Fernando Ismael, «Don Pinolillo» de Milpa Alta

Febrero 5, 2021.- A dos años de su fallecimiento (2008), el cronista rindió sencillo y sincero homenaje a este personaje en Nosotros

Por Eugenio Raúl Ramírez Retana* | Nosotros, Núm. 136 | Septiembre de 2010

A dos años de su fallecimiento (2008), rindo este sencillo, pero sincero homenaje por todo lo bueno que hizo y lo que le falto por hacer, me refiero al señor Fernando Ismael Bermúdez, quien dejó un vacío al morir en la comunidad de Cuauhtenco que difícilmente se podrá cubrir. Persona sencilla, respetuosa, alegre y relajista. A la fecha de su fallecimiento tenía aproximadamente 19 años que había perdido la vista a causa de una enfermedad.

Según sus propias palabras, de niño su vida fue como la de cualquier otro, ya de joven le entró el gusanito por tocar la guitarra, no estudió ni tuvo un maestro que le enseñara a tocarla y cantar, se iba enseñando con los jóvenes con quienes se reunía y entre ellos si alguno se sabía la postura de un tono en la guitarra, la aprendían y así continuaban.

Se compró una guitarra y con los demás muchachos formó un grupo musical que se llamó «Son Canilla». El nombre de este grupo nació de un lugar donde hay una barranca, ahí las personas a quienes se les moría un burro lo llevaban a tirar para que los perros del lugar dieran cuenta de él, y como no tenían todos los instrumentos, un joven llamado Luís Bocanegra se internó en la barranca y saco unas quijadas de burro que empezó a golpear tomando ésta como  su instrumento musical, y debido a este motivo el grupo musical se llamó: «Son Canilla». Cuando no tenían una fiesta a dónde ir a cantar, entonces en una de estas ocasiones se reunieron en el centro del pueblo con los muchachos e invitaban a la gente.

Llévame viento en tus alas

a las montañas del Sur

tú sabes amigo viento

que en mis ojos ya no hay luz.

Pediré después al viento

que me regrese a Cuauhtenco

para rezarle un rosario

al santo Patrón del pueblo.

(Extracto de canción)

El autor de este poema fue un hombre ejemplar. En las condiciones de ceguera que vivía no se dejó vencer. Para quienes lo conocimos esta obra es una pintura de su vida, en ella dice como fue él, este valor para pintarse así mismo fue un acto de ejemplo que debemos seguir y no dejarnos vencer por problemas físicos, morales o económicos, él nos dejó esta obra para seguir su ejemplo con un criterio decisivo, donde destaca su personalidad, principalmente en el campo de la poesía, lo que hizo de él un formidable esposo, padre y amigo. Su valor a toda prueba, su carácter resuelto e indomable, su maravilloso don de persuasión y más que todo esto, su fe hacia los demás.

Él fue el bohemio, poeta y compositor de las más bellas letras de canciones, no nada más del pueblo que lo vio nacer, Cuauhtenco, sino de su delegación Milpa Alta.

Entre tantas pinturas poéticas las representativas son:

 1.- El Manantial de Tulmiac

2.- Corrido de San Salvador

3.- Malacachtepec Momoxco

4.- Amigo viento

5.- Monte Alegre

6.- Fiestas de mi pueblo

7.- Rosas Matutinas

Entre muchas otras, cuya autoría es de Fernando Ismael Bermúdez, más conocido como «Don Pinolillo».

Nació el 30 de mayo de 1927, en San Salvador Cuauhtenco, en el paraje denominado Temazcaltitla, y murió el 10 de octubre de 2008, en su pueblo natal.

Sus padres fueron el señor Bartolomé Villanueva Daniel y la señora Eustolia Bermúdez Díaz, este matrimonio tuvo tres hijos: Pablo, Fernando y Guadalupe Villanueva Bermúdez.

Su hermana Guadalupe nos aclara que Fernando se apellida Ismael y no Villanueva, que Ismael es su apellido y no un nombre, y que fue así porque ellos no tuvieron registro civil de niños, que lo único que tenían era la boleta de Fe de Bautizo y que cuando se casó Fernando, el abuelo de su esposa el señor Doroteo Lozada, dijo: «Tú no eres Villanueva, tú eres Ismael», y sin ninguna otra aclaración así se supo y quedó asentado en el acta de matrimonio y desde ese día su apellido fue «Ismael».

También la señora Guadalupe nos dijo que «Pinolillo» tuvo una tía en el estado de Morelos, en Temixco, y seguido se iba con su tía Manuela, que era hermana de su papá. Le gustaba ir con ella porque donde ésta vivía pasaba un río y le gustaba nadar, aunque le picaran mucho unos zancuditos, que eran unos animalitos muy pequeños, que les decían «pinolillos». Cuando regresaba al pueblo le preguntaban que «qué le había pasado», ya que traía la marca de los piquetes, y él decía que le habían picado los «pinolillos», y por eso se le quedo lo de «don Pinolillo».

Fernando Ismael hizo sus primeros estudios en el centro de la Ciudad de México, curso del segundo al cuarto grado de primaria; cuando regresó al pueblo con una preparación avanzada en relación a que aquí en Cuauhtenco había, aunque ya existía una escuela, sólo había un maestro para todos los grados. Sus estudios los realizó en la Colonia Obrera, en la Calle Juan Lucas de la Zaga, que se encuentra junto a la Calle de Isabel la Católica, Zona céntrica del hoy Distrito Federal.

Su tía Beatriz Bermúdez, hermana de su mamá, fue la que estuvo a cargo de él para que estudiara.

Su esposa fue la señora Noemí Lozada Flores. Procrearon ocho hijos, Sergio, Gustavo, Araceli, Fernando, Usiel, Noemí, Pablo y Mirna, todos con el mismo apellido de Ismael Lozada.

A «Don Pinolillo» le fue muy atractiva la música, cantó a personalidades importantes en fechas memorables, para el pueblo de Cuauhtenco, como fue la señora Guadalupe Rivera Marín, hija del pintor Diego Rivera. Esto sucedió el día en que se inauguró la nueva escuela y que lleva por nombre el del trascendente pintor.

Ya ciego y dedicándose plenamente a la composición musical, cantó en su querido pueblo en muchas de las festividades más tradicionales, por lo que es recordado con mucho cariño y debido a eso tiene el reconocimiento de sus amigos, paisanos, vecinos y todos los que lo conocieron y trataron. Cantó también a sus compañeros de trabajo en la Cigarrera La Moderna y Radio Centro, entre otros lugares.

Su estilo musical fue como él mismo decía, «la música romántica mexicana», y en su obra destacan su poesía y sus versos que en ocasión de algún cumpleaños «salían» espontáneamente con buena rima y agudo sentido de respeto, tino y amor a las demás personas.

Contrastó su personalidad con la de muchos de nosotros sus vecinos, en primer lugar en su lenguaje, hablaba la lengua española actualizada que se habla en el centro de la capital, puntualizando esto porque aquí en Milpa Alta todavía como zona rural practicamos un castellano con rasgos antiguos.

Vivió sus últimos años sintiéndose orgulloso de sus hijos, quienes todos y cada uno de ellos, como también sus mismos nietos, son destacados artistas musicales en la actualidad. ♦

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* Profesor, integrante del Consejo de la Crónica de Milpa Alta

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