Cómo concluyó la odisea de llevar agua a Milpa Alta

Diciembre 4, 2020.- «Al principio los vecinos de todos los pueblos daban sus cuotas de cinco centavos, religiosamente…»

Por Manuel Garcés Jiménez* | Revista Nosotros, Núm. 51 | Julio de 2002

Segunda de dos partes

«Como  a las trece horas del día 10 de agosto de 1930, el secretario de la delegación, después de haber procurado montar las pilastras del Mercado Juárez de la población de Milpa Alta, así como los caballetes de madera para el techo de lámina del mismo, ya cansado y hambreado (sic) se retiró a su casa, iba (a) empezar a comer cuando oyó que en el patio alguien decía: ‘Señor secretario, ya llegó el C. Jefe del Departamento, busca al C. delegado y a usted. El secretario salió a ver quién era. El comisariado de policía, señor Eduardo Medina, era el que había llegado y enseguida se dirigieron los dos al lugar en que se encontraba el C. Jefe del Departamento en la esquina de la antigua Escuela José María Morelos y al llegar a él, el secretario de la delegación le dijo: ‘¿Señor licenciado, a las órdenes de usted!’ El licenciado Crisóstomo Ibáñez dijo: ‘¿En dónde está su delegado?’ El secretario Florentino Robles contestó: ‘Señor, como hoy es domingo, no vino, pero aquí me tiene usted a sus órdenes’. El licenciado Crisóstomo Ibáñez le dijo: ‘Quiero que me junte gente para decirles a lo que vine’. El secretario de la delegación le dijo al comisario Eduardo Medina: ‘¡Vaya usted a la casa del doctor Basurto y dígale que le mande a toda la gente que tiene allá de la Cooperativa y él a ver si es posible que también venga!’»

«El comisariado fue a la casa citada y al poco tiempo llegaron como treinta socios de dicha organización, y con los espontáneos que se aproximaron eran ya por todos como sesenta u ochenta los reunidos. El secretario Florentino Robles (le) dijo al licenciado Ibáñez que pasaran a la Sala de Cabildos del Ayuntamiento, y dijo: ‘¡Aquí no más!’ Entonces le dijo el secretario: ‘Aquí tiene usted a la gente que me pidió’. El licenciado Crisóstomo Ibáñez se dirigió a la gente, diciéndoles: ‘Señores, vengo a manifestarles a ustedes que el señor presidente de la República (Pascual Ortiz Rubio) ha acordado dotar de agua a todos estos pueblos que están en las estribaciones del Ajusco que han carecido desde su fundación; pero quiere el señor Presidente que todos los pueblos que van a salir beneficiados cooperen con él, con su trabajo, porque cuesta mucho y además tiene que atender las necesidades de muchos pueblos de la República’».

«El señor Félix Martínez le contestó: ‘¡Señor licenciado, tratándose del agua, aquí estamos para trabajar, y no sólo con nuestro trabajo, sino hasta con nuestro dinero, si es necesario!’».

«El licenciado Crisóstomo Ibáñez le contestó: ‘Pues lleven esta nueva a los demás pueblos de su municipio, comuníqueles lo que les acabo de manifestar y únanse todos los individuos y a trabajar muchachos, desde la próxima semana voy a mandar ingenieros para que hagan los estudios de planificación’. Un aplauso de los presentes se escuchó».

«Al otro día fuimos comisionados varias personas para llevar caballos de mano para los señores ingenieros comisionados por Obras Públicas para hacer el recorrido desde el Ajusco a esta población, quienes se trasladaron de la Ciudad de México a dicho punto en ferrocarril, y sucedió que cuando nos dirigíamos al manantial de Sauceda encontramos a un vecino del Ajusco y nos dijo que si nos internábamos más adelante estaba la Defensa Social y, por consiguiente, nos colgarían. El licenciado Crisóstomo Ibáñez dijo al señor profesor Manuel Ramos, que estaba presente y que era el delegado de Tlalpan: ‘¡A desarmar a esa gente, mañana le voy a mandar para ello, porque aquí no hay más (…) que los del señor Presidente!’»

«Al día siguiente, 11 de agosto de 1930, el delegado David Sánchez fue a la Dirección de Obras Públicas a tratar la organización de los trabajos de planificación y planeados que fueron (sic), el C. director, ingeniero Vicente Almada, quien dijo al delegado: ‘Mis ingenieros van a trabajar en las entrañas de la montaña donde no hay vías de comunicación rápida, ni restaurantes y ni hoteles, yo pido a los pueblos facilidades para mis ingenieros’».

