Tecómitl y sus fiestas y ceremonias de diciembre

Diciembre 4, 2020.- El autor recoge las tradiciones de su pueblo como expresión de su cultura que le da una fisonomía propia

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros, Núm. 23 | Diciembre de 1999

El año que termina, nos invita a la reflexión y el inicio del tercer milenio permite imaginar indiscutiblemente un mundo mejor.

Estos días de vientos helados que calan hasta los huesos se siente aún más calor humano, principalmente en la familia, que invita a vivir en paz y en la tranquilidad, reflejándose en el amor en estas fiestas decembrinas ante el nacimiento del Niño Jesús que por costumbre y tradición del pueblo de San Antonio Tecómitl, Milpa Alta, donde este año corresponde celebrarlo en el barrio conocido desde tiempos inmemoriales como Xaltipac, cuyo significado en lengua náhuatl corresponde a: «donde hay arena».

Por su origen histórico, el poblado tenía cuatro calpullis, hoy conocidos como barrios, conservando cada uno su nombre precuauhtémico. Nuestros antepasados supieron siempre armonizar los toponímicos con la geografía del lugar.

En estos días de diciembre, cuando las noches se encuentran estrelladas en todo su esplendor, con qué ilusión los chicos y grandes se preparan para asistir a las posadas en el histórico ex convento franciscano del siglo XVI, construido por las manos morenas de nuestros indígenas en honor a San Antonio de Padua, actual patrono del lugar. Tradición tan nuestra con algunas variantes propias del poblado en comparación al resto del mundo católico. Es la ocasión para reunirnos con los amigos y seres queridos y poder disfrutar de la colación, la fruta de las míticas piñatas y de la pastorela que ofrece desde hace casi una década el señor Jorge Villalba a través de la ferretería «Casa Jorge» a sus clientes y amigos, quienes disfrutarán de la lucha celestial protagonizada por el arcángel Gabriel (Fortaleza de Dios) en contra de los horripilantes demonios que al final son derrotados para dejar el paso libre al nacimiento del Niños Dios.

En esta temporada se espera un invierno crudo… Los días cada vez son más pequeños en luminosidad, pero despejados para poder admirar en todo su esplendor a los gigantes milenarios y guardianes del Valle de Anáhuac: la Iztaccíhuatl y su inseparable compañero el Popocatépetl, enemigo acérrimo del Teutli (según la leyenda del profesor Carlos Villanueva Yescas).

En el espacio para la reflexión espiritual y el rescate de los valores de nuestra cultura popular mexicana a través de las piñatas, el nacimiento franciscano tipo mexicano, los ponches con el so pretexto del frío, los villancicos, el día de Reyes. Todo adornado con heno y no podrían faltar las míticas flores de Nochebuena, tan mexicanas como lo indica su nombre original, cuetlaxochitl o «flor de frío».

Es la época donde se observan desde la parte alta los montones de cañas secas de maíz conocida por los campesinos como «mogotes», donde las manos hábiles y ásperas del trabajador del campo despegarán con el pixcador cada una de las mazorcas para ser depositadas en los ayates o costales y más tarde almacenadas en lugares frescos y ventilados. Como recuerdo los cincolotes del abuelo Isidro, quien los elaboraba pacientemente con delgadas maderas del monte de Santa Ana, a los cuales se les denominaba como «latas».

Los abuelos comentan que diciembre, además de las fiestas de la época,    se caracterizaba por la convivencia social al darse el «compalegüis», sinónimo que denota ayuda recíproca entre los vecinos y compadres para levantar la cosecha. «Si tú me ayudas a pixcar, te correspondo de la misma manera con trabajo». Era el lema inconfundible de fin de ciclo agrícola que se ofrecía a falta de peones.

Las fiestas de la época pasada distan mucho de las actuales, además que existieron ciertos cánones impuestos por los ancestros. Tal es el caso de Tecómitl, donde recuerdan con cierta nostalgia las posadas celebradas por la abuelita «Chanita», a las cuales –en mi infancia– asistía para cantar la letanía a los pequeños peregrinos en los alrededores del patio con olor a tierra mojada, ya que era natural el piso con bastantes macetas y jardinería rudimentaria alrededor del edén que le daban un toque especial. Era el lugar concurrido por la chamacada. Al final de la liturgia casera corríamos a la puerta de tejamaniles por la colación que consistía en uno o dos tejocotes, de igual manera de galletas de animalitos y algunos confites. iAhora sí, a saborear la rica colación! Para el chamaco goloso, todo era sabroso.

