El paradisíaco Mixquic en la película «Yanco»

Yanco, película dirigida por Servando González, fue filmada en Mixquic y alrededores, fue vista y aplaudida en muchos lugares del mundo y ganó en diversos festivales un total de 27 premios

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros Núm. 115 | Junio de 2008

Hace 48 años era el sexenio del presidente Adolfo López Mateos a quien, por cierto, le otorgó el salvoconducto al líder campesino Rubén Jaramillo, años después fue traicionado[1]. Precisamente por aquellos años es cuando aparece en San Andrés Mixquic, delegación Tláhuac, el director de cine Servando González, quien admirado por los paisajes naturales del pueblo queda atónito al ver en toda una extensa zona lacustre como se desplazaban en las profundidades de los canales y en los ojos de agua[2] con una variedad de peces de múltiples tamaños y colores.

Eran las fuentes naturales que alimentaban a los apacibles canales donde se deslizaban las flotas de acallis o canoas de madera de distinto tamaños repletas de verdura que se producía en esa misma zona: coles, romeritos, cilantro, lechuga, betabeles, nabos, rábanos, acelgas, espinacas, tomate, chile, maíz, haba, calabacitas, chilacayotes, chayotes, verdolafas y una variedad de flores de ornato, que a su vez casi todo se distribuía a los distintos mercados de la Ciudad de México. Además de pastura, comida para los animales de carga y de corral.

Esto fue el factor determinante que llevó Servando González a filmar entre canales y zona chinampera de Mixquic la película Yanco (1960), basada en el cuento El violín de Yanco, del escritor Henryk Sienkiewicz.

Recordar hace muchos años atrás a Mixquic es hacerlo con su naturaleza limpia y transparente, teniendo como fondo a los singulares volcanes. Todo era agua cristalina, tan limpia que se veía cómo en el fondo brotaban los ojos de agua de las entrañas de la tierra, veneros naturales que mantenían durante todo el año la humedad de la chinampería, originando que fuese la cuna natural de la flora y fauna característica de esa zona lacustre. Tierra fértil custodiada por una infinidad de hileras de ahuejotes, árboles largos y delgados que como centinelas, junto con las flores de alcatraz, le daban un toque especial a esta singular zona. Panorama que aparece en la película Yanco.

Ahora es tan sólo un pueblo de añoranza, ya que cuando se narra el Mixquic de antaño, por aquellos quienes lo vivieron y lo disfrutaron como los abuelos, viene el recuerdo de la comida tradicional como el «mixmole» (mole con pescado), platillo fuerte para las grandes comilonas de la familia, pues se preparaba con productos del mismo lugar: ancas de rana, peces, acelgas, tomate, chiles, ramitas de epazote, acompañada de una diluida bolita de masa[3].

Posiblemente para las actuales generaciones, ya sean niños o jóvenes les parecería como un cuento sacado de la imaginación lo que fue Mixquic, pero gracias a la tecnología del cine como es la cinta Yanco (ahora en disco versátil digital DVD) se disfruta y automáticamente nos retrocede a la época del Mixquic de los recuerdos, que bien lo podíamos comparar con un edén que nos brindó la madre naturaleza, pero como todos lo sabemos, el hombre mismo fue y sigue siendo el culpable de su devastación, dando lugar a un triste panorama desolador. Ahora es un páramos donde prevalece la tierra suelta en lugar de agua transparente, basura en lugar de flore4s, postes en lugar de ahuejotes y mucho ruido estridente que se desprende de los aparatos electrónicos en lugar de trinos que emitan las aves por toda la extensa zona.

El antaño panorama de ese poblado casi ha desaparecido, hoy contemplamos los caseríos por doquier de tabicón, concreto y láminas de cartón, calles asfaltadas, que de hecho han ganado espacio desplazando a los pastizales. Eso es el Mixquic de nuestro tiempo, pueblo que muchos tienen la creencia de que ahora sí se encuentra en la «modernidad» al contemplar en calles y avenidas gran número de automotores en lugar de canoas.

Al respecto, me llena de recuerdos cuando de niño, muy niño, mis padres me llevaban con sus compadres, don Bonifacio Pérez y su esposa Virginia, quienes vivían allá por el primer puente rumbo a Tetelco, donde se observaba muy cerca de su casa mucha planta acuática que se mecía en el agua de los canales. Se escuchaba entre sus entrañas el estridúlenlo de los grillos, el zumbido de las abejas, el zurear de las tórtolas, el croar de las ranas, el gorjear de los pájaros, el graznido de los gansos y el parpadeo de los patos. Hoy, gracias a Servando González con su premiada película Yanco, las actuales y futuras generaciones tienden a valorar lo poco que aún queda de la chinampería, y en menor porción las que quedan de San Nicolás Tetelco.

Recordar a Yanco es traer a la memoria otras películas donde el indígena en muchos casos fue tristemente tratado como un sujeto folclórico, hierático y pintoresco, por lo que no tendría caso mencionarlas, pues da coraje cómo presentaban a nuestros nativos, como si éstos estuvieran ajenos al verdadero drama de su entorno social y natural, cosa que en esta película de Servando González es todo lo contrario.