«El delegado preguntó: ‘¿Y en qué han de consistir esas facilidades?’»

«El director de Obras Públicas argumentó: ‘Yo quiero que les den alimento y casa dónde vivir’».

«El delegado dijo: ‘Yo no creo que mis pueblos vayan a escatimar esas facilidades a cambio del gran beneficio que van a recibir. ¿Cuente usted con ella!’»

«El delegado y su secretario organizaron la junta popular de todos los pueblos de Milpa Alta, la cual tuvo lugar en el Jardín Hidalgo de la localidad el jueves 14 de agosto del mismo año, 1930».

«El delegado dijo que para llevar a cabo la cooperación de los vecinos en los trabajos de planificación de los ingenieros, y para los gastos de alimentación y renta de casa, se necesitaba organizar una junta que tenga a su cargo el control de todo y pidió a los reunidos la designación de personas que la integren».

«El pueblo aceptó la gestión del delegado y el secretario dijo que (en) este caso no había ningún problema y que (se) procediera desde luego a la elección de las personas que han de componer la junta. Previo cambio de impresiones entre los vecinos de todos los pueblos, resultaron designados los señores Roberto Medina Sevilla para ocupar la Presidencia; Lino Vidal para la Vicepresidencia, y Andrés Liprandi para Tesorero, cuya elección fue recibida con aplausos. En seguida se pidió a los vecinos de las subdelegaciones la designación de una persona de cada pueblo para representantes y que tuviera carácter de vocales en la junta que se tituló Pro Agua, se acordó nombrar jefes de calle en todos los pueblos que se encarguen del control de los vecinos que han de turnar diariamente a ayudarles a los señores ingenieros y recaudar entre los mismos cinco centavos cada semana como se acordó en la junta para sostener los gastos de los profesionistas mencionados».

«El lunes 18 de agosto de 1930, empezó la planificación en el Ajusco ejecutada por el (señor) ingeniero Ortega y siete más y vecinos de los pueblos».

Como siempre, las pequeñas piedritas se aparecieron en el camino

«Al principio los vecinos de todos los pueblos daban sus cuotas de cinco centavos, religiosamente, y a poco, los colectores del Barrio de San Mateo de este lugar, informaron a la delegación que sus vecinos ya no querían dar sus cuentas porque el profesor Guadalupe Vargas les había aconsejado que no las dieran, pues esos cinco centavos iban a llenar los bolsillos del delegado David Sánchez».

«La delegación y los miembros de la junta Pro Agua, se pusieron a tratar la actitud de los vecinos del Barrio de San Mateo, sugiriendo los modos para hacerles ver el error en que los habían puesto y viendo el Secretario de la delegación que no encontraban el medio para ello, exclamó: ‘¡Y que nosotros somos tan desgraciados para no poder dar, no digo un quinto, sino un día de alimentación a todos los ingenieros, y yo he de ser el primero!’ Sin discusión el delegado Sánchez dijo: ‘¡Yo seré el segundo!’ El señor Juan Monterola Alvarado dijo: ‘¡Yo seré el tercero!’ El señor Encarnación Martínez espuso: ‘¡Yo seré el cuarto!’ El señor Higinio A. Jiménez dijo: ‘Yo seré el quinto!’ Y los hermanos Máximo y Adolfo Galindo dijeron: ‘Nosotros seremos los sextos’. Así fue como se resolvió el gasto de una semana de alimentación a los ingenieros».

«Para las semanas siguientes otros elementos se fueron turnando de igual modo como se hizo en la semana anterior».

«El subdelegado del pueblo de Santa Ana Tlacotenco, Fortino Terán, comunicó que los señores Pedro Flores, Miguel Mata, Macedonio y otros individuos, aconsejaban a los vecinos del pueblo diciéndoles que no se prestaran (sic) para ir a trabajar al Ajusco, porque no se beneficiarían en nada. Por este motivo los vecinos ya no iban al Ajusco. (De tal manera) Fueron citados los aludidos malaconsejadotes (sic) y ante el delegado negaron lo aseverado por el subdelegado».

