Bastarán 50 años para la extinción de la región lacustre

Julio 20, 2021.- San Gregorio, San Luis, Tláhuac y Mixquic han sufrido los procesos de transformación más radicales en la historia

Por Jorge Legorreta* | Nosotros, Núm. 122 | Marzo de 2009

Xochimilco ha sido por sus lagos, chinampas y canales, una de las ventanas de la Ciudad de México ante el mundo; un referente obligado de su identidad urbana para todos los que aquí vivimos. Por Xochimilco y sus pueblos ubicados a la orilla del agua, como son Santa Cruz Acalpixca, San Gregorio Atlapulco y San Luis Tlaxialtemalco, además de Tláhuac y Mixquic, se han dado cita innumerables acontecimientos y personajes, testigos todos de su riqueza lacustre que sigue asombrando aún, al paso de los siglos.

Por aquí pasaron las canoas reales de los más famosos emperadores mexicas rumbo a Xico, en ese entonces, una isla en medio del Lago de Chalco. Por aquí pasaron los primeros días de noviembre de 1519, las tropas de Cortés, cuyas cartas al Rey Carlos V, relatando los esplendorosos lagos, entusiasmaron las visitas de casi todos los virreyes de la Nueva España. Por aquí anduvieron, carpeta en mano, los más famosos viajeros europeos del siglo XIX, Alexander Humboldt, la marquesa Calderón de la Barca, Francisco Carreri y Paula Kollonitz, entre otros.

Por aquí pasaron, 328 años después de Cortés, las tropas del ejército norteamericano al mando de Winfield Scott, rumbo a Tlalpan, para escenificar en la Hacienda de Padierna la primera batalla en la Ciudad de México. Por aquí anduvo Juárez paseando a sus hijas en trajinera; Comonfort, Maximiliano con Carlota y hasta Manuel Payno, quien relata en su novela Los bandidos de Río Frío, los viajes en canoa desde San Lázaro hasta Chalco pasando por Xochimilco. Aquí, en el pueblo de San Gregorio, según nos cuenta don Martín Luis Guzmán, se conocieron Villa y Zapata, un cuatro de diciembre de 1914, dos días antes de la entrada de sus ejércitos a la ciudad.

Por aquí estuvo Charles Lindbergh en noviembre de 1927, quien meses antes había volado sin escalas de Nueva York a París. Por aquí también han transitado Goytia con sus pinturas, el cine de María Candelaria y la arquitectura de Félix Candela. Por aquí también llegaron a fines del siglo veinte los urbanismos de la globalidad con sus planes de rescate y las democracias políticas que, bajo los amparos de la calificación internacional de la Unesco, han incursionado en Xochimilco con el propósito de preservar su patrimonio histórico.

Xochimilco y su región lacustre integrada, reitero, por los pueblos de chinampas y canales, como San Gregorio, San Luis, Tláhuac y Mixquic, han sufrido uno de los procesos de transformación más radicales en la historia de la urbanización mundial. Hasta hace menos de 500 años había aquí dos enormes lagos de 350 kilómetros cuadrados de chinampas y 750 kilómetros de canales y apantles; hoy sólo quedan 25 kilómetros cuadrados de chinampas y 170 kilómetros de canales, un patrimonio lacustre único en el mundo que atraviesa por una paulatina extinción.

En realidad, este radical proceso de transformación dio inicio cien años atrás, específicamente en 1906, con las obras de captación del agua de los manantiales de San Luis Tlaxialtemalco, San Gregorio Atlapulco, Nativitas y La Noria, para conducirlas por un acueducto a la Ciudad de México; esa injusta apropiación del agua que continúa hasta hoy, extinguió totalmente los grandes lagos de Chalco y Xochimilco, surgiendo así las primeras urbanizaciones durante toda la mitad del siglo veinte. Fue una decisión gubernamental centralista, orientada por una profunda incomprensión y desprecio hacia la cultura del agua.

Durante el resto del siglo veinte nuevas urbanizaciones arrasarían con todas las chinampas y canales existentes al lado del llamado Canal de la Viga, un extenso río que unía Xochimilco con la Ciudad de México; al utilizarse este último como drenaje, se urbanizaron pueblos enteros como Santa Anita, Ixtacalco, Mexicaltzingo y parte de Xochimilco.

Los intentos urbanizadores continuarían al final del siglo veinte. En 1989 dio inicio el ambicioso plan gubernamental de «Rescate Ecológico», el más importante por su impacto en toda la región. ¿Qué pretendía tal proyecto emanado de las modernas visiones de la globalidad? Substancialmente, edificar un gran lago artificial para fines turísticos y deportivos de 360 hectáreas, diez veces más la superficie del Lago de Chapultepec; y a su alrededor, recrear una zona de chinampas con clubes recreativos y deportivos y zonas culturales y comerciales concesionadas; y, en ambos lados del Periférico, edificar edificios elevados, similares a los existentes en los actuales tramos de San Jerónimo a Perisur.

