Opinión | Línea del tiempo: actuaciones pandémicas

Agosto 29, 2020.- La viruela fue parte fundamental de la conquista militar española sobre los mexicas

Por Sebastián G. Flores Hernández*

Hay un dicho popular que dice a grandes rasgos que «en momentos difíciles el verdadero ser sale a la superficie». Al menos en lo que respecta a lo que estamos viviendo actualmente, sin duda que se cumple la idea. Hoy en día vemos con toda la naturalidad que las personas que se dedican a la salud, y que en muchas formas arriesgan la propia vida atendiendo a las personas que lo necesitan, también la arriesgan al salir a las calles, ante el vituperio de ciertos sectores de la población.

Traigo a colación este tema porque aunque pueden variar las formas, la manera en que la población enfrenta –o a veces rehúye–, a situaciones difíciles como lo es una pandemia, las características del ser humano están permanentes.

Es probable que sea por la cercanía, o por lo mucho que personalmente me apasiona el tema, pero por poner un ejemplo la gran tragedia que representó la viruela para la población mexica a la llegada de los españoles, fue vivida por esta población –y la conquista militar en si– como una gran desesperación, una especie de maldición que si vemos con una mirada más amplia, construyeron esa visión desde el recuento de los relatos funestos1.  Sin duda el hecho de ver poco a poco cómo la población indígena disminuía dramáticamente por una enfermedad desconocida para ellos –que le llamaron cocoliztli–, significó la realización de sus peores temores. Hoy en día para la mayoría de los historiadores, la viruela fue parte fundamental de la conquista militar española sobre los mexicas. De igual manera, entre los investigadores está más firme la idea de que en realidad los esclavos africanos que llegaron a Veracruz, alguno de ellos estaba enfermo, y que probablemente los españoles sirvieron de huésped y trajeron la enfermedad al islote.

Hay que rascar un poco en los libros para encontrarnos que esta epidemia vivida por los indígenas en realidad fue la primera de varias. Especialmente durante el siglo XVI, hay una serie de grandes brotes epidémicos que disminuyeron notablemente la población indígena. Una primera se llevó a cabo en el período 1546-1548, y la segunda entre 1576 y 1580. De haber sido 22 millones de indígenas a principios del siglo XVI, disminuyó a menos de dos millones para inicios de la siguiente centuria2.  Durante la época colonial hubo un repunte y en 1810, en vísperas del movimiento de Independencia, ya habían dos millones 500 mil.

Otra gran epidemia sin duda es la gran peste bubónica en Europa. Ésta alcanzó su punto máximo entre 1347 y 1353. Para algunos ha sido la peor pandemia de la historia pues –en números considerados optimistas–habría muerto un tercio de la población europea. En una época dominada por la religión y donde los avances científicos estaban aún alejados del dominio público, la explicación de una situación tan desesperante hacía apuntar a ciertos sectores de la población. Se sabe que se culpó a los judíos de la muerte de las personas –en su mayoría católicas por supuesto–, y por lo tanto se les persiguió –¿le suena conocido?– Decían que los judíos eran responsables del envenenamiento de los pozos de agua y que por eso la gente enfermaba.

La peste bubónica tenía como síntomas fiebre muy alta, tos con sangre, sangrado por diferentes orificios y las famosas bubas, es decir, inflamaciones del nódulo linfático que aparecían especialmente en las coyunturas.

Nuevamente en la Ciudad de México una de las peores epidemias vividas tuvo lugar en 1833. Se trató del Cólera Morbus, una infección que se transmitía a través de las aguas infectadas y obviamente insalubres. Provocaba en los enfermos deshidratación por diarrea y vómito. En el mes de agosto de ese año la enfermedad estuvo fuera del control del gobierno3 y uno de los sectores más vulnerables fueron obviamente los más pobres, pero también las mujeres, quienes al estar al cuidado de los enfermos y realizar labores de limpieza en las áreas donde habitaban los enfermos, estaban más propensas a contraer la enfermedad. Se sabe que en la Ciudad de México murió alrededor del 5 por ciento de la población total. Asimismo –y como si habláramos de la crisis actual–, los hospitales y cementerios se vieron insuficientes y por si fuera poco el pánico provocó escasez de alimentos en la Ciudad. El célebre Panteón de San Fernando –ubicado en la actual Colonia Guerrero– fue empleado para atender a los fallecidos por la enfermedad4.

