Negocio redondo es la basura

En 2007 el jefe de gobierno Marcelo Ebrard tuvo la intención de convertir a Tláhuac en el tiradero de basura de la Ciudad de México. La revista Nosotros formó parte de la resistencia ciudadana

Por Sergio Rojas | Nosotros, Núm. 108 | Noviembre de 2007

La basura es, sin discusión, un negocio redondo. Sobre todo en la Ciudad de México y su zona metropolitana, donde viven alrededor de 20 millones de personas y cada día se genera un promedio de 1.2 kilogramos de basura sólida por habitante, lo curioso es que estos beneficios económicos son ocultados incluso por el gobierno capitalino, por lo que es difícil seguir la pista al circuito del dinero que da inicio, justamente, a la puerta de nuestros hogares o negocios.

Para la población en general la basura no pasa de ser eso, desechos sin ningún valor; sin embargo, estos adquieren un valor al momento en que entran al proceso de separación. Posteriormente, luego del reciclaje, la basura es modificada y regresa a manos del consumidor, lo que produce extraordinarios ingresos a las empresas y a los líderes de pepenadores[1].

Cosa de poner atención en el camión recolector de basura que periódicamente pasa por nuestra calle para recoger los desperdicios. A pesar de que el aspecto de la unidad es sucio, el operador de la unidad tuvo que pagar unos 80 mil pesos a los dirigentes de su sindicato para que el vehículo le fuese asignado. Cual pago de franquicia, pues. Él a su vez acepta que del sindicato le sitúen un par de trabajadores de base en «su» camión y hasta puede contratar dos más para que todos se encarguen de recibir las bolsas de basura de los vecinos y separen la basura de acuerdo a sus características: el material de aluminio es el más preciado, pero además se encuentran compartimientos para papel, cartón, madera y desecho orgánico.

La mayor parte de esa basura es vendida por el propietario del camión recolector de basura, sus ayudantes en cambio deben conformarse con las propinas que reciben de la gente, la cual todavía les debe pagar porque le hagan favor de llevarse sus residuos sólidos. El mantenimiento de los mil 700 camiones recolectores de basura de los dos mil que consta la flotilla, corre por cuenta del Gobierno del Distrito Federal, pero las ganancias obtenidas por la venta de subproductos son para líderes y trabajadores del sindicato.

Ni qué decir de los barrenderos de carrito, muchos de los cuales ni están sindicalizados, pero se les permite que paguen una cuota para que puedan trabajar determinada ruta, al final de cuentas van a recuperar lo que invirtieron porque, como se sabe, ellos no recogen bolsas de basura si previamente el propietario de los desechos no pagó una cuota voluntaria por el servicio, monto fijado de cinco pesos en adelante, y eso dependiendo del número de bolsas de basura que se deban recoger.

Aquí comienza el circuito del dinero del que escribíamos al principio.

De acuerdo con Héctor Castillo Berthier, académico de la UNAM, «para 2010 en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) se producirán 25 mil toneladas de basura al día, de las cuales 48 por ciento corresponderán al Distrito federal y 52 por ciento a los municipios conurbados»[2]. Lo que significa que si el tiradero de basura que el Gobierno del DF pretende habilitar en la zona de conservación ecológica de la Sierra de Santa Catarina, en San Francisco Tlaltenco, recibirá a partir del mes de enero del próximo año 12 mil toneladas diarias de basura, en dos años esa cantidad se habrá duplicado, para beneficio de las empresas procesadoras de los residuos sólidos que van a ser instaladas en un segmento del corredor industrial cuya construcción está proyectada en forma paralela al estercolero y, por supuesto, para beneplácito de los líderes de pepenadores.

En opinión del especialista, las ganancias que obtienen los líderes de los trabajadores de limpia por la venta de subproductos ascienden a «alrededor de 65.5 millones de pesos anuales».

Castillo Berthier detalla que «cada vivienda en el DF gasta por concepto de propinas un promedio anual de 500 pesos, dinero que reciben adicionalmente los empleados de limpieza, cuyo salario mensual oscila entre 10 mil pesos para los choferes y 6 mil pesos a los ayudantes». Los mil 700 camiones recolectores de basura están asignados a igual número de choferes y aproximadamente tres mil 400 ayudantes y cuatro mil voluntarios, además de ocho mil barrenderos, por lo que esta actividad «mantiene directamente a 17 mil 100 individuos» y beneficia «en conjunto un promedio de 83 mil 500 personas que dependen económicamente del servicio de recolección de basura, únicamente en el DF», precisó el investigador.

Por otra parte, Iván Restrepo estima[3] entre 10 mil y 25 mil familias de pepenadores, los cuales «no tienen calidad de vida (pero) no se les envidia».

Lo cierto es que de acuerdo con un analista que pidió el anonimato, «a diario se genera infinidad de dinero». Según cálculos de esta persona, «deben estarse obteniendo en toda el área metropolitana ganancias de alrededor de tres millones de pesos por las más de 230 mil toneladas que se generan de basura cada día, pero la repartición entre líderes y pepenadores es muy injusta, los primeros siempre se llevan la mayor tajada»[4].

Y es que los líderes se quedan con las ganancias que generan la recuperación y venta de subproductos, que a decir de Castillo Berthier las utilizan para el pago a destajo por el trabajo de sus agremiados. «Ellos no reportan sus ingresos por ventas, pero se estima que ingresan alrededor de 65.5 millones de pesos anuales por este concepto», apunta.

En 40 años creció nueve meses la producción de basura en México

Por primera vez y debido, quizá, a las contundentes ganancias que genera la basura, es que ahora se habla de políticas integrales y de largo plazo para procesar o reciclar los desechos. A decir de Ricardo Blanco Velázquez, en poco menos de 40 años la generación de desechos sólidos por persona en México se multiplicó nueve veces. «Cambió el tipo de desperdicio de materiales orgánicos, fácilmente integrable a los ciclos de la naturaleza, a inorgánicos, como los envases plásticos, cuya descomposición es lenta y requiere procesos complementarios para efectuarse»[5].

De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) la generación nacional de basura alcanza 84 mil 200 toneladas diarias. Pero de ese volumen apenas 83 por ciento es recolectado, esto es, 69 mil 886 toneladas. El resto queda disperso. Del total generado, sólo 49 por ciento, es decir, 41 mil 258 toneladas son depositadas en sitios controlados y el resto se dispone a cielo abierto[6].

Por todo lo anterior, ya también en el Gobierno del DF se percataron de que además de la necesidad ambiental el reciclamiento de los desechos sólidos es un gran negocio. El tema de la basura, según fuentes de la Confederación Patronal de la República Mexicana, fue ignorado por las autoridades durante muchos años. Pero esto no se debió a la falta de visión de empresarios, sino a los intereses que se mueven en torno a la recolección y reciclaje de desechos, lo cual, según anota Blanco Velázquez, resultaba impenetrable para otros empresarios de la industria nacional. Incluso «hasta para las autoridades federales, estatales y municipales»[7].

Sin embargo, con la imposición del tiradero de basura a cielo abierto en lo que todavía es zona de reserva ecológica de la Sierra de Santa Catarina, las reglas del juego para quienes van a estar involucrados en el negocio van a ser diferentes. El estercolero vendrá acompañado de un segmento que estará ubicado al fondo del megabasural donde será instalada la industria del reciclaje…

En La Piedad, Michoacán, fue presentado en 2005 un novedoso sistema para reciclar plásticos, objetos que con ese material representaban ese año el 60 por ciento de los desechos del basurero municipal. Al respecto, Enrique Chao refirió lo siguiente:

«Eduardo Calderón Huerta adquirió en Monterrey, por 200 mil pesos, la máquina que llevará a cabo el reciclaje, la cual pesa alrededor de 10 toneladas. Destacó que el proceso es sencillo: ‘se coloca en la máquina una gran cantidad de plásticos, y ésta los compacta en bloques de 200 y 300 kilos, y ya una vez reunidos los bloques necesarios, se llevan a la ciudad de Monterrey donde se les dará el uso necesario, ya sea en la elaboración de materias primas u otros materiales útiles para el hombre’»[8].

Son pocas las ciudades en México que cuentan con ese tipo de maquinaria para el reciclaje; sin embargo, el negocio florece y en San Francisco Tlaltenco muchos van a engrosar sus cuentas bancarias, además de que van a surgir nuevos millonarios. Según Calderón Huerta en declaraciones al diario Cambio de Michoacán[9], «cualquier persona que desee trabajar puede hacerlo ya que (él) pagará a un peso el kilogramo de hule y plástico».

Sólo para imaginar las ganancias que van a obtener los afortunados que van a estar insertos en el negocio del estercolero en Tlaltenco, anotamos los siguientes datos.

