La odisea de llevar agua potable a la delegación Milpa Alta

Noviembre 25, 2020.- La historia dio inicio el uno de enero de 1929

Por Manuel Garcés Jiménez | Revista Nosotros Núm. 50 | Junio de 2002

Primera de dos partes

Esto es Milpa Alta, amor: arma del canto,

esto el corno de aromas que la encierra,

vena frutal, lunario de canto;

esto el atlas de llamas y de tierra,

el idioma nopal, el amaranto

y los diez mandamientos de la sierra.

Abigael Bohórquez.

El agua es el vital líquido para la subsistencia de los seres vivos, de ahí la enorme importancia que ha tenido para el hombre, quien ha logrado captarla en las proporciones necesarias de acuerdo a sus posibilidades y la cantidad de habitantes de un determinado lugar. Si bien es cierto que el hombre tiene un promedio de 80 por ciento de agua en su cuerpo, eso nos indica que sin agua el ser humano no podría subsistir. Además de ingerirla, el agua es determinante para el aseo personal, de ahí que se diga, con un fondo real, que el agua es vida.

Efectivamente, como lo comenta Raymond Furor en su libro El agua en el mundo, «el agua es la base de la vida. Se bebe para mitigar la sed; los animales y los vegetales la necesitan. Desde la antigüedad, la fuente evoca algo vivo y descubrimos el nacimiento de un concepto animista. El agua viva de los judíos, el agua corriente de los musulmanes, la hermana agua de San Francisco».

Hace miles de años, desde que el hombre ha sido capaz de representar sus conceptos mediante símbolos gráficos, ha honrado el agua.

La enorme importancia que ha constituido el vital líquido para el hombre lo hemos encontrado en el México prehispánico, donde se consideraba a Quetzalcóatl como la deidad de la fecundación de la tierra a través del agua que caía de lo alto, quien apoyado por los tlaloques (enanos que lo asistían para proporcionar la lluvia mediante el empleo de unos recipientes de barro en forma de cántaros, donde estos vaciaban el líquido hacia la tierra favoreciendo las tormentas, pero era tanto su trabajo que cuando se les llegaban a soltar de las manos dichos cántaros, al romperse, propiciaban los truenos y relámpagos) daba lugar a los lagos, lagunas y ríos, incluyendo por supuesto las zonas chinamperas.

En otras culturas también se veneraba al agua a través de diferentes personajes o deidades, tal es el caso del mundo griego donde Poseidón se representaba a menudo bajo la forma de un caballo, que al trotar, de las patas brotaban una gama de manantiales.

Para los agnósticos, el agua posiblemente sea parte de la naturaleza, pero para el mundo religioso es la bendición de Dios, de tal manera que hasta hace pocas décadas, en los meses de abril y mayo, cuando se retrasaban las lluvias se llevaban a cabo las «misas de rogación», acompañadas de procesiones, donde el santo patrón del lugar era paseado en andas por las principales calles del poblado con el fin de propiciar las lluvias y poder salvar las cosechas de la temporada. Esto indica la necesidad del agua.

Los pueblos establecidos en la serranía de la delegación Milpa Alta mantienen hoy en día un profundo amor y conciencia a ese vital líquido, ya que por muchos años se careció del mismo.

Se tiene conocimiento que desde el establecimiento de los primeros grupos en esos lugares, toltecas, chichimecas y mexicas, sufrieron severamente al no tener agua limpia, ya que ésta sólo se obtenía de arroyos, charcos y barrancas. Entrada la Colonia los encomendaderos construyeron los aljibes donde comenzaron a almacenar enormes cantidades de agua de lluvia para el consumo humano durante varios meses del año.

De acuerdo con los manuscritos que nos legara don Juan Sánchez, comisariado por el virrey don Gaspar de Zúñiga, narra que en la época del gobernador de esos lugares, Huellitlahuilli, mandó construir una canaleta por razón de la cual bajaba el agua por gravedad desde el Cerro del Tulmiac, localizado a 14 kilómetros hasta la actual cabecera delegacional. Salieron beneficiados los pobladores de San Pablo Oztotepec, San Pedro Atocpan y San Salvador Cuauhtenco. Posteriormente el vital líquido comenzó a escasear debido a la falta de mantenimiento y a los problemas ocasionados entre los mismos vecinos de los pueblos localizados al poniente de Milpa Alta.

