El hombre-coyote de Tacámbaro en la cultura tarasca

Recuperan escultura que es de factura uacúsecha,y desde hace 30 años estaba en posesión de un particular

Escultura del hombre-coyote

Morelia, Mich.- Hace tres décadas, durante trabajos de introducción de drenaje en la Colonia Llanos de Canícuaro, municipio de Tacámbaro de Codallos, se localizó la escultura de un hombre-coyote posado sobre una especie de trono, una representación común dentro de la escultórica tarasca, pero que se distinguía por sus dimensiones a escala natural.

Esta pieza única fue tomada por un particular, por lo que el presidente municipal de Tacámbaro de Codallos, Artemio Moriya Sánchez, agradeció a la familia Hernández la entrega de este bien propiedad de la Nación, el cual lo resguardó en su casa.

Los pormenores de la ardua labor de gestión jurídica que permitió su recuperación fueron dados a conocer por el Centro INAH Michoacán a través de su director, Marco Antonio Rodríguez Espinosa, quien comentó que especialistas realizarán un dictamen del estado de conservación de la pieza prehispánica, debido a que presenta una serie de fracturas y faltantes, producto del paso del tiempo y quizá de su arrastre con maquinaria pesada, al momento de su hallazgo.

Una vez que el INAH defina y ejecute el proyecto de conservación de la pieza, ésta podrá integrarse y tener un lugar de honor dentro de la colección arqueológica del museo comunitario del ayuntamiento, para el conocimiento y el disfrute de propios y extraños.

El pasado 19 de enero se firmó la carta de entrega-recepción de la escultura, con lo cual concluyó el reclamo sobre este bien mueble propiedad de Nación, del cual la familia Hernández no contaba con concesión de uso, trámite mediante el cual se permite su custodia, según lo estipula la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.

Hombre-coyote, pieza monumental

Acerca de la importancia de la escultura del hombre-coyote, el arqueólogo José Luis Punzo indicó que fue hallada en Tacámbaro, en la Tierra Caliente de Michoacán, donde se asentó una de las principales ciudades del Irechequa o área de dominio de Tzintzuntzan, el gran señorío tarasco. Este imperio, que rivalizó con el mexica del centro de México, tuvo su mayor concentración en el actual territorio michoacano en el periodo Posclásico Tardío (1400-1521 d.C.), pero también abarcó parte de los estados de Jalisco, Colima y Nayarit, Guerrero, Sinaloa, Guanajuato y México.

Quien desde 2016 dirige un proyecto de investigación en Tacámbaro dada la importancia de este cacicazgo en época prehispánica, señaló que la escultura es de factura completamente uacúsecha, es decir, parte del señorío tarasco y está hecha en basalto a escala natural: 1.08 metros de altura por 45 centímetros de ancho, de modo que solo es superada en tamaño por los chacmoles descubiertos en Ihuatzio.

«Se han encontrado representaciones de coyotes y una decena de figuras de hombre-coyote en Tzintzuntzan e Ihuatzio, muy parecidas en su factura a esta de Tacámbaro, pero de menores dimensiones, que van de los 40 a los 50 centímetros, una de ellas fue llevada por el etnógrafo noruego Carl Lumholtz a Europa y actualmente se encuentra en un museo de Berlín, en Alemania», explicó.

«Sabemos que los últimos señores de Tzintzuntzan, quienes escribieron la Relación de Michoacán, eran los llamados uacúsecha, el ‘linaje del águila’. Junto a esta se encontraba otra gran ciudad del Lago de Pátzcuaro, Ihuatzio, que quiere decir ‘lugar de coyotes’, donde se han localizado la mayor parte de estas esculturas. Viendo las piezas, en términos estrictamente arqueológicos, los coyotes son mucho más importantes en la cultura tarasca, pues hasta ahora no se han encontrado señores-águila».

«Una de las hipótesis es que las esculturas de hombre-coyote podrían representar una dinastía que gobernó este lugar, incluso antes de que se escribiera la historia uacúsecha. Ahí hay un punto que solo la arqueología y futuros trabajos de investigación podrán responder», concluyó el experto.

La escultura del hombre-coyote de Tacámbaro se encuentra en las instalaciones del Centro INAH Michoacán, donde es resguardada para su restauración e investigación. ♦

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