La mancha urbana ha ido encerrando a Zapotitlán

Febrero 22, 2021.- La plática que los integrantes del Grupo Expresión Cultural Zapotitlán tuvieron con la revista Nosotros en 1997

Por Sergio Rojas | Nosotros, Núm. 7 | Agosto de 1997

Nosotros, número 7

Zapotitlán es uno de los siete pueblos prehispánicos que conforman la delegación Tláhuac. Es también el pueblo que más ha visto transformado su entorno debido a la construcción de unidades habitacionales por parte del Departamento del Distrito Federal. Sin embargo, las nuevas generaciones, conscientes de su rico pasado histórico, tienen un gran interés por conocerlo y difundirlo. Así fue como supimos del trabajo que ha venido realizando tanto en su comunidad como en otros pueblos de Tláhuac el Grupo Expresión Cultural Zapotitlán, por lo que decidimos acercarnos a ellos para conocer la interesante labor que desarrollan, bajo la batuta del museógrafo Lázaro González Peña, la cual llevan a cabo en su comunidad y en otros pueblos de Tláhuac.

El pasado 26 de julio, día de Santa Ana, y a la par del inicio de la Feria de Luces y Música de Zapotitlán, los integrantes del Grupo Expresión Cultural montaron nuevamente en el Salón Marhue la extraordinaria muestra titulada en esta ocasión «Zapotitlán, las costumbres y los tiempos», que compendió diversos aspectos históricos y culturales de quienes ahí han vivido. Su gran conocimiento de aspectos museográficos hizo posible el acondicionamiento de un recinto que transformaron en un atractivo y funcional museo comunitario.

¿Cómo empezaron el proyecto?

Filiberto Valdés, Vicente Valdés de la Rosa, Nancy Huerta y Arturo Venegas compartieron un día la idea de conocer primero y, después, mostrar más a propios que a extraños, todo lo relacionado con las tradiciones y costumbres de quienes habitaron el viejo Zapotitlán. Influidos y motivados por quienes integraban el Grupo Cuitláhuac, cuyos integrantes pintaban los murales con temas indígenas en el barrio de Santiago, en el mes de mayo de 1996 se pusieron en contacto con el entonces coordinador del lugar, Fabián Alejaldre Ortega, y el consejero ciudadano de dicha área, Florentino Salazar, quienes les brindaron de inmediato el apoyo requerido. La idea comenzó como un pasatiempo y terminó en una grata realidad: la conformación del Grupo Expresión Cultural de Zapotitlán, AC.

Posteriormente, en el mes de julio de 1996, montaron por primera ocasión la exposición «Zapotitlán a través del tiempo», motivados porque las tradiciones de sus abuelos y padres fueran conocidas.

Filiberto Valdés platica sus vivencias:

«Hasta 1995 lo que veíamos en la plaza de Zapotitlán eran grandes castillos que, bueno, gracias a eso se ha dado a conocer Zapotitlán, pero no es lo único, así nos fuimos enterando que había más tradiciones que se habían perdido. Y es que como jóvenes no sabíamos lo que aquí hubo alguna vez. Nos pusimos a investigar cómo eran las tradiciones de, por ejemplo, las pastoras, las aztecas, los santiagueros, que eran danzas desde mucho antes que los danzantes de ahora. Logramos tener algunos materiales, fotografías, vestuario… Luego tenemos el Carnaval de Zapotitlán, que se celebra el Domingo de Ramos del cual nadie sabe de sus orígenes, pero del que tenemos caretas de seda y zarapes de colores que portaban los participantes. Hay dos comparsas que son el Club Santiago Zapotitlán Charros y el Club Raíces Caporales, que le han dado realce. Los dos presentan un carro alegórico que no tiene comparación con los de Tlaltenco».

Según refiere, en las muestras que realizan buscan reflejar la vida cotidiana de quienes han integrado la comunidad de Zapotitlán. En cuanto al grupo dice que del año pasado a la fecha son ya más de 25 elementos los que lo conforman.

