Mixquic, la doctora Socorro Bernal Vázquez y su tiempo

Enero 28, 2021.- La plática con quien se significó por su liderazgo y fue un personaje respetado de su pueblo, San Andrés Mixquic

Por Sergio Rojas | Nosotros, Núm. 6 | Julio de 1997

Primera de dos partes

Portada de la número siete

San Andrés Mixquic aún conserva ese sabor provinciano que lo magnifica, es muy gratificante caminar por sus angostas calles y llegar al jardín principal a disfrutar de la tranquilidad provinciana de uno de los siete pueblos ancestrales de Tláhuac. Y de todos ellos, tal vez Mixquic sea el más apacible de todos, aunque con una historia de siglos. Su nombre sabe a mezquite, pero también a cultura popular, es Mixquic sinónimo de chinampa, agua y oxígeno. Es también conocido mundialmente por su tradicional conmemoración de día de muertos, en donde los «turistas» defeños, contrario a la actitud de respeto que guardan los cientos de visitantes extranjeros, vienen la noche del dos de noviembre a echar relajo con sus jícaras de bebidas espirituosas o su vasito de té con piquete.

Y en medio de esas y otras reflexiones, llegamos a la casa de la doctora María del Socorro Bernal Vázquez, querida y respetada personaje de San Andrés Mixquic, quien con sencillez y modestia niega tener uno de los papeles protagónicos entre quienes se han preocupado por hacer del pueblo un lugar digno para sus moradores. Ciertamente, la población conserva su esencia de pueblo prehispánico, pero como todos los de su estirpe ha sufrido grandes cambios al paso del tiempo. Porque ha habido intercambio de personas, y han influido en esta transformación los medios de comunicación. «Estos factores hacen que Mixquic no sea ya el de hace cincuenta o cien años –comenta la doctora–, pero sus habitantes conservan orgullosamente sus costumbres de tipo religioso. Es un pueblo rústico, pero sobre todo místico, principalmente en noviembre porque, en el resto del año, es uno de los principales sitios que abastece a la Ciudad de México de hortalizas. Por si usted no lo sabía, diariamente de aquí salen alrededor de 100 toneladas de brócoli a la Central de Abasto, en Ixtapalapa, además de otras tantas de rabanitos, lechuga, acelga, de lo que se quiera». ¿Quiénes no hemos comido uno de los variados productos que aquí se cultivan?

«Mixquic ha cambiado en todos los aspectos –dice la doctora Bernal Vázquez–, por ejemplo, el 90 por ciento del agua que tenían sus canales se ha perdido, sí, aún tienen agua pero ya son muy reducidos. Mixquic sigue manteniendo el 70 por ciento de sus cultivos, pero el agua ya no es llevada a través de aquellos amplios canales, como tampoco proviene de los manantiales sino de una planta de tratamiento que está en el Cerro de la estrella. Había manantiales pero en la perforación de pozos artesianos para llevar agua a la Ciudad de México pues acabaron con estos. Hoy simplemente los llamamos zanjas porque están surtidos con aguas tratadas. Aquí van a inaugurar una de esas plantas dentro de poco».

La doctora Bernal fue subdelegada en Mixquic en 1978, cuando en el organigrama de la delegación así se establecía, después el cargo fue sustituido por el de «coordinador». Ama a su pueblo como debe amarlo todo aquel que tenga nobles sentimientos. Ha luchado como pocos para conseguir de las autoridades los beneficios a que todo mexicano tiene derecho. Menuda y amable, su voz suena a nostalgia y a historia, a pasado, pero también a presente. Nunca se casó porque desde los catorce años, cuando fue elegida por su comunidad para entregarle un ramo de flores en señal de bienvenida al entonces presidente Miguel Alemán Valdés, supo que su apostolado debía ser el trabajo por su gente, por los suyos. Y entre tragos amargos pero muchos más de satisfacciones, María del Socorro decidió estudiar medicina para acabar de servir de tiempo completo a quienes pudiera ayudar en su Mixquic.

«Aquí la gente vive de sus hortalizas –comenta–. En el gobierno se han dado cuenta que es mejor que los hombres del campo en el campo se queden, porque es mejor que trabajen sus tierras y no vayan a las fábricas a desempeñar otro tipo de trabajo porque no tienen en principio la preparación debida y, por eso, terminarían cumpliendo funciones de barrendero. Ellos son libres en su campo y por eso el gobierno acaba por atenderlos, para que no salgan de su lugar de origen, que sigan sembrando sus tierras. Habían dejado de sembrar pero con la dotación de agua al ejido y la pequeña propiedad han vuelto a producir».

