Deportivo El Calvario de Tecómitl, logro del pueblo

Septiembre 1, 2020.- Por su pobreza los dueños originales del predio empeñaron la mitad a un profesor por 12,000 pesos

Por Manuel Garcés Jiménez*

La infraestructura deportiva de San Antonio Tecómitl, alcaldía de Milpa Alta, incluye principalmente el gimnasio, una alberca y el deportivo conocido como el Campo Deportivo El Calvario.

Durante el año de 1962 se logró obtener el terreno donde se encuentra el Campo Deportivo El Calvario a través del movimiento social entre los habitantes de San Antonio Tecómitl. Deportivo considerado como uno de los más amplios de Milpa Alta, cuenta con dos canchas de futbol reglamentarias, frontones, canchas de básquetbol, pista de atletismo y baños con regadera. Actualmente cuenta con pasto sintético.

Hasta los inicios de la década de los años 70 el poblado solamente contaba con una cancha de básquetbol que se localizaba en el centro del poblado, a lado poniente de la Plaza de la Corregidora, frente a la desaparecida Escuela Primaria República de Venezuela, inmueble que se localizaba donde hoy se encuentra el reloj público y la Coordinación Territorial. Detrás de los salones, sus enormes paredes se utilizaban para jugar frontón. Era todo lo que se tenía, lo cual la cancha era la disputada constantemente entre los jóvenes basquetbolistas, inclusive se llegaban agredir a golpes para ocuparla.

Ante este panorama y con la idea de lograr espacios especiales para el deporte, se integró la Junta de Mejoras Cívica, Moral y Material, que durante el periodo de 1958-1964 estuvo compuesta por los señores Pedro Meza Rivera como presidente; Guadalupe Corona Alba, secretario; Vicente Valencia, tesorero, y Liborio Galicia Blancas  y Jesús Blancas Chora fungieron como vocales.

Entre sus primeros objetivos estuvieron los de motivar a los clubes de deportistas de futbol para poder lograr tan sólo una cancha para jugar el futbol y, con ello, impulsar este deporte popular entre los jóvenes, ya que se carecía de ese espacio. Durante esos años los clubes de futbol estaban inscritos todos los equipos en la Liga Unión Deportiva del Sureste del Distrito Federal, cuyas oficinas se encontraba en el poblado de San Andrés, ubicado más Arriba, hoy poblado de Tomatlán, cerca de Culhuacán, donde se encuentra la estación del Metro de la línea dorada, estación con ese nombre.

Ante esta situación, en 1960 la Junta de Mejoras Cívica, Moral y Material se dio a la tarea de organizar a los representantes de los diversos clubes de futbol del pueblo con el objetivo de organizar un Comité Pro-Campo Deportivo, con la única finalidad de lograr el anhelado deportivo.

Durante esos años se corría el rumor de que el profesor Miguel Cabrera Pradel, oriundo del pueblo de Tecómitl, tenía en posesión ilegal un enorme terreno denominado La Comunidad, localizado sobre la carretera Tecómitl-Iztayopan, ubicado a un costado, de lado norte del Calvario, con una superficie de 26,680 metros cuadrados, cuyos verdaderos propietarios era el matrimonio conformado por el señor Eleuterio Suárez y la señora Laura Flores, quienes no tuvieron descendientes y por su pobreza la mitad del terreno se lo empeñaron al profesor Miguel Cabrera Pradel por la cantidad de 12,000 pesos, convenio realizado tan sólo a la palabra; es decir, no se elaboró ningún documento que confirmara el convenio de empeño. La otra mitad del terreno la sembraba el citado profesor, pero iban «a medias»1 con el dueño.

El proceso de adquisición del predio

Aquí empieza la historia de la adquisición legal del terreno para convertirlo más tarde en un singular deportivo, hecho narrado por el profesor Eliseo Ramos Jiménez, quien fue uno de los protagonistas en la adquisición del terreno, al ocupar el cargo de vicepresidente del Comité Pro-Campo Deportivo.

