Felipe Ángeles, revolucionario maderista y villista

Mayo 2, 2021.- Felipe Ángeles representaba a un militar culto y competente, esto provocaba los celos de caudillos como Álvaro Obregón, latente obstáculo para su ego

Por Manuel Garcés Jiménez

Felipe Ángeles, revolucionario socialista[1], cuyo nombre ha sido dado al nuevo aeropuerto internacionalde Santa Lucia, estado de México, nació el 13 de junio de 1869, en el poblado de Zacualtipán, Hidalgo.

Su biógrafo Federico Cervantes establece que, en 1883, con tan solo 14 años de edad, ingresó al Colegio Militar de Chapultepec, siendo notable su participación, por lo cual en 1885 fue ascendido a cabo; dos años después a sargento, y en 1890 impartió la clase de mecánica analítica en ese mismo colegio.

Adolfo Gilly describe que previo a su fusilamiento por órdenes de Venustiano Carranza, el general Felipe Ángeles se mantuvo tranquilo y consciente de la traición carrancista: «Felipe Ángeles hace lo único que ir hacia su destino lúcido y sereno. El rebelde villista, el demócrata maderista, el hombre educado en sus misiones en Francia y en su exilio en Estados Unidos. Socialista solitario, el místico laico y, detrás de todos ellos el oficial de carrera educado en la disciplina del colegio Militar del antiguo régimen y fogueado en los combates y batallas de la Revolución, quienes se confunden y actúan en la persona del general ante el consejo de guerra»[2].

Agrega su biógrafo que cuando fue capturado llevaba consigo dos libros que «combinados, casi resumían las preocupaciones más duraderas de su espíritu. Uno de ellos la biografía de Napoleón por sus ideas de militar, y el segundo la vida de Jesús, de Ernest Renan, para sus inclinaciones de místico agnóstico»[3].

Para adentrarme en el tema me adentré en varios textos, entre éstos sobresale: Felipe Ángeles, el estratega, de Adolfo Gilly, pero quien me aclaró de muchas dudas y me dio la pauta de su vida del personaje fue el texto Felipe Ángeles, la Revolución de 1913, escrito hace 78 años por su biógrafo, Federico Cervantes, publicado en año de 1943.

Nuestro histórico héroe nació en el estado de Hidalgo[4], cuna del célebre personaje de la lucha libre, Rodolfo Guzmán, mejor conocido como El enmascarado de Plata popularmente como El Santo. Es la tierra de artistas artesanos de los internacionales bordados conocidos como tenangos[5].

Durante el porfiriato el estado fue una extensa zona magueyera, pulquera por excelencia donde aún podemos admirar los cascos de estas haciendas transformados en centros de esparcimiento. La singular Huasteca y municipios como Huejutla, San Felipe Orizatlán y Tlalchinol, entre otros, constituyen una prodigiosa comarca natural.

Hidalgo nos ofrece el singular Valle del Mezquital y naturalmente las rarísimas y bellas montañas, las cuales han dado a la vista excepcional; pero también la inspiración, material para tejer una gama de leyendas como es en Actopan donde se yerguen los Frailes, las singulares peñas que desde lo alto se aprecia una prominencia de imágenes, a las cuales el capricho vernáculo las ha convertido en dos clérigos «seductores y atracadores de doncellas», que viven en la tradición popular desde tiempos virreinales y, posiblemente, a partir de la construcción del ex convento agustino a finales del siglo XVI por fray Andrés de Mata.

No podemos omitir El Zumate, gigante devorador de valientes. Otro es El cuervo, ave agorera de malos presagios y de falsas promesas. El Comal, peñasco desafiante de la ley de gravedad y afirmación del equilibrio por su singular posición, es una gran mole sostenida por una punta donde se narra que el que descansa bajo su sombra alcanza la felicidad duradera. Son lasPeñas Cargadas, impresionantes, se antoja algo fantasmagórico, pero también solemne:  rostros gesticulares de fauna variada y por su completo surrealista[6].

Cimas que unen poblaciones como Real del Monte, El Chico. Omitlán, la Huasteca de oficio minero, pero a la vez sumergidas entre olorosos huertos y campos cultivados y silvestres, regularmente revestidos de verdor. Esto es el estado de Hidalgo, tierra del revolucionario y controvertido general y culto Felipe Ángeles Ramírez.

