Abuelo, cuéntame un siglo, añoranzas de chinampero

Marzo 26, 2021.- Ya no hay maravillas, pegarropa, espinosilla, clemolito, cabellito de ángel, palo loco y tantas flores como antes había

Por Silvano Cabello Pérez | Nosotros, Núm, 25 | Marzo de 2000

Segunda de tres partes

Portada de la número 25

Pero dejemos de discutir, ahí va algo mejor para ustedes. Diez pesos a quien me diga si ha visto algo semejante al colibrí.

Los dos muchachos quedaron en suspenso, con los ojos clavados en el espacio azul. Pero en un momento inesperado, como accionados por un botón eléctrico levantando los brazos en señal de triunfo, repiten en vigorosa exclamación.

—¡Helicóptero, helicóptero, helicóptero!

—Muy bien, es la respuesta que yo esperaba. Aquí tienen lo ofrecido. ¿Alguna vez han visto de cerca un helicóptero?

Fernando se adelantó diciendo:

—Yo sí, cuando fumigan las chinampas por alguna plaga, lo hemos visto aterrizar en los terrenos de Acuezcomatl para el abastecimiento de insecticida.

—Ahora les diré que el helicóptero es uno de tantos aparatos que vemos cruzar el espacio celeste, estos y otras muchas cosas que el hombre dotado de inteligencia, desde su creación, ha inventado o descubierto en este siglo y siglos atras. En la escuela ya les hablarían de la conquista del espacio. El día 20 de julio próximo se cumplirán 30 años de que el hombre llegó a pisar por primera vez la superficie lunar. Magno acontecimiento que impresionó al mundo entero.

Los muchachos silenciosamente me escuchaban, en sus ojos se descubría un brillo infantil, reflejo de la ingenuidad de su mente.

Es conveniente que volvamos a casa, les dije. Ellos obedientes aceptaron y entre bromas infantiles iniciamos el retorno.

En el trayecto, David, como siempre, el más atrevido interpela:

—Yo quiero conocer el cerro, nunca hemos ido por allá. ¿Cuándo vamos? Algo tendrás que contarnos de allí, diré a mis papás que permitan a mi hermana Ari que nos acompañe. Ahora hubiera estado feliz con nosotros.

—Sí, sí, vamos un día, agrega Fernando, también Ari…

—Bueno, pidan permiso, si les parece iremos el próximo sábado, siempre que ustedes quieran caminar.

—Sí, sí, muy bien. A una voz contestaron alegres.

Llegó el día, a temprana hora estaban preparados, calzados con huaraches, sombrero de palma, un morral llevando tlacoyos bien aderezados y todo un tecomatl lleno de agua con limón.

Emprendimos la caminata, Ari con ellos, inquietos como siempre. En el momento más apropiado tomé la iniciativa para platicar.

—Aquí fue el camino del tranvía eléctrico, la compañía de esa empresa compró el terreno, pagó a un peso con 25 centavos el metro cuadrado. Dio servicio entre los años de 1913-1914 a 1933, cada hora, de las cinco de la mañana a las siete de la noche. Este tranvía estaba marcado con el número 705 y todos le nombrábamos el 700. Además un transporte de carga conocido con el nombre de góndola. Hasta la mitad del siglo que termina, de norte a sur, en este camino terminaba la parte poblada y empezaban los terrenos de cultivo: maíz, frijol, calabazas, chiles, habas, tomates y alegría o amaranto. La escuela primaria fue construida en 1958. Seguimos avanzando, este es el camino real del que les hablé el otro día. En el año de 1928 fue arreglado con asfalto para el servicio de camiones. Al principio con poco tránsito de estos.

