La pirotecnia en festividades religiosas, magia y colorido

Diciembre 14, 2020.- Una fiesta sin pirotecnia, recuerda Manuel Garcés Jiménez, simplemente no es fiesta popular mexicana

Por Manuel Garcés Jiménez | Nosotros, Núm. 28 | Junio de 2000

En los días de fiesta patronales de los poblados de origen prehispánico existe un verdadero derroche de multicolores  luces,  es  entonces cuando los coheteros hacen ingenio de su arte pirotécnico fabricando infinidad de cohetes, canastillas y ruedas de luces, los toritos y vistosos castillos, todo cuanto su fecunda pericia les permite confeccionar infinidad de figuras con deslumbrantes luces.

Asistir a estas fiestas, nos permite admirar los juegos pirotécnicos y escuchar los cientos y cientos de cohetes, cuyo humo con olor a pólvora, envuelve a los presentes. La pirotecnia es el alma de las fiestas patronales.

Los primeros usos de la pólvora fueron, sin duda alguna, en los arcabuces, armas de los conquistadores. En un documento del siglo XVI de Vetancurt, leemos con interés cómo adquirían los primeros soldados de Hernán Cortés el azufre para la fabricación de la pólvora. «…en el cerro que llaman el Teuhtli, jurisdición de Suchimilco (sic) hay una mina de azufre común para el que quiere sacarlo, y aprovecharse del volcán que está cercano a México, sacaron en la conquista por mandato de Hernando Cortés a tres soldados el azufre en cantidad para la pólvora».

La pólvora para la pirotecnia tiene profundas raíces que datan del virreinato, era utilizada por los frailes franciscanos a fines del siglo XVI para la celebración de las fiestas religiosas de los poblados conquistados, con la finalidad de atraer a los indígenas recién convertidos al catolicismo.

La tradición refiere que en pleno virreinato, los españoles extraían el nitro de salitre y tequesquite para la fabricación rudimentaria de la pólvora para las armas de fuego, además de la pirotecnia: «Desde el momento de la Conquista se comenzó a fabricar pólvora con salitre, azúcar y agua. Y fue el virrey Don Luis de Velasco, quien estableció en Chapultepec la primera fábrica de pólvora, haciendo para su molienda un ingenio de mulas… La pólvora en los primeros años del virreinato se fabricaba y se almacenaba en las casas Reales».

«Desde el siglo XVII se mencionan como lugares de ‘raspa de salitre’ o salitreras a Cuitláhuac (hoy Tláhuac), Mixquic, Mexicalzingo y otras comunidades como Chalco y Xochimilco. Específicamente se menciona como ingrediente de la pólvora el salitre de Mixquic; aunque también es probable que las comunidades indígenas de la época virreinal hayan usado el salitre en la fabricación de fuegos artificiales para sus fiestas».

Respecto al origen de la pólvora, materia prima para la elaboración de la pirotecnia, no se sabe con veracidad cuál es su origen, pero existen evidencias que posiblemente fueron los chinos quienes la descubrieron. Sin embargo, para otros indican que en el año de 1304 los árabes ya utilizaban un cañón hecho de bambú y fierro con este elemento explosivo.

Esta labor artística, cuya materia prima es la pólvora, es admirada en días festivos a través de los castillos, toritos, ruedas voladoras con sus múltiples colores dando vida a las fiestas populares tanto en colonias como en pueblos de las 16 delegaciones que integran el Distrito Federal e interior de la República. Una fiesta sin pirotecnia, simplemente no es fiesta popular mexicana. A tal grado que en cada población existe la «Sociedad de Salveros», donde hay un mayordomo encargado de la pirotecnia o de la salva, misma que se quema en la fiesta patronal.

Además de estas fiestas patronales, la pirotecnia en nuestro país es reconocida a nivel internacional, basta con admirarla en la noche del 15 de septiembre en explanadas delegacionales y zócalo capitalino, donde se conjuga la sincronización con el colorido, arte efímero de los hombres que se juegan la vida al realizar esta actividad ancestral.

Al respecto, los artesanos comentan que la pólvora negra es la base fundamental, pero también está el clorato de potasio, el nitrato de estroncio, los sulfatos, los antimonios y el azufre. La sapiencia argumenta que para dar color a los fuegos, se emplean el nitrato de estroncio para dar tono rojo; carbonato de sodio, para tono amarillo; clorato de bario, tono verde; sulfato de cobre, el tono azul que se utiliza con una mezcla de sales, y el potasio puro para el tono blanco.

Cabe señalar que además de Tultepec, estado de México, existen otros poblados que se localizan en el Valle de Anáhuac, reconocidos como fabricantes de todo tipo de pirotecnia: Zumpango, Ozumba, Amecameca y San Juan Ixtayopan, entre otros.

Sin embargo, esta noble labor artística y fuente de trabajo para muchas familias ha ocasionado que se realice clandestinamente, sin tomar en cuenta las medidas adecuadas para el buen desarrollo de esta actividad, es por esto que los accidentes están latentes en  todo momento y aún más cuando se manejan explosivos, mismos que pueden ocasionar daños irreparables, ·tanto humanos como materiales.

En la delegación de Tláhuac se encuentra Santiago Zapotitlán, lugar donde se realiza anualmente una presentación de lo que es la pirotecnia popular denominada «Fiesta de las Luces y la Música», esta fiesta está dedicada a los santos patronos del lugar, al Señor Santiago Apóstol y a la Señora de Santa Ana. La fiesta tiene una duración de ocho días, tiempo en que concurren los coheteros de Tultepec y de otros lugares para ofrecer un espectáculo de pirotecnia a través de los enormes castillos, donde las luces, el humo y el característico olor a pólvora ofrecen un ambiente de magia y colorido, dando la idea de estar entre nubes que se desprenden del mero arte popular. ♦

_____

Bibliografía:

Rivera de los Santos, Alma Rosa Lozada Pérez, Ricardo. Memoria de la Fiesta. Historia, Tradición y Relatos de las Mayordomías de Santiago Zapotitlán. Culturas Populares, PACMYC. México, s/f.

Olvera, María del Carmen. Un depósito del salitre en Xochimilco en la época colonial. Boletín de Monumentos Históricos. INAH. México, s/f.

Vetancurt,  Fray Agustín  de. Teatro Mexicano, Crónica de la Provincia del Santo Evangelio. Porrúa. Edición facsimilar. México, 1982.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: