Tepenahuac, donde los coyotes controlan la natalidad

Se encuentra al oriente de Milpa Alta

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 83 | Agosto de 2005

Hasta hace pocos años el 24 de junio Día de San Juan (nombre dado en honor a Juan el Bautista) se caracterizaba entre los capitalinos por los inconscientes baños a cubetazo limpio. El origen de tal actitud la encontramos en los poblados situados a las riveras de la zona lacustre, quienes se identificaban con la naturaleza, con el agua de la zona chinampera, a la que rendían tributo a través de la fe religiosa con el paseo en canoas enfloradas y venerando a San Juan Bautista, acompañado con una rica variedad de productos de la reciente cosecha.

La tradición, que aún es de añoranza, se efectuaba hasta hace poco más de tres décadas entre los campesinos de San Juan Tezompa con los habitantes de San Andrés Mixquic reunidos en trajineras. Mientras tanto en el paraje de Acuexcomac (entre Tulyehualco y San Luis Tlaxialtemalco), ese día docenas de jovencitas se bañaban a temprana hora a las orillas de un enorme ojo de agua donde brotaba el líquido cristalino a borbotones, todas acompañadas de un ejército de mujeres de edad avanzada quienes las esperaban con las canastas de mimbre repletas de suculento almuerzo.

En los poblados de origen campesino situados en las partes altas del sureste del Valle de México la tradición no ha cambiado mucho desde los años mozos de los abuelos a la fecha.

Tal es el caso de San Juan Tepenahuac, en la delegación Milpa Alta, donde cada año cobra vida la celebración, manteniendo la práctica ancestral con abundantes flores ofrecidas al santo patrono San Juan, estruendosos cohetones y la comida campirana por doquier, entre otros aspectos comunes de la zona. Ese día se denota a leguas la alegría y la calidez de sus moradores, es el sello de la amabilidad que caracteriza al poblado.

San Juan Tepenahuac se encuentra enclavado al oriente de la cabecera delegacional, su nombre prehispánico significa: «cerca del cerro», de c (an), can, en; nahuac, cerca o junto, y de tepetl, cerro. Topónimo dado por su ubicación geográfica, pues a pesar que éste se encuentra sobre suelo accidentado, el poblado se localiza muy cerca de una enorme loma, por lo que le da a Tepenahuac un panorama singular respecto a las demás poblaciones de la demarcación con una población reducida de poco más de dos mil habitantes.

Es un poblado pequeño, posiblemente el menor en todo el Distrito Federal. ¿Acaso porque, según narra la leyenda del lugar, se encuentran enterrados dos o cuatro coyotes muy cerca del altar de la iglesia, los cuales tienen el poder de controlar la explosión demográfica? Cierto o no, pero el caso es que Tepenahuac crece muy lentamente con respecto a otros lugares, lo que permite que tanto las tradiciones y las costumbres se mantengan como en tiempos ancestrales.

Tanto la leyenda como la historia van de la mano en Tepenahuac, dando lugar a poder entender y comprender la esencia de su origen e identidad, como la leyenda, comentada entre los vecinos y confirmada por el señor José Elizalde, de casi 80 años de edad, nieto de don Vicente Elizalde, quien fuera el dueño de la imagen de la Purísima Concepción de María que se encuentra en la iglesia.

Al respecto, el señor Protasio Robles Martínez, ex comisariado ejidal (1998-2002), nos relata la interesante leyenda de la Virgen de la Purísima Concepción de María –La Conchita–, pues ésta se remonta a los años de 1915 y 1918.

Resulta que los habitantes del lugar recibieron en donación a esta hermosa virgen por parte del señor Vicente Elizalde y su esposa la señora Pilar Torres, quienes la adquirieron para ser donada a la iglesia de su barrio, negándose los vecinos de tal propósito argumentando que el rostro de la virgen era muy parecido a una de las hijas que ya había muerto.

Fue preocupante tal situación, al grado que el señor Vicente Elizalde llegó a soñar que la imagen le indicaba que fuera llevada a Juan, «el de abajo del cerro», comprendiendo que el mensaje se refería al pueblo de San Juan Tepenahuac. El sueño se hizo realidad donándola al citado lugar.

Al paso de los años, don Vicente y su familia intentaron recuperarla y, justo al momento cuando pretendían llevársela, sucedieron casos sobrenaturales a inexplicables, como el surgimiento de enormes remolinos en todo el poblado que, al calmarse los ventarrones, estos dejaron las calles (de tierra) libres de basura, como si con ese propósito las hubiesen limpiado. De inmediato e inesperadamente comenzó a llover copiosamente y al mismo tiempo se escuchó el repique de las campanas del templo. Se afirma que estas sonaban solas.

Dicen los feligreses que todo eso fue un hecho divino, lo interpretaron como las señales de la virgen de que ya no se quería ir de Tepenahuac, de tal suerte que en la actualidad la podemos admirar en el altar de la iglesia.

Los habitantes del poblado jamás han dejado de trabajar la tierra, siembran hortalizas, haba, maíz, frijol, nopal, verdura y forrajes, lo que forma un paisaje natural con abundantes encinales, madroños, ocotes y, en menor medida, magueyes. Esa actividad ancestral los ha llevado a la defensa de la tierra de cultivo, es por esto que recuerdan cuando fue recuperado una parte del monte ubicado entre las mojoneras de Coyotlapan, Tlamimilolpan, Texcalpanahuatl, Cuachimco y Nochnamcoyan, de este punto al poniente atravesando el Axayote, hasta el pie de la cordillera que va hacia el norte, hasta encontrar la línea divisoria de las propiedades de Milpa Alta y Tecómitl delante de Nochcalco, y de aquí a Coyotlapan, punto de partida.

El nombre de los ejidos en náhuatl necesariamente nos remonta a sus orígenes: Xaltenco, «en la orilla del arenal»; Tlaquiztalco, «en la salida donde hubo tules»; Tlaximulco, «lugar de retoños»; Zoquiatenco, «lugar de pequeños charcos»; Ocotepec, «cerro de árboles de ocote»; Tezquitlalhitzintla, «debajo del arenal»; Cozcacuahco, «lugar de águilas reales», y Ahcopechco, «lugar como estrado en alto»; entre otros más, los cuales suman 27,49.99 hectáreas con un enorme significado histórico, pues estos datan de 1925. Es por esto que dentro de la historia ejidal quieren dejar atrás el enfrentamiento suscitado el cinco de septiembre de 1937, teniendo como testigo mudo el paraje de Coscacuahco, cuando se suscitó un zafarrancho por la tierra.

Comentan los vecinos que este caso, por demás molesto, jamás se volverá a repetir, porque San Juan Tepenahuac ha demostrado que es un pueblo donde prevalece la plena armonía, el trabajo colectivo y la honradez, mientras que los niños y jóvenes se dedican al estudio y al deporte, todo aunado por el bien de la comunidad. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica

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