La Casa Hogar de las Niñas Tláhuac, lugar de esperanza

Enero 29, 2021.- En 1997 egresó la primera generación –compuesta por 12 niñas– de quienes estudiaron ahí su instrucción primaria

Por Sergio Rojas | Nosotros, Núm. 6 | Julio de 1997

Portada del número 6 de Nosotros

Llegaron a la Casa Hogar muy pequeñas, con el temor propio de la edad ante lo que no imaginaban acabaría por transformar sus vidas, allí compartieron junto con otras niñas sus juegos e ilusiones, cursaron la instrucción primaria bajo un techo protector y rodeadas de amor y esperanza.

Fueron las primeras 12 niñas que estudiaron los seis años de instrucción primaria en la Casa Hogar, ubicada en La Turba, porque comenzaron en 1991, cuando la señora Leonor Arias de De la Rosa, esposa del entonces delegado de Tláhuac, Alfredo de la Rosa Chávez, se dio a la tarea de construir un lugar donde esas niñas que deambulaban por las calles con un aire de tristeza en sus rostros, con el descuido propio de la precaria situación económica de sus familias o, también, porque en el seno familiar faltaba alguno de sus pilares, pudieran tener esa oportunidad que tiene cualquier otra niña en condiciones distintas, y así adquirieran las herramientas necesarias que más adelante les permitieran sortear con éxito los caminos de la vida .

Rodeadas de sus familiares, de sus seres más queridos, de sus compañeras, bien de salón de clase o de habitación, en el comedor o en el patio, de sus entrañables amigas de la vida, de las madres de la Casa Hogar, pertenecientes a la Orden Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, las cuales han cumplido con creces todo lo que la palabra representa, y de los miembros del Patronato que desde el comienzo han atendido sus necesidades fundamentales, las niñas disfrutaron su muy especial fiesta de fin de cursos, todas ellas bien arregladas para tan excepcional ocasión, vestidas de blanco como la pureza de sus ilusiones y con linos claveles o rosas rojas en las manos. Y bailaron su vals y recibieron sus diplomas en medio de aplausos estimulantes y otras muestras de cariño y apoyo.

Todo en la cancha donde muy pronto habrán de ser construidos seis salones de clase, gracias a personas e instituciones amigas que siempre están dispuestas a cooperar. Bajo una lona en la que hubo el traspaso entre escoltas de la bandera, en donde se rindieron los honores a la enseña patria y se dio el solemne juramento, para luego pasar al acto social en que las demás niñas, desde los cinco hasta los 12 años, bailaron el chiapaneco bolonchón, el son jalisciense de Las copetonas o el de Madrugada pasando por uno jarocho. Incluso no faltó la clintoniana Macarena bailada por niñas de primero, segundo y tercer año.

«Estas son las niñas que hace seis años nos confiaron y que ahora se las confiamos a ustedes», dijo con sentida emoción a los familiares de aquellas la sonriente madre Dulce María Bouchan, quien desempeñó el papel de maestra de ceremonias y que pidió un aplauso especial para Olimpia González y Adriana González, porque concluyeron su instrucción primaria con promedio de 10.

«Aquí les hemos dado un gran respeto a todas ellas, tenemos confianza de que ustedes las van a comprender, que les van a dar apoyo y amor», volvió a decir quien tenía a su encargo la conducción del programa, mientras detrás de la larga fila donde observaban los familiares, Sagrario Andrade Baca, directora de la Casa Hogar, simplemente veía con discreción.

Por ahí una niña de blanco le pedía a su hermano mayor que no se acabara el rollo de película, que reservara una para la foto con el grupo. Otra pequeña, de escasos siete años, lloraba de tristeza con Alejandro Durán, presidente del Patronato, porque no se quería ir de vacaciones a su casa ni deseaba que la fueran a cambiar de grupo.

Luego vinieron las palabras de Leonor Arias de De la Rosa, quien recordó el atribulado inicio de la Casa Hogar de la cual ahora ellas se llevan el corazón de todos quienes las trataron pero, también, sólidos principios morales que les permitan querer a sus padres y a sus familiares. Asimismo, no dejó de mencionar que las niñas se llevan un papá como Alejandro Durán y una gran mamá como Marta Bañuelos de Durán, su esposa, porque, recordó, «después de todo detrás de un gran hombre hay una gran mujer».

Y abundó:

«La Casa Hogar no les falló», dijo, al tiempo que reconoció que ese hogar había sido «lo más hermoso que he hecho en mi vida». Enseguida trajeron los enormes y sabrosos pasteles a la mesa principal, y las niñas al unísono partieron su pastel para compartirlo con sus invitados.

Un hogar para quien lo necesita

La Casa Hogar alberga a 50 niñas cuyas edades van entre los seis y los 12 años, aunque puede haber excepciones y permanecen ahí hasta los 13. Muy pronto, gracias al Montepío y a la Fundación Luz Saviñón, serán cambiadas más de 25 literas. Las niñas están distribuidas por edades en cuatro habitaciones. Las instalaciones de la Casa Hogar cuentan, además de la oficina de la dirección, con un comedor y cocina.

En donde se encuentran los únicos tres salones de clase y donde será acondicionado un amplio jardín con una cancha deportiva una vez que sean construidos los seis salones, a un costado se ubica la capilla donde todos los martes por la tarde se celebra una misa en preparación para que las niñas reciban la primera comunión o su confirmación en fechas específicas.

El Patronato está integrado por Alejandro Durán como presidente fundador, Enrique Larios Canale como secretario, Rigoberto Piña, tesorero; Oscar Braunstein, Epigmenio López Moreno, Lidia Cházaro, Leonardo González y Víctor García fungen como vocales. Además, empresarios de la región apoyan la labor de la Casa Hogar con becas mensuales de 250 pesos, lo cual no cubre las necesidades de quien la recibe pero sí es una gran ayuda en su manutención. El gasto mensual es de 25 mil pesos, cantidad con la que se cubren gastos de alimentación, salarios de profesores y de las monjas.

De igual forma, la delegación Tláhuac apoya con el mantenimiento del inmueble. Si cada mes llega a presentarse la situación de falta de dinero, el Patronato termina por aportarlo.

A la Casa Hogar, ubicada en La Turba, llegan personas a pedir el apoyo para niñas que en sus respectivas casas tienen diversos problemas. Es entonces cuando trabajadoras sociales y el Patronato realizan las investigaciones pertinentes para ver si el caso amerita la inscripción de la menor.

Las niñas pasan los fines de semana en sus casas, entran el domingo a las cinco de la tarde y salen los viernes a la misma hora. De esa manera no se rompe el vínculo familiar. Sin embargo, cuando son detectados problemas en la relación familiar, las niñas son retenidas en la Casa Hogar para evitarles conflictos sicológicos posteriores. Es una labor altruista que realizan personas desinteresadas que tienen un gran amor al prójimo y que realizan acorde a los preceptos de la fe cristiana. ♦

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