Xaltipac, el barrio «grande y bajo» de Tecómitl

Junio 8, 2021.- A Tecómitl, Ixtayopan y Tulyehualco los fundaron grupos de Tenochitlán y se integraron al señorío de Malacachtepec Momozco

Por Manuel Garcés Jiménez

San Antonio Tecómitl es un poblado de origen prehispánico fundado en las inmediaciones de las faldas del monogenético y mítico volcán Teuhtli, a la orilla de la zona lacustre de los lagos de Xochimilco y Chalco y de la zona boscosa de la serranía del Chichinautzin.

Su origen viene del altépetl integrado por cuatro calpullis que simbolizan los cuatro puntos cardinales de la cosmovisión de los nahuales, hombres dotados de sabiduría de la naturaleza y del conocimiento mágico-religioso que caracterizaba a los ancestros, de ahí que se desprenda que a los habitantes nativos de Tecómitl se les conceda el honor de ser llamados los nahuales.

Con la llegada de los invasores y conquistadores españoles el conocimiento ancestral original de estos lugares fue cambiado de calpulli por barrios como actualmente los conocemos:

Cruztitla, (palabra hibrida) tiene como significado donde se cruzan los caminos.

Xochitepetl, cerro donde abundan las flores.

Tenantitla, lugar donde abundan las piedras.

Xaltipac, lugar donde existe la arena o donde abunda la arena; sobre el arenal.

Es el reloj público que se encuentra en una de las esquinas de la Plaza de la Corregidora, donde se levanta altiva la torre con sus cuatro carátulas, de la marca El Centenario, orientadas las carátulas a cada uno de los barrios. Simbólicamente el reloj público une a los barrios, hace cerca de 80 años los habitantes cooperaron económicamente para su adquisición.

Según diversas crónicas, los poblados de Tecómitl, Ixtayopan y Tulyehualco fueron fundados por grupos provenientes de Tenochitlán, poblados que con el paso de los años se integraron al señorío de Malacachtepec Momozco, hoy alcaldía de Milpa Alta.

El glifo histórico es una rústica olla representativa del poblado con alto contenido y una gama de historia, tradición y leyenda. La olla sin «orejas» con dos líneas onduladas que cruzan del pescuezo al fondo representando la ideografía prehispánica, tiene como significado: Olla de Piedra.

En el paraje de Tecontitla aún vemos en todo su esplendor la olla de piedra, acompañada por una capilla dedicada a San Antonio de Padua, donde se narra su aparición dentro de la oquedad natural descubierta por dos tlachiqueros[1]. En este lugar se han encontrado infinidad de trozos de tepalcates, piedras labradas, pedazos de tejolotes y de metlapiles, entre otros objetos. Hay quienes han corrido con suerte y encontrado piezas completas. Todo eso nos demuestra que fue en Tecontitla el primer asentamiento de Tecómitl.

Barrio de Xaltipac

David Capetillo Linares recoge a través de un video lo más trascendental de su origen y de la vida cotidiana de Xaltipac. Durante media hora observamos las actividades ancestrales del barrio, recoge artísticamente a sus notables hombres, las tradiciones y sus costumbres del barrio conocido entre los habitantes de Tecómitl como: El barrio bajo y otros más como El barrio grande.

El barrio Xaltipac se ubica al lado poniente del centro del pueblo, colinda con los terrenos de Ixtayopan y Tetelco, delimitado por las carreteras, la avenida 5 de Mayo que nos lleva a Tetelco, y de la carretera que va rumbo a Ixtayopan, por la singular loma El Calvario, lugar donde se escenifica la crucifixión del Viernes Santo. Predominan extensas tierras de cultivo llamadas El Olivar[2] y el llano con sembradíos de amaranto, maíz, tomate y chile criollo, el cual se convierte en chile solote cuando ya se encuentra deshidratado. Hace varias décadas a los oriundos de Tecómitl se les conocía como los «soloteros».  

La tierra se encontraba acaparada por algunos personajes oriundos de Tecómitl. Hasta hace unos ochenta años estaba en manos de los señores Mauro Cabrera, Sixto Blancas (padre) y Delfino Rentería, entre otros. Terrenos donde se cultivaban una variedad de hortalizas y alfalfa regadas con agua de pozo que, como reminiscencias, aún podemos observar el redondel de uno de tantos que existieron en los terrenos del señor Cruz.