Una de las fundadoras, Nancy Huerta, responde a una pregunta de Nosotros en el sentido de que no faltan aquellos jóvenes cuya aspiración «máxima» es cambiar su lugar de residencia de Tláhuac a colonias como la Del Valle, Coapa o alguna otra con estigma clasemediero, para «olvidar» sus orígenes y estar a un paso de la «modernidad», mientras que por fortuna ellos trabajan en un proyecto que debería contar con el trabajo de los tránsfugas culturales.

«Creo que les falta comunicación con sus padres y por lo tanto no tienen conocimiento de sus costumbres», dice, al tiempo que recuerda lo que a ella le ha sucedido en la escuela: «Mis compañeros me preguntan, ‘oye, ¿de dónde vienes?’, y yo les digo que de Tláhuac, enseguida vuelven a preguntarme, ‘¡¿de dónde?!’ Y sí, es increíble que siendo Tláhuac una de las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal ni siquiera la conozcan como tal, y eso me ha sucedido en la Preparatoria o en la misma Universidad. Me preguntan intrigados ‘¿qué hay por allá?’»

De unos años a la fecha Zapotitlán se vio invadido por unidades habitacionales, lo cual ha afectado la vida tradicional de quienes aquí han vivido por generaciones. ¿Se ha afectado esta herencia cultural? Vicente Valdés de la Rosa considera que sí.

«Definitivamente. Hay muchas unidades habitacionales… La gente del pueblo reniega de los que llegan a vivir aquí, esta situación la ven como algo anormal y se pierden tradiciones que ya no se rescatan fácilmente. Lo de los castillos ya nada más es pura fama. El pueblo ya no sale a disfrutar sus tradiciones sino que se queda en su casa por miedo a la demás gente. La tranquilidad se pierde con tanto vandalismo. Antes salían, andaban en la plaza por la noche, pero ahora ya no, vienen muchos pandilleros. Y es que también hay mucha gente que rechaza a Zapotitlán o al pueblo por falta de educación, porque tienen una cultura distinta o su cultura es la de Televisa o la revista Eres».

Arturo Venegas recuerda las pláticas de sus papás…

«Me platican que de niños se iban con la palomilla a buscar la banda de música a otros pueblos, pero estos señores se quedaban a tomar, al baile, y ya después salían corriendo de esos pueblos porque los correteaban y es que los lugareños no querían que bailaran con sus muchachas… Y que en el Carnaval no salían a bailar las mujeres porque sus papás no las dejaban, así que salían puros hombres disfrazados de mujeres. Ahora ya salen las mujeres pero… ¡faltan hombres!»

«El Grupo Expresión Cultural Zapotitlán –dice Arturo– tiene un proyecto que consiste en ir con las personas mayores y grabar todas sus anécdotas. También queremos narrarlas con cuadros actuados, para que la gente que no es de aquí, incluidos los jóvenes, se den cuenta de cómo era la vida antes de que nacieran o llegaran aquí».

Como jóvenes que son confirman que los de su edad no tienen en Zapotitlán espacios para la sana diversión.

«No hay mucho para nosotros, pero sobre todo porque ya no es seguro andar en la calle en la noche. Me ha tocado ver cómo asaltan a personas», comenta uno de ellos.

Nancy Huerta vuelve a intervenir.

«Tenemos una biblioteca pero no es lo suficientemente grande. Queremos una casa de cultura, para que la gente aporte documentos y fotografías y ahí podamos exponerlas».

Iglesia de la Inmaculada Concepción

Filiberto Valdés completa la idea:

«Zapotitlán necesita de una casa de la cultura porque aquí hay muchas agrupaciones culturales, más que en otros pueblos. Y los enumera. Están el Grupo Expresión Cultural, obviamente; el Grupo Expresión Escénica, dedicado al teatro, dirigido por el maestro Domingo Palma; los de Proyección Cultural, que se dedican a proyecciones cinematográficas, pero nada más en ferias o eventos específicos. También están los danzantes, que incluso llegan a salir fuera del Distrito Federal cuando son invitados. La Asociación de Charros…»

«Pero es que por la misma urbanización ya no hay espacios en donde se pueda poner un ruedo para practicar el deporte de la charrería. Por eso en esta ocasión vamos a presentar algo de historia de la charrería en Zapotitlán, porque en un momento dado tuvo fuerte arraigo en el pueblo. Incluso hace apenas unos cuatro años todavía subíamos al pueblo a ver algunas charreadas en la Feria o en las fiestas de la Independencia».