Dicho plan de propósitos claramente rentables y urbanizadores fue, afortunada y radicalmente modificado debido a la sólida resistencia social existente aún, en estas comunidades agrícolas de la región. Años de lucha, pero al final, no hubo ni gran lago turístico de 360 hectáreas ni áreas privadas rentables, ni mucho menos grandes edificaciones al lado del Periférico; se impusieron, así, los pensamientos de una comunidad agrícola con memoria histórica y fuertes tradiciones por la defensa de la tierra; una resistencia social real contra la urbanización que impidió simplemente en ese entonces, generar procesos de urbanización de la zona chinampera y ejidal de Xochimilco y San Gregorio.

¿Qué no logró esta resistencia social? Canalizar recursos suficientes para resolver los problemas de fondo, pues los presupuestos públicos se canalizaron a edificar obras nuevas visibles, como un pequeño lago artificial con un parque ecológico, un mercado de plantas y una zona deportiva; es decir, que el plan de «Rescate Ecológico» desatendió los cinco problemas fundamentales existentes aún hoy, en toda la región lacustre de Xochimilco: la disminución paulatina de agua en los canales; los hundimientos diferenciales debido a la excesiva extracción del agua para la ciudad; la urbanización de la zona chinampera y su consecuente contaminación del agua en los canales, provocada por las descargas residuales; la reducida cantidad de esclusas y taponamientos para mantener adecuados niveles de agua en los canales; la ausencia de apoyos financieros a la producción agrícola en las chinampas y, por último, el reducido caudal de agua tratada de nivel terciario proveniente de las plantas del Cerro de la Estrella y San Luis Talxialtemalco.

«Sin más y mejor agua –han argumentado por años los chinamperos y campesinos– no habrá un verdadero rescate ecológico». Es cierto, hay una deuda pendiente de la ciudad con Xochimilco. Desde hace casi 100 años la ciudad se apropió de su agua, es hora entonces que la ciudad ya no digamos se las devuelva, sino que por lo menos no se las disminuya.

Sin resolver estos problemas centrales para un verdadero rescate agrícola y ecológico, siguieron alegres y glamorosos festejos de fin de siglo, nuevos gobiernos centrales y delegacionales, nuevas intervenciones directas de la Unesco, más diagnósticos e investigaciones académicas y nada, la escasez de agua y la urbanización de la zona chinampera y agrícola continuó durante los primeros años del siglo XXI; y hoy, muy cerca de finalizar su primera década, nuevas modernidades urbanísticas vuelven a tocar la región lacustre de Xochimilco.

En los territorios del sur-oriente que envuelven dicha región, se imponen ahora los propósitos de urbanizar uno de los pocos pulmones verdes de la ciudad; tal estrategia urbanizadora se fundamenta en tres programas:

a) El primero de orden federal, son las grandes vialidades regionales concesionadas a empresas privadas que forman el llamado cuarto anillo metropolitano, para unir entre sí, con vías de cuota, Toluca con Cuernavaca, Cuautla, San Martín Texmelucan y Pachuca. De dicho anillo se edificó ya el tramo correspondiente de la autopista de Toluca a la de Querétaro, y en breve dará inicio la polémica autopista de Toluca a Tres Marías, poblado cercano a Cuernavaca; también en 2010 se completará el tramo de Chalco a Cuautla, cruzando por Amecameca y Nepantla. Específicamente, esta última vialidad generará de inmediato en sus terrenos más cercanos como Mixquic y Tláhuac, incrementos especulativos en el valor del suelo; y por ende, la venta de terrenos agrícolas, incluyendo las chinampas y en su lugar vendrán miles y miles de viviendas edificadas por los grandes consorcios inmobiliarios; y al mismo tiempo, también vendrán en consecuencia, las grandes cadenas de supermercados, afectando igualmente a los productores y chinamperos locales.

b) El segundo, son los recién aprobados programas delegacionales de desarrollo urbano del Gobierno del Distrito Federal, uno de los cuales es el de Tláhuac. En los últimos dos años ha vuelto el interés por creqar y planificar aquí, en esta región lacustre, una ciudad basada en edificar obras urbanas sobre áreas agrícolas; esa es la concepción y el pensamiento que fundamenta el Programa de Desarrollo Urbano para Tláhuac propuesto por el Gobierno del DF y aprobado recientemente por los diputados de la Asamblea Legislativa, el cual tendrá repercusiones para la zona agrícola y chinampera de la región lacustre de Xochimilco.