Recordó que al fallecer la señora Laura Flores y tiempo después su esposo, el señor Eleuterio Suárez, la familia de estos decidió que los sobrinos se hicieran cargo de resolver de inmediato los gastos económicos que generaría el sepelio, por lo cual acudieron con el profesor Miguel Cabrera Pradel, quien al tener solamente la mitad del terreno en empeño, le solicitaron un poco más dinero para poder solventar los gastos de la defunción del tío.

Le solicitaron tres mil pesos más sobre el terreno empeñado para sufragar los gastos del entierro. Reunidos con el citado profesor, éste los recibió en su hogar con arrogancia y aprovechándose del dolor de la familia, les contestó con actitud ambiciosa y humillante:

«Lo siento mucho, pero no les puedo proporcionar ni un peso más». Y con voz prepotente se dirigió a ellos diciéndoles: «¿Quién de ustedes sabe hacer cuentas?» Uno de los familiares, don Juan Ramos Flores, levantó la mano. «Pues yo profesor». Muy alterado le dijo: «Entonces lee éste papel».

Cuando el señor Juan Flores lo leyó detenidamente en silencio, de inmediato reaccionó sorprendido al ver que no eran los 12 mil pesos que había recibido su tío Eleuterio Suárez, sino que ahora aparecían 50 mil pesos, cantidad estratosférica para aquella época, lo cual los sobrinos no podían creer aquello, debido a que conocían muy bien a sus tíos, no era posible que hubiesen pedido tanto dinero sobre el terreno de la comunidad. 

La ambición del profesor Miguel Cabrera Pradel era apoderarse indebidamente del enorme terreno, noticia que corrió como reguero de pólvora entre la pobladores, tomando en cuenta que en aquellos años la población era pequeña, así que uno se enteraban de todo lo que sucedía en el poblado.

De inmediato, los comisionados convocaron en el centro del poblado a los integrantes de los equipos de futbol y vecinos interesados en conocer la ambición del profesor, viendo la posibilidad, ante este hecho, de tener un campo deportivo. 

El entusiasmo fue de todos los presentes, dando lugar a integrar de inmediato la organización de un comité denominado Pro-Campo Deportivo, integrado por personas de excelente reputación con los profesores, como Pedro Melo Blancas, quien fungió como presidente; Eliseo Ramos Jiménez, vicepresiente; Juan López Medina, tesorero; Salvador Ramos Jiménez; secretario, y en calidad de vocales fueron designados los señores Silvestre Pradel Arontes, Juan Chavarría Alva, Jaime Joya Badillo, Pedro Aguilar, Guadalupe Roldán Suárez y Luis Melo Ayala.

Otras personas más se sumaron al Comité para reforzar el proyecto, y estas fueron los profesores Rafael Meza Ortigoza, Jesús Valencia Cuenca, Porfirio Olivares Flores, Ignacio Blancas Meza, Jesús Blancas Arontes y Ernesto Blancas, entre otros.

Una vez consolidado el Comité dieron inicio las reuniones para buscar las estrategias que condujeran a lograr el objetivo, lo prioritario era tener el contacto directo con la familia finada de los señores Laura Flores y Eleuterio Suárez, además de sobrinos y demás familiares, para escuchar si tenían la mejor disposición en apoyar y luchar por lograr el terreno donde se pudiera concretar un deportivo, terreno que ya se lo adjudicaba «a la mala» el profesor Miguel Cabrera Pradel.

En un santiamén se unificaron los familiares que estaban en la mejor disposición que el terreno se convirtiera en un deportivo, con la condición de que si se lograba el juicio, se le diera una fracción de 500 metros del predio al señor Ventura Abad, conocido entre los amigos y vecinos como «El camote».

Al inicio del movimiento el Comité vio la necesidad de tener un fondo económico para movilizarse, lo cual en reunión con los representantes de todos los equipos establecieron la cooperación de 50 pesos por cada jugador, con la idea de que si no alcanzaba ese dinero, se pediría el apoyo a los vecinos del poblado.

