A propósito del aniversario de Sor Juana Inés de la Cruz

El camino lo inicia a pie de la hacienda de Panoaya a Tlalmanalco, de ahí a Chalco, luego al embarcadero de Santa Catarina Ayotzingo

Por Manuel Garcés Jiménez*

Con afecto y respeto al sacerdote sorjuanista Loreto Ramos Roldán[1].

Una de las grandes personalidades del mundo de la literatura hispana es sin duda Juana de Asbaje[2] y Ramírez de Santillana, o Sor Juana Inés de la Cruz Asbaje Ramírez, de quienes sus obras circularon en muchas ediciones en el mundo de la lengua española a fines del siglo XVII y principios del XVIII con interesantes composiciones como: el teatro, la poesía, el ejercicio epistolar, el rescate de mitologías, leyendas, entremeses, lo cual es considerada la Décima Musa por sus extraordinarias reflexiones filosóficas como la siguiente redondilla en defensa de la mujer que aparece inmortalizada en el actual billete de 200 pesos:

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin saber que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis…

Mujer intelectual que vivió durante la segunda centuria de la colonia española quien vio la luz el 12 de noviembre de 1648 (hace 373 años)[3], en la hacienda de San Miguel Nepantla en «La Alquería», actualmente convertido en lugar de esparcimiento y cultura. En esa fecha y desde el año de 1979 se celebra en México el Día Nacional del Libro, precisamente para conmemorar el natalicio de la Décima Musa.

Al respecto, los sorjuanistas Manuel Toussaint, Xavier Villaurrutia, Ermilo Abreu Gómez y Carlos de la Vega, entre otros, nos han legado interesantes datos bibliográficos y peripecias conventuales de Sor Juana, o Sor Filotea de la Cruz.

Nos comentan sus biógrafos que a la edad de cinco años decide vivir con su abuelo materno, el señor Pedro Ramírez de Santillana dueño de la hacienda de Panoaya[4], donde tenía una modesta biblioteca con temas religiosos y vida de santos de la iglesia católica, textos con temas de la época que se caracterizaban por ser de grandes dimensiones y pesados donde el abuelo le leía pacientemente a la perspicaz niña Juanita, desarrollando en ella su mentalidad al amor y el cariño a la lectura, ampliando su mente y el poder  de crear sus propias fantasías. Su abuelo fue su primer maestro.

Comentan sus biógrafos que de niña se abstenía de comer queso porque oía decir de los adultos que a los niños que lo comían los hacía tontos. Cuando empezaba aprender gramática y no lograba entenderla como ella creía de castigo se cortaba el cabello: «… yo me cortaba el cabello de cuatro a seis dedos, midiendo hasta donde llegaba antes, he imponiéndome ley de que, si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o cual cosa, que me había propuesto de aprender en tanto que crecía, me lo había de volver a cortar, en pena de la rudeza (distracciones), sucedía así, que él crecía y no sabía lo propuesto, porque el pelo crecía a prisa estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias que era el más apreciable adorno».

A los siete años de edad muere su abuelo don Pedro Ramírez, dejando un dolor enorme al perder la figura paterna a la que le inculcó el hábito de la lectura. Al año siguiente, a los ocho años la llevan al poblado de Amecameca donde recibe la Primera Comunión a cargo del párroco Francisco Muñoz, oriundo de las islas Canarias quién invita a los niños a escribir una loa al Santísimo Sacramento, prometiendo de regalo un libro, siendo la niña Juanita quien lo logra obteniendo un verdadero tesoro para continuar leyendo y aprendiendo por propia cuenta siempre sola, solitaria lo que la hizo ser más pensante y reflexiva.

De acuerdo a la época de la colonia Juanita asistía a las representaciones teatrales de los Nacimientos del Niño Jesús, La Pasión de Cristo, las festividades de Todos los Santos, entre otras manifestaciones que se realizaban en el claustro de la parroquia de Amecameca donde participaba en estas obras encontrando su vocación para  escribir temas teatrales.

Pudo sobrevivir en una ambiente de ignorancia y discriminación femenina sin frustrarse, con ello le sirvió para prepararse en su vida y poder superarse todos los días, así nos lo demuestra en sus obras que no se acomplejó y pudo luchar en su tiempo contra toda la incomprensión que sufrió. Le ayudó mucho su fe, pues era creyente, y así pudo convivir con todo tipo de personas del mundo del intelecto, sobre todo con los que le entendieron logrando encontrar en vivir su verdadera vocación literaria que a la fecha sigue asombrando al mundo de la lengua de Cervantes.

En año de 1658 contaba con 10 años cuando le pide a su madre, la señora Isabel Ramírez de Rendón que le permita trasladarse a la ciudad de la Nueva España para ingresar a la universidad a quién se le da por enterada que por el simple hecho de ser mujer no se le permitiría estudiar, lo cual, ella misma le daba solución en cortarse el pelo y vestirse como hombre para poder asistir, lo cual no logra tal propósito.

