Descubren la mina de ocre más antigua de América

Julio 6, 2020.- Fue en Quintana Roo y su antigüedad oscila entre los 12 mil y 10 mil años a.d.C.

Tulum, Q. Roo.- La actividad minera en la prehistoria ha sido evidenciada con el hallazgo en una cueva inundada de Quintana Roo de la mina de ocre más antigua conocida en América y cuya antigüedad oscila entre los 12,000 y 10,000 años antes de la era cristiana.

La Mina guardaría en sus fechamientos —mismos que se definieron mediante análisis en laboratorio— un paralelismo con «Naia», nombre con el que se conoce al antiquísimo esqueleto de una joven encontrado en 2014, dentro del sitio arqueológico de Hoyo Negro, ubicado en las cercanías de Tulum.

La Mina es una continuación de Hoyo Negro, no sólo por la relativa cercanía geográfica de ambos contextos, sino porque el primero complementa en gran medida el conocimiento que se tiene acerca del segundo.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia aseguró que si bien el descubrimiento de «Naia» contribuyó a la comprensión de la ascendencia, la expansión y el desarrollo de estos primeros americanos, ahora se sabe que los humanos antiguos no sólo se arriesgaron a ingresar al laberinto de cuevas para buscar agua o huir de los depredadores, sino que también entraron a ellas para realizar minería, alterándolas y generando modificaciones culturales al interior.

Lo anterior pudo constatarse mediante la localización —a lo largo de seis kilómetros de pasajes inundados que no habían sido explorados, ya que permanecían ocultos detrás de restricciones de rocas y estrechos pasajes de 70 centímetros de diámetro— de diversos espacios y acomodamientos de materiales que evidenciaron ser resultado de una arcaica intervención humana.

Los espeleobuzos Fred Devos y Sam Meacham, explicaron que durante sus primeros recorridos en el sistema subterráneo, en 2017, notaron la existencia de estalactitas y estalagmitas rotas por la mitad, así como piedras acomodadas en pequeños montículos triangulares, los cuales no habrían podido formarse naturalmente.

Entre los elementos que más llamaron la atención de los exploradores estaban cúmulos de carbón en el suelo, hollín en el techo de la cueva y, principalmente, la presencia de pequeñas cavidades excavadas en ese mismo suelo, dentro de las cuales había restos de un mineral que, luego de su análisis, resultó ser ocre.

«El paisaje en esta cueva está notablemente alterado, lo que nos lleva a pensar que los hombres prehistóricos extrajeron toneladas de ocre de ella, quizá viéndose en la necesidad de prender fogatas para iluminar su espacio», dijo Devos.

Hasta el momento, no se han encontrado restos óseos humanos; sin embargo, se localizaron herramientas rudimentarias de excavación, señales —que habrían usado para no perderse— y cúmulos de piedras vinculados con este primigenio quehacer minero. La abundancia de las oquedades con ocre lleva a los expertos a teorizar que las rocas eran, en sí mismas, las herramientas que se usaban para excavar y romper la piedra.

Al respecto, Roberto Junco señaló:

«Ahora podemos imaginarnos a ‘Naia’ entrando a las cuevas por ocre, un elemento que hasta hoy, en comunidades de África, es la pintura corporal inorgánica más usada para crear pigmento rojo. Esto abre la posibilidad de que el mineral tuviera no sólo importancia decorativa sino incluso una carga identitaria, o que se usara para crear manifestaciones artísticas, entre muchas otras hipótesis».

Analizan evidencia material

Gracias a tecnologías como la fotogrametría y cámaras submarinas de 360 grados, se han tomado más de 20 mil fotografías durante 600 horas de buceo y casi 100 inmersiones, para generar un modelo 3D del sitio y facilitar a los arqueólogos el acceso virtual al mismo, comentó Dominique Rissolo, investigador de la Universidad de California, en San Diego.

Para el espeleobuzo Sam Meacham, el trabajo remoto contribuye a la seguridad de los investigadores, ya que dentro de la cueva la más leve manipulación del sedimento puede ocasionar la pérdida total de la visibilidad.

En tanto que James Chatters, cuya tarea en el Laboratorio Applied Sciences/Direct AMS, de Bothell, Washington, permitirá profundizar en los fechamientos de los materiales colectados hasta el momento, es quien mentalmente recrea cómo pudo ser la cueva en tiempos prehistóricos:

«Imagina una luz parpadeante, en medio de sombras profundas, que ilumina las manos manchadas de rojo de los mineros mientras golpean el piso con martillos de estalagmita, a la vez que alumbra el camino de aquellos que cargan el ocre por los túneles hasta la luz del día y el suelo del bosque».

En un artículo científico, publicado en la revista Science Advances el tres de julio, se informa a fondo del hallazgo y sus implicaciones académicas. ♦

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