El guerrero azteca Huellitlahuilli (sucesor de Huellitlahuilanque) gobernó de 1484 a 1528, mandó construir presas de piedra movediza para evitar la erosión de las tierras de cultivo, impulsó los sembradíos de maguey y realizó obras para canalizar el agua de los manantiales del Tulmiac a los pueblos del poniente de Milpa Alta.

La leyenda de la aparición de la virgen en el Tulmiac

Cabe señalar que el Tulmiac no era manantial, sino sólo escurrimiento ce cerro, el cual arrojaba seis litros de agua por segundo, llegando finalmente a cuatro litros a los poblados antes mencionados.

Del Tulmiac o Tolmiac, se narra una serie de cuentos, vivencias y leyendas, como la que aparece escrita en un documento localizado en el Archivo General de la Nación, de la cual transcribimos un fragmento, tal como se lee en la escritura del antiguo español.

Al inicio de dicho documento aparece el nombre de don Mateo Xolalali, con fecha de 1596; posteriormente se refiere al año y a la persona que escribió la aparición de la Virgen en ese singular lugar del Tulmiac:

Paternidad mi padre guardián llevare todo los naturales del pueblo para que meayo de a trabajar dijo luego padre guardia yremos todos llevaremos toda la jente delante de nosotros para que trabaje bie y sus padres benditos fueron a pien andando poco a poco au desta un serro grande aya duerme sus padres benditos llegaron a Tolmiac dijo Miguel Teles Agurayanes aquí emos de trabajar aremos primeros anos xacallis para que descancse allí los padres y nosotros alla dormiero los padres y nosotros alla dormiero los padres y todo los naturales media noche lebanto Miguel Teles llamo el Tolmiatl saliona mujer muy linda le pregunto si quere benir a pasiar en la milkpa dijo que sin que a de venir llamo su ermano salio un leo tan grande que se llama Totoatl le dijo llamo la mujer Miguel Telis dijo la mujer agura que empiesa luego a trabajar unde alli podra a escarbar la tierra ara un jahue grande alli a de salir el agua y quando ya se acabo el jahue ona mañana levento un ombre y lo vido en la orilla del jahue esta zentada una muger esta peynando y quando ya yba a ver que nezesa mujer alli entro dentro del jahue y luego ese media noche vino una señora muy linda a donde estaba parado la señora parezia abia lona y el cabello parezia oro y plata y lo llamo al padre guardia le dijo padre guardian esta uste dormiendo mande este señora dijo la señora aqui vine aver a vuestra paternidad mi padre guardia el sabado dira uste una missa resada a donde escavaro el jahue alli en la orilla dira uste la missa de Nuestra Señora Asupziona (…)

Los trabajos de introducción de la red de tubería en tiempos de la administración de Francisco del Olmo

Como podemos ver, fue tan interesante ese lugar del Tulmiac que surge la anterior leyenda donde se narra la aparición de la virgen de Nuestra Señora Asunción de María, quien invita a rascar un jagüey para obtener el vital líquido.

Entrada la Colonia, el territorio de Malacachtepec Momozco, también conocido como Momozco Malacateticpac y Momozco Malacachtepec, hoy Milpa Alta, los abnegados franciscanos se dieron a la tarea de convertir a los naturales a la nueva religión, y al mismo tiempo se ocuparon en darle mantenimiento al manantial del Tulmiac para que no faltara el agua.

Encontramos datos por demás interesantes como es el caso de «los frailes franciscanos, fray Alonso de San Colono y Francisco de Canto, quienes convocaron a los principales vecinos y autoridades del lugar el día 9 de agosto de 1590, con el fin de buscar en los montes próximos el agua, para cuyo efecto llamaron a varios vecinos de Tláhuac, por creerlos capacitados para localizar el agua, debido al hecho de vivir dentro de esta, siendo uno de ello el señor Miguel Felis» (sic).

Bajo la dirección de frailes franciscanos los vecinos de los pueblos dieron inicio con las obras de un rústico acueducto de mampostería, junto con siete tanques de almacenamiento, lo que originó que dichas obras fueran terminadas en un lapso de seis años.

Durante mucho tiempo la gente de los poblados sufrió la más cruenta dificultad para la adquisición del vital líquido, lo que originó que la población se enfermara de amibiasis, entre otros padecimientos que ocasionaban inclusive hasta la muerte.