«Al día siguiente en que se presentaron los señores Flores y socios, el mismo subdelegado comunicó nuevamente que estos señores continuaban aconsejando a los vecinos para no ir a trabajar. Por este motivo fue comisionado el secretario de la delegación para ir al pueblo de Santa Ana Tlacotenco, a darse cuenta del estado de cosas y saber a qué atenerse, y cumpliendo la comisión, el secretario fue a Santa Ana, y llamó a junta a los vecinos y se presentaron muy pocos; no faltando el señor Pedro Flores. El secretario preguntó a los presentes qué motivos tenían para no querer ir al Ajusco a ayudarles a los señores ingenieros que estaban planificando. Los  vecinos  no  contestaron nada. El señor Pedro Flores dijo: ‘El pueblo de Santa Ana Tlacotenco no necesita el agua del Ajusco, nosotros estamos bien con el agua de Nochcalco y de Tezompa’. Dijo que no creían que el agua del Ajusco pudiera llegar al pueblo de Santa Ana, y como los presentes no expresaron nada, se levantó una acta en que se hizo constar lo que se trataba en la junta que firmaron el mismo secretario, el subdelegado señor Fortino Terán, el representante del pueblo, señor Emilio Ávila, y el Juez de Paz, Porfirio Ávila, y con ella se dio cuenta al señor delegado David Sánchez».

«Pocos días después, la delegación recibió del Departamento del Distrito Federal una transcripción del escrito de queja dirigido a la Presidencia de la República en el que los vecinos de Santa Ana Tlacotenco acusaban a las autoridades locales de que cobraran cantidades excesivas para granjerías (sic) a los ingenieros. La Presidencia argumentó que si era verdad se suspendiera el cobro. El delegado informó que el C. Director de Obras Públicas pidió facilidades a los pueblos y estos aceptaron darlas, fijándoles a los jefes de casa la cuota semanal de cinco centavos que recaudaban los colectores nombrados por ellos mismos y que recibía el representante del pueblo para cooperar con los otros pueblos en los gastos de los ingenieros, y como los quejosos no habían dado ni un solo centavo así se informó al gobierno. Para contrarrestar la obstrucción de los malos elementos; el ingeniero Ortega se pasó del Ajusco a Santa Ana Tlacotenco, y continuó la planificación hasta terminarla, quedando terminado el anteproyecto en septiembre de 1931, según calca (sic) del plano formulado por los señores ingenieros de Obras Públicas dada a la Junta de Mejoras Materiales de la población de Milpa Alta».

Aquí hacemos un paréntesis al citado escrito para confirmar lo que nos está narrando el señor Florentino Robles, ya que aparece en el Informe Presidencial y Memoria del Departamento del Distrito Federal (1933-1934), lo siguiente: «En el año de 1931 se hizo un anteproyecto para las obras de conducción de esta agua y, en el presente año, fueron iniciadas, empleando las tuberías adquiridas de la Compañía La Imperial. El proyecto consiste en instalar una tubería localizada en la región más alta, y de allí derivar ramales para surtir a los pueblos. La línea troncal tendrá un desarrollo de 42,942 metros, de los cuales hasta el mes de abril, se habían instalado 37,812 metros de tubería».

Comienza la administración de Francisco del Olmo

Como vemos, de hecho ya estaba aprobado el proyecto para la introducción del agua, pero al parecer al nuevo delegado, Francisco del Olmo, no le parecía la idea de traerla del Ajusco por presiones de las fábricas localizadas en la delegación de Contreras. Pero continuemos con la lectura de las peripecias que se fueron dando.

«El 14 de mayo de 1932, el delegado David Sánchez fue substituido por el señor Francisco del Olmo en el despacho de la delegación, y el entonces secretario de la misma, Florentino Robles, entregó al nuevo delegado tres expedientes: uno que se refería a las gestiones del agua del Ajusco, otro a la construcción de la Escuela Josefa Ortiz de Domínguez y el tercero a la reparación del techo del Mercado Juárez de la localidad. Para que se informara lo del Ajusco y fuera acordado lo que creyera conveniente y de los otros dos para que también se dieran cuenta porqué los enemigos políticos de David Sánchez decían que se embolsó los treinta y cinco mil pesos que costó dicho edificio escolar».

«El Sr. Francisco del Olmo recibió los tres expedientes, y dijo: ‘Déjemelos, los voy a estudiar’».

«A los 15 días de funciones del señor Francisco del Olmo, se encontraron él y el ex secretario Florentino Robles en la esquina de las avenidas Tamaulipas Sur y Constitución, en este lugar, el primero le dijo al segundo: ‘¿Y ustedes por qué se obstinan tanto en traer el agua del Ajusco?’»

