Hallan torre de cráneos del Huei Tzompantli de Tenochtitlan

Diciembre 12, 2020.- Es uno de los hallazgos arqueológicos más impactantes de los últimos años en nuestro país

Durante trabajos de remodelación del edificio histórico de la calle República de Guatemala 24, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron el extremo este y la fachada externa de una torre o muro circular de cráneos humanos, de 4.7 metros de diámetro.

El Huei Tzompantli es, sin duda, uno de los hallazgos arqueológicos más impactantes de los últimos años en nuestro país, debido a que se trata de un importante testimonio del poderío y grandeza que alcanzó México-Tenochtitlan.

Hace cinco años, investigadores del Instituto localizaron los vestigios del extremo noreste del Huei Tzompantli de México-Tenochtitlan, la gran plataforma con empalizada que los mexicas consagraron a Huitzilopochtli, su dios tutelar.

Fue en marzo del presente año, conforme se descendía en el nivel de piso para recimentar un muro que corre de norte a sur en el costado oeste del pasillo central del edificio histórico, cuando se detectaron los primeros cráneos fragmentados que forman parte de la estructura circular , recordaron especialistas del INAH.

La evidencia, explicaron, demuestra que, una vez caída la ciudad de México-Tenochtitlan en manos de los soldados españoles y sus aliados indígenas, se dio paso a la destrucción de la mayor parte de la última etapa constructiva del Huei Tzompantli, por lo cual se arrasó con los cráneos de la torre, cuyos fragmentos dispersos han sido recuperados y analizados por el equipo de antropología física.

Imponente monumento, declaración de poder y principios bélicos

Hasta el momento, los especialistas han descendido hasta la profundidad de 3.5 metros desde el nivel actual de la calle de República de Guatemala, por lo que han logrado identificar tres etapas constructivas de la plataforma mexica, mismas que se remontan, al menos, a la época del tlatoani Ahuizotl, quien gobernó Tenochtitlan entre 1486 y 1502.

Al respecto, el antropólogo físico encargado del análisis del material óseo, Rodrigo Bolaños Martínez, dijo que en esta nueva fase de vigilancia de las obras de restauración del inmueble histórico, se han visualizado, superficialmente, 119 cráneos humanos de la sección este de la torre, los cuales se suman a los 484 identificados anteriormente.

Desde el análisis visual, explicó, en esta fachada hay tanto cráneos de hombres como de mujeres y de por lo menos tres niños, reconocidos estos debido a que son más pequeños y con dientes que estaban en desarrollo. Se aprecian también modificaciones cefálicas tabulares erectas y tabulares oblicuas, lo que indica que los individuos realizaban esta actividad como parte de sus prácticas culturales.

Para Lorena Vázquez Vallín, «si bien estos individuos son una muestra importante de la población del periodo Posclásico, cada uno de estos cráneos forma un elemento arquitectónico que es parte del edificio y del discurso simbólico del mismo».

Los trabajos han sido posibles gracias a que los propietarios del inmueble han permitido la investigación y salvaguarda del importante patrimonio arqueológico.

Un templo consagrado a la vida

En Mesoamérica el sacrificio ritual se practicaba bajo la noción que, a través de su ejercicio, se mantenía con vida a los dioses y, por ende, se daba continuidad a la existencia del universo. Esta visión, incomprensible para nuestro sistema de creencias, convierte al Huei Tzompantli en un edificio de vida más que de muerte.

Los especialistas aseguraron que este imponente monumento también fue una declaración de poder y principios bélicos para los enemigos de los mexicas, por lo que es probable que muchos de los individuos, capturados en combate, hayan sido sacrificados como nextlahualtin (pago de deudas), buscando con ello ser favorecidos por los dioses otorgándoles vida a cambio.

Plataforma mexica que se remonta a la época del gobierno del tlatoani Ahuizotl. Fotografías: Melitón Tapia

«Aunque no podemos determinar cuántos de estos individuos fueron guerreros, quizá algunos eran cautivos destinados para ceremonias de sacrificio. Sí sabemos que todos fueron sacralizados, es decir, convertidos en dones para los dioses o, incluso, en personificaciones de las propias deidades, por lo cual se les vestía y trataba como tales», dijo Barrera Rodríguez.

Esta visión fue radicalmente combatida por los españoles, quienes debieron presenciar numerosos sacrificios rituales en los siete tzompantli que según se sabe existían en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan.

Tal vez, por el asombro que les causó, y aun cuando Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo hablan de dichas estructuras en sus crónicas, el único soldado que se ocupó de describir el Huei Tzompantli fue Andrés de Tapia.

«El sacrificio humano en Mesoamérica era un compromiso que cotidianamente se establecía entre los seres humanos y sus dioses, como una forma que incidía en la renovación de la naturaleza y en asegurar la continuidad de la vida misma», concluyó el también titular del Programa de Arqueología Urbana. ♦

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