Continuando, llegamos al acueducto y les dije:

—Por este gran tubo pasa el agua potable para surtir cierta zona del Distrito Federal. Esta parte fue construida por el año de 1909, para conducir el agua de los manantiales de Acuezcomatl y otros más hasta la Ciudad de México, cuyo depósito final estaba en la Colonia Condesa de la misma ciudad, dando servicio entre los años 1914-1915, hasta la década de los años sesenta que se fueron agotando. Ahora lleva agua potable, pero de pozos muy profundos ya no de manantiales. Los terrenos afectados para esta obra fueron expropiados sin indemnización. Para el acarreo de materiales hubo un pequeño tren de vapor, parte de vía y del mismo tren en la década de los años 30 aún existían en Acuezcomatl. Miren, este fue un camino muy antiguo que conducía a los pueblos que están al otro lado del cerro, esto es Milpa Alta, San Pedro Atocpan y San pablo Oztotepec, muy visitados por sus ferias anuales. Ahora, ¡cuántas casas veo, muy bonitas construcciones! ¿Quién pensaba antes que estos fértiles y productivos terrenos algún día estarían poblados?

Seguimos caminando y conversando a la vez, con intervalos de breves descansos.

—Por varios años fui pastor de cabras, vacas y borregas, diariamente en compañía de otros pastores recorríamos diferentes lugares de esta parte del cerro, lugares que ahora ya no reconozco por estos poblados. Aquí es La Era, fue el punto de reunión de pastores para decidir a qué lugar debíamos ir, un poco más arriba se llega al Zopilote, parte rocosa con una cueva al frente, al oriente una barranca grande, profunda y rocosa, ahí en un peñasco inamovible se veía la silueta natural de un zopilote. Tengo conocimiento que esta barranca se ha hecho desaparecer, que ahora es un camino transitable. Antes era muy estrecho, al lado poniente otra barranca donde ahora está construida la Capilla de La Lupita. Miren, allá al oriente están los parajes conocidos con los nombres de Tetlali, Colaltenco, Zahuatla, Tecoloztitla, Xochitepetl, Teconcayuco, Axayopan, Cuauzontitla, Xalli, donde ahora está el panteón y atrás, se me olvidó decirles es Nochipango, donde está la escuela. Al poniente está Corralxicalla, Temapalco, Tlatempa, Cuacotli, para más arriba están Xitomatlalli, Metztitla, Zapotitla, Itzotitla, Tequiztlipa, Cerro Pelón que es a donde vamos llegando. Cruz Monte, Cocho Calli y otros tantos lugares que ya no recuerdo el nombre, lo más alto es el Cerro Teutli, se dice que fue volcán, tiene su cráter, al principio dos cuevas llamadas Cuevas de Mixcalco. Teutli algunos lo escriben sin «h», esto es derivado de Teutl, es decir, dios en náhuatl y escrito con «h» intermedia. Teuhtli en el mismo dialecto es polvo. La primera forma de escritura tiene una historia muy amplia que algún día les contaré y la segunda por la arena acumulada en el cráter.

Hemos llegado al Cerro Pelón. ¡Qué cambio! Antes sólo se veía a muchos labradores, todos conocidos y del pueblo, ahora extraños completamente, pero son mexicanos. La vegetación se acaba, árboles, arbustos, flores silvestres, nopales, magueyes y todo lo dado por la naturaleza está desapareciendo. En cambio muchas construcciones modernas y bonitas…

En los muchachos observé que mi plática les era interesante, ya sea caminando o en los descansos estaban atentos. Pero también descubrí en ellos cansancio y deseos de tomar alimentos.

—Es conveniente, les dije, que aquí descansemos y tomemos nuestro almuerzo.

—Ya lo estaba queriendo, repuso David.

—No seas ansioso, contestó Ari, su hermana. Bajo ese pirul nos sentaremos, ¿les parece?

—Pero ya, agregó Fernando.

Mientras encontrábamos comodidad les comenté:

—¡Qué cambio! Ya no hay maravillas, pegarropa, espinosilla, clemolito, cabellito de ángel, palo loco y tantas flores como antes había. Ahora miren, esas torres tan altas conducen energía eléctrica, son cables de alta tensión, allá un montón de basura con desechos imperecederos, eso no había en otros tiempos y ahora lo vemos por todas partes. No está bien, debemos corregirnos, ¿no es así?

—Naturalmente, contestaron ellos.

Allá, a cierta distancia, se oía una voz que llamaba… ¡Ari, Ari…! Ella se levanta y sorprendida dice:

—Es Paty, Silvia, José Luis, Miguel Ángel, son compañeros de la escuela, ¡miren, están otros muchachos!