«El señor Florentino Robles le contestó: ‘Porque a Milpa Alta le conviene tener el agua de arriba para que venga por gravedad, porque de abajo costaría treinta mil pesos anuales para sostener dos bombas, y mientras Milpa Alta sea delegación, qué nos importaría, el papá Departamento paga; pero en un cambio de política, que vuelvan los ayuntamientos, Milpa Alta no sostiene esas dos bombas con todos sus ingresos, y para los demás gastos de la administración».

«El señor Florentino Robles, recalcó: ‘¡Eso no admitiríamos nunca!’»

«El señor Francisco del Olmo, expuso: ‘¡Pues no!, el Ajusco está muy lejos, cuesta mucho dinero, yo tengo órdenes del Departamento para sacar agua de por aquí, donde haya’».

«El señor Florentino Robles contestó: ‘Pues eso es cosa de usted, y se separaron’».

En el periodo de junio a diciembre de 1932, no se realizó ninguna gestión para pedir la ejecución de los trabajos de entubación, por ningún pueblo.

A principios de 1933, los vecinos de Santa Cecilia y San Mateo Xalpa, de la delegación Xochimilco, encabezados por el señor Pedro Becerril, entre otros, se dirigieron a la Presidencia de la República, solicitando se les entubara el agua que les sobraba a los pueblos de Topilejo y que se estaba perdiendo. El señor presidente, el general Abelardo L. Rodríguez, les contestó:

«Sí, pero dar agua a los pueblos no resulta, porque luego han de saber que los demás pueblos que ustedes tienen se me echan encima, y como ya hay un proyecto… Pero voy a acordar con el Departamento Central para que se lleve ya a cabo ese trabajo».

Los vecinos se retiraron de Palacio y se dirigieron a los periódicos para publicar que habían conseguido ya la ejecución de los trabajos de  entubación del agua para los pueblos que están en las estribaciones del Ajusco.

Comenta el señor Florentino Robles que «el Departamento no tenía para la obra, y de acuerdo con la Presidencia, se lanzó un empréstito de 25 millones de pesos para esa misma obra y para los demás pueblos del Distrito Federal».

Con el presupuesto del Departamento el delegado de Milpa Alta, Francisco del Olmo, procedió a la reparación de los caminos vecinales para el fácil transporte de los materiales que se emplearían para la entubación. El señor Del Olmo sabía perfectamente que el agua afectaría en cierta manera a los habitantes de la Magdalena Contreras, su tierra natal, el cual se dirigió a los representantes vecinales para expresarles:

¡Al fin, agua para Milpa Alta!

«‘Vengo a manifestarles que el Departamento va a dar el agua de Monte Alegre a los pueblos de Milpa Alta, pero nosotros no debemos de dejarles, porque nos hace falta para las fábricas’. Enfatizando argumentó: ‘Saben, voy a traerles agua abundante de mi tierra (…), pero he logrado convencerlos’… Todos los presentes lo recibieron con beneplácito».

Se necesitaba llevar agua por gravedad, sin necesidad de bombas

«Los señores Pedro Becerril y otros del pueblo de Santa Cecilia venían a ver si ya había comenzado la reparación de los caminos vecinales y habiendo visto después de varias vueltas que dieron a Milpa Alta, que no se reparaban dichos caminos, (por el cual) asesorados por el doctor Guajardo de Xochimilco ocurrieron al C. Secretario General del Departamento del Distrito Federal, quien al presentarse les preguntó qué se les ofrecía, y le dijeron: ‘Venimos a preguntarle por qué motivo Milpa Alta no ha comenzado a reparar los caminos vecinales para el trabajo de la entubación del agua’. El licenciado Benítez les manifestó: ‘Hace un mes que se le giró oficio al delegado de Milpa Alta y ni siquiera lo ha contestado. En seguida le dictó a su secretaria un oficio para el señor delegado, y habiéndolo firmado lo entregaron para entregárselo (sic). El doctor Guajardo, después de leerlo, les dijo: ‘Está muy duro el oficio para Del Olmo, no le lleven, yo no quiero que crea que le estoy haciendo política, lo que vamos hacer es que yo le voy a hablar por teléfono, diciéndole que van en comisión, que los reciba y les atienda’. Y así se hizo».

«Ya en Milpa Alta, el señor Francisco del Olmo dijo a los de la Comisión: ‘Pasen señores, ¿qué se les ofrece?’ El señor Pedro Becerril le dijo: ‘Venimos enviados del Departamento para preguntarle por qué motivo no ha comenzado la reparación de los caminos vecinales, que hace un mes se le giró a usted oficio y ni siquiera lo ha contestado’. El señor delegado Francisco del Olmo, les contestó: ‘Efectivamente hace un mes que recibí ese oficio y no lo he contestado porque he tenido mucho trabajo que hacer, pero, háganme favor de decirle al señor secretario que nomás acabo de despachar todos mis asuntos para dedicarme de lleno al trabajo’».