Interesante personalidad, fue pilar de la revolución mexicana y educado en el ejército federal durante el régimen de Porfirio Díaz. Destacado teórico y técnico militar, respetado entre los oficiales del antiguo régimen. A sus 43 años de edad el presidente Francisco I. Madero[7] lo mandó a llamar de Francia donde estaba comisionado, de inmediato fue integrado al ejército para perfeccionar sus conocimientos de artillería, tiempo después, el 8 de enero de 1912 tomó posesión como director del Colegio Militar de Chapultepec.

En ese mismo año fue ascendido a General Brigadier, con esta asignación se integraron oficiales seleccionados de las carreras científicas e implementó reformas de índole administrativa y moral, creando la fama de ser escuela modelo, formadora de oficiales aptos, cultos y de honrados militares.

Obtuvo el título de Teniente de Ingenieros, siendo comisionado en el Batallón de Zapadores con cuyo cuerpo dirigió el trazo y las excavaciones del canal del río Duero en Zamora Michoacán.

Realizó estudios respecto a la elaboración de pólvora sin humo y la formación de tablas de tiro para los que se necesitaban profundos conocimientos en matemáticas, ciencia que dominaba a la perfección.

Por su entrega profesional dentro de la milicia fue ascendido a Capitán Primero. Al respecto el ingeniero Alessio Robles destaca la labor de Felipe Ángeles: «Su nombre es un orgullo para el colegio Militar. Se le consideraba como el oficial más inteligente y culto del Ejército, era, además, un atleta vigoroso y ágil, un excelente gimnasta y un consumado caballista. Se imponía por su saber y por su fuerza física y moral. Sin embargo, la característica que más se destacaba en aquella varonil y simpatía figura era la modestia, una gran modestia».

El mismo Alessio Robles reiteraba: «A ustedes en México tienen a un gran matemático y un gran artillero del que deben enorgullecerse del capitán Ángeles. Sus brillantes estudios sobre métodos de tiro son notables y han sido universalmente adoptados».

Estando asignado como director del Colegio Militar fue comisionado el 26 de septiembre de 1912 para inspeccionar el material de 75mm de artillería Schneider Cannel que el gobierno mexicano había adquirido de Francia. Desempeñando esta comisión recibió la noticia de su ascenso a Mayor y al regresar, después de año y medio a México, el 16 de enero de 1914, fue encargado del Detall (diccionario) del Colegio Militar como profesor de Geometría Descriptiva, además escribió un curso de lecciones resueltas por sus propios alumnos, según los métodos que había observado en Europa.

En el aspecto político, su biógrafo señala: «Es oportuno mencionar que Felipe Ángeles tuvo admiración y guardó gratitud por Porfirio Díaz por más que, en principio, era rebelde a todas las dictaduras. Cuando, posteriormente, en tiempos del presidente Francisco I. Madero, siendo el Jefe de Operaciones en el Sur, hubo festejos en Cuernavaca, en momentos de expansión del pueblo, se estrecharon vivas a Porfirio Díaz, lejos de molestarse por ello, habló expresando que quizás eran inoportunos esos vivas, pero reconocía que habría, sin duda corazones agradecidos al estadista, como él mismo sentía el suyo lleno de gratitud; actitud liberal que fue motivo de censuras para el general Felipe Ángeles».

Cabe destacar que estuvo en dos regimientos de artillería francesa, uno de los cuales comandaba el coronel Fayolle quien después figuró como general en jefe del Ejército en la gran guerra europea de 1914. Tiempo después Felipe Ángeles recibe del gobierno francés la condecoración de Caballero de la Legión de Honor.

En agosto de ese mismo año, ante el fracaso de la sanguinaria campaña del general Juvencio Robles en el estado de Morelos (a la que sus propios amigos llamaban campaña de exterminio, Francisco I. Madero envía a Felipe Ángeles como jefe de la zona militar quien cambia la política y logra la amistad en campos enemigos con los jefes de los insurrectos bajo el mando de los generales Genovevo de la O y de Emiliano Zapata.

Don Francisco I. Madero designa a Ángeles para aplacar la rebelión zapatista en el estado de Morelos, pero al darse cuenta el general Ángeles que ese estado era más el problema de justicia que de armas donde los militares federales habían hecho más males, destrucción e injusticias que pacificación y triunfos, lo cual se inclina por el campesinado, de tal manera en 1914 durante la Convención Nacional Revolucionaria en Aguascalientes se comisiona el general Felipe Ángeles para asistir a convencer al general Emiliano Zapata de que mandara una delegación a dicha Convención.