El siguiente paso fue pedir una cita con el delegado de Milpa Alta en turno, quien desafortunadamente se negó de manera tajante a dar su apoyo para la consecución del terreno. Se entendió que no le interesaba fomentar el deporte en Tecómitl, así que ante tal negativa, se recurrió al licenciado Ernesto Blancas, vecino del lugar, quien estaba convencido que con el apoyo de sus amigos los abogados lograrían el rescate del terreno. De inmediato se puso en contacto con los licenciados Agustín Arriaga y Píndaro Urióstegui, quienes condicionaron su apoyo en el sentido de que una vez ganado el terreno, el deportivo lo administraría el Instituto Nacional de la Juventud (Injuve).

Tal condición la Comisión no lo vio con buenos ojos, por ser una imposición, así que consideraron como lo más viable buscar un buen abogado. Nuevamente se recurrió al señor don Ernesto Blancas quien los recomendó con su compadre, el licenciado Álvaro Córdova, quien amablemente recibió a la Comisión con los documentos del terreno de La Comunidad. Se enteró del asunto y con la ayuda de otros colegas abogados le encontró la solución legal al documento que estaba, una parte, a nombre del finado, el señor Eleuterio Suárez, y la otra mitad a nombre de su esposa la señora Laura Flores.

Pasaron los meses con la realización de los trámites a cargo de los abogados para el proceso de cambio de propietario, a nombre de Juan Ramos Flores, sobrino del finado dueño del terreno, y los juzgados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tuvieron que avalar al nuevo dueño.

Por fin, el 15 de mayo de 1962, cuando los integrantes del Comité hicieron presencia en la Suprema Corte de Justicia y ante la presencia del licenciado Álvaro Córdova, encargado del asunto, éste les informó que la Comisión avalaba que toda documentación era favorable al señor Juan Ramos Flores, quien era el dueño único y legítimo del terreno.

En ese momento, en el mismo despacho el licenciado le dio lectura en voz alta al veredicto cuyo fallo que fue favorable a la noble causa, el fallo fue a favor de don Juan Ramos Flores. El licenciado le dijo: «don Juan, usted ahora es el dueño, usted decide si no firma estos documentos a favor del Comité-Pro-Campo Deportivo, o puede usted hacer un fraccionamiento, es de usted, usted decide».

Al terminar la lectura, los corazones de los asistentes latían más aprisa pero de alegría, sólo que después los segundos se hicieron eternos en espera de la decisión definitiva de don Juan Ramos Flores, acerca de si éste cumpliría su palabra de donarlo o no. Todos en silencio clavaron la vista en él. Don Juan Ramos se los quedó viendo a todos, luego sin titubeo alguno contestó con firmeza a los asistentes: «Firmo los documentos porque empeñé mi palabra con la juventud, con los integrantes de la Junta de Mejoras y con el pueblo general de Tecómitl, y además, porque el terreno se convertirá en un deportivo, servirá para las futuras generaciones».

De inmediato, en cada uno se dibujó una sonrisa de felicidad y las felicitaciones no se hicieron esperar. El señor Juan Ramos Flores, siendo único heredero del terreno La Comunidad, cedió a la vez los derechos al Comité Pro-Campo Deportivo y a la Junta de Mejoramiento Cívico, Moral y Material, además de ceder los derechos al Departamento del Distrito Federal y Acción Deportiva, cuyo titular era Antonio Haro Oliva.

Fue de esta forma como se ganó la lucha para que el pueblo de Tecómitl tuviera un deportivo y, a la vez, se le cedieron los 500 metros a don Ventura Abad.