El caso del poblado de Tecómitl fue algo excepcional, ya que este contaba con varios pozos cuya profundidad era de seis a ocho metros, donde se encontraban los veneros de agua, incluyendo los pozos localizados en el paraje de Nochcalco, al cual bajaban los habitantes del oriente de la delegación de Milpa Alta (Santa Tlacotenco, San Juan Tepenahuac, San Jerónimo Miacatlan, y San Francisco Tecoxpa) para surtirse de agua y llevarla a sus hogares, por lo que debían recorrer una distancia de alrededor de ocho kilómetros para llenar las ollas de barro que colocaban en el lomo de recuas de animales de carga o sobre la espalda de los indígenas llamados altopiles.

Cuentan los abuelos de San Jerónimo Miacatlan que era bonito observar, desde una considerable altura, el hermoso panorama que representaba el blanquear de la ropa de algodón que se tendía sobre las piedras bajo el sol de Nochcalco.

Existe un frondoso árbol de ahuehuete que se localiza en el pueblo de San Francisco Tecoxpa. Ese legendario y enigmático sabino lo podemos admirar a escaso kilómetro al oriente del centro del poblado, a la orilla del vetusto camino que conducía directamente a los pozos de Nochalco. Árbol de zona lacustre que no respetó su lugar, ya que se desarrolló sobre tierra con piedras. Posiblemente para muchas personas haya pasado inadvertido, pero los abuelos narran una serie de leyendas en torno a él.

Comenta un vecino nativo de Tecoxpa que pasada la Revolución, cierto día, como era costumbre, la gente de los pueblos de Santa Ana Tlacotenco, San Juan Tepenahuac, San Jerónimo Miacatlan y Tecoxpa, tenían necesariamente que pasar a pie y otros (en su mayoría) con animales de carga con los recipientes especiales de barro llamadas castañas donde llevaban agua de Nochcalco.

La Leyenda del Ahuehuete de Tecoxpa

Según narra uno de tantos abuelos, cierto día de verano un lugareño jalaba su burro con las arpillas a cada lado, con ollas de barro para llenarlas de agua en los pozos de Nochcalco y, alrededor del mediodía, al momento de pasar frente al ahuehuete, como por arte de magia se le apareció un hombre corpulento vestido de charro, con un maloliente azufrado y ojos gigantes que le brillaban como enormes canicas de vidrio. Sin ton ni son, se dirigió al caminante diciéndole con voz como de ultratumba: «¿A dónde vas, buen hombre?» «…A Nochcalco por agua», respondió el lugareño con voz temblorosa. «¿Por qué tan lejos?, si aquí debajo de este árbol podrás encontrar el agua suficiente para cubrir todas tus necesidades», dijo el charro. El hombre quedó atónito, no supo responder, pero el charro continuó hablando: «Sólo necesito un favor, que entierres a varios niños abajo del árbol para que surja un manantial de agua clara y fresca como la de Nochcalco», volvió a decirle.

Al oír esa condición, el lugareño inmediatamente se persignó y se encomendó a Dios para, acto seguido, pegar despavorida carrera con el rostro pálido, la cual no detuvo sino hasta que llegó a su casa, donde presuroso se hincó ante el altar del hogar para desahogarse de lo que jamás en su vida había visto. Horas después, con más tranquilidad, le narró a sus familiares y vecinos que en el ahuehuete se le había aparecido al chamuco vestido de charro.

Como vemos, los caminos reales que conducían al paraje de Nochcalco han dado origen a ciertas leyendas que por muchas décadas han sido la fuente de la vida de los pueblos referidos, y cuyos pobladores aún recuerdan con cariño, de tal manera que el hombre jamás dejará de pasar desapercibido. Actualmente la Escuela Secundaria 308 localizada en San Jerónimo Miacatlán lleva el nombre de «Nochcalco», nombre que simbólicamente significa la fuente de conocimiento para las actuales y futuras generaciones de jóvenes.

La preocupación del primer delgado de Milpa Alta, el agua

Con el propósito de tener suficiente agua para cubrir las necesidades más apremiantes de la población, fue creado en 1928 en Villa Milpa Alta el Club Liberal Progresista, donde sus integrantes se organizaron por la lucha para la dotación de agua de los doce pueblos de la delegación.

La historia del agua potable en Milpa Alta da inicio un día primero de enero de 1929, al tomar posesión el primer delegado de Milpa Alta, David Sánchez, quien al lado de su secretario, Florentino Robles Jiménez –ambos oriundos de Milpa Alta– lucharon codo a codo hasta lograr su objetivo: dotar de agua a los doce poblados.