«Los asuntos que detenían al señor delegado Francisco del Olmo eran la terminación del Salón Álvaro Obregón de la cabecera, cuyos muros estaban hasta la altura de las mochetas, en sus cuatro lados; fueron construidos por el ingeniero Alonso, contratista por haber terminado la construcción del edificio escolar Josefa Ortiz de Domínguez, (…) fueron construidos por la Junta de Mejoras Materiales de la población, y dicho ingeniero se encargó de terminarlo».

«Terminado el trabajo, el señor Del Olmo le dijo al señor licenciado Aarón Sáenz, jefe del Departamento, que había construido una escuela en esta población y le había puesto el nombre del General Álvaro Obregón, y quería que él la inaugurara; habiéndose señalado el 25 de julio de 1933».

«Fijada la fecha para la inauguración del edificio escolar, el señor delegado en la junta con los señores subdelegados, manifestó a estos el día que iba a tener verificativo el estreno de la escuela, el cual les sugirió la conveniencia de que todos ellos asistieran con sus vecinos a la inauguración trayendo cartelones alusivos a la petición de agua que se le haría al Regente».

«Así se hizo el día de la inauguración del Salón Escolar Álvaro Obregón. Asistiendo a ella gente de todos los pueblos y estando presente el señor Buenaventura Salazar, que fue el representante del pueblo de Tepenáhuac, y que fungió como vocal de la Junta del Agua que se constituyó para organizar los trabajos de los vecinos en la obra de la planeación. El doctor Jesús Acevedo le dijo: ‘Pida usted agua’. Y es el anciano que aparece en la fotografía quien dijo: ‘¡Danos agua, no nos mates de sed!’ La fotografía aparece en el cuaderno que contiene el discurso pronunciado por el licenciado Aarón Sáenz ante el C. Presidente de la República, General de División Abelardo L. Rodríguez, el día de la inauguración (aclara don Florentino Robles)».

«Cuando el señor delegado Francisco del Olmo recibió el oficio en que se le ordenaba la reparación de los caminos vecinales, no procedió a nada, sino hasta después de la inauguración mencionada. En la reparación del camino   al pueblo de San Lorenzo Tlacoyucan , trabajaron no sólo los vecinos de Milpa Alta, sino hasta vecinos de Santa Cecilia y San Mateo Xalpa».

«A principios del mes de julio de 1933, empezó el trabajo, acarreando la tubería, la cual fue ejecutada por el contratista señor Fernando Rodríguez mediante la cantidad de un millón doscientos cincuenta mil pesos que costó la obra».

«En este trabajo, ayudaron patrióticamente los vecinos del pueblo de San Juan lxtayopan encabezados por el señor Dimas Vázquez».

Aquí termina el escrito del señor Florentino Robles.

El diario del subdelegado de Tecómitl, Andrés Jurado Meza

Como podemos ver, el señor Florentino Robles tuvo la acuciosidad de anotar los principales aspectos más relevantes para que los poblados de Milpa Alta tuvieran finalmente su agua potable. En esos diálogos que registró el secretario del primer delegado podemos valorar los aspectos más relevantes y, en forma precisa, los momentos más difíciles que tuvieron que enfrentar las autoridades de la década de los años treinta.

Aunado a esos datos por demás interesantes, encontramos, por otro lado, una cronología de lo sucedido en el poblado de Tecómitl, escrito en papel de cuaderno a punto de deshacerse por el tiempo, donde el subdelegado de esos años, el señor Andrés Jurado Meza, tuvo la curiosidad de anotar lo que sucedía en su terruño de 1932 a 1935, escrito que fue encontrado por el señor Salomón Meza en el tapanco de la troje donde vivió la familia del señor Andrés Jurado:

  • «El 29 de junio de 1932 por plebiscito fue nombrado subdelegado (el señor Andrés Jurado Meza), siendo delegado el señor don Francisco del Olmo, nativo de la Magdalena Contreras».
  • «El 27 de marzo de 1933 llegó el C. Lic. Aarón Sáenz, quien comenta a los vecinos de las necesidades del agua, misma que le fue solicitada por una manifestación».
  • «El 29 de junio de 1933 llegaron a este lugar cuatro carros con tubos para el abastecimiento del agua a este pueblo».
  • «El 10 de noviembre de 1934 llegó el agua al paraje de Tzalanzin». (Andrés Jurado se refiere al lugar donde actualmente se localiza el tanque de agua, ubicado en el terreno de la Escuela Secundaria número 9 Teutli).
  • «El 22 de noviembre de 1934 llega el agua a la Plaza» (aquí cabe señalar que se refiere al centro del pueblo donde fueron colocados varios hidrantes en las principales esquinas del pueblo y una hermosa fuente con un enorme jarrón en la parte superior).