Al asistir al estado de Morelos había expectación por saber cómo sería recibido, y quien antes fuera su enemigo por el cargo de jefe de operaciones en Morelos, un silencio angustioso se produjo cuando el general Felipe Ángeles, descendiendo del automóvil, pasaba cerca del general Genovevo de la O, quien montaba a caballo. Señalándolo con el dedo, le preguntó en voz alta y tono festivo: «¿Este es el general Ángeles?» y como se le contestara afirmativamente dijo, entusiasmado: «Venga un abrazo». Los adversarios se reconciliaban con ese abrazo efusivo que antes habían preparado el humanitarismo y la elevada comprensión del militar.  

El general Felipe Ángeles se traslada a la ciudad de Cuernavaca, para ello el general Emiliano Zapata ya lo esperaba parado en la entrada del Banco de Morelos, conjuntamente con la señora Rosa King de origen británica, dueña del hotel Bella Vista donde iba a alojarse. En interesante plática la señora Rosa King le comentaba a Felipe Ángeles: «Desde que me lo presentaron percibí en él un par de cualidades que había echado de menos en sus antecesores, las de la compasión y la voluntad de entender. Me agradó, incluso antes de escuchar entre sus jóvenes oficiales que no toleraba crueldad ni injusticia alguna de sus soldados».

Hacía hincapié: «Un día en que el general Felipe Ángeles y yo hablábamos del sufrimiento de los pobres indígenas contra quienes se hallaban en campaña, me dijo con un gesto de acentuado desaliente: ‘Señora King, soy un general, pero también soy indígena’. Era en efecto un indígena, y lo parecía: un hombre distinguido en su tipo, educado en Francia»[8].

El general Ángeles siempre se mantuvo leal a Francisco I. Madero, hasta el momento del golpe de Félix Díaz y Victoriano Huerta, durante los días sucesivos de febrero de 1913 conocidos como la Decena Trágica. Victoriano Huerta lo apresó junto con Madero y Pino Suárez y, mientras lo mandó a asesinar a éstos y después de obligarlos a renunciar entre amenazas y falsas promesas, dejó en libertad al general Felipe Ángeles.

Durante el cuartelazo, Felipe Ángeles, con el cargo de jefe de las operaciones en el sur se comentaba que: «El día que fueron trasladados a la penitenciaría el presidente Francisco I. Madero abrazó a su fiel amigo y cuando los dos mártires caminaban hacia el patio, entre bayonetas, Pino Suárez advirtió que no se había despedido de Felipe Ángeles. Y, desde lejos, agitando la mano sobre las cabezas de la indiferente soldadesca, gritó: Adiós, mi General».

 Cinco meses después de la Decena Trágica[9], en oficio girado el 29 de julio de 1913, comisionan a Felipe Ángeles al extranjero, quien toma el tren para marcharse en comisión del servicio rumbo a Francia autorizándolo para viajar en territorio de dicho país, con objeto de hacer estudios sobre materiales de artillería. Al respecto su biográfico Federico Cervantes nos aclara la realidad: «El general Ángeles fue desterrado a Francia el 29 de agosto de 1913 bajo la vigilancia del Ministro de la Barra y luego que llegó a París, se puso en contacto con el señor licenciado Miguel Díaz Lombardo que era el representante de la Revolución en aquel país».

Tiempo después, de regreso a nuestro país estuvo presente en la toma de Torreón el tres de abril de 1914, junto con Francisco Villa fue el artífice de la toma de Zacatecas el 25 de junio de 1914 donde combatieron más de 12 mil hombres, entre soldados federales y orozquistas; los primeros a las órdenes del general Medina Barrón y los segundos al mando del aguerrido Benjamín Argumedo, con abundantes municiones y cañones; decididos no sólo a detener a Francisco Villa, sino a destruirlo[10].

La victoria sobre las fuerzas huertistas que defendían dicha plaza significaba el tiro de gracia para el gobierno de la usurpación. El general Francisco Villa así lo comprendía, y el general Victoriano Huerta lo sabía, que allí se iba a jugar sus mejores y últimas cartas ocasionando la caída de Victoriano Huerta tres semanas después.

El 30 de marzo de 1914 el secretario de Guerra de Victoriano Huerta dio de baja al general Felipe Ángeles, con retroactividad al 8 de noviembre de 1913, «por indigno de pertenecer al Ejército Federal». Bajo ese estigma, el tres de abril siguiente este general indigno participó con su artillería en la toma de Torreón por la División del Norte, derrotando al Ejército Federal.

Cabe aclarar que el 26 de septiembre de 1913, Blanquet cablegrafío al Ministro de México en París diciéndole: «Sírvase informar dónde se encuentra general Felipe Ángeles». Vemos estaba vigilado. El 17 de octubre de 1913 Ángeles llegaba a Nogales, Sonora, presentándose ante el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, a quien se le ofrece una fiesta en su honor donde Carranza anuncia que Ángeles sería designado Secretario de Guerra.