Al adentrarse en la historia de la dotación de agua a los pobladores de Milpa Alta, localizamos datos fehacientes en un escrito que nos proporcionó el señor Jorge Robles, sobrino del secretario del primer delegado, donde tenemos la oportunidad de valorar el enorme esfuerzo que realizaron las autoridades y habitantes de esos tiempos hasta lograr su objetivo.

En esos documentos, amarillentos por el tiempo, lleva de la mano al acucioso lector para entender, comprender y valorar la lucha que dio inicio a partir de la toma de protesta de David Sánchez como delegado de Milpa Alta, pero de hecho la rendija de la esperanza se abre a partir del 12 de mayo de 1929, cuando la población de Milpa Alta recibió la visita del presidente de la Republica, Emilio Portes Gil, quien estuvo acompañado de su señora madre y su esposa, así como del doctor José María Puig Cassaurant, jefe del Departamento del Distrito Federal, quienes fueron recibidos por las autoridades locales y habitantes de los pueblos, siendo agasajados con una comida que se sirvió en el salón de actos de la Escuela Superior José María Morelos de la cabecera delegacional.

Para entender y comprender el citado escrito tenemos que ubicarnos en el contexto histórico de tiempo y espacio, en el sentido de que la delegación Milpa Alta carecía de infraestructura para desarrollarse en el progreso que se anhelaba, después del movimiento revolucionario los milpaltenses participaron decididamente por liberarse del yugo de los terratenientes. De tal manera que siguiendo las líneas de ese manuscrito vemos cómo el primer delegado estaba desesperado por lograr tres obras básicas para Milpa Alta: agua, escuelas y caminos.

A continuación, transcribimos la plática que captó el secretario del delegado Florentino Robles Jiménez, entre el delegado David Sánchez, el presidente Portes Gil, el jefe del DDF Puig Cassaurant, el ingeniero Alfonso Rodríguez del Campo, adscrito a la oficina de Obras Públicas de la delegación Milpa Alta, y el geólogo Luis Blázquez, así como los integrantes de la Junta de Obras Materiales de dicha delegación:

«Reunidos alrededor de una enorme mesa degustaron los platillos de la región el primer delegado Milpa Alta quien se dirige al Presidente de la República, licenciado Emilio Portes Gil».

 «Señor presidente, yo tenía tres problemas que resolver, agua escuelas y caminos. Afortunadamente estoy resolviendo al revés, el camino, la carretera Xochimilco-Milpa Alta y las escuelas en la cabecera, pero faltan en los pueblos el agua».

«El presidente Emilio Portes Gil dijo al C. Delegado: ¿Y usted no ha hecho gestiones por la cuestión del agua?»

«El delegado contestó: ‘En 1914, que fui presidente municipal, gestioné y conseguí dotación de agua potable a esta cabecera, y conseguí que se hiciera esa obra para lo que la Dirección de Obras Públicas suministró toda la tubería de agua necesaria y dos bombas que se encontraban listas en las bodegas de San Lázaro. Se abrió la cepa para que se enterrara la tubería desde el pueblo de San Juan (Ixtayopan) de donde iba a traerse el agua del manantial de La Magdalena hasta esta cabecera, y se regó la tubería, faltando sólo unirla, pero tomó incremento la revolución y se fracasó’».

«Siguió diciendo el mismo delegado: ‘En 1923 se gestionó ante el gobierno del Distrito Federal la entubación del agua del Tulmiac, consiguiéndose que dicho Gobierno autorizara el gasto de $48 mil pesos que demandaba esa obra, pero tomó incremento la revolución de la huertista y otra vez se fracasó’».

«Entonces el jefe del DDF, el doctor Puig Cassaurant expuso: ‘Yo autorizo los cuarenta y ocho mil pesos para que se entube esa agua’. Pero el señor delegado David Sánchez dijo: ‘Pero yo ya no admito eso. Porque si bien es cierto que vendría a aumentar el agua que llega a esta población, esa cantidad para dentro de diez años, por aumento de población ya no sería suficiente para los cuatro pueblos y se presentaría de nuevo el mismo problema, por lo que quiero de una vez por todas se resuelva el problema del agua para todos los pueblos de la Delegación’».

«El Presidente de la Republica le preguntó: ‘¿Y de dónde la quiere traer?’»

