El libro desde el «Sutra del diamante» y «El Tripitaka»

Populares

Julio 21, 2020.- En 1472 Johann Parix imprimió el «Sinodal de Aguilafuente», primer libro impreso español

Por Manuel Garcés Jiménez*

Con motivo de las reuniones efectuadas a distancia con los amigos y compañeros cronistas de Milpa Alta cada quince días, me dio por presentar algunos los libros que tratan sobre la alcaldía del antiguo Señorío de Malachtepec Momoxco relacionados con diversos temas, ya sea en lo literario, antropológico, histórico, cuentos, leyendas, en fin, todo es bueno para concer y amarla aún más, «hasta el tuétano».

La mayoría de los textos ya se conocen, pero mi interés fue sacarlos de donde los tengo para mostrar las portadas y darles la reseña de su contenido considerando el momento para saber un poco de su origen y la historia del libro. Vemos cómo a través del tiempo han ido evolucionando hasta llegar a nuestras manos para adentrarnos en ellos.

Un libro nuevo se empieza a disfrutar admirando la portada con su respectivo título, si tiene solapas, pues también son parte del disfrute, su proemio e introducción son la puerta de entrada a la lectura. Algunos lectores argumentan que un libro de reciente adquisición se disfruta del olor de la tinta y del papel que está elaborado. ¿Será cierto? Bueno, será o no, pero se disfruta de su contenido.    

Al respecto, partimos del siglo IV que marcó la culminación de un largo proceso que había comenzado en el siglo I, y que tendía a sustituir los incómodos rollos por los primeros códices (del latín, libro), antecedente directo de los actuales libros. El códice consistía en un cuadernito de hojas rayadas hechas de madera cubierta de cera, de modo que se podía escribir sobre él con algo afilado y borrarlo después, si era necesario.

Entre las tabletas de madera se insertaban, a veces, hojas adicionales de pergamino, hasta que los libros pasaron a confeccionarse casi exclusivamente de estos materiales.

En la Europa de comienzos de la edad media, eran los monjes quienes escribían los libros, ya fuera para otros religiosos o para los gobernantes del momento. La mayor parte de ellos contenían fragmentos, aunque muchos eran copias de textos de la antigüedad. Estos monjes medievales se interesaron también en la elaboración de nuevos compuestos químicos para perfeccionar la fabricación de tintas.

Los monjes solían escribir o copiar los libros en amplias salas de los monasterios denominadas escritorios. Al principio escribían los textos en letras mayúsculas, costumbre heredada de los tiempos de los rollos. Más tarde, en el siglo VII, los escribas comenzaron a utilizar también las minúsculas cursivas y a escribir sus textos con una letra fina y redondeada que se basaba en modelos clásicos y que inspiraría, varios siglos después, a muchos topógrafos del renacimiento.

Muchos libros medievales contenían dibujos realizados en tintas doradas y de otros colores, que servían para indicar los comienzos de sección para ilustrar los textos o para decorar los bordes del manuscrito. Estos adornos iban desde los intrincados ornamentos a las delicadas y detallistas escenas de la vida cotidiana. Los libros medievales tenían portadas de madera, reforzadas a menudo con piezas de metal, y poseían cierres en forma de botones o candados. Muchas de las portadas iban cubiertas de piel y, a veces, estaban adornadas con trabajos de orfebrería en oro, plata, esmaltes y piedras preciosas. Estos ejemplares eran auténticas obras de arte en cuya confección intervenían, hacia el final de la edad media, orfebres, artistas y escritores profesionales. En esta época se usaban las letras capitales para iniciar cada capítulo o cada párrafo.

Otro tipo de libros eran los constituidos por largas tiras de una mezcla de cáñamo y corteza inventada por los chinos en el siglo II d.C. Los chinos fueron los primeros en experimentar la fabricación de papel (extraído de la morera y del bambú) y de tintas, pues desde muy antiguo usaban líquidos coloreados, y el negro de humo y después desde el 3000 antes de Cristo, lograban hacer esas tintas indelebles y vivas que hasta hoy se usan como es el caso de la tinta china.

Los sabios y funcionarios que sabían escribir se reforzaron especialmente en caracterizar sus escritos de estilos distintos de caligrafía, la cual era considerada como una de las bellas artes, lo que no es de extrañar, pues tanto el chino como el japonés y el coreano, utilizan para su escritura los ideogramas.