«Según cifras oficiales, cada año se producen en el país 9 mil millones de botellas de plástico pet (polietileno tereftalato). La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) calcula que unas 900 millones contaminan los bosques y ríos al ser tiradas por quienes van de día de campo»[10].

El basurero de Tlaltenco producirá también nuevos ricos

Paulatinamente nuevos emprendedores se han ido incorporando al negocio de la basura, con la consecuente merma en las ganancias de los líderes sindicales que acaparan el servicio de recolección de desechos sólidos. Fueron tan displicentes los trabajadores de limpia al momento de fijar altas cuotas a empresarios por «brindarles» el servicio a la puerta de sus negocios con los camiones del Gobierno del Distrito Federal que, de un par de años a la fecha, han sido desplazados por empresas particulares que, con una plantilla de 15 personas cuando mucho, ofrecen el servicio en zonas residenciales y para compañías privadas el de limpieza industrial, mediante unidades especializadas y contenedores, pero con el sello de hacer bien su trabajo.

Al menos en España las cifras hablan por sí solas de los resultados. Los dueños de la compañía Basuras Vitoria «empezaron poniendo el hombro dos personas y actualmente movilizan a 15 en determinados servicios. En su primer mes de funcionamiento desembolsaron 300 mil pesetas y tres años después pueden facturar millón y medio mensualmente»[11].

Ante tal panorama es difícil creer que a los involucrados en el proyecto del estercolero que va a ser construido en Tlaltenco les importe en lo más mínimo la opinión de los ciudadanos, el sitio previsto es ideal por su ubicación y comunicación hacia diversos puntos de la zona metropolitana y desde el Gobierno del DF van a surgir los potenciales microempresarios que van a encargarse del negocio de la basura para la compra de ésta y el reciclaje de aluminio, vidrio, plástico, papel, ropa usada, productos electrónicos, papel, cartón, aceites, baterías de vehículos automotrices y materiales de construcción.

Las consecuencias serán graves para la salud de la población aledaña

Por mucho que el delegado de Tláhuac pinte a sus gobernados prácticamente un mundo feliz con el estercolero, el cual no se cansa de publicitar, las consecuencias serán de gran riesgo para la salud de los habitantes de esa demarcación y zonas aledañas. Resulta muy fácil practicar un periodismo cómplice al guardar silencio ya sea por los compromisos adquiridos con los gobernantes y, en acatamiento a la ley del embute que rige los destinos de muchas publicaciones, hasta decir que el delegado es víctima de un «complot» por parte de «fuerzas obscuras y retrógradas» que no desean el progreso de la comunidad, que publicar la realidad de los hechos.

La basura, que quede bien claro, es perjudicial cuando en el lugar existen grandes concentraciones de población, y en San Francisco Tlaltenco la hay, así como en la parte correspondiente a la delegación Iztapalapa. El megabasural va a contaminar el medio ambiente, por mucho que vayan a poner al lado las industrias que se van a encargar del reciclaje. La proliferación de moscas, cucarachas, ratas, gusanos y zancudos será de fatales consecuencias, sobre todo para la población infantil. Las diarreas van a ser muy comunes y agudas tanto como las afectaciones dermatológicas mediante la aparición de hongos y manchas en la piel.

En este asunto, como en todos los que conciernen al bienestar de una comunidad, van a haber ganadores y perdedores; los segundos seremos los más, pero los primeros, que bien pueden ser los dueños de las tierras que quizá ya vendieron al Gobierno del DF para el estercolero, van a padecer las mismas consecuencias que la gran mayoría: vivir en el infierno de la inmundicia que un delegado peregrino vino a imponer a Tláhuac con el pretexto de que buscaba el desarrollo de la zona. ♦


[1] «El negocio del desperdicio». Carmen Castellanos Gaytán en La Jornada, 2 de agosto de 2004.

[2] Castillo Berthier, Héctor. Basura, un problema endémico. Instituto de Investigaciones Sociales. UNAM. México.

[3] Restrepo, Iván, y Phillips, David. La basura, consumo y desperdicio en el Distrito Federal. Centro de Ecodesarrollo. México, 1985.

[4] Ibid. «El negocio del desperdicio».

[5] «Un negocio perdido en el suelo». Ricardo Blanco Velázquez.

[6] Ibid. «Un negocio perdido en el suelo».

[7] Ibid.

[8] «La basura como negocio». Enrique Chao.

[9] Ibid

[10] Ibid. «Un negocio perdido en el suelo».

[11] «El negocio de la basura». Castor Bóveda, en Su dinero, número 139, domingo 27 de septiembre de 1998. España.

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