El paraje Texohuaca es un lugar cubierto de casas-habitación fraccionado por el licenciado Ernesto Blancas donde hoy se encuentra el mercado, El Faro y el ministerio público. Cerca de los terrenos de cultivo se encuentra la capilla construida en honor de San Pedro Apóstol, donde anualmente se concentran los feligreses el domingo de Ramos con sus palmas para luego llevarlas a bendecir en procesión al templo principal.

Lo anecdótico

Una anécdota del barrio muy conocida se remonta a la década de los años 60, cuando en el día del nacimiento del Niño Jesús nacieron dos niños dioses, uno en cada esquina; el primero en la esquina Cuauhtémoc, con Nicolás Bravo; el segundo en la esquina de Cuauhtémoc y Guerrero. Los vecinos asombrados por el singular acontecimiento significado por los nacimientos, hablaron de gemelos, mientras que otros los identificaron como cuatitos.

Apellidos que predominan

Los apellidos que predominan en el barrio son: Blancas, Suárez, Cabrera, Alva, Flores, Pradel y Joya, entre otros.

Personajes del barrio

El barrio cuenta con un personaje popular, se trata del amigo Cirilo Suárez Méndez, mejor conocido como «El Tacuche». Es una persona sencilla, sincera y trabajadora del campo quien, por su simpatía, es conocido por ese sobrenombre más que por su nombre de pila.

Otro de los personajes que nos viene a la memoria es la señora Rosa Rueda, primera abanderada que representó a la Secundaria 9. Con el lábaro patrio recibió al presidente Lázaro Cárdenas el cuatro de marzo de 1938 en la inauguración del plantel. La señora es mamá del pediatra Noé Rueda.

Asimismo, la señora Enedina Blancas fue la partera del pueblo en la década de los años treinta.

El señor Francisco Alva era el huesero del pueblo. Tenía el conocimiento y la virtud de sobar y acomodar los huesos cuando alguien se lastimaba el pie o la cintura.

Otro personaje popular fue don Antonio Vera, se caracterizaba por su vestimenta de campesino: pantalón sujeto con faja, huaraches y sombrero de paja. Decía que había sido alumno del Seminario y que su salida de éste se debió a la revuelta revolucionaria. Finalmente se integró a las fuerzas zapatistas. En el México post revolucionario se dedicó como rezandero en los nueve días de los difuntos, su imagen aparece en el libro de la historia de la Escuela Secundaria 9 editado cuando el inmueble cumplió los primeros 25 años de vida escolar, así como en el mural que se encuentra en el vestíbulo del plantel.

Igualmente recordamos con afecto a don Bertoldo Suárez, quien se entregó en cuerpo y alma a las diversas actividades del sacerdocio.

Mientras que don Pedro Alva es un incansable colector y representante de Xaltipac, para lograr obras materiales que beneficien a su pueblo, desde la reciente adquisición del terreno para ampliar el panteón, hasta la cooperación para la compra de las series de foquillos para el adorno de los troncos de árboles de la Plaza de la Corregidora.

En el barrio vivió el músico don Madero, quién tocaba con facilidad el violín en la danza de Pastoras. El señor Pradel se sentía orgulloso que en el interior de su violín tuviera grabado en su interior el siguiente texto: «Estraluvarios». ¿Será un original Estraluvarios?, se preguntaban los abuelos: «Solo Dios sabe».

El comercio

Dos tiendas han hecho historia tanto en el barrio como en el pueblo, una de estas es La tienda de la Fea; así se le conoce a la señora Juliana Elsa Joya Blancas, mejor conocida popularmente como«La Fea». Es el negocioque aún sigue de pie en la esquina de Cuauhtémoc y la avenida Hidalgo; en el inmueble aún vemos muebles de madera de pino, como la vitrina y el escaparate donde el cliente puede observar con facilidad todo lo que se ofrece. Es aquí donde el tiempo no ha pasado, todo sigue igual como hace más de setenta años.   

La otra tienda fue la La Moderna, localizada sobre la avenida Hidalgo, propiedad de don Leonides Tapia, con el primer teléfono que se manipulaba con una manivela para escuchar el tono y poder comunicarse a la Ciudad de México. Es aquí donde se ofrecía de todo por mayoreo y menudeo; desde clavos, tornillos…, hasta bultos de salvado y sema, entre otros productos. Es aquí donde había de todo, como en botica

Bien recuerdo, allá como a mediados de los años sesenta, cuando de niño mi mamá Conchita (Concepción Jiménez Meza) me mandaba por las tortillas palmeadas a mano por la señora Baudelia Sigala Casillas, tortillas cocidas en un enorme comal expuesto en un tlecuil. Doña Baudelia torteaba la masa de maíz criollo en un metate alo lado del comal expuesto al fuego atizado con cañitas y trozos de estiércol de vaca totalmente seco, elementos fundamentales para avivar el fuego. Veía cómo la gente llegaba a comprar las tortillas extendiendo las servilletas de tela de cuadrille finamente bordadas con hilo multicolor para envolver las tortillas calientitas.