La noticia fue rápidamente conocida por toda la población y la alegría se desbordó, aquel fue un domingo muy esperado por todos los deportistas y la gente del pueblo tomó posesión del terreno con gritos de júbilo, otros más arrancaron los tallos de las cañas de maíz (las cañitas) que aún permanecían enterrados entre los secos surcos. La algarabía se derramó con el primer encuentro de futbol con porterías provisionales de troncos de ramas de árboles y todo fue amenizado con música de chirimía, mientras que otros lanzaron cohetes al aire porque Tecómitl ya contaba con un terreno donde edificar su deportivo2.

El terreno se encontraba abrupto con pendiente hacia el norte. Al paso de los años, durante la administración del licenciado Umberto Navarro González (sic) fue nivelado, años después se construyeron las actuales instalaciones; gradas, frontones, pista de atletismo, canchas de basquetbol y años después el alumbrado.

Tal parece que este hecho singular se nos ha estado olvidando, que don Juan Ramos Flores fue el que cedió el terreno del Campo Deportivo, ojalá algún día se le recuerde con una placa en su honor, ejemplo de colaboración al deporte popular.

El actual campo deportivo dio sus primeros frutos. Al respecto, el profesor Heriberto Blancas Medina recordó que durante los años de 1970 a 1995, cuando fue portero estelar, «jugué con amor el futbol, lo traigo ya de familia, lo llevo en la sangre». Y es que fueron múltiples sus reseñas como portero que en muchas ocasiones se las vitorearon.

Con voz pausada Heriberto Blancas refirió varios hechos trascendentales que vivió en el deportivo con varios equipos. «Aún me queda grabado en la memoria a los amigos quienes se entregaron de lleno al deporte del balompié».

Actualmente, Heriberto Blancas es profesor en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos número 15 del IPN. Nació en Tecómitl. Su señor padre, Tomás Blancas Zamora, conocido entre sus amigos como «El cabezón», demostró sus habilidades en la portería. Fue uno de los mejores porteros del rumbo del sureste de la Ciudad de México, quien por su entrega total tuvo la fortuna y la admiración de la juventud deportista del poblado y de otros lugares. A algunos aún se les recuerda a pesar de los muchos años que han pasado.

Heriberto y Tomás Blancas recordaron también que un dirigente del equipo Atlante de apellido Núñez, equipo campeón de aquellos tiempos, vio jugar y constató las cualidades que como portero tuvo su señor padre Tomás Blancas Zamora, por lo que le llamó la atención y se entrevistó con él con la posibilidad de integrarlo al primer equipo del Atlante como portero titular. La oferta fue tentativa, porque finalmente no la aceptó, posiblemente la rechazó para no alejarse de su familia a la que tanto quería.

Es interesante conocer el árbol genealógico y los deportista que ha habido en la familia Blancas Medina, fueron excelentes aficionados y jugadores dentro del deporte del balompié, integrado por don Tomás, «El Cabezón»; su hijo Heriberto (también portero), Tomás (mediocampista central), Melesio (delantero), Álvaro (delantero) y Carlos (portero), todos ellos excelentes jugadores, que nunca dejaron la preparación profesional.

A decir de Heriberto Blancas, en esa época los jóvenes se mantenían «con cuerpo y mente sana», porque no se consumían drogas ni inhalantes, la cerveza era lo común en su consumo y con cierta medida.

Durante esos años los niños y jóvenes apoyaban las actividades de la familia y del campo agrícola, pero sin dejar la educación. El trabajo fue el campo de temporal, iba aparejado al juego del futbol, sobresaliendo las «cascaritas» en vía pública, deporte primordial, y en menor medida el básquetbol y el frontón.

En aquellos tiempos, el equipo que hizo mella histórica fue el Atlante, integrado por jóvenes destacados y entregados en el buen juego que realizaban, Heriberto Blancas recuerda a: Roberto Blancas, Guadalupe Roldán, a los hermanos Marcelino y Clemente Abad, entre otros. Otro de los equipos fue el Bocajuniors. «Era más bien la representación de los cuatro barrios y de hecho, hubo cierta rivalidad con el equipo de Xaltipac».