«El problema actual es el espacio… Antiguamente el ruedo era instalado en donde ahora se encuentran las unidades habitacionales como la Juan de Dios Peza y la de Voilcanes. Entonces como que al pueblo lo han ido encerrando en un espacio cada vez más estrecho, que ya no resulta suficiente para su cultura».

El dedo está en la llaga. Vicente Valdés de la Rosa aporta más información a la charla.

«Otro ejemplo es el de la crucifixión de Cristo en la Semana Mayor, y es que ahí en donde se encuentra la unidad habitacional Juan de Dios Peza antes concluía todo el recorrido de la representación de la Pasión de Cristo. Pero eso se acabó porque ahora hay puros edificios. Sí, la tradición se sigue realizando, pero… Por la necesidad del mismo evento se necesita de un área más grande, y esa la tenemos en la reserva ecológica de Zapotitlán, lo que conocemos como ‘el cerro’, que ahorita se ha enfrentado a varios problemas porque los propietarios de los terrenos que se piden prestados, ven que la gente va a pisotear todo, y aunque no se siembra, poco a poco se ha ido alejando más hacia Tlaltenco, a tal grado que ya se realiza en las torres de Tlaltenco. La mancha urbana es la que está obligando a hacer este tipo de desplazamiento».

Como quiera que sea la gente que llega de otros lados a vivir a Zapotitlán busca alguna actividad qué realizar, porque tienen espacios muy reducidos en sus hogares.

«Buscan qué hacer dentro de la misma delegación –dice Vicente–. Los fines de semana esta gente de los condominios baja a Zapotitlán, a su calle principal que no está tan cuidada como debiera pero hay casas de piedra, puestos de quesadillas y aún se conserva un poco de ambiente provinciano. Esta gente de fuera, y no toda, como que a veces trata de complementarse, esto lo busca en las tradiciones. La vez pasada, en febrero, lanzamos una invitación abierta a todos los que quisieran participar en el grupo, pedimos que nos dejaran sus datos, dirección, código postal, y nos llevamos la sorpresa porque pensábamos que iba a ser gente del pueblo la que iba a anotarse. Pero los que pidieron ingresar al grupo en su inmensa mayoría eran de los condominios. Sí, hemos visto el interés de algunos de ellos por integrarse a esta comunidad».

La idea de Filiberto es que en fecha próxima puedan integrar a toda esa gente a las festividades del Carnaval, por ejemplo.

«Y es que hay mucha gente que viene a verlo y le gusta, pero a otra le desagradan nuestras tradiciones. La que nos interesa es aquella que busca la manera de participar».

Durante la plática abordamos también el tema de los vestigios arqueológicos en Zapotitlán. Y es que en febrero pasado ellos incluyeron en la muestra la exposición de algunas piezas prehispánicas.

«La gente tiene miedo de decir que en sus terrenos hay vestigios arqueológicos porque piensan que de inmediato se los van a expropiar. Otras personas llegan con nosotros y nos dicen ‘las dono, ténganlas’, pero nosotros no queremos, igual hacemos con aquellos objetos históricos, porque mientras no tengamos una casa de la cultura o un museo donde puedan estar protegidas no nos podemos arriesgar», señala Filiberto.

Como quiera que sea Zapotitlán sigue teniendo cosas bonitas. Es el año de 1997 y una versión más de la Fiesta de Luces y Música dio inicio bajo constantes chubascos pero, además, con la grata presencia de un grupo cultural que seguramente habrá de dar mucho de qué hablar, como ya lo está haciendo, para orgullo de los más viejos de la región y satisfacción de sus jóvenes gestores culturales. ♦

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