Camino Real de Tierra Adentro, ruta de bibliotecas

Septiembre 1, 2020.- Conventos y colegios del periodo novohispano se dotaron con bibliotecas que no sobrevivieron

Durante la Colonia, a lo largo de los 2,600 kilómetros del Camino Real de Tierra Adentro que llegaron a comunicar a la Ciudad de México con Santa Fe (Nuevo México), se establecieron cuatro de los centros intelectuales más importantes de la Nueva España: los colegios de San Francisco Javier, en Tepotzotlán; de la Santa Cruz, en Querétaro; de San Luis Gonzaga y de Nuestra Señora de Guadalupe, en Zacatecas.

Las bibliotecas de estos centros educativos y otros claustros novohispanos dan cuenta de la importancia que tuvo la lectura en la sociedad de aquella época, cuando religiosos y monjas se reunían para comentar los textos piadosos y espirituales, acompañados de una buena taza de chocolate.

En el Museo de Guadalupe, recinto albergado en el antiguo Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe, en Zacatecas, es donde se estudia y conserva parte de este valioso legado del Camino Real.

Manuales de oración, médicos y quirúrgicos, Historia de la conquista México, de Antonio de Solís; documentos del Concilio de Trento, biblias en latín y compendios gramaticales, fueron algunos de los libros que circularon por este itinerario cultural, con la finalidad de proporcionar los conocimientos que los evangelizadores necesitaban para su labor, explican los tres especialistas.

De aquellas bibliotecas, pocas sobrevivieron a los cambios políticos que México enfrentó durante los siglos XVIII y XIX,  y aún se conservan en su espacio original. Una de ellas es la del Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe, resguardada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la cual representa la biblioteca histórica más importante del norte de nuestro país, por el acervo que resguarda: alrededor de 10 mil ejemplares; el más antiguo, de 1529.

Fotografía Museo de Guadalupe
Biblioteca Conventual del Museo de Guadalupe

Durante el siglo XVIII, dicho repositorio se enriqueció considerablemente gracias a las donaciones de otras instituciones religiosas y de la sociedad civil, así como de la adquisición realizada por los religiosos en España, quienes las enviaban a este colegio a través de la flota.

Hablar de la circulación de todos estos ejemplares, es referirse a un proceso de formación cultural en la sociedad, pues la Iglesia se encargaba de regular constantemente los libros que ingresaban y eran leídos en la Nueva España, muchos de esos volúmenes guardan los testigos de censura y expurgo que esta institución realizaba en los diversos textos que revisaba.

Conforme avanzó el tiempo, las lecturas comenzaron a variar, las ideas ilustradas llegaron a estas tierras de forma impresa, principalmente y, por ello, la Iglesia redobló esfuerzos con intención de controlar la difusión de esos textos.

Las instituciones eclesiásticas tuvieron un papel fundamental en la conformación social, cultural e intelectual de estas poblaciones, pues además de la evangelización y pacificación de las poblaciones indígenas, muchas desempeñaron un papel educativo.

Fue así que conventos, seminarios y colegios del periodo novohispano se dotaron con bibliotecas, cuyo acervo era de un valor extraordinario, debido a que en sus colecciones se podían encontrar verdaderos tesoros de la literatura universal; autores del Viejo Mundo como Miguel de Cervantes Saavedra, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Diego de Hurtado, Santa Teresa de Jesús; así como autores novohispanos, entre los que destaca sor Juana Inés de la Cruz, dieron vida al mundo cultural e intelectual de aquel periodo, explican los especialistas.

Tributo de fe

España consolidó su dominio en América con la ocupación territorial, a través de centros mineros y haciendas, el control militar y el proceso de evangelización cristiana durante los siglos XVI y XVII. En la Nueva España el Camino Real de Tierra Adentro contribuyó enormemente con ese propósito.

Miles de misioneros emprendieron la tarea de edificar una nueva religión en territorios con poblaciones originarias, hasta entonces, practicantes de muy diversas creencias. Poco a poco, se construyeron catedrales y templos que dieron cabida a pinturas, retablos, decorados, esculturas y sinnúmero de objetos utilizados en los ritos del cristianismo. Por el Camino Real arribaron órganos musicales y partituras empleadas en misas y otras celebraciones, las pastorelas y el guadalupanismo, la tradición católica más profunda del mestizaje emergente.

El calendario religioso se convirtió en referente obligado en la vida comunitaria de ciudades, villas, pueblos y rancherías. Así, se instituyeron festividades que persisten hasta la actualidad, al igual que muchos otros cultos asociados a santos y milagros de carácter regional. ♦

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Con información de Rosa María Franco Velasco, Mariana Margarita Carrillo González y Evaristo Robles Escalera, directora e investigadores del Museo de Guadalupe, respectivamente

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