Sentados en torno a una pequeña mesa en el amplio patio de su casa, la doctora comenta que otro cambio en algunos habitantes de Mixquic consiste en que se han vuelto menos comunicativos. ¿Por qué?, preguntamos.

«Al haber salido del pueblo como que se han retirado un poco de los tradicionales grupos donde se habla solamente de siembras». De pronto nos deja un momento para ir al baúl de sus recuerdos y traer las fotografías de Mixquic de los años 50 o de más atrás, que guarda como un preciado tesoro. Le pedimos que más adelante nos facilite unas copias del inter4esante testimonio gráfico que guarda para que pueda ser conocido por más tlahuaquenses. Después, el tema es inevitable.

«Mis compañeros de Tlaltenco aceptaron la invitación de la delegación para crear un museo regional arqueológico. Yo me opuse rotundamente a ese proyecto porque yo era la que estaba aportando cuando menos el 90 por ciento de las piezas que estaban en el Museo de Mixquic. Las tuve como unos 40 años, porque desde joven me dio por confeccionar piezas y al sacarlas de un lado a otro se fueron deteriorando. Luego el sacerdote me pidió prestadas las piezas para que las vieran los turistas el día de muertos, pero cuando me las regresaban muchas venían deterioradas y faltaban algunas. Así se me iban perdiendo. Antes de que yo fuera coordinadora tenía inquietudes de hacer un museo en Mixquic, fui a Antropología, hice los escritos pero me contestaron que ellos no podían proporcionarme el inmueble, aunque me darían asesoramiento para la clasificación de piezas. Me dijeron que si el pueblo estaba en condiciones de proporcionar un inmueble ellos acondicionarían el museo. Me quedé triste y pensé que esta casita pues terminaría siendo museo algún día».

«En una ocasión le propuse a Homero Díaz Córdoba la formación de un museo y le pareció excelente la idea, sólo que duró poco tiempo como delegado y el propósito continuó con José Irabién Medina, quien mandó un museólogo aquí a la casa, le mostré todas las piezas que tenía y él escogió las mejores y nos mandó unas vitrinas. En 1986 podemos decir que fue la inauguración del museo junto con la biblioteca, porque aunque vino Manuel Camacho Solís en su calidad de regente, lo hizo como simple turista. No hubo corte de listón ni ceremonia ni discursos. Sin embargo, el local donde estaba la biblioteca y el museo había sido un mercado, el techo ya estaba totalmente deteriorado, llegaron los aguaceros y los libros se mojaron. Eso enojó mucho a los habitantes del pueblo0, principalmente a los estudiantes, y protestaron ante las autoridades. El pueblo colaboró con una gran cantidad de dinero, el delegado también, y así se mejoró la biblioteca. Nada más que en ese mejoramiento hubo que desmontar una, dos, tres veces las vitrinas, y en ese abrir y cerrarlas se fueron perdiendo las piezas, además de que se han deteriorado las que están y todo está sucio. Hace 15 días que fui porque está un maestro impartiendo clases de náhuatl, es de Santa Ana Tlacotenco, y me dio mucha lástima ver mis piezas».

«Pero de vuelta con la invitación para hacer un museo regional fue aceptada por mis amigos de Tlaltenco. En esa ocasión estaba Lázaro Lugo y él llevó a la delegación unas piezas muy bonitas, muy valiosas. Llevó un caracol, y otros también, y quién sabe dónde quedaron. Yo no llevé ninguna pieza, las más se quedaron aquí en Mixquic. Claro, de aquí han ido desapareciendo».

Es una tarde nublada en Mixquic cuando tocan a la puerta de la casa, la doctora Bernal sabe que son pacientes que van a consulta médica, les pide que esperan por favor un momento, instante que aprovechamos para observar las piezas arqueológicas que tiene en el jardín de su casa, incluso el Tlaloc en lo alto de una pared. No queremos interrumpir su agenda como médico, sobre todo porque puede tratarse de alguna emergencia, así que preferimos curiosear un rato en el patio de la casa y tomar un poco de agua de Mixquic para regresar al pueblo pronto.

Continuará

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