La vida del poeta rarámuri Erasmo Palma en libro

Enero 12, 2021.- «Él fue realmente una voz tarahumara porque conquistó la confianza de su gente, lo que me parece la sustancia de su vida»

Nicola Lorusso comparte con gran capacidad técnica y elegancia, imágenes en las que coinciden tanto la fotografía documental y el retrato, con una sobriedad exquisita que registran la belleza de estas formas de vida en Norogachi, Chihuahua, donde Erasmo Palma Fernández, escritor, traductor, pintor, músico, compositor y promotor cultural rarámuri, es el eje conductor de su propuesta visual.

En opinión del director del Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo), Juan Carlos Valdez Marín, el trabajo del fotógrafo italiano, plasmado en el libro El guardián de las palabras (INAH, 2020), comparte imágenes de una iconografía del México áspero del Norte, pero con la presencia viva de sus protagonistas. «No se trata, propiamente, de representaciones bucólicas, sino de la historia viva, de sus pobladores con su entorno cotidiano que, gracias a la mirada de Lorusso, viven en la contemplación y en la presencia viva», señaló.

Dijo que el texto, el cual contiene más de 70 imágenes en color y en blanco y negro, es una propuesta fotográfica que va de lo documental a lo íntimo, permitiendo disfrutar del saber de Erasmo Palma.

«A través de las páginas del libro, Nicola comparte su fascinación por la vida, reflejada en la magnificencia del territorio que fotografía y en su convivencia con los pobladores de la región. Sin duda alguna, es un canto a la vida, que permite entrar en comunión con espacios y personajes, para muchos, desconocidos», indicó.

«Con esta publicación, él va más allá de una simple compilación de imágenes documentales, se trata de otra forma de registrar y enriquecer la historia regional, un estudio visual, siempre a partir de la interpretación del lenguaje que emana del material fotográfico», expresó.

Amor a primera vista

Para el fotógrafo Nicola Lorusso la publicación nace en el gesto mismo de la fotografía, una forma de trabajar a partir del acto fotográfico, de las tomas que se realizan.

«En El guardián de las palabras hubo amor a primera vista. Considero que la magia del encuentro se dio de manera casual, porque en realidad había conocido a Erasmo Palma ya hace muchos años, a principios de los años noventa, cuando fui a la Sierra Tarahumara a hacer un reportaje. En esa ocasión, gracias al encuentro con su hijo Carlos, entré en contacto con esta realidad, en la aldea de Norogachi», refirió Lorusso.

Mencionó que en 2014 regresó a esa región, por otras razones, para volver a encontrarse con Carlos y visitar a su padre, y tuvo la idea de pensar en don Erasmo como un posible protagonista, porque le llamó la atención el papel que él se conquistó a través de su vida.

«Él fue realmente una voz tarahumara, en todos los aspectos, no sólo en una cuestión que podríamos definir como intelectual, aunque no lo fue, en realidad, sino porque conquistó la confianza de su gente, lo que me parece la sustancia de su vida», destacó.

En 2015 volvió a la Tarahumara con esta clara intención, pues el poeta y músico sabía la razón de su visita, la cual aceptó muy tranquilamente, por la relación humana que ambos habían emprendido. «Una persona te puede aceptar en casa, pero el acto de ser fotografiada no está incluido, es una consideración muy torpe la que hacemos cuando pensamos invadir con la cámara fotográfica», señaló.

El fotógrafo italiano detalló que los primeros días en la comunidad no cargaba la cámara, ni le interesaba, era mucho más importante escuchar a las personas, dialogar con ellas y, por supuesto, platicar con don Erasmo, a quien consideraba un rarámuri insólito.

«Soy un fotógrafo que elige no tener un color agresivo en sus fotografías, me refiero a cierta idea de saturación exagerada, soy una persona que cree en la maravilla, incluso, como fotógrafo la uso, por lo tanto, el tono debe ser un vehículo delicado para mí, no me interesa captar la tensión, porque el color es parte de un discurso, sobre el cual tengo la esperanza de poder intentar alguna forma poética», apuntó.

Relató que al mudarse a México hace 19 años, se hizo una promesa: si iba a un país lejano, que desconociera en ese entonces, nunca haría una lectura exótica del lugar. Por eso, cuando se refiere al color agresivo, habla de no construir visualmente un lugar falsamente exótico.

«Cuando la fotografía se pone al centro o se vuelve el estímulo para consideraciones de tipo antropológico, ahí está una de las metas principales de la fotografía, si esto es algo que se aprecia en el libro, es algo que me llena profundamente».

«Cuando una persona con su sencillez llega a pensar la idea de la escritura y la composición musical en un mismo nivel, como hacía don Erasmo, surge un ejemplo de genuinidad absoluta. Era claro que estaba frente a un autor que sentía un deber respecto a su idioma materno, con él, el uso de las palabras se volvía mágico», puntualizó.

Finalmente, expuso que esta serie de imágenes —incluida la selección de textos originales que reprodujo fotográficamente— no pretende ser más que un punto de encuentro entre Erasmo Palma y él, un gesto de complicidad entre el poeta y el fotógrafo, un pequeño homenaje para honrar la historia de la que él se convirtió en intérprete y fiel guardián. Don Erasmo falleció el 23 de octubre de 2016, sin haber visto esta publicación. ♦

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