«‘Del pueblo de San Juan Ixtayopan, de donde iba a traerse en el años de 1914’. Narrándole las gestiones que hizo él en ese año y que se refieren en el párrafo anterior».

«Fue comisionado el C. ingeniero Alfonso Rodríguez del Campo, adscrito a la oficina de Obras Públicas de la Delegación, quien con la ayuda de los miembros de la Junta de Mejoras Materiales de la cabecera, (realizó) los estudios en el manantial de La Magdalena, que se encuentran en el pueblo de San Juan Ixtayopan. De los estudios hechos informó que el manantial producía mucha agua, pero para elevarla sólo a la población de Milpa Alta se necesitarían dos bombas y su sostenimiento anual sería de $30,000.00».

«La delegación estimó oneroso el gasto para sostenimiento de las dos bombas –comenta el secretario del delegado– por lo que el C. delegado David Sánchez solicitó a la Dirección de Obras Públicas un geólogo para realizar estudios en el manantial del Tulmiac para ver la posibilidad (de) si por medio de algunas obras de captación se podía aumentar el caudal de agua. Para tal fin fue comisionado el geólogo señor Luis Blázuez, (quien) por su cuenta recorrió el territorio de Milpa Alta, dando con el lugar llamado Tepeihtic (argumentando) que sí había agua (por el cual) mandó que se perforara un pozo artesano».

«El delegado, señor David Sánchez, acudió a la Dirección de Obras Públicas pidiendo prestada una máquina perforadora, el señor Almada le dijo que prestaba la máquina pero la desarmada y el arrastre hasta el lugar de la perforación costaba $3,000.00. El delegado aceptó pagar dicha cantidad».

«En efecto –continúa su narración Florentino Robles Jiménez–, el delegado buscó un perforador y contando con él lo condujo al lugar señalado por el geólogo, y fue de opinión contraria a la del señor Luis Blázquez, pues dijo: ‘A quién se le ocurre decir que aquí hay agua. Aquí no hay ni a doscientos metros de profundidad’».

«El delegado quedó indeciso de traer la máquina perforadora por la opinión del perforador».

«El geólogo Blázquez recibió una comisión del gobierno para recorrer toda la cuenca del Valle del Ajusco, el Tulmiac, Atezcayucan, (…) lugares donde posiblemente encontrarían el vital líquido».

«Ante la desesperación, el geólogo le dijo al delegado David Sánchez: ‘Pues quítese de tonterías, tráigase el agua del Ajusco, misma que podrá venir de gravedad’. El geólogo vio su aneroide y dijo: ‘Hay un desnivel sobre Milpa Alta de más de doscientos metros, puede venir por su gravedad’».

«El delegado (David Sánchez) inmediatamente mandó juntar a los miembros de la Junta de Mejoras Materiales de la cabecera, cuyo presidente era el señor Jerónimo R. Galván, secretario de Humberto Robles, y el tesorero, Higinio A. Jiménez, así como a los señores Moisés Alvarado, Juan Monterola y otros de sus elementos, a quienes les comunicó la idea de Luis Blázquez de traer el agua del Ajusco. Habiendo estado de acuerdo con la idea se fueron al Ajusco un domingo de Pentecostés; pero no conociendo los lugares donde están los manantiales de Montealegre, localizaron ese día sólo el manantial de Sauceda, y viendo que producía mucha agua, días después celebraron un convenio con los vecinos del pueblo del Ajusco los representantes del pueblo de Milpa Alta, por lo que se obligaron aquellos a dejarles a estos el agua de dicho manantial, mediante cierta cantidad de dinero que les darían cada año, cuyo convenio fue firmado por los representantes de dichos pueblos».

«El delegado señor David Sánchez, puso en conocimiento a la Dirección de Obras Públicas este nueva idea, y la misma comisionó al ingeniero Eduardo Molina y Jáuregui para inspeccionar el trabajo desde el manantial de Sauceda hasta la población de Milpa Alta, jornada que hicieron los profesionistas el día de la torna fiesta de Pentecostés, quienes se trasladaron de México a la estación del Ajusco en ferrocarril; habiendo sido comisionados los señores Florentino Robles, secretario de la delegación de Milpa Alta; el señor Justo Meza, vocal de la Junta de Mejoras Materiales de la misma población; el señor Higinio A. Jiménez, tesorero de la Junta del propio lugar; los señores Ezequiel Laguna, Reyes Cordero (del pueblo de San Pedro Atocpan) y Modesto Ortigoza (de San Pablo Oztotepec), quienes llevaron los caballos para los profesionistas e hicieron el recorrido desde el Ajusco a Milpa Alta, a donde llegaron a las diecisiete horas; informando al delegado Sánchez sus impresiones favorables a la factibilidad de traer agua sólo por su gravedad sin necesidad de bombas, y se retiraron los señores ingenieros, yéndose a México en el camión de pasajeros de la línea México-Milpa Alta».