Nos viene a la memoria a Doña Félix Alva Buendía quién en los años cincuenta se dedicaba a vender tortillas, atole y tamales donde la gente recurría para saborear el buen sazón que se les ofrecía.

El primero peluquero del pueblo estuvo en Xaltipac. Recordamos la peluquería de “El Calero” que se encontraba en la esquina de Nicolás Bravo y Vicente Guerrero. La otra peluquería es: “Los  Machetes” fundada en el año de 1890, actualmente es atendida por el señor Tomás Blancas Joya, último de la tradición familiar de los machetes.

La señora conocida como la «Tía Chucha» vendía todas las tardes y por la noche las sabrosas quesadillas elaboradas con masa de maíz criollo, preparadas con manteca de cerdo, el lugar era motivo de reunión con los amigos para poder saborearlas. Otra señora conocida por en el pueblo de antaño fue doña Felipa, quien se dedicaba a vender una variedad de semillas y para ello recorría las polvorientas calles del pueblo a fin de ofrecer su sano producto.

Quién no recuerda a la señora «Panchita la gelatinera», Francisca Flores, quien con vitrina en mano diariamente recorríaq las calles del pueblo para ofrecer sus coloridas gelatinas al grito de: ¡Jalatina… ¿han de querer o se va a acabar?! Para los alumnos traviesos de la Escuela Secundaria 9 era una variedad chusca escucharla replicándole a doña Panchita: ¡Se me empinan o se va a acabar!

Queda en la memoria las vendedoras de verduras, de la Tía Chucla con su puesto en el jardín de la Corregidora, abajo del frondoso árbol del fresno. La otra fue la familia conocida como las «Ponchas», negocio establecido en la puerta de su casa. En ambas vendedoras existían la indiferencia y la rivalidad por ganar más clientela.

El primer carnicero del pueblo fue don Isidro Junco, quien inicia con la venta de la carne durante el México post revolucionario sacrificando una res por semana. Fueron los viernes cuando la destazaba para colgarla de unas ramas más gruesas del fresno que aún se encuentra al lado sur de la actual plaza de la Corregidora. A un lado de la enorme res que pendía la carne se colocaba una rústica mesa con báscula y al lado un grueso tronco para esperezarla en pequeños trozos al gusto de la clientela. Varios años después desplaza el negocio frente a su casa. La tradición familiar de la venta de carne la continuó su hijo Uriel Junco, establecido en la esquina de 5 de Mayo y Plaza de la Corregidora.

Profesionistas

Los primeros profesionistas de Xaltipac durante el México post revolucionario fueron el doctor Jaime Cabrera, cuyo consultorio se localizaba en su enorme casa de dos niveles de construcción colonial que se encuentra en la esquina de las calles de Zaragoza y Nicolás Bravo. Fue considerado el mejor médico de los años cuarenta a los noventa.

No podemos olvidar al doctor José Ignacio López, el doctor Pepito, El jorobadito, quien construyó el primer hospitalito en la parte alta de su farmacia sobre la avenida Morelos. El doctor en pediatría Noé Rueda y a su hermano el profesor finado Pedro Rueda.

¿Quién no conoce al Tío Beto? Profesor jubilado conocido por su afable carácter, popular entre los amigos y escritor de los versos que relatan la vida cotidiana del pueblo. ¿Le gustaría conocerlo?, es un hombre que saluda a todo aquel que se encuentra. Se le identifica por portar un morral que pende del hombro. Hace algún tiempo portaba un enorme acocote que le daba la imagen de un tlachiquero.  

Recordamos al químico Martín Lama, a Betuel Tapia y Antonio Cigala, fueron los primeros economistas tanto del barrio como del pueblo.

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* Presidente del Consejo de la Crónica de la Alcaldía Milpa Alta. Secretario del Consejo de Cronistas y Cabildos de la Ciudad de México.


[1] Esta leyenda quedó escrita en las Cartas religiosas de Nueva España narrada por fray Jerónimo de Mendieta (1539-1594).

[2] Al respecto comentaba el doctor Agustín Rivera que: «En 1784 existía en Tecomic, pueblo de la jurisdicción de Xochimilco, un olivo cuyo tronco medía de circunferencias 21 ¾ varas». Compendio de la Historia Antigua de México, Tomo I, Pág 146.

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