los 90.

Primer consultorio del barrio del doctor Jaime Cabrera, en la esquina de Zaragoza y Nicolás Bravo

No podemos pasar por alto al doctor José Ignacio López, o «Doctor Pepito», a quien los vecinos conocían como el Jorobadito. Construyó el primer hospitalito del pueblo en la parte alta de su farmacia, ubicada sobre la avenida Morelos. Otros dos profesionistas fueron el doctor en pediatría Noé Rueda y su hermano, el profesor finado Pedro Rueda.

¿Y quién no conoce al «Tío Beto»? Se trata de Roberto Meza Cabrera, maestro jubilado conocido por su afable carácter, popular entre los amigos y escritor de los versos que relatan la vida cotidiana del pueblo. ¿Le gustaría conocerlo?, es un hombre que saluda a todo aquel que se encuentra, es fácil de identificar por portar un morral que pende de su hombro. Hace algún tiempo portaba un enorme acocote que le daba la imagen de un tlachiquero.  

Otros a quienes recordamos son al químico Martín Lama, a Betuel Tapia y Armando Corona Cigala, estos dos últimos los primeros economistas del barrio. No podemos omitir por ningún motivo al «Bello» Silverio Padilla Roldán maestro de música y compositor de himnos a las escuelas primarias, a la Secundaria 9, al Cecyt 15 (Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos) de su pueblo natal, así como otras bellas composiciones que le inspiraron la historia y tradiciones de la tierra que lo vio nacer, San Antonio Tecómitl. ♦

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* Manuel Garcés Jiménez, presidente del Consejo de la Crónica de la alcaldía de Milpa Alta y secretario del Consejo de Cronistas Cabildos de la Ciudad de México.

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