En el siglo VI a.C., en China ya se imprimían textos utilizando pequeños bloques de madera con caracteres incisos, aunque el más antiguo de los libros impreso de este modo de que se tenga noticia, El sutra del diamante, data del año 868. El Tripitaka, otro texto budista que alcanzaba las 130 mil páginas, fue impreso en el 972.

Eran los monjes quienes escribían los libros

En el siglo XI, los chinos inventaron también la impresión a partir de bloques móviles, que podían ensamblarse y desensamblar entre sí para componer distintas obras. Sin embargo, hicieron muy poco uso de este invento debido a que el enorme número de caracteres (kanji o ideogramas) del chino (unos siete mil) hacía prácticamente inabordable la utilización de este sistema.

En Europa se comenzaron a imprimir trabajos a partir de bloques de madera en la edad media.

En el siglo XV se dieron dos innovaciones tecnológicas que revolucionaron la producción de libros en Europa. Una fue el papel cuya confección aprendieron los europeos de los pueblos musulmanes (que a su vez lo habían aprendido de China). La otra fueron los tipos de imprenta móviles de metal, que habían inventado ellos mismos.

Aunque varios países como Francia, Italia y Holanda se atribuyen este descubrimiento, por lo general se coincide en que fue el alemán Johann Gutenberg (nacido en los últimos años del siglo XIV en la ciudad de Manz, cerca del Rin, en Alemania) quien inventó la imprenta basada en los tipos móviles de metal, y publicó en 1456 el primer libro importante realizado con este sistema, La Biblia. Aunque es de señalar que con ese sistema que agilizó la imprenta, Gutenberg podía imprimir 40 páginas de su Biblia de 42 líneas, y tardó tres años en terminarla.

Esos avances tecnológicos simplificaron la producción de libros, convirtiéndolos en objetos relativamente fáciles de confeccionar y por tanto accesibles a una parte considerable de la población. Al mismo tiempo, la alfabetización creció enormemente, quizás como resultado de los esfuerzos renacentistas por extender el conocimiento. La imprenta llegó muy pronto a España, y se supone que el primer libro español se imprimió en 1471, aunque este hecho no está documentado. Se sabe que en 1472 Johann Parix imprimió el Sinodal de Aguilafuente, que se considera a hoy en día (a falta de datos sobre otros) el primer libro impreso español. El primer libro fechado impreso en España fue Johannes Grammaticus, Comprehensorium, que salió de la imprenta valenciana de Lambert Palmart el 23 de febrero de 1475.

En los siguientes años, y auspiciados por la política cultural de los Reyes católicos, aparecieron otros muchos libros, como la primera gramática española, la Gramática Castellana del humanista Elio Antonio de Nebrija, impresa en Salamanca (España) en 1492, y que resultaría fundamental para la fijación de nuestro idioma.

La prensa fue el primer instrumento usado por la imprenta con la que se imprimía por presión. Esta llega a América en 1540, año en que comenzó a funcionar la primera imprenta en México. La edición de libros se inició en seguida y se multiplicó vertiginosamente. Los impresores renacentistas italianos del siglo XVI establecieron algunas tradiciones que han sobrevivido hasta nuestros días. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, la de uso de caracteres de tipo romano e itálico de composiciones definidas o de portadas de cartón fino, a menudo forradas en piel. Utilizaban también las planchas de madera y de metal para incidir en ellas las ilustraciones y establecieron los distintos tamaños de los libros folio, cuarto, octavo duodécimo 16°, 24° y 32°.

Estas designaciones se refieren al número de páginas que se pueden conseguir plegando una gran lámina de papel en las imprentas. Así, una lámina doblada una sola vez forma dos hojas (o sea, cuatro páginas), y un libro compuesto por páginas de este tamaño se denomina folio. Los editores europeos contemporáneos y las imprentas tradicionales continúan esta terminología.

Es a partir de la Revolución Industrial, la producción de libros se fue convirtiendo en un proceso muy mecanizado. En nuestro siglo, se ha hecho posible la publicación de grandes tiradas de libros a un precio relativamente bajo gracias a la aplicación al campo editorial de numerosas e importantes avances tecnológicos.

Así, la baja en el costo de producción del papel y la introducción de la tela y la cartulina era la confección de las portadas de prensas cilíndricas de gran velocidad, de la composición mecanizada de las páginas y de la reproducción fotográfica de las imágenes han permitido el acceso a los libros a la mayor parte de los ciudadanos occidentales. ♦

_____

* Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta

_____  

Bibliografía:

Reyes T., María. Un vistazo a la historia del libro. Biblioteca Nacional de Ciencias y Tecnología. Septiembre-octubre, México, 2002.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: