La manifestación cultural del juego de pelota

Noviembre 21, 2020.- La pelota simbolizaba el curso del Sol a través de la bóveda celeste, simbolizaba la lucha de opuestos

Por Sergio Rojas | Nosotros, Núm. 50 | Junio de 2002

Asociado a un simbolismo mítico-religioso, el juego de pelota en la antigüedad se encontraba relacionado con el mundo astral, pero sobre todo simbolizaba la lucha entre el bien y el mal, la lucha de opuestos, en el cual el campo de juego era el escenario donde luchaban estos contrarios. Las canchas representaron un espacio sagrado y estuvieron destinadas a las prácticas ceremoniales. En ese acto ritual se representaba también el curso del Sol, figurado por la pelota, a través del universo.

Acerca de la significación mítica del juego de pelota, la investigadora Marta Turok refiere que una de las teorías más difundidas es la relacionada con el mundo astral, debido a que en el campo de juego se dirimían las contradicciones naturales como la aparición y desaparición de los astros, la oposición de los puntos cardinales y, muy especialmente, la lucha entre las fuerzas luminosas contra las de la oscuridad, concebidas como astros que, asimismo, se identificaban con ciertos dioses. «Así se explica el surgimiento del sacrificio y la decapitación en el terreno de juego; formas tributarias asociadas con la fertilidad y los ciclos agrícolas»1.

Cuando los aztecas en su peregrinación llegaron a Coatepec, su dios Huitzilopochtli estableció su campo de juego (teotlachco) y ahí peleó a la medianoche con sus tíos, los Centzonhuitznáhuac, a quienes mató y posteriormente comió y después degolló a su madre adoptiva.

Los orígenes del juego de pelota se pierden en el remoto pasado de las civilizaciones antiguas, pero lo cierto es que el juego es una de las manifestaciones culturales heredadas por los mexicanos, de ahí nuestro entusiasmo por una bola en movimiento. Cómo ignorar la pasión de comunidades enteras por diversas modalidades del frontenis, específicamente en Ixtayopan (en la delegación Tláhuac) y Tulyehualco (en la delegación Xochimilco), deporte que comenzó a jugarse en todo México, en su modalidad de frontón a mano, a principios del siglo veinte.

Jugador de pelota. Jaina, Campeche. Clásico Tardío (600-900 d.C.) Arcilla. Museo Nacional de Antropología

De acuerdo con Guillermo Garcés Contreras, el juego de pelota era «un acto ritual de profundo contenido religioso; en él se simbolizaba el curso del Sol (representado por la pelota) a través de la bóveda celeste. En los anillos de piedra hay representaciones solares. Los espectadores, que tenían acceso a las tribunas por medio de grandes escalinatas exteriores, podrían observar el curso del juego con toda claridad. Como ocurre en los tiempos actuales con algunos deportes, despertaba un gran interés y se cruzaban apuestas entre el público. Existía también la costumbre de que el jugador que ganaba podía llevarse las joyas y la ropa de los espectadores a manera de trofeo. Naturalmente, lograr el paso de la pelota por los aros de piedra a unos 70 metros de los jugadores era extremadamente difícil»2.

Jugador de pelota con protectores de cadera. Museo de Sitio de Toniná, Jalisco

Desde el sur de los Estados Unidos hasta Honduras subsisten restos de los grandiosos escenarios donde el juego de pelota congregó lo mismo que mortales y dioses, simbólicos campos de batalla donde el vencido, en ocasiones, se hacía acreedor a la muerte. La mayoría de las ciudades prehispánicas contaron con una o más canchas para el juego de pelota, aunque sin lugar a dudas el más grande y esplendoroso es el de Chichen Itzá, con 94 metros de largo por 35 de ancho.

Y es que en el juego de pelota diversos dioses eran venerados, los que se encontraban asociados al mismo o con otros rituales que tenían lugar dentro de las canchas.

«Entre los aztecas el juego de pelota se realizaba bajo la protección de dos dioses, cuyas imágenes se colocaban una frente a la otra, en los sitios que dentro del campo de juego eran destinados para este fin. Dichos dioses eran Xolotl y Quetzalcóatl. Sahagún se refiere al primero en uno de sus himnos.