Otro equipo que hizo huella en el poblado fue La Interestatal, mejor conocido como «Los verdes». «El nombre de los verdes no fue por el color de la camiseta, ya que era de color blanco con una franja horizontal verde. Pienso, más bien, que fue para diferenciarlos de otro equipo muy bueno que se llamaba ‘Tecómitl’. En este equipo jugó de portero mi padre, el señor Tomás Blancas Zamora»3. El equipo de los Verdes mantuvo la supremacía por varios años por sus triunfos obtenidos durante varios años en distintos lugares, incluyendo la provincia.

El equipo de La Interestatal estaba integrado a la liga de equipos de los pueblos de San Juan Ixtayopan, de los estados de México y Morelos. Lo integraban los hermanos Luis y Noé Rueda, Grimaldo Cabrera, Ezequiel Medina, Tomás Blancas, José Odilón Roldán el «Tolano», Aurelio Blancas y Heriberto Blancas, portero.

Este equipo fue seleccionado por las autoridades de la delegación Milpa Alta, la que representó a otras demarcaciones con el nombre y el logotipo de Hueyehuitlahuilanque, conjunto que se ganó el cariño y el afecto de sus seguidores y las personas del pueblo de Tecómitl, como fue el señor Concepción Alva (don Concho), quien con el espíritu deportivo y con la finalidad de motivar al equipo ocasionalmente les obsequiaba el uniforme completo: camiseta, calzoncillos, medias, zapatos y guantes al portero. Otras personas apoyaban con el transporte para el traslado de la porra cuando jugaban en otras canchas fuera de Milpa Alta.

Inolvidable recuerdo le trae a Heriberto Blancas aquel juego contra Los Fantasmas de Ecatepec, y con el Coyotepec de Tultitlán, ambos del estado de México. También le atrae gratos recuerdos en el torneo organizado por el periódico Ovaciones contra el equipo Los Dragones de Tulyehualco, que más tarde llegaron a la final del torneo.

Lamentablemente no todo fue miel sobre hojuelas, pues en cierta ocasión el equipo Aztecas en un juego amistoso celebrado en la cancha del pueblo de Huitzitzingo, municipio de Chalco, y en acalorado encuentro, la decisión del juego se daría al final con una serie de penaltis. Finalmente, un penalti fue el gane para el equipo de Tecómitl porque fue detenido de magistral forma por Heriberto Blancas, y esto ocasionó el malestar y el enojo de los contrarios, lo que trajo de inmediato el enfrentamiento entre las porras de los dos conjuntos, donde uno de los integrantes de los Aztecas, por el coraje de haber perdido, golpeó con una botella a Ángel Blancas.

Finalmente, el profesor Heriberto Blancas comentó que actualmente los equipos están fragmentados en las llamadas escuelas del futbol profesional, tal es el caso de San Francisco Tecoxpan, donde existe la escuela del equipo Pachuca; en Tulyehualco con la misma escuela, y así en otros lugares donde en cada poblado y colonia existe la cerrazón deportiva. Con esto ya se perdió la integridad del deporte del futbol en la zona del sureste del Valle de México, como existi9ó en los años de 1970 a 1995. ♦

_____

* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Secretario de los Cabildos Cronistas de la Ciudad de México.

Citas:

1 Se entiende que un terreno se da «a medias» cuando el dueño lo presta por tiempo indefinido a otra persona para que lo siembre. La cosecha de lo producido, que bien pudiera ser maíz o frijol u otra cosa, una mitad de los cosechado es para el dueño del terreno y la otra para quien lo sembró.

2 El Deportivo de San Antonio Tecómitl se encuentra en la alcaldía de Tláhuac, como a 50 metros de los límites con Milpa Alta.

3   Datos confirmados por el CP Tomás Blancas Medina.

Fuentes:

Ramos Jiménez, Eliseo. Bosquejo Histórico de San Antonio Tecómitl, Olla de Piedra. Noviembre de 2000.

Entrevistas a Heriberto Blancas Medina y Tomás Blancas Medina.

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