A tanta insistencia y con el apoyo de un párroco de Amecameca, en 1659 se traslada a la ciudad. Es de suponerse que el camino para llegar a su destino lo inicia a pie de la hacienda de Panoaya a Tlalmanalco, de ahí a Chalco hasta llegar al embarcadero de Santa Catarina Ayotzingo donde se embarca en canoa atravesando los lagos de Chalco, Xico, posiblemente llegando a Iztapalapa, de ahí al embarcadero de San Lázaro donde su tía María Ramírez Rendón la estaban esperando.

En aquel tiempo el virrey Don Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar le presentan una terna de sacerdotes para que él escogiera su confesor, siendo el padre Antonio Núñez de Miranda quien tiempo después conoce a la señorita Juana de 16 años quedando admirado por su talento y aceptando ser su confesor, confidente quién le ayuda en sus proyectos literarios pagándole a un maestro para que le enseñe el latín en veinte lecciones.

Por su capacidad intelectual es admitida en la corte a invitación de la virreina donde logra ampliar su conocimiento de lectura al conocer la biblioteca del palacio virreinal. Al año siguiente ante la muerte del Rey Felipe IV durante las solemnes honras fúnebres participa escribiendo un soneto. Precisamente durante ese año la ciudad se estremece cuando un terremoto asoló la ciudad que duró más de tres credos (oraciones).

En el año de 1666, su primer biógrafo, el padre Diego Calleja nos relata que el virrey Mancera le comentaron de la inteligencia de la jovencita Juana lo cual convoca a 40 sabios para que le realizaran un examen en el salón principal del palacio donde demostró su talento y conocimiento en varias materias que asombró a todos los presentes saliendo triunfante y tranquila.

Al ver sus cualidades e inquietudes intrínsecas su confesor le confiesa que debería desechar el matrimonio para que siga estudiando y escribiendo poesía y teatro, lo cual un domingo 14 de agosto de 1667 a sus 19 años toma el hábito de las Carmelitas descalzas en el convento de Santa Teresa la antigua donde es apadrinada por los señores virreyes marqueses de Mancera. En el convento conoce al padre José Lombeida capellán de este lugar con quién entabla una sincera amistad. A los tres meses se enferma por lo que tiene que abandonar el convento.

El 22 de diciembre de ese mismo año acompaña a los virreyes Marqueses de Mancera a la Consagración de la catedral metropolitana lo cual escribe un soneto llamado «Suspende, cantor cisne, el dulce acento».

El ocho de febrero del año de 1668 ingresa en el noviciado del convento de San Jerónimo donde le agrega a su nombre: «Inés de la Cruz». El 12 de marzo del año de 1671 la iglesia católica realiza una magna fiesta por la beatificación de Santa Rosa de Lima, primera Santa de América, lo cual, en 1676 Sor Juana Inés de la Cruz escribió una loa a la Virgen un bello tocotín en lengua náhuatl.

Dos años después, en 1680 el cabildo de la catedral de la metrópoli le pide a Sor Juana un poema para ser colocado en el arco de la entrada de la catedral para recibir a los virreyes, Sor Juana le pone el nombre del «Neptuno alegórico», tiempo después los virreyes piden conocerla y agradecerle el poema descrito surgiendo una amistad con los virreyes y sobre todo con la virreina logrando ser su gran amiga María Luisa Condesa de Paredes conocida en sus poemas como «Lisy».

Durante el año de 1689, la condesa manda editar la primera edición de su libro de la obra de Sor Juana llamado «Inundación Castalida». Al año siguiente Sor Juana ya conocida en el mundo intelectual siendo visitada en el locutorio de San Jerónimo donde fue común que le preguntaran sobre el Sermón del Mandato del célebre sacerdote portugués Don Antonio de Vieyra jesuita muy afamado por sus sermones que se editaban en los lugares que visitaba.

Algo interesante sucedió cuando Don Antonio de Vieyra en un sermón se lo dedica al señor obispo de México sobre las finezas de Cristo donde lo compara con los tres grandes doctores de la iglesia; San Agustín, San Juan Crisóstomo y Santo Tomás de Aquino. Al respecto, Sor Juana Inés de la Cruz difiere de su opinión demostrando que una mujer como ella pudo rebatir la opinión de un jesuita.

Llegamos al año de 1690 cuando Sor Juana a sus 42 años publica su auto sacramental «El Divino Narciso y la Segunda Celestina», comedia que dejó inconclusa don Agustín de Salazar y Castro. En 1690 El arzobispo de Puebla imprime y publica la carta que la titula «Athenagórica».     

Sobre la opinión de Sor Juana Inés de la Cruz sobre el sermón del mandato del sacerdote jesuita portugués don Antonio de Vieyra le contesta a Sor Juana donde la invita a escribir obras religiosas y profanas. Le remite una carta a la religiosa firmando como Sor Filotea de la Cruz. Ese mismo año escribe unos interesantes villancicos para la catedral.