Al enterarse aquella designación para Felipe Ángeles, el general Álvaro Obregón se confabuló con otros generales revolucionarios con una protesta porque lo nombraban Ministro de la Guerra a un ex federal maderista.

Cabe señalar que Felipe Ángeles representaba a un militar culto y competente, esto provocaba los celos de los caudillos como Álvaro Obregón, latente obstáculo para su engrandecimiento personal.

Esto provocó como don Venustiano Carranza tuvo la debilidad de aceptar la protesta, designando a Ángeles subsecretario encargado del Despacho, a quien lastimó la natural sensibilidad de quien llegaba a la Revolución con los brazos abiertos.

No pasó mucho tiempo cuando Felipe Ángeles se da cuenta que el gobernador de Coahuila, el varón de Cuatro Cienegas que había tenido el gesto valiente de lanzarse contra Victoriano Huerta por la defensa de los ideales populares, sentía antipatía, el desprecio por los maderistas a quienes consideraba responsables del fracaso de don Francisco I. Madero.

El mismo Felipe Ángeles comentaba: «Me consta que en un principio todos los maderistas tuvieron intención de ayudar con sinceridad y entusiasmo a Venustiano Carranza, inclusive los hermanos del presidente asesinado: pero al enterarse de que el Primer Jefe no sólo los recibía con frialdad, sino que los rechazaba, fueron a refugiarse con el general Francisco Villa, quién al contrario de Venustiano Carranza, los recibía con los brazos abiertos…»

«Así fue como poco a poco fueron rechazados por Carranza, formándose en derredor del General Francisco Villa un núcleo de revolucionarios enemigos de Victoriano Huerta y seguidores de Venustiano Carranza».

Así fue como Felipe Ángeles se encontró un jefe antítesis de Francisco I. Madero convencido de que Carranza no solamente criticaba acerbamente la política maderista, sino que sentía antipatía por los maderistas y se negaba a celebrar el triunfo de la Revolución de 1910, el maderismo, como recuerdo, como doctrina y como ideal, le eran repugnantes. Carranza cifraba su política en el respeto y la adhesión y en el prestigio de su persona, tenía alma de dictador.

Ante estos hechos, Felipe Ángeles ansiaba marchar a la campaña para entrar en acción, aplicando su servicio a la Revolución, su saber y sus aptitudes, pero Carranza lo tenía atado en una oficina en la que resultaban negatorias sus iniciativas.

Vemos (como al inicio se comentaba) cómo al general Felipe Ángeles no lo mató Victoriano Huerta, pero le fraguó un proceso con pretexto que lo tuvo unos meses en la cárcel y luego lo mandó al exilio en Francia el día último del mes de julio. De allá el general maderista regresó clandestino en octubre de 1913 para incorporarse en Sonora al gabinete de Venustiano Carranza. De allí pasó, en los primeros meses de 1914, a formar parte de los mandos del Ejército de la División del Norte que encabezaba Francisco Villa, pues deseaba combatir, no ser Subsecretario de Guerra a cargo del despacho.

En los primeros años de 1914, el 21 de abril los norteamericanos invaden a nuestro territorio, fueron seis mil marines en 40 buques de guerra, como el Florida, en esos años el más poderoso del mundo bombardearon Veracruz, y se efectuaron los primeros vuelos de aviones sobre nuestro territorio invadido, la primera invasión por aire a nivel mundial.

Estados Unidos de Norteamérica y sus compañías petroleras apoyaron a Victoriano Huerta para derrocar y asesinar al presidente Francisco I. Madero y decidieron intervenir ante el avance de la resistencia contra el usurpador de Huerta.

El dictador de Huerta retiró de manera cobarde al Ejército, pero los veracruzanos resistieron con valentía: jóvenes cadetes del Colegio Militar, viejos militares retirados y la población civil, mujeres, obreros, barrenderos, carpinteros y albañiles repelieron al invasor.

Los marines disparaban en forma indiscriminada y mataban inocentes desarmados. Nunca se sabrá el número de fallecidos. La resistencia los mantuvo a raya hasta el 22 de abril se consumó la invasión, entonces se multiplicaron los atropellos contra la población civil[11]

Por otro lado, la intervención personal del general Ángeles fue decisiva para convencer en octubre de 1914 al general Emiliano Zapata y sus jefes con quienes se había enfrentado con las armas desde bandos enemigos que se incorporaran a la Convención de Aguascalientes, tiempo después se daba a conocer la Ratificación del Plan de Ayala[12].