Por fortuna nuestra es en Yanco, con las actuaciones de María Bustamante, Jesús Medina y el mismo Ricardo Ancona, quienes nos muestran un indígena que fue incomprensible, enamorado de la música de violín y conocedor de su entorno social y natural, así como de sus tradiciones, lugar donde la realidad se diluye con el mito y el tabú de sus moradores.

Vienen a la memoria otras escenas de chinampas como las de Xochimilco con la película María Candelaria (1943), con la personalidad de una pareja campesina enamorada, donde las escenas nos dan para disfrutar de aquellos encantos de la «Venecia mexicana».

En otro aspecto del cine, cuando nos da otra faceta en lo histórico, pues «con el advenimiento del cine en México, gracias a la prometeica vocación de Salvador Toscano, toca el tema revolucionario y enciende el pabilo patriótico. La idea, entonces, sobre el indígena –entre los pioneros mexicanos del séptimo arte– era destacar las culturas prehispánicas o mostrar la avanzada conquistadora, bajo cuya bota fue arrasado el indio. Filmes como Tiempos mayas (1912) y La voz de la raza (1912), se abocan al mundo precolombino rindiéndole culto. Tabaré (1918), de Luis Lezama; Cuauhtémoc (1919), de Manuel de la Bandera, crean un marco poético dentro del cual los indios sufren las primeras arremetidas de los conquistadores. La noche de los mayas (1939) y El signo de la muerte (1939), cintas de acusado folclorismo dirigidas por Chano Ureta, fueron intentos de aproximarse al pasado histórico»[4].

Existen muchas películas que van al fondo de nuestra identidad social, basta recordar a Tizoc (1956), de Ismael Rodríguez; Macario (1960), de Roberto Gavaldón; Chilam Balam (1955), dirigida por Íñigo de Martino, la cual sitúa al indígena antes de la conquista.

Bajo esta cronología llegamos a Yanco, donde el melodrama consiste en la historia de un niño indígena que se desenvuelve en un ambiente paradisíaco. El director complementa la película con algunas cortas tomas de lugares aledaños a Mixquic como San Antonio Tecómitl, Milpa Alta, en dos de sus polvorientas calles de aquellos años que se localizaban a la orilla del poblado (las prolongaciones de Cuauhtémoc y la Juárez, ésta última donde se ve cómo se desplaza una estridente carreta[5]). Se observa además al inicio de la cinta la fachada del campanario de la iglesia del pueblo, donde aparecen las campanas en pleno repique y al pie de la toerre vemos cómo surge entre el agua de un pequeño lago artificial realizado para el filme el nombre de Yanco.

También aparece el antiguo tianguis de los viernes en Chalco, estado de México, entre otros lugares del sureste del Valle de México. Y a todo esto nos da gusto saber que Yanco fue vista y aplaudida en muchos lugares del mundo acumulando un total de 27 premios a nivel internacional.

Servando González estuvo trabajando en esta película al lado del talentoso Alex Phillips en la fotografía; la música fue de Gustavo César Carrión y el guión se basa en el cuento de quien fue Premio Nobel de Literatura en 1905. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Texto leído el 4 de mayo en el templo de San Pedro Apóstol, Mixquic, donde se recordó a Servando González a iniciativa del cronista del pueblo, Ricardo Flores Cuevas.

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Bibliografía:

INI, 30 años después. Revisión crítica. México, 1978.

Historia documental del cine mexicano. México, 1985.

Portada de la edición clásica de la película Yanco. RTC.


[1] Época convulsiva que vivió el país donde Rubén Jaramillo formó el Partido Agrario Obrero Morelense (PAOM), en 1962 fue acribillado con su familia entera, hallados en las orillas de Xochicalco.

[2] Los ojos de agua eran grandes y profundos círculos llenos de agua, en cuyo centro brotaba a borbotones el líquido proveniente del subsuelo. Estos ojos de agua fueron los que mantenían a los canales. Por los años de los 70 la sobre explotación de agua mediante la perforación de pozos para mandarla a la ciudad los ojos de agua fueron secándose poco a poco. Ahora el agua que corre por los canales es agua tratada.

[3] Receta proporcionada por la señora Yolanda de la Cruz que vive en Mixquic.

[4] México indígena (INI), 1978, p. 320.

[5] La carreta que aparece al iniciar la película fue conducida por eol señor Juan Ramos, oriundo de Tecómitl, conocido entre sus paisanos como don Cajetes.

2 Comentarios en El paradisíaco Mixquic en la película «Yanco»

  1. Raul Sanchez Aceves // 8 junio, 2022 en 5:04 pm // Responder

    Efectivamente Ricardo Ancona fue el actor infantil que interpreto a Yanco, el es mi amigo, vivió toda su infancia colonia Narvarte y desde chico estudio música en el conservatorio, es Contador Publico de profesión y ha ocupado puestos importantes en el IMEF yo aun conservo un poster del lobby de esa película

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  2. Raul Sanchez Aceves // 8 junio, 2022 en 5:08 pm // Responder

    Ha y yo fui alumno de la cuarta generación de la Secundaria 47, tenia otro escudo y estaba el plantel en la Colonia Santa Cecilia, trabaje muchos años en Banamex y logre el permiso de las autoridades para la apertura una Suc. de Banamex en la ex Av, Tulyehualco a unos metros del jardín y a espaldas del frontón.

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