En esta región, dicho de manera muy sencilla, lo que se requiere prioritariamente es conservar las actuales áreas agrícolas para elevar la producción agrícola y fortalecer las siembras de alimentos en las chinampas; ahí hay que conservar los bosques por su vital función en el ciclo del agua para toda la ciudad; y si sobran terrenos, habrá que valorar la posibilidad de permitir la edificación de viviendas ecológicas y algunos servicios hospitalarios, educativos y culturales para los pobladores de la región. Eso es todo, no se requiere más. Eso deberían contener exclusivamente los planes de desarrollo, como el de Tláhuac y el que ya se prepara para Xochimilco.

El programa aprobado autoriza que en el corazón de la zona agrícola de Tláhuac y, por tanto, en las fronteras de las zonas lacustres y chinamperas de Xochimilco, San Gregorio, San Luis, Tláhuac y Mixquic, se construya la estación terminal de la nueva línea 12 del Metro; dicha estación modificará radicalmente los espacios que las rodean, surgiendo ahí, de manera inmediata, paraderos de microbuses, autobuses, bicitaxis y espacios para el comercio ambulante y otros servicios, y en poco tiempo surgirán al lado modernas plazas comerciales, incluyendo grandes supermercados.

No estamos, por supuesto, en contra de los supermercados, sino del lugar donde se instalan; el impacto ahí será, pues, además de la paulatina disminución del pequeño y mediano comercio, la valorización de las tierras agrícolas incentivando su venta para usos urbanos.

El programa aprobado incluye otras obras como plantas de tratamiento de basura e instalaciones industriales, para lo cual se modificó el actual uso de suelo agrícola o de preservación, por usos urbanos de alta densidad. Así como la edificación de una vialidad sobre o al lado de Canal de Chalco, que irá del Periférico a Tláhuac; tal vía incrementará el valor inmobiliario de los terrenos ejidales y chinamperos de San Gregorio Atlapulco, San Luis Tlaxialtemalco y Tláhuac; y en los años posteriores, le seguirán los de Mixquic y Tetelco.

En otras palabras, la vialidad sobre Canal de Chalco generará aumentos del precio de la tierra agrícola, incentivando su venta para usos urbanos; eso sería asestar un golpe mortal a las chinampas de la región, uno de los más importantes patrimonios históricos de la humanidad.

c) El tercero y último programa urbanizador anunciado por el Gobierno del DF a mediados de noviembre de 2008, es un impactante centro de diversiones turísticas con un acuario de cinco pisos a edificarse al lado del Parque Ecológico y el Canal de Cuemanco; este proyecto vuelve a priorizar nuevamente las inversiones turísticas y las rentabilidades urbanas y se vuelven a dejar pendientes los problemas de fondo de la región.

Concluyo. No debería permitirse aquí, en la región lacustre de Xochimilco, la extinción de un solo metro cuadrado de tierra agrícola. Aquí lo que menos se requiere son asfaltos y cementos que cubran y desaparezcan las tierras de cultivo, los bosques y las chinampas. La actual zona agrícola y chinampera de este región, uno de los más importantes patrimonios históricos de la humanidad, debe convertirse en un modelo de desarrollo rural para la ciudad y, por tanto, una muralla contra la urbanización especulativa.

De no atender los problemas de fondo, las chinampas y los canales de Xochimilco y su región lacustre desaparecerán en un plazo no mayor de 50 años. Y Para que ello no suceda, porque para eso estamos aquí, se requiere una visión distinta de desarrollo que imponga límites a la urbanización y acreciente la resistencia social para continuar la defensa de los patrimonios agrarios y lacustres; una resistencia social que tendrá que continuar con sus esfuerzos para lograr, algún día, que los fondos públicos y privados se destinen a resolver los problemas de fondo: detener la extinción de las grandes áreas agrícolas; aumentar el volumen de agua en los canales; lograr incrementos y financiamientos substanciales, no migajas, a la producción agrícola; introducir sistemas domésticos de tratamiento en las descargas residuales y disminuir la extracción de agua de los mantos acuíferos por sistemas de almacenamiento de agua pluvial.

El cómo traducir estas urgentes acciones en políticas públicas y en compromisos institucionales, es precisamente tarea a todos, porque todos anhelamos la no desaparición de los más valiosos vestigios lacustres de la Cuenca de México. ♦

_____

* Jorge Legorreta (1948-2012) Arquitecto con especialidad en planificación urbana en la RDA. Maestría en Sociaología y Doctorado en Urbanismo por la UNAM.

Pie de fotografía: Proyecto del viaducto elevado en Cuemanco para dar continuidad al flujo vehicular sobre Periférico

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