Juega pelota,

juega pelota el viejo Xólotl,

en la plaza de juego de pelota de hechiceros

juega Xólotl, señor del país de

piedra preciosa. Mira

si Piltzintecutli* se aloja

en la casa de la oscuridad,

en la casa de la oscuridad».

«En cuanto a Quetzalcóatl, en el mito tolteca, cuando es expulsado de Tula, deja una serie de manifestaciones a lo largo de su peregrinaje y entre éstas se hace referencia a la creación de un juego de pelota. Otros dioses relacionados con el juego son Xochiquetzal y Xochipilli, en su advocación de Macuilxóchitl (cinco flor), dios de la danza, el juego y el deporte, a quien algunas veces se le representa en las canchas como Centéotl, el dios joven del maíz. Amapan y Oappátzan, dioses del juego y de la pelota, respectivamente, se encontraban representados sobre los muros cabezales en el teotlachco del recinto ceremonial de Tenochtitlan. Tlaloc, dios de la lluvia, rara vez aparece como jugador; sin embargo, en el mural de Tepantitla en Teotihuacan, se le ve como patrocinador del juego, práctica a la que se dedicaban aquellos hombres que después de su muerte habían merecido pasar al tlalocan3**».

Jugador de pelota de Cuicuilco. INAH

Los diversos juegos de pelota

Sin embargo, muy poco se sabe de cómo realmente se jugaba el juego de pelota prehispánico, en especial el tlachtli, de los aztecas. Aunque fray Bernardino de Sahagún cuenta que «no jugaban con las manos sino con las nalgas herían la pelota, traían para jugar unos guantes en las manos y una cincha de cuero en las nalgas para cubrir la pelota4».

Por otra parte, «los mayas llamaban poktapok a este milenario juego, en tierras quichés se le conocía como hom, los purépechas le decían querehta (Querétaro significa el lugar del juego de pelota), y los mexicas le llamaban tlachtli (Taxco viene de la palabra náhuatl tlachco y significa también el lugar del juego de pelota). Los mexicas le decían olli (hule) a la pelota, al jugador ollomani, y a los aros de piedra incrustados en las paredes del campo, se les conocía como tlachtemalacatl5».

Con relación al tlachtli, este sólo lo jugaban las clases sociales altas, y el patolli era practicado por todos sin restricciones6. Sin embargo, el juego de pelota fue satanizado por los españoles debido a que lo consideraban un fenómeno atípico de idolatría y superstición, incluso prohibieron a los frailes catequistas recopilar datos referentes a la cultura del juego de pelota por considerarlo cosa del demonio.

De vuelta con Bernardino de Sahagún, al referirse al campo de juego en forma de T unida a su base, y dividido por una línea que delimitaba en áreas iguales la cancha del juego, señala que la división del campo la llevaban a cabo tendiendo una franja de hierba fresca. En los parámetros que limitaban la cancha, en su parte media se ubicaban sendos anillos de piedra. Los competidores, a uno y otro lado de la línea central, debían hacer pasar al campo contrario una pelota de hule crudo, bastante pesada y de cuyos violentos impactos se preservaban con petos, faldillas de cuero, guantes, rodilleras y otros elementos protectores. Aquel que lograba hacer pasar la pelota por uno de los anillos ganaba el partido; las reglas del juego señalaban que únicamente con los antebrazos, piernas y caderas se podía impulsar la pelota.

En el cono sur los guaraníes tenían un juego de pelota el cual jugaban los días festivos por la tarde; no lanzaban la pelota con la mano sino con la parte superior del pie descalzo, según refiere José Manuel Peramás en su libro Los guaraníes (1758), quien vivió en América en 1755. Por lo que corresponde a los incas del Perú, estos jugaban, entre otros, el chasquis; el malankolasitha o halankolatha; el hunkusitha, el chunkara, el cha wasiña, el warachicuy, uno denominado pecosita o papa auqui, y el thokunokata o thokukasitha. Los araucanos de Chile el palicán o palitún, las hanas, el locuntún, el reñitún y el puelkitum.