La fiesta, la llegada del agua de Montealegre

El 27 de noviembre de 1934 llegó el agua a los pueblos de Tecómitl, Actopan y Villa Milpa Alta, asistiendo el general Abelardo L. Rodríguez y el jefe del Departamento, licenciado Aarón Sáenz. Cabe señalar que ese día fue de fiesta para esos poblados; fue un hecho trascendental la llegada del agua, por lo que fueron adornados los hidrantes (o llaves) con flores naturales. En cada una de estas llaves se realizaron kermeses, tradición que perduró por varias décadas. En los actuales tiempos únicamente los habitantes de San Salvador Cuauhtenco aún festejan anualmente cada 12 de octubre, día en que les llegó el agua. Hoy es conocida esta fiesta como el día de la llegada del agua.

Para la construcción de estas obras importantísimas para los habitantes de Milpa Alta y algunos poblados de Tlalpan y Xochimilco se tuvo la necesidad de arreglar caminos antiguos abandonados, con objeto de transportar los materiales hasta los lugares inmediatos a la obra. Con la cooperación de los vecinos de los pueblos se construyeron 25 kilómetros de caminos antiguos. Por cuenta del Departamento del Distrito Federal se construyeron 9,800 metros.

Evocación al agua, un enorme jarrón localizado en Tecómitl

Un monumental jarrón de bronce (la copa como comúnmente se le conoce) se encuentra en todo su esplendor en la entrada de la Avenida de las Palmas, en pleno Centro Histórico del poblado de San Antonio Tecómitl, pieza decorativa con tintes porfirianos que perteneció a una fuente, y ahora evoca la llegada del agua de Montealegre. La copa está colocada actualmente fuera del objetivo original, fue trasladada de Paseo de la Reforma a Tecómitl (Ver Nosotros número 34 El monumental jarrón de bronce de Tecómitl).

Para los habitantes del poblado de Tecómitl, es el símbolo de la llegada del agua potable entubada desde Montealegre, hasta lo que fue esta singular fuente que tenía como adorno a la mitad del pedestal que la sostenían cuatro mascarones de donde le brotaba el vital líquido.

Comentaba el profesor Alfredo Yescas Abad que esta hermosa joya de bronce estuvo en calidad de resguardo en una de las bodegas del Departamento del Distrito Federal, ubicada en la calle de Buentono, y a iniciativas del connotado profesor Quintil Villanueva Ramos, al señor Francisco del Olmo, dicho jarrón fue ubicado en la fuente que se encontraba en la Plaza de la Corregidora del poblado, inaugurada en medio de la algarabía popular un 20 de noviembre de 1934, por el jefe del Departamento Central, el licenciado Aarón Sáenz.

Para los milpaltenses solamente nos corresponde cuidar el agua, ya no de Montealegre, sino en Tecómitl o en la serranía Chichinautzin que ahora se obtiene de los pozos localizados de la que, por mala suerte, están a punto de acabarse  por el agotamiento  de  los mantos acuíferos. ♦

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Bibliografía:

Informe Presidencial y Memoria del DDF.

Informe de Aarón Sáenz en el periodo administrativo comprendido entre el 1 de julio de 1933 y el 30 de junio de 1934. México, 1934.

Discurso pronunciado por Aarón Sáenz con motivo de la inauguración de los acueductos de Montealegre, el 27 de noviembre de 1934.

Documentos del Tribunal Agrario del Distrito XXIV del DF, volumen 3032, expediente 3. Archivo particular del señor Jorge Robles, nieto del señor Florentino Robles.

Archivo particular de la familia del señor Andrés Jurado Meza, fechado el 17 del mes de marzo de 1934.

Historias de mi pueblo. La Historia y Cultura de Milpa Alta. Tomo 1, Historia Agraria. Desarrollo Social DDF y CEHAM, 1992.

Furon, Raymond. El agua en el mundo. Alianza Editorial, Madrid, España, 1963.

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* Presidente del Consejo de la Crónica de la delegación Milpa Alta.

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