Pobladores hallan tumba prehispánica en Tamaulipas

Agosto 11, 2020.- Los restos óseos corresponden al periodo Clásico de la región, entre los años 400 y 700 d.C.

Ocampo, Tamps.- Durante la construcción de un tinaco elevado los pobladores de San Lorenzo de las Bayas y de Ocampo descubrieron una osamenta completa el pasado ocho de julio, el esqueleto se encontraba en posición sedente y flexionado, guardando en su acomodo evidencia de que fue colocado dentro de un fardo funerario y a su lado un molcajete.

A los dos días posteriores a la denuncia que los pobladores hicieron del hallazgo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se trasladaron a San Lorenzo –comunidad ubicada al norte de la Pamería y de la Huasteca, y conectada por un camino de terracería de 40 kilómetros de distancia con la cabecera municipal de Ocampo– Jesús Velásco González y Vanueth Pérez Silva, para recuperar los bienes culturales y dar continuidad a la obra hídrica, la cual es necesaria para el abasto de agua del pueblo, la cual desciende desde los riscos de la Sierra Madre Oriental.

No es la primera vez que los habitantes de San Lorenzo reportan un hallazgo arqueológico, su gran conciencia histórica los ha llevado a reportar diferentes hallazgos arqueológicos en sitios a cielo abierto, cuevas o, incluso, manifestaciones gráfico-rupestres prehistóricas e históricas en las lindes del Río Infiernillo, cercano al lugar del hallazgo.

Aquel hombre que al morir debió tener entre 21 y 35 años, fue depositado al interior de un petate junto con un pequeño molcajete a modo de ofrenda. Así permaneció por más de un milenio, enterrado debajo de la tierra, misma que, si bien disgregó el material orgánico de su fardo funerario, preservó notablemente su osamenta, posición y reliquia cerámica.

Hoy, los remanentes de este individuo, se convierten en uno de los primeros entierros humanos prehispánicos reportados «completos», fuera de cuevas secas, en el área cultural denominada como Suroeste de Tamaulipas.

A decir del arqueólogo Vanueth Pérez el único objeto asociado al difunto era el molcajete, el cual es trípode y se teoriza data del periodo Clásico de la región, fechado entre los años 400 y 700 de nuestra era. Es probable que, originalmente, el recipiente estuviera encima del bulto mortuorio.

Cabe destacar que en esa zona, dada la presencia de sitios arqueológicos no abiertos a la visita pública como los nombrados Cuitzillos de Fermín y La Coma, así como de tradiciones cerámicas como las denominadas Río Verde de Tula o San Lorenzo de la Sierra Madre Oriental, se anticipan más estudios para precisar la temporalidad y asociación cultural de los elementos y, en el caso de los restos óseos del individuo, ahondar en su edad, patologías, saber si tuvo deformación craneal intencional y la causa de su muerte.

Durante el rescate los especialistas descubrieron que cerca del sitio hay al menos dos entierros más; sin embargo, estos no estaban comprometidos por la construcción del tinaco elevado, por lo que permanecen in situ, apoyados en su resguardo por la propia comunidad.

Homenaje a investigadores pioneros

El cañón del Río Infiernillo ha sido habitado durante milenios, desde pequeños grupos de cazadores-recolectores en la prehistoria, hasta pueblos sedentarios que van del periodo Formativo al siglo XVI, lo cual le vuelve una región de notable interés arqueológico.

De hecho, el Centro INAH Tamaulipas explicó que en Ocampo se ubican también las Cuevas de los Portales, mejor conocidas en la academia como Cuevas de Romero y Valenzuela. En ellas, en 1937, se halló un contexto que ha resultado clave para el estudio del origen de la agricultura y del sedentarismo en Mesoamérica.

En aquel año, dos integrantes de los entonces departamentos de Arqueología y Antropología del Museo Nacional, Javier Romero y Juan Valenzuela, se trasladaron desde la Ciudad de México a Ocampo para atender una denuncia ciudadana.

Guiados por los lugareños, identificaron en la cueva restos óseos dispersos y elementos botánicos prehistóricos, siendo estos últimos los que, décadas más tarde, llamaron la atención del investigador norteamericano Richard MacNeish.

Este arqueólogo pudo precisar que los fragmentos de maíz, frijol y calabaza de la cueva tenían, respectivamente, 4,300, 1,300 y 6,300 años de antigüedad. Sobre el tema específico del maíz, Jesús Velasco dijo que no obstante que no es tan antiguo como el de las cuevas de Guilá Naquitz, en Oaxaca, o el del contexto que el propio MacNeish hallaría después en Tehuacán, Puebla, sí contribuyó a reconstruir la historia de la agricultura en México a partir de un hecho clave como fue la domesticación del teocintle. ♦

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