Al año siguiente sor Juana Inés de la Cruz queda sorprendida de la Athenagórica que se dio a conocer a la opinión pública sin su consentimiento lo cual tarda tres meses para escribirla en la que da sus razones al obispo de Puebla donde se confiesa mostrando sus inquietudes y de su vida. Nos da a conocer su biografía donde se nota la humildad, sencilla y algunas veces humilde y obediente, así lo describe en la respuesta a Sor Filotea.      

Durante este año la Nueva España es asolada por una sequía que afecta severamente a la población en la producción de alimentos por lo que llega la hambruna donde la gente pobre reclama sin ser atendida oportunamente, lo cual origina que sea atacado al virrey quemando el palacio virreinal por lo que don Gaspar de la Cerda Sandoval logra salir ocultándose en el convento de San Francisco, mientras que don Carlos de Sigüenza y Góngora entra al incendio del inmueble logrando salvar parte de su archivo.

Ante esta situación, Sor Juana Inés de la Cruz le pide a don José de Lombeida que le venda sus libros tan queridos y sus instrumentos musicales para poder ayudar a tanta gente necesitada por la hambruna que padecen recordando que un evangelio dice: «Si quieres ser más perfecto vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y después ven y sígueme». Se cree que éste evangelio le llego a lo más profundo de su ser, y por eso hizo lo que le dictó su corazón lo que vino a provocar un cambio en su vida dedicándose más a la vida religiosa sin abandonar su creatividad de escribir, pero en forma y tiempo diferente lo que originó que muchos estudiosos de su vida dan distintas versiones de su vida  como que la jerarquía de la iglesia le decomisó su biblioteca y la callaron para que no pueda escribir más, lo cual se desmiente con los últimos estudios que se han realizado.

Durante el año de 1692 se publican en España el segundo volumen de sus obras en Sevilla, así como es editada la comedia «Amor es más laberinto». Al año siguiente «Los enigmas para las monjas portuguesas de la casa del placer». Por cierto, fue un día viernes 14 de agosto cuando se estrenó en la catedral de la Nueva España el órgano que llegó de España.

Fue un fatídico 17 de abril de 1695 cuando fallece en el convento de San Gerónimo a la edad de 46 años por contagio de epidemia que asolaba a la ciudad, enfermedad que contrajo por estar al cuidado de sus hermanas religiosas. Fue enterrada ahí mismo en la huerta del convento donde dio su vida por 26 años.

En el año de 1695 don Antonio de Robles nos describe sobre la muerte de Sor Juana Inés de la Cruz como una Insigne mujer en todas las facultades y admirable poeta. Mujer sabia, paciente que siempre esperó que llegaran tiempos mejores que le hizo aparecer siempre rodeada de amistades preferentemente religiosas, logrando escribir, pidiendo su derecho a la educación y la publicación de sus trabajos intelectuales, enseñando que tuvo la libertad de expresar su talento y sensibilidad. Como monja dio su capacidad de mujer inteligente y estudiosa en teología dramática escribir, montar y editar varias comedias.

Los eruditos en la gramática española reconocen la trascendencia literaria de Sor Juana Inés de la Cruz como la Décima Musa, pero, ¿Cuáles son las nueve musas? Son las hijas de Júpiter y Mnemosine quienes presidian las ciencias y las artes liberales, cada una iluminaba la fuente del conocimiento y de la sabiduría:

Clío de la historia, Euterpe de la música, Caliope de la poesía heroica, Melponeme de la tragedia, Terpsicore de la danza, Poliminia del canto, Talia de la comedia, Erato de la poesía amorosa y Urania de la astronomía.

Entre los temas de la Décima Musa recordamos solo algunas:

La obra lírica: Poesía, Sonetos, Redondilla, Romances, Liras, Glosas, Décimas, Históricos y Villancicos.

Obras de teatro: Los empeños de una casa, Amor es más laberinto, La segunda Celestina.

La obra prosa: Respuesta a Sor Filotea y la Crisis de un Sermón.

Autos sacramentales: El Divino Narciso, El mártir del sacramento y el Cetro de José.

Temas: El amor humano, El amor divino.

Endechas: Bíblicos y Sagrados, La belleza, Concepción científica del mundo y de la vida, La teoría de la música, La filosofía moral y la Valoración de la mujer de sí misma. ♦

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* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Secretario de la Asociación de Cabildos de la Ciudad de México.

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Bibliografía:

De la Vega, Carlos. Cronología de la vida de Sor Juana Inés de la Cruz. (Trabajo sin publicarse). Obras escogidas. Sor Juana Inés de la Cruz. Colección Austral, N° 12, 10ª edición. México, 1959.


[1] Oriundo de Tecómitl quién tiene a su cargo el ex convento de San Antonio de Padua.

[2] En el año de 1910 el diplomático y poeta Amado Nervo publica su libro sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz donde comete el error de cambiar la “U” por la “B”, es decir, debería ser Asuaje, y no Asbaje como comúnmente se le  conoce.

[3] Estamos tomando como referencia el año del 2021.

[4] Hacienda que se localiza cercana a Amecameca, estado de México.

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