Los nahuales de Tecómitl, Panchimalco y San Mateo

Agosto 8, 2020.- El barrio de Panchimalco se localiza en San Pedro Atócpan y San Mateo en Villa Milpa Alta

Por Manuel Garcés Jiménez

La importancia que el pueblo mexica concedía a la religión era tan grande que puede afirmarse que su existencia giraba totalmente en torno a ella. La religión politeísta influía obligadamente en su organización política, social, la medicina, economía, cosmovisión y en la misma naturaleza.

En la concepción europea el individuo está marcadamente concebido como una unidad. Incluso en materia religiosa, en la cosmovisión indígena, la relación con los dioses se establecía bajo los principios de la contribución y la reciprocidad.

«En nuestra historia subsisten elementos de cohesión que son impulsados como acciones de resistencia y, para ello, la tradición es un elemento esencial de acción. Es un acervo intelectual creado, compartido, trasmitido socialmente, compuesto por representaciones y formas de acción, en el cual se desarrollan ideas y pautas de conducta con los miembros de una sociedad hacen frente individual o colectivamente, de manera mental o exteriorizada, a las distintas situaciones que se les presentan en la vida1».

Durante la colonia española existieron una gama de mitos, cuentos y leyendas relacionadas con el nagual, narraciones que nos trasladan al mundo mágico, religioso y mitológico del México prehispánico, permitiéndonos entender algunos aspectos de la vida cosmogónica de los antiguos habitantes de estas tierras a través del nahualli.

Partimos de la palabra nahual que proviene de nahualli, y que significa «junto, cerca, rodeado». Se tiene conocimiento que esta palabra se fue deformado al paso de los años hasta llegar a pronunciarse como nahual y se siguió deformándose hasta nagual.

Del nahualli o nahual, que es lo mismo, se tenía conocimiento que es un protector, o un tona, como se le conoce en otras culturas. Este protector nunca se separaba del ser humano, inclusive el hombre lo sentía como una  «fuerza espiritual». Más que su sombra era su mismo «protector», su defensa para cuando pudiese presentarse los malos espíritus para causarle algún daño. Entonces el nahualli no permitía que se le hicieran daño alguno, la persona sentía que era su «defensa» el nahual. Es por esto que la gente idealizaba a su nahual con seres de la misma naturaleza, con animales dóciles como venados, ocelotes, conejos, pájaros y águilas.

Durante su actividad cotidiana, la persona percibía como si caminara atrás de él, se sentía con mayor su seguridad porque creía que su nahualli o nahual estaba al pendiente de su integridad; además, le daba el conocimiento de la naturaleza. El uso de plantas medicinales, el movimiento de los astros, los fenómenos de la naturaleza; la lluvia, el granizo, las tempestades…

Este ser poco común aparece tanto en la vida cotidiana, así como en la mitología prehispánica, que nos da cuenta del origen del mundo mexica donde se habla del nahual mitológico.

Tenemos que el origen de la vida durante la época prehispánica se debe a Ometecuhtli y Omecíhuatl, estos fueron los creadores de la tierra quienes engendraron a cuatro dioses: Tezcatlipoca rojo, o Camaxtli y Xipe Tótec, a Tezcatlipoca negro, el nocturno que tiene como nahual un tigre; Quetzalcóatl y Hiuitzilopochtli, éste último fue el hijo menor.

La mitología mexica nos dice que transcurrieron 600 años sin que cosa alguna creara a los dioses, sino que se les fue en meditar. Al cabo de los años se juntaron los cuatro para planear el mundo creando los primeros mortales, dos ancianos llamados Oxomoco y Cipactonal.

El conocimiento de esta relación mitológica se extendió a ciertos hombres, conocidos como hombre-nahual, fueron las personas que conocían los poderes y secretos de la naturaleza, sentían un profundo respeto a sus deidades relacionadas con el cosmos.

Los hombres-nahuales «con su defensa» conocían los secretos de los árboles, plantas y animales medicinales, fueron los individuos que se dedicaban hacer el bien común e, inclusive, durante los primeros años de la colonia española se las ingeniaban para continuar venerando a sus deidades asistiendo a lugares recónditos de los poblados.

En el sureste del Valle de México, como en toda Mesoamérica, existieron estos hombres-nahuales quienes tenían la virtud y el profundo conocimiento sobre la naturaleza.