«Transcurrió el mes de junio de 1930 y parte de julio y la Dirección de Obras no resolvía la nueva idea planteada de traer agua del Ajusco. El delegado consultó al secretario de la delegación cómo haría para traer a Milpa Alta al jefe del Departamento del Distrito Federal y tratarle el asunto del agua, recibiendo en contestación: ‘Hay que hacerle como cuando se hizo la carretera, invítelo a que visite Milpa Alta y ofrézcale un banquete’… ‘Lo voy a hacer’, dijo el delegado».

«Hecha la invitación, fue señalado el viernes 27 de julio de 1930 para la visita, y concurrieron (…) Crisóstomo Ibáñez, secretario general del Departamento Central, encargado del despacho; el Oficial Mayor del mismo Departamento, Hermenegildo Díaz; el director de Obras Públicas, ingeniero Vicente Almada, y otros empleados. El banquete se sirvió en la casa nombrada ‘Tepetipac’, propiedad del señor Remigio Medina (y fue) atendido por las señoritas Zenaida Quiroz y Juana Aguilar Olivos, y amenizado por la orquesta de la población. Dos hijas del licenciado Crisóstomo Ibáñez que estuvieron en el banquete pidieron agua simple a las señoritas ya mencionadas y quienes les contestaron: ‘¡Ay, señoritas, perdonen porque no hay!’ El licenciado Crisóstomo Ibáñez dijo: ‘¡¿Cómo no hay agua si el tanque que está a la vista se encuentra rebozando de agua?!’ El delegado David Sánchez le contestó: ‘Los precavidos coladita y hervidita la toman, y los que no lo son, así’. El licenciado Crisóstomo Ibáñez repuso: ‘Como este pueblo, hay muchos en la República’».

Como observamos, el señor Florentino Robles nos narra los diálogos con cierta precisión, de tal manera que nos ubica cómo se fueron dando los pasos para lograr cubrir la preocupación del delegado David Sánchez. Pero continuemos con la plática de la comilona entre funcionarios que Florentino la describe como banquete.

«Enseguida, el delegado dijo al licenciado Crisóstomo Ibáñez: ‘Yo tenía tres problemas que resolver, agua, caminos y escuelas, afortunadamente estoy resolviendo al revés: el camino, la escuela en la cabecera, pero falta en los pueblos el agua’… ‘¿Y usted no ha hecho gestiones por el asunto del agua?’, dijo el licenciado Crisóstomo Ibáñez. El delegado manifestó: ‘En 1914 que fui presidente municipal gestioné y conseguí la dotación de agua a esta cabecera de San Juan Ixtayopan, por lo que ya estaba tendida la tubería, abierta la cepa en toda su extensión, faltando unir los tubos e instalar dos bombas que iban a funcionar para elevar el agua sólo a la población de Milpa Alta, pero tomó incremento la Revolución y se fracasó’. También le informó de las gestiones que se hicieron en 1923 para entubar el agua del Tulmiac, de las que se realizaron en 1929 para traer el agua del pueblo de San Juan Ixtayopan y hasta de lo del Ajusco».

«El licenciado Crisóstomo Ibáñez no dijo nada. El C. director de Obras, ingeniero Almada, contestó: ‘A Milpa Alta ya le acabamos de dar su carretera (se refería a la de Xochimilco-Milpa Alta) que costó 900,000.00 pesos, su escuela (la Josefa Ortiz de Domínguez) que costó 35,000.00 pesos, ahora vamos a atender a La Villa, porque La Villa nos da un millón de rentas al año y mientras que Milpa Alta, ¿qué tanto da?’ El delegado le preguntó a su secretario Florentino Robles Jiménez –autor de la presente narración–: ‘¿Qué tanto de rentas debe Milpa Alta?’. A lo que éste respondió: ‘De 30 mil a 35 mil pesos’. El ingeniero Almada repuso: ‘Eso si pagaran todos sus contribuciones prediales puntualmente, pero como no, es menos’».

Continuará

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