Hablar del Pacto de Xochimilco basta recordar que el último día del mes de noviembre de 1914[13], la División del Norte se interna en la Ciudad de México y el general Felipe Ángeles se adelanta a Tacuba y posteriormente se instala en la hacienda de los Morales; desde allí establece contacto con los zapatistas para solicitar, a nombre del general Francisco Villa, una entrevista con el general Emiliano Zapata[14]

Muchas y grandes cosas sucedieron después de ese octubre: la ocupación de México por zapatistas y villistas, la contraofensiva constitucionalista de Obregón, las derrotas de la División del Norte en las cuatro sucesivas batallas del Bajío en 1915, originando el exilio de Felipe Ángeles a Estados Unidos en la segunda mitad de ese mismo año.

Con la promulgación de la Constitución de febrero de 1917, se prolonga la guerrilla villista contra el presidente Venustiano Carranza en Chihuahua y Durango y el regreso solitario del general Felipe Ángeles en diciembre de 1918 se suma a las fuerzas de Francisco Villa, convencido de que así podría evitar lo que creía inminente intervención de Estados unidos en México.

Lamentablemente fue apresado el 17 de noviembre de 1919, en el Cerro de la Mora. Le montaron una corte marcial a sala llena en el Teatro de los Héroes de Chihuahua, ante los jueces y el público se realizó una extensa defensa donde expuso una mezcla de ideas liberales, humanistas y socialistas que era en verdad su testamento político y espiritual, lo condenaron a muerte y fusilado en la madrugada del 26 de noviembre de 1919.  

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Bibliografía:

Armáiz y Freg, Arturo. Madero y Pino Suárez. En el cincuentenario de su sacrificio, 1913-1963. Secretaría de Educación Pública, México, 1963.

Begoña Hernández, Lazo Ramírez González. Felipe Ángeles. Secretaría de Cultura. México, 2019.

Calzadíaz Barrera, Alberto. La Batalla de Zacatecas. Fondo de cultura Económica, México, 2019.

Cervantes, Federico. Felipe Ángeles y la Revolución de 1913 Biografía (1869-1919), (itonso). Segunda edición. S/E., 1943.

Gilly, Adolfo. Felipe Ángeles, El estratega. Ediciones ERA, Cámara de Diputados, México, 2019.

Ortiz Osorio, Carolina, González González, César A. «Justicia, tierra y libertad ante la mirada xochimilca». «El pacto de Xochimilco, el encuentro entre Zapata y Villa». Sederec, México, 2008.

Rublúo Islas, Luis. Tradiciones y leyendas hidalguenses. Universidad Autónoma de Hidalgo, Pachuca, Hgo. México, 1986.


[1] Así lo nombra Adolfo Gilly autor Felipe Ángeles, el estratega.

[2] Entrevista a Adolfo Gilly en La Jornada del lunes 21 de octubre de 2009. Pág. 18.

[3] Ibidem.

[4] Felipe Ángeles y la revolución de 1913. Federico Cervantes. Pág. 10.

[5] Los bordados elaborados en Tenango de Doria representan a la naturaleza y la cosmovisión del pueblo ñañú u otomí. Su valor radica en su belleza, la maestría de la técnica y la preservación de la memoria colectiva.

[6] Tradiciones y leyendas hidalguenses. Luis Rublúo.

[7] Nació Francisco I. Madero el 30 de octubre de 1873 en Parras de la Fuente, estado de Coahuila, perteneció a una familia opulenta de agricultores, ajena a las intrigas de la política, no obstante haber sido su bisabuelo, don José Francisco diputado al Primer Congreso Constituyente de Coahuila y Texas, y su abuelo don Evaristo, gobernador en aquellas vastas regiones del norte mexicano.

[8] Felipe Ángeles: «Cada cual morirá por su lado». Periódico La Jornada, 16 noviembre del 2005, sección Cultura.

[9] El embajador de los Estados Unidos en México Heny Lane Wilson impulsó la caída y muerte de Francisco I. Madero y el vicepresidente Ma. Pino Suárez a través de Victoriano Huerta.

[10] La Batalla de Zacatecas, Alberto Calzadíaz Barrera.

[11] Comentario de Pablo Moctezuma Barragán en La Jornada.

[12] Se ratifica en San Pablo Oztotepec, Milpa Alta, el Plan de Ayala el 19 de julio de 1914.

[13] El Pacto de Xochimilcose efectúo el 6 de diciembre de 1914.

[14] «Justicia, tierra y libertad» ante la mirada xochimilca, página 27.

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