En estos tiempos, a pesar de la aguda crisis económica, las posadas siguen llenas de algarabía popular, donde el bullicio se pierde entre los pitos con garbanzo y las coloridas espanta suegras, acompañadas de la lluvia del diminuto confeti, donde los niños y adultos entonan las tonaditas del momento: Echen pepitas y habitas tostadas, pa’las viejitas que están arrugadas… Mi tripa larga, parece acordeón, porque estoy cerquita de la colación… Anda Leonardo sal del rincón, si no te come los pies el ratón…

En el ex convento del citado poblado todavía se lleva a cabo la celebración del misterio del Niño Jesús como en los tiempos de antaño escenificando el peregrinaje bíblico de la Virgen María y el Señor San José. Se realiza a lo largo del atrio y en el jardín de la Plaza de la Corregidora entonando las letanías y alumbrado por las diminutas velas de colores y de luces que radian infinidad de estrellitas. Al terminar el rosario se reparte el «aguinaldo» –hoy conocido como colación–, finalmente se rompen las ollas forradas de papel china como lo realizaban hace miles de años los mandarines y, gracias a Marco Polo, lo recibieron con agrado los italianos. De ahí a España y de la península Ibérica a la Nueva España, hasta llegar a nuestro terruño. ¿Qué le parece la historia de la piñata con tan larga trayectoria histórica y de tan corta vida?

Los rosarios y letanías han sido cantadas por muchos años, por un destacado grupo de señoritas y señoras como Hermelinda Hernández, María Luisa Suárez, Irene Olivares, Guadalupe Villarruel, Paula López y la voz inconfundible de la señora Silvina Constantino, quien a pesar de sus escasos 80 años aún tiene la voz como en sus años primaverales.

Las nueve posadas están dedicadas a los santos que se encuentran en los altares, pero en caso de la séptima es celebrado al Cristo conocido como Padre Jesús. Se caracterizaba por su colorido y atención de las señoras Felipa y Pilar Jurado, quienes invitaban a los vecinos y posaderos a saborear los tamales con chile, el champurrado, ponche, buñuelos y los nostálgicos «burritos», exquisitas golosinas elaboradas con maíz rojo tostado y empanizado con pinole y piloncillo.

Por fin llegamos a la última posada, entrada la noche se celebra y rememora el nacimiento del Niño Jesús. Como preámbulo, se observan en todo el barrio las piñatas, los adornos de heno, escarchas, faroles, una variedad de luces multicolores, variedades de estrellas y mucha flor de Nochebuena.

Los habitantes del lugar se vuelcan esa noche en el barrio. Noche de Amor y Paz, alrededor de un enorme pesebre nacerá el Niño Jesús. Con devoción y respeto los padrinos lo arrullarán tiernamente hasta el ex convento para escuchar la «misa de gallo», celebración de media noche del 24 de diciembre; posteriormente se realiza la «acostada del Niño».

Entre luces de bengala y música de mariachis se escucha: «¡Que sirvan el atole, los tamales y el ponche! ¡Que repartan la colación a todos sin distinción!»

La alegría se desborda durante la noche, por fin es Nochebuena.

El jolgorio navideño continúa días después con la culminación de un baile popular.

Como epílogo destacaremos que «las tradiciones de nuestro pueblo son la expresión de las culturas que le dan fisonomía propia, que nos diferencia de otros grupos o comunidades, y que contribuyen a la identificación y cohesión entre los individuos a partir de una historia e intereses comunes». ♦

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Bibliografía:

Fray Morales Valerio, Francisco OFM La orden de los franciscanos en la evangelización fundante de México. Editorial Kyrios, SA de CV. México, 1991

1 Comentario en Tecómitl y sus fiestas y ceremonias de diciembre

  1. “Donde hay arena” sería Xalco. Xaltipac viene de Xalticpac, “sobre la arena” (xalli + icpac). Si se opone que “sobre la arena” es Xalpan, me figuro que eso significa “lugar sobre el que hay arena”.

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