Sacrificios humanos

En opinión de Marta Turok el motivo por el que se practicaba el juego de pelota en la época prehispánica estaba relacionado con el aspecto cosmogónico, religioso y ritual, «en donde las contiendas deportivas eran como una ofrenda, incluido el sacrificio humano». Al menos esa vertiente es la que más ha trascendido. Se asegura que la pérdida de la vida significaba un honor por todo el simbolismo glorificante que representaba para el guerrero.

Los sacrificios humanos bien podían darse por extracción del corazón o por decapitación, y se pueden ver en códices y relaciones escritas. Cabe aclarar que se trata de especulaciones.

Los envites

Pero también había apuestas. A decir de Garcés Contreras, «los espectadores, que tenían acceso a las tribunas por medio de grandes escalinatas exteriores, podían observar el curso del juego con toda claridad. Como ocurre en los tiempos actuales con algunos deportes, despertaba un gran interés y se cruzaban apuestas entre el público. Existía también la costumbre de que el jugador que ganaba podía llevarse las joyas o la ropa de los espectadores a manera de trofeo. Naturalmente, lograr el paso de la pelota por los aros de piedra a unos 70 metros de los jugadores era extremadamente difícil8».

Celso Enríquez, de la Universidad de La Habana, retoma el relato del historiador Herrera, quien refiere a su vez que aquel jugador que de un golpe puede hacer pasar la pelota a través del agujero en el centro de la piedra semejante a la de un molino, «ese gana el juego, y en prueba de lo extraordinario de un suceso que raras veces tiene lugar, el que lo ha ganado de esa suerte tiene derecho de apoderarse de las capas de todos los espectadores; y por cierto que es muy de ver, que tan pronto como la bola ha entrado en el agujero, todos los circunstantes ponen pies en polvorosa con cuanta rapidez pueden para poner en cobro sus capas, riéndose y regocijándose estrepitosamente unos, otros corriendo para librar sus capas del vencedor, el cual queda obligado a ofrecer algún sacrificio al ídolo del salón del juego, y la piedra a cuyo través la bola había pasado9».

El mismo Herrera describe que cada juego de pelota era un templo que tenía dos ídolos, «uno del juego y otro del baile. En cierto día de buen agüero, a la media noche, ejecutaban ciertas ceremonias y encantamientos en las dos paredes más bajas y en medio del suelo, entonando algunos cánticos y baladas, después de lo cual un sacerdote del gran templo, acompañado de algunos hombres dedicados al servicio del culto, iba a bendecir el lugar: usaba para ello ciertas palabras cabalísticas, arrojaba la pelota cuatro veces al salón, con lo cual quedaba consagrado el sitio, pudiéndose entonces y no antes, jugar libremente en él. El propietario del Juego de Pelota, que lo era ordinariamente algún noble, jamás jugaba sin hacer ciertas ofrendas y ejecutar ciertas ceremonias en presencia del ídolo del juego, lo cual muestra cuan supersticiosos eran esos hombres, puesto que guardaban a sus ídolos tantos miramientos, aun cuando se trataba simplemente de sus diversiones. Moctezuma llevaba a los españoles a su juego de pelota, y gustábale mucho verlos jugar a la pelota, bien así como a los naipes y dados10».

Sin embargo, para la antropóloga Marta Turok los anillos de las canchas no dejan de ser un misterio. «Algunos jugadores me han acompañado a las canchas prehispánicas y afirman que es imposible pasar la pelota por aquellos aros. Pese a ello, hay cronistas del siglo XVI que vieron el juego y aseguraron que la pelota pasaba por ellos11».

El hulama

En la actualidad podemos ver la grandeza de los juegos de pelota de la antigüedad en uno que se denomina hulama, y que «proviene del antiguo ullamaliztli12», el cual ha conservado su similitud con los juegos de pelota azteca, donde se utiliza una pelota de caucho macizo de más de un kilogramo de peso a la que se conserva la tradición de usar la cresta iliaca tal como lo hacían los antiguos mexicanos. «Es el que más se asemeja a las descripciones hechas por cronistas e historiadores que lo presenciaron en Tenochtitlan13». Aunque también se tienen los juegos de pelota mixteca y pelota zapoteca.