Citamos como ejemplo a los nativos de los poblados de San Antonio Tecómitl, el barrio de Pachimalco en San Pedro Atocpan y el barrio de San Mateo en Villa Milpa Alta, desde tiempos remotos a los nativos se les conoce como los nahuales, debemos pensar que por el conocimiento adquirido que les caracterizaba desde la época prehispánica sobre la naturaleza, la sabiduría les fue heredada por sus ancestros.

Los nahuales fueron los transmisores de su misma historia a las generaciones de hombres debido a que estos míticos seres fueron quienes ordenaron la traza por el centro de la tierra y los cuatro caminos por donde abrían de entrar a levantar el cielo.

Por esta razón, la concepción del nahual es totalmente distinta al de un nagual, pues al nagual actualmente se le considera un ser maligno de la sociedad a quien se le achacan una cauda de leyendas narradas por personas que echando andar su imaginación han distorsionado el auténtico sentido del papel que se tenía del nahual.

Actualmente en poblados originarios como en tantos muchos, es común escuchar que ciertas personas los han visto convertirse en animales fuera de lo común por su exagerado tamaño, y por tener unos enormes ojos donde le brotan chispas de fuego. Otros argumentan que estos hombres se convierten en animales, ya sea en burros, puercos o en perros furiosos para poder realizar sus acciones de maldad durante el trascurso de la noche.

Existen infinidad de versiones narradas por gente de origen campesina e, inclusive, escritas por literatos y cronistas, que de alguna manera tienen un atisbo de las entrañas de la historia tan profunda y perturbadora, fascinante y electrizante de estos seres.

En nuestros pueblos y en las ciudades existen diversas leyendas populares. Entre estas tenemos: «Leyendas y sucedidos del México Colonial», de Víctor J. Gómez G; «Leyendas del viejo San Agustín de las Cuevas», de Salvador Padilla; «Las calles de México», de Luis González Obregón, e «Historia y leyenda de Coyoacán», de Salvador Novo.

Tanto en Milpa Alta como en otros lugares del país encontramos un sinfín de leyendas de nahuales compiladas por los mismos habitantes donde vemos nuevamente que el término es confundido de nahual por el de nagual.

En el libro Frente al Tlecuil y los relatos tradicionales de Milpa Alta, nos narran las leyendas fantasiosas compiladas de los ancestros donde «el nahual es una persona que puede convertirse en cualquier animal como: un burro, perro, cerdo, toro, etc», y aclara que «más vale nahual conocido que por conocer».

El profesor Fidencio Villanueva, nativo del barrio de San Mateo Villa Milpa Alta, recopiló una serie de cuentos llenos de fantasía compilados de sus ancestros, como «Yo fui montado en el nahual», que nos describe que el nahual «es una persona que puede convertirse en cualquier animal en: perro, cerdo, toro…»  En fin, de cuentos y leyendas existen muchísimas narraciones que se han trasmitido de generación en generación.

Luego entonces, concluimos que el nahual es un ser histórico, mítico e inclusive mitológico, mientras el término nagual es un nigromante, invento de los españoles secundado por muchas generaciones y ahora pasa a formar parte de la leyenda popular.  

Finiquitamos que el nagual fue inventado por los conquistadores para fortalecer la nueva religión a través del espanto y el satanismo, para que los hombres-nahuales no continuaran adorando a sus deidades cosmogónicas. ♦

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*Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta. Secretario del Consejo de Cabildos de la Ciudad de México.

Fotografía tomada del blog: https://www.mitos-cortos.com/

Bibliografía:

Federico Silva. Viaje del nagual de Tonacacihuatl, UNAM, México, 1992.

López Austin. Alfredo. «Mitologías. Nuestros primeros padres». Revista Ojarasca, 1991.

Frente al Tlecuil. Relatos Tradicionales de Milpa Alta. Programa de Apoyo a Pueblos Originarios del Gobierno del Distrito Federal, México, 2004.

Padilla Aguilar, Salvador. Leyendas del viejo Agustín de las Cuevas. Edamex, México, 2005.

González Obregón, Luis. Las calles de México, Editorial Porrúa, México, 1999.

Villanueva Rojas, Fidencio. Aztecacuicame. Secretaría de Desarrollo Social, GDF, México, 2006.

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