Sin que quiera decir que sean los únicos, pues de verdad hay un gran número de pandemias a través de la historia, quizá la más preocupante, la más grave en el mundo es el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Esta enfermedad también tuvo aspectos sociales bastante preocupantes, no sólo por la mortandad que estaba representando, sino por el prejuicio y la persecución hacia el sector homosexual, pues la enfermedad en sus inicios estaba considerada como una enfermedad propia de esa comunidad. No sólo eso, por si fuera poco también ha sido motivo por el que las grandes empresas han despedido o negado un empleo a quienes han sido portadores de la enfermedad. Baste considerar un par de filmes a modo de denuncia de esas condiciones como Dallas Buyer’s Club o Philadelphia5. La situación de esta enfermedad y a pesar del tiempo transcurrido, está lejos de resolverse.

Y así llegamos a nuestro sorprendente año 2020. Gracias a lo adelantado que es hoy nuestro mundo en cuestión tecnológica –y vuelvo a apuntar: tecnológica–, es difícil no estar al tanto de la enfermedad. Como muchas cosas en nuestra época no quiere decir esto que estemos mejor informados, ni que el mundo sea una sociedad preparada para manejar tanta información; por tanto, hemos caído en tropiezos ciertamente parecidos a los ejemplos anteriores: persecuciones, linchamientos y demás. Los adelantos científicos y tecnológicos no han sido útiles para que el ser humano ponga una cara diferente, no de soberbia ante la muerte, pero sí de lucha y unión aunque aquello sea inevitable. El ser humano es vulnerable ante lo desconocido, frágil ante lo inevitable y eso no es indecoroso, pero sí lo es el hecho de repetir aquello que ya envolvió a la humanidad. Dicen aquellos que practican el budismo, que la vida le pone a uno la misma lección hasta aprenderla y superarla. Si esto es medianamente cierto, la humanidad –observando su comportamiento–, está lejos de aprenderla.

Nuevamente lo que se planteaba al principio: «En las épocas difíciles el verdadero ser sale a la superficie». Este escrito es muy lejano a un anteproyecto de estudio sobre las relaciones y comportamiento sociales ante las pandemias siquiera. Si bien la Historia da algunas lecciones, estamos ante la oportunidad de enfrentar el miedo con un rasgo humano, la empatía ante aquellos que usan otro rasgo y valor muy humano, al menos para algunos que valoran la vida: la valentía.  ♦

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* Historiador

Citas:

1 Cfr Miguel León portilla. La visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista. UNAM, México, 1950.

2 Miguel Ángel Jiménez Clavero. «Huey cocoliztli» en el México del siglo XVI: ¿Una enfermedad emergente del pasado? Fundación para el conocimiento. Madrid Sitio web: http://www.madrimasd.org/blogs/virusemergentes/2012/04/enfermedades-emergentes-del-pasado-el-huey-cocoliztli-en-el-mexico-del-siglo-xvi/

3 Es muy importante tener en consideración que buena parte de los gobiernos mexicanos del siglo XIX, carecían de recursos económicos suficientes para hacer frente a eventualidades como ésta. Incluso a aspectos básicos, como seguridad, limpieza y demás aspectos.

4 Este lugar –casi hoy un museo–, primeramente sirvió para aquellos que fallecieron en esta crisis, pero con el correr de los años, sirvió de sepulcro de muchos actores políticos tanto liberales como conservadores del período de la Reforma, la Intervención Francesa y la República Restaurada. El más famoso de los personajes que descansan en este lugar sin duda es Benito Juárez. En el lugar hay incluso visitas guiadas.

5 El Club de Compradores de Dallas (2013). EE.UU. Vallé JM (Director). Filadelfia (1993) EE.UU. Demme J (Director)

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