El final

Se cuenta que Nezahualpilli, señor de Texcoco, sostenía que el imperio mexica sería exterminado por extranjeros. Moctezuma, que rechazaba siempre aquella profecía, dando más crédito a sus augures, convino en decidir la controversia con un juego de pelota. En ese partido el huey tlatoani ganó los dos primeros lances y perdió los tres últimos. Poco después aparecieron las huest4es españolas, confirmando el funesto vaticinio del monarca texcocano.

En conclusión, el juego de pelota en la época prehispánica no significaba mera diversión, de eso dan cuenta su asociación con un simbolismo mítico-religioso y la ubicación de las canchas de juego (así como los elementos arquitectónicos que las adornaban) dentro de los centros ceremoniales. Incluso, destaca su importancia como ritual de fertilidad.

Y llegó el bendito futbol

De entonces a la fecha el juego de pelota se transformó en cuanto a modos de practicarse y sus reglas, convirtiéndose el futbol en el deporte espectáculo más popular en el orbe. Los campeonatos mundiales que en sus orígenes congregaron a apenas una docena de equipos representativos de distintos países, se transformaron por los intereses comerciales de la televisión hasta convertirse en receptáculos de sentimientos encontrados debido a que los fanáticos se han formado con la idea de que el futbol está ligado a los valores patrios y la identidad cultural, por lo que la grandeza histórica de una nación se encuentra en los pies de once jugadores en la cancha –agrupados como selección o representativo nacional–, quienes son responsables de defender el honor de un país.

No en balde los adultos alemanes del siglo diecinueve solían regañar a los jóvenes cuando estos eran sorprendidos en la práctica del futbol porque, decían, se trataba de una maligna enfermedad que «comenzaba a atacar a la civilización». Ellos ya habían advertido lo que la humanidad iba a sufrir en la siguiente centuria por culpa de ese, como le llamaban, «barbarismo importado de Inglaterra».

Ojalá y que en el mes de junio, cuando la producción industrial y el rendimiento laboral descienda principalmente en aquellas naciones cuyos equipos de futbol consiguieron estar en la fase final de la Copa del Mundo en Corea y Japón, la incomunicación familiar no se vea agravada por las alteraciones de conducta que dicho espectáculo suele producir entre sus fervientes seguidores, y que Dios nos agarre confesados si la selección nacional mexicana consigue pasar a cuartos de final. ♦

_____                         

Citas:

1 TUROK, Marta. «El juego de pelota. Una historia por reconstruir». Encuentro Internacional El juego de pelota: raíces y supervivencia. Festival Cultural Sinaloa, celebrado del 9 al 12 de noviembre de 1986.

2 GARCÉS CONTRERAS, Guillermo. Los códices mayas. Colección Setentas, número 210, p.45. SEP. México.

3 Ibid. El juego de pelota…

4 Historia general de las cosas de la Nueva España. Parte española de su monumental obra contenida en los Códices Matritenses y Florentino, escritos en lengua náhuatl y castellana.

5 RICHMOND de Mejía, Enfield, y MEJÍA ZAVALA, Mayolo. «Un antiquísimo juego indígena sigue vivo», en Revista México desconocido, número 83, octubre de 1983. México.

6 «Juegos y danzas precolombinos». Enciclopedia Estudiantil, tomo XII, Publex, SA. México, 1964, p. 29.

7 Ibid. El juego de pelota…

8 Ibid. Los códices mayas…

9 ENRÍQUEZ, Celso. Los deportes en la América prehispánica. México, 1968.

10 Ibid. Los códices mayas…

11 Ibid. El juego de pelota…

12 Ibid. El juego de pelota…

13 Ibid. El juego de pelota…

* Este pasaje ha sido interpretado, en cuanto a la mención de Piltzintecutli, como advocación del dios del Sol que se refería a descansar en la casa de la noche, refiriéndose de esta manera a la puesta del astro rey.

** Según las creencias de los nahuas, existían tres sitios a donde iban los muertos, y esto dependía de la forma en que se moría. Al Tlalocan iban los que perecían ahogados, por rayos, leprosos, sarnosos, bubosos, gotosos e hidrópicos.

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