—Son Héctor, Mauricio y Javier, agrega Fernando. Están en mi grupo.

—¿Los podemos invitar?, me pregunta Ari.

—Eso ni se pregunta, le contesté. Llámalos.

Fernando de inmediato los invita:

—Muchachos, amigos, vengan por acá, aquí está David.

—¡Vengan, vengan! Repitió David.

Ellos estaban a corta distancia, pero el terreno sumamente escabroso no les permitía llegar con rapidez hasta nosotros. Mientras llegaban, entramos en breve reflexión. Qué agradable es convivir, les dijo, aunque sea por unos momentos, compartir en la vida lo que se tiene, dar por lo menos afecto, una sonrisa amable, un apretón de manos, un saludo de amigos. «Dar», escribió Amado Nervo. «Siempre dar, es mejor dar que recibir». Cuando la humanidad practique acciones de esta potencia, habrá una fraternidad duradera, el mundo cambiará, se acabará el odio, la violencia, destrucción de vidas humanas que sin motivo dejan muchos corazones afligidos. Ustedes aún no alcanzan a comprender esta realidad, pero todos debemos sentir el ardiente deseo de un cambio en el siglo que termina y el milenio que se acerca.

En este momento llegan los muchachos sudorosos y sofocados, saludando con afecto.

—¿Qué hacen ustedes por aquí?, dice uno.

—Hemos venido a conocer el cerro, contesta Ari. Tomen un tlacoyo y un poco de agua, es lo que tenemos.

—Con todo gusto, muchas gracias, contestó una de las muchachas. Luego te conocí desde allá, nosotros vivimos por aquí, donde ven esa antena que sobresale allí es su casa.

—Gracias, contestamos nosotros.

Entre bocado y bocado ellos conversaban alegremente.

—¡Qué ricas empanadas! Dice uno de los muchachos.

—No son empanadas, contesta Ari. Son tlacoyos.

Mientras tanto yo permanecía callado, uno de los muchachos traía un radio de pilas, lo había encendido suavemente y oíamos noticias, música y canciones agradables, creo que era la estación del Fonógrafo en su programa Música ligada a sus recuerdos. Después de comer, otro de los muchachos se dirige a mí diciendo:

—Señor, cuéntenos algo, también nosotros queremos conocer todo lo relacionado a estos lugares.

—Con mucho gusto, le contesté. Ya les he dicho que fui pastor, conocí gran parte de este cerro antes de poblarse, así que les contaré alguna de mis andanzas de pastor. Un poco más hacia arriba de donde estamos había unos corpulentos eucaliptos, eran 14 árboles, se conocía ese paraje con el nombre de Los alcanfores. Con frecuencia unidos varios pastores llegábamos a este lugar para apacentar el ganado. Desde ahí al norte se contemplaba el paisaje de los pueblos y sus chinampas. Ahora lo impide, si ustedes pueden observar, el denso humo de la contaminación. Los pastores, además de cuidar el ganado, teníamos otras actividades, unas buenas y otras no muy buenas. Ahora ustedes juzguen. ♦

1 Comentario en Abuelo, cuéntame un siglo, añoranzas de chinampero

  1. Ariadna Cruz Vqz // 26 marzo, 2021 en 3:35 pm // Responder

    Sirviano Cabello era mi bisabuelo, este cuento lo escribió pensando en sus bisnietos y fue nuestra más grande herencia, en él dejó su enseñanza para los demás pero a nosotros nos dejó no solo conocimiento sino su profundo amor, mismo que le tenía a nuestro pueblo, este cuento y un sin fin de historias más son recordadas hasta el día de hoy, sus enseñanzas siguen siendo tema de conversación en nuestra familia aún cuando ya han pasado casi 13 años de su partida.
    Querido Nano, espero que donde quiera que te encuentres sepas lo lejos que han llegado tus historias, que muchas personas te recuerdan con cariño y que en nosotros aun viven tus enseñanzas.
    Te recordamos con amor: todos tus nietos.

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