Prólogo del libro «Xochimilco, tradiciones y costumbres»

Diciembre 9, 2020.- Esta región es el último testimonio de una cultura que había inventado una manera de vivir con el agua

Por Margarita de Orellana | Nosotros, Núm. 48 | Abril de 2002

Xochimilco, lugar milenario de las flores, invoca en nosotros imágenes coloridas, alegres y llenas de nostalgia. Es muy difícil no recordar los paseos en trajineras por sus canales, y ver cómo, con gran seguridad y parsimonia, todo tipo de vendedores en sus pequeñas balsas se acercan con mercancías para sorprendernos y hacernos disfrutar el paseo de una manera más plena. Desde una orquídea deleite de los ojos, una canción para entretener el oído o una deliciosa comida todos nuestros sentidos encuentran su propio placer. Estas aguas han sido recorridas por millones de mexicanos.

Esta región es el último testimonio de una cultura que había logrado un desarrollo importante en su relación con la naturaleza específica de esta zona lacustre. Una cultura que había inventado una manera de vivir con el agua, que conocía sus ritmos y sus ciclos. Una civilización casi ecológica. Todo eso se fue acabando desde la llegada de los españoles. Hoy queda como una luciérnaga en la oscuridad y en la memoria.

Xochimilco tiene también una larga historia. Sus costumbres y tradiciones no han desaparecido. Hoy, la mancha urbana ha devorado este singular territorio y su historia empieza a diluirse. Rodolfo Cordero López, uno de los estudiosos más tenaces del lugar, se ha preocupado por salvar del olvido la memoria de lo que fue y lo que queda en las tradiciones de Xochimilco. Se ha dado cuenta de que la memoria oral ya no basta, que hay que hacer la transición a la memoria escrita para poder manejar y fijar la complejidad de esta región. Por otra parte, su esfuerzo nos hace beneficiarios de esa memoria a la que anteriormente no teníamos acceso.

Xochimilco, tradiciones y costumbres, de Rodolfo Cordero, es un amplio abanico de fiestas y costumbres que se llevan a cabo ahí desde hace siglos. El libro está dividido en tres partes. La primera está dedicada a las fiestas, el autor nos describe con meticulosidad cada una de ellas en forma lógica, empezando por la fiesta de Reyes y terminando con el Año Nuevo. Poco a poco nos va descubriendo las fiestas particulares de esta región lacustre. Es interesante conocer el por qué San Bernardino de Siena, un santo no muy importante en el santoral, se convirtió en patrono del lugar. Resulta que fue el tercer patrón de Xochimilco porque fue más milagroso que sus predecesores. Santiago, el primero, no logró terminar con la peste de 1576 y los habitantes pidieron a los frailes que les cambiaran al santo; San Sebastián fue tan ineficaz como el primero y la casualidad hizo que San Bernardino se quedara para siempre. El calendario ritual de los náhuatl festejaba a Tezcatlipoca el 19 de mayo. Sin embargo, nos quedamos con la curiosidad de saber cuáles fueron los milagros que realizó este último, además de terminar con el cocoliztle.

El culto al Niñopa, cuyo nombre es la yuxtaposición de la palabra niño y padre, es otra particularidad del lugar cuyo origen es desconocido. El Niñopa, representado por una bella figura del niño Jesús, no tiene un templo especial, vive entre la gente de Xochimilco. La tradición de su culto se transmite por medio de los mayordomos que lo cuidan como si fuera un pequeño rey. Por los relatos de generaciones se sabe que desde el siglo XVIII ya se le adoraba. Otro de sus apelativos era el Niño Grande del pueblo.

Según Cordero, el Niñopa «es una realidad tangible del patrimonio nacional religioso perteneciente al pueblo de las chinampas, de las sementeras de flores. Con sus potencias y cetro es imponente».

No es la clásica imagen beatífica. No tiene la mirada de aquellos santos de angustia en los claustros y altares. Su rostro es severo, lleno de gracia. Es el mayordomo quien autoriza al niño salir de visita a casa de los devotos que le ofrecen una misa y un convite familiar, en realidad es un niño más del lugar. La celebración de los días de muertos posee también su propia forma. Las costumbres del lugar adquieren su particularidad gracias al entorno natural de Xochimilco. Cordero no se contenta con describir cada celebración sino que busca sus posibles significados y sobre todo los paralelos con el pasado prehispánico.

La segunda parte nos narra las costumbres tradicionales propias como la fabricación y uso de las portadas o arcos floridos, la función y la antigüedad de las mayordomías, la pesca en los acalotes, los cultivos tradicionales, etc. Y la tercera nos da cuenta de los franciscanos ilustres que tuvieron una influencia considerable en la región, así como el origen y desarrollo de los pueblos y barrios viejos del lugar.

Existen dos niveles de historia en este trabajo. Por una parte, la historia documental y por otra, la historia viva. La segunda basada en sus propias observaciones y en testimonios y recuerdos de la gente de Xochimilco. Cordero ha logrado formar una amalgama notable apoyándose en las crónicas antiguas y en la historia viva que día con día se desarrolla en la región. Esto hace original el trabajo.

Sin duda, una de las aportaciones más valiosas de este libro es cómo se describe el sincretismo de las ceremonias. Cordero lo hace aparecer como algo natural. Nos hace reflexionar sobre las religiones y el grado de sincretismo que existe en cada una de ellas.

Si nos ponemos a rastrear una por una, podríamos concluir que todas son sincréticas. Una religiosidad es la manera precisa como se expresa la vida ceremonial de una comunidad en el interior de una gran religión como la católica, por ejemplo. En Xochimilco la vida ceremonial es la expresión de un catolicismo específico distinto quizás de la urbana o quizá de una región cercana no necesariamente urbana.

En las ceremonias descritas en este libro el sincretismo tiene una alta presencia náhuatl y una fuerte presencia evangelizadora franciscana de esa zona rural lacustre. Esta evangelización es muy antigua y no hay forma de distinguir lo de una religión de la otra. No obstante, éste puede ser un buen punto de partida para estudiar y comparar esta religiosidad particular con otras dentro del mismo país.

Trabajos como éste son referencias que con el tiempo se vuelven fundamentales para los historiadores que vienen después. Cordero no sólo está rescatando sino que está creando una fuente para la historia. Pero también este trabajo puede ser la inspiración para periodistas, narradores, filósofos y hasta poetas, que buscan en las expresiones populares sus propias formas de expresión.

Rodolfo Cordero López forma parte de esa tradición que existe en México desde hace mucho tiempo y que consiste en contribuir de manera activa en la construcción de la memoria de una comunidad. Su obra requiere de una enorme paciencia, devoción y amor, pero también fortaleza y tenacidad.

Lo que lo mueve es sobre todo la pasión por su lugar de origen. Quiere a toda costa lo que puede morir pronto. No está interesado en el futuro sino simplemente quiere internarse en el pasado y lo que queda de él ahora. Luis González y González ha descrito este tipo de vocación como «la conciencia que una colectividad toma de ella misma para asegurarse frente a la colectividad vecina y para mantenerse en pie, alimentada por sus raíces». ♦

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Xochimilco, tradiciones y costumbres, de Rodolfo Cordero López, publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (2001), contiene detallada relación de los hábitos, usos, prácticas de la vida cotidiana y